Introduce tu búsqueda

  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Monster Show: una historia cultural del horror

    La perfección de El golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, Carl Boese y Paul Wegener, 1920)

    Nosotros somos los monstruos

    crítica de Monster Show: una historia cultural del horror, de David J. Skal (1993) | editorial Valdemar (2008).

    La historia del género de terror quizá no deja de ser en ningún momento la historia de los diversos miedos que han atenazado a la sociedad desde su mismo nacimiento. La literatura, la tradición oral, la pintura, el teatro, la fotografía… Todas las artes, desde las más elevadas a las más populares, han sentido ese hálito mefítico sacando a la luz como un daguerrotipo deformado lo que se esconde en lo más profundo de nuestra atemorizada psique. El cine, bien desde las pantallas de las salas o desde las de los televisores en nuestros solitarios salones, lo ha mostrado de manera diáfana a lo largo de su evolución. Un espejo oscuro que ha reflejado con sus monstruos y horrores, en imágenes deformadas y delirantes, todo aquello que en diferentes épocas ha convulsionado para mal nuestro devenir. No otra es la base sobre la que se cimenta este excepcional libro de David J. Skal, Monster Show: una historia cultural del horror (The Monster Show: A Cultural History of Horror, 1993), el cual, pese a su título y a que revisa otras manifestaciones artísticas, es sobre todo un repaso frenético a las películas de terror y a cómo éstas suponen la expresión, no siempre consciente, de las pesadillas que como hombres nos han tocado vivir en este último siglo.

    El director Tod Browning, con la complicidad del gran actor Lon Chaney, y sus melodramas cruzados de deformidades físicas y mutilaciones espirituales es uno de los que más lejos ha llevado la obsesión por la monstruosidad fruto de traumas personales o del espanto y los efectos terribles de la Primera Guerra Mundial. Algo que también es fácil de rastrear en el cine expresionista alemán de finales de la segunda década del siglo XX, el cual además veía alimentada su galería de espectros por una poderosa tradición romántica rica en monstruos y espíritus descarnados que se desenvolvían en relatos y novelas tomados por el horror y el delirio. El gabinete del Dr. Caligari (Das cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1920) como ejemplo más representativo pese a que los cambios a los que se sometió su guión acabaron por mermar su fuerza metafórica, no así su carácter alucinado de pesadilla imposible que aún hoy nos estremece y nos engulle en sus sombras siniestras. La perfección de El golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, Carl Boese y Paul Wegener, 1920), que prefiguraba a ese otro monstruo que se convertiría en una de las imágenes más reconocibles y míticas del horror muy poco tiempo después, el monstruo de Frankenstein, o Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine symphonie des grauens, F. W. Murnau, 1922) que mostraba la plaga del vampiro como la de la propia peste, no otra cosa que la guerra que había asolado Europa con las mismas impiedad y fiereza con las que la infecta criatura de la noche diezmaba Londres. Las criaturas infernales creadas por Mary W. Shelley y Bram Stoker serían, gracias sobre todo a sus traslaciones fílmicas nacidas en el seno de la productora Universal, figuras casi mitológicas que de manera reiterativa inundarían no sólo todo el cine de terror posterior, sino que se apropiarían del género en todas sus ramificaciones artísticas. Criaturas que, Skal se encarga de aclarárnoslo en uno de los fascinantes capítulos de su libro, renacen en el siglo pasado bajo las brillantes luces de los escenarios de los teatros.

    Nosferatu, de Murnau
    Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine symphonie des grauens, F. W. Murnau, 1922)

    David J. Skal nos guía en un viaje enloquecido y surreal, como el Diablo hiciera con Fausto en la maravillosa película de Murnau, a través del tiempo señalando todos los horrores y pesadillas que el hombre ha creado y sufrido y que el género ha sabido mostrar con metáforas en ocasiones sutiles, en otras brutales y gráficas. La Gran Depresión norteamericana marcó las películas de terror de los años 30 de la Universal, en realidad casi todas las películas cualquiera que fuera el género de la época, pero además provocó que naciera el mejor King Kong, el de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack de 1933, una de las películas más hermosas de todos los tiempos, o la impresionante El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, Robert Mamoulian, 1931) que llevaba al presente la dicotómica inmortal creación de Robert Louis Stevenson. También las producciones de Val Lewton y los hombres lobo tras la Segunda Guerra Mundial, las invasiones alienígenas que más parecían los ejércitos camuflados de Stalin en los años 50, los bebés monstruosos o los adolescentes poseídos a finales de los 60 y primeros de los 70 como el grito de espanto de una sociedad patriarcal que veía cómo la mujer salía de su confinamiento y a la que había que temer con su nuevo poder, sumado esto al miedo a la libertad que confería el aborto o el horror real y pesadillesco de la talidomida, o los vampiros actuales y su sexualidad ajena a la nuestra como burla del Sida y las enfermedades de transmisión sexual.

    Ya sabemos que el amante del género terrorífico es enemigo de este tipo de análisis, pero el libro de Skal resulta una lectura absorbente porque la pasión que siente por las películas sobre las que escribe es genuina y su capacidad de llegar a lo más profundo de sus significados es fantástica. Multiplica nuestra percepción de las mismas y nos enseña por qué surgieron en el momento en que lo hicieron, quizá nada sea accidental, y despliega ante nuestros ojos un mapa espectral que nos impele a llegar al final de sus casi 600 páginas sin aliento. Sí que es cierto que en algún momento su empeño por ver señales sexuales freudianas en todo lo que surge de las sombras resulta un tanto derivativa y tomada por los pelos, pero no se puede ser sublime sin interrupción. Monster Show es una absoluta delicia de libro. Es la demostración perfecta de que entender, analizar y conocer más las películas que amamos sólo puede multiplicar por mil este amor. Su recomendación es obligatoria, no puedo deciros otra cosa: lo leí casi en estado de hipnosis, invadido por su fascinación, y como Fausto aterricé conmovido.

    José Luis Forte
    Redacción Cáceres


    Monster Show: una historia cultural del horror
    Monster Show: una historia cultural del horror
    de David J. Skal (1993)
    título original | The Monster Show: A Cultural History of Horror
    traducción | Óscar Palmer Yáñez
    ilustración de cubierta | Edward Gorey
    editorial | Valdemar
    ISBN | 978-84-7702-593-1
    precio | 23,60 €
    nº de páginas | 575
    colección | Intempestivas, 19
    ★★★★★
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario en la entrada

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Classics

    • Retrospectiva de Jacques Becker

      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
    • El cine de Hou Hsiao-Hsien, un espacio para habitar. Apuntes sobre The Assassin

      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
    • Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

      Por José Luis Forte. «De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista».

    Premios

    Festivales

    [12][Trailers][slider3top]