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    Reseña TV | Empire

    Empire

    La lucha por el trono de la música comienza

    crítica a Empire (2015) | Episodio piloto

    FOX | EE.UU, 2015. Director: Lee Daniels. Guión: Lee Daniels & Danny Strong. Reparto: Terrence Howard, Taraji P. Henson, Bryshere Gray, Jussie Smollett, Trai Byers, Grace Gealey, Malik Yoba, Kaitlin Doubleday, Gabourey Sidibe, Rafael de la Fuente, Antoine Mckay. Fotografía: Andrew Dunn. Música: Fil Eisler.

    Lee Daniels es el último director de cine en pasarse a la pequeña pantalla, en este caso en doble faceta, no solo como director sino como co-creador de la serie. Tras cuatro largometrajes que tienen en común su mirada hacia la Otredad, y con el discurso de Viola Davis al recoger el SAG todavía retumbando en los oídos, la idoneidad de una serie como Empire es indiscutible. De ahí que apenas diez días después de su exitoso estreno, FOX la haya renovado por una segunda temporada. El reparto es mayoritariamente negro, la temática está apegada a la comunidad afroamericana y Daniels y su co-creador Danny Strong –guionista de El mayordomo (The Butler, Lee Daniels, 2013)– quieren evidenciar muchas de las cosas que suceden en esos hogares, amén del mundillo de la música, contando para ello con el respaldo de Timbaland como productor musical y seguro que suministrador de historias. Lo mejor que se puede decir de este episodio, y de lo visto de la serie hasta el momento, es que los referentes convocados son explícitos y los responsables los exhiben con orgullo. Estamos ante un culebrón confeso, “el Dinastía negro”, en palabras del propio Daniels. Y el argumento de partida (un padre descubre que tiene ELA y no sabe a cúal de sus hijos legar su imperio) es tan deudor del Rey Lear de William Shakespeare que uno de los personajes lo dice directamente. Fuera prejuicios e ínfulas. Empire es diversión festivamente vulgar.

    Solo así se entiende la actitud arrasadora de su arma más potente: el personaje de Cookie. Interpretada por una Taraji P. Henson que se lo debe estar pasando muy bien y escrita de manera que cada frase que sale de su boca es una sentencia hilarante, Cookie sale de la cárcel tras 17 años y dispuesta a reclamar lo que es suyo. Aunque todavía no está claro, parece que asumió sola la culpa de un crimen que también implicaba a su marido, así que están en deuda. Lo que no sabe es que ha caído en un proceso de estrategias entre los hijos y su padre, con la vista puesta en el sillón del jefe de Empire, la discográfica. El conflicto está servido, y en los 46 minutos de metraje del capítulo veremos cómo se orquestan las alianzas, y también de dónde vienen los personajes. Cada uno de los hijos corresponde a un arquetipo bastante transparente, aunque seguro que su drama tendrá más capas conforme avance la temporada. Andre es la elección responsable porque tiene una educación y ambición de ir a más pero no entiende la música como arte; Hakeem es el talento díscolo, la cara más vendible pero con afición excesiva a la fiesta; y Jamal es un talento tranquilo pero que no tiene ganas de triunfar y cuya homosexualidad le supone el rechazo automático no solo de su padre sino de su público potencial: los consumidores de ese tipo de música. El crudo momento en que Lucious tira a su hijo de pequeño a la basura por vestirse con los tacones de su madre es una llamada de atención a los comportamientos homófobos de ese tipo, además de ser una experiencia personal del propio Daniels.

    A pesar de la solidez y gravedad que aporta Terrence Howard a su personaje, la mejor manera de disfrutar Empire es no tomársela demasiado en serio. Las impresiones tras este primer capítulo apuntan a una ficción rutinaria, histérica como suele serlo el cine de Daniels y también condicionada por emitirse en abierto. Si bien es verdad que FOX es la cadena más osada, tienen límites de lenguaje y violencia, así que no parece que el reflejo de la parte más lumpen de la comunidad afroamericana puede verse reflejada con fidelidad. Aunque esto puede resolverse con elegantes soluciones visuales (el disparo a cámara), parece que el espectador va a tener que hacer ese compromiso. La parte musical, eso sí, está más lograda. Las canciones están integradas en la trama y ayudan a avanzar la historia. Queda por lo tanto la preparación de una guerra por el trono, con hermanos enfrentados y padres irresponsables a los que les preocupan otras cosas. Con apuntes a un pasado y presente gángster y el uso de flashbacks para rellenar los huecos y que el espectador sepa de qué son capaces los personajes. Y por lo visto, son capaces de cualquier cosa. 65/100.

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla



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