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    Crítica en Serie | Boardwalk Empire (2011-2014). Final

    Boardwalk Empire

    11 años de reinado criminal

    crítica final a Boardwalk Empire (2011-2014).

    HBO / 5 temporadas: 56 capítulos | EE.UU, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014. Creador: Terence Winter, basado en el libro homónimo de Nelson Johnson. Directores: Tim Van Patten, Allen Coulter, Ed Bianchi, Jeremy Podeswa, Alik Shakarov, Jake Paltrow, Bran Anderson, Martin Scorsese, otros. Guionistas: Terence Winter, Howard Korder, Steve Kornacki, Cristine Chambers, Dave Flebotte, otros. Reparto: Steve Buscemi, Shea Whigham, Kelly MacDonald, Michael Shannon, Paul Sparks, Vincent Piazza, Steve Graham, Michael Kenneth Williams, Gretchen Mol, Jack Huston, Michael Stuhlbarg, Anthony Laciura, Anatol Yusef, Michael Pitt, Aleksa Palladino, Dabney Coleman, Charlie Cox, Kevin O´ Rourke, Greg Antonacci, Nisi Sturgis, Eric LaRay Harvey, Paz de la Huerta, Jeffrey Wright, Ben Rosenfield, Chris Caldovino, Margot Bingham, Domenic Lombardozzi, Dominic Chianese, Michael Zegen, Patricia Arquette, Ivo Nandi, Glenn Flesher. Fotografía: David Franco, Bill Coleman, Jonathan Freeman, Kramer Morgenthau, otros.

    Durante el rodaje de Infiltrados (The Departed, Martin Scorsese, 2006), Mark Wahlberg preguntó al director italoamericano si estaría interesado en hacer televisión alguna vez. Wahlberg y Steven Levinson, dúo de productores predilectos de HBO (El séquito (2004-2011), En terapia (2008-2010), Cómo ganarse la vida en América (2010-2011), presentaron a la cadena y al cineasta la idea de llevar a la pequeña pantalla el libro de Nelson Johnson que da título a la serie. ¿Quién mejor que Martin Scorsese para dirigir una serie sobre los mafiosos clásicos, los más cinematográficos? Una recuperación de la nostalgia en un medio —el premium cable—, que podría enseñar toda la violencia y sexo que esos años tuvieron, sin las restricciones que muchas veces pone el cine. Mientras el director pasaba a su siguiente proyecto, Shutter Island (2010), la necesidad de un guionista para desarrollar la serie hizo que HBO confiara en la mano derecha de David Chase en la monumental Los Soprano (1999-2007): Terence Winter. Winter era perfecto para reflejar este mundo y tenía un contrato con la cadena, además de una película no muy lograda recién estrenada: La ley de Brooklyn (Brooklyn Rules, 2007). La idea de que Scorsese se iba a encargar del primer episodio terminó de convencer al guionista, que se lanzó a la aventura de convertir un libro puramente informativo (son listas de nombres, fechas y sucesos descritos objetivamente) en una serie de interés. Así nació Boardwalk empire, que terminó hace unos días su irregular andadura con una sorpresa que ponía fin a una corta y reveladora temporada que funcionaba en sí como gigantesco adiós.

    Boardwalk Empire

    Con estos antecedentes, ¿estaba Boardwalk empire condenada desde el principio a decepcionar? No decepcionar porque su calidad no fuera excepcional, sino porque no es Los Soprano ni es Uno de los nuestros (Goodfellas, Martin Scorsese, 1990). Ni siquiera un cruce intermedio. Es otra cosa, y está muy bien que lo sea, pero pocos lo han querido entender. La serie arranca en una playa el 15 de enero de 1920, y terminará en el paseo marítimo que da nombre a la serie en 1931. En ese espectro de 11 años, que la serie cubrirá con saltos en el tiempo que a veces nos llevarán a finales de 1800, vamos a asistir principalmente a la historia de Enoch Thompson, alias Nucky. Basado libremente en la verdadera figura de Nucky Johnson, el protagonista de la serie y único personaje presente en los 56 capítulos verá en la Ley Seca el negocio del siglo. Una oportunidad para seguir ejerciendo la función pública de Tesorero de la ciudad mientras dirige una organización cada vez mayor de contrabando de licor. Como iremos descubriendo a lo largo de unas vibrantes cinco temporadas, la vida de Nucky no ha sido nada fácil, y su progresivo ascenso en los negocios turbios de la ciudad se cobraron su alma desde que hizo un retorcido pacto con el diablo. Sin pretenderlo, se acabaría convirtiendo en un gangster que no necesita perdón. Y nunca lo pedirá en serio.

    Con toda esa presión encima y las mayores expectativas posibles se estrenó Boardwalk empire en septiembre de 2010. No ayudó mucho la campaña de HBO ni los continuos rumores que circulaban sobre el piloto más caro de la historia y la presencia en el reparto y el equipo de múltiples nombres de Los Soprano. El resultado supo sobrevivir a esta avalancha de interés opresivo y ofreció dos temporadas estupendas, especialmente la segunda, la mejor de todas. Ganadora de dos Globos de oro en 2011 (Mejor Serie y Actor para Steve Buscemi), dos premios de la Unión de Actores a Mejor actor y Mejor Reparto seguidos en 2011 y 2012; dos Emmy a la Mejor Dirección también seguidos (Scorsese por el piloto y Tim Van Patten, del que hablaremos más adelante, por To the lost (2.12) y de un sorpredente Emmy para Bobby Cannavale como el gran malvado de la tercera temporada. Hay que decir que la enorme cantidad de secundarios masculinos (Michael Pitt, Shea Whigham, Michael Shannon, Vincent Piazza, Steve Graham, Michael Kenneth Williams, Jack Huston, Michael Stuhlbarg, Charlie Cox, Jeffrey Wright) limitó siempre sus posibilidades en esa candidatura. Al ser una serie de corte histórico, ha amasado por las cuatro primeras temporadas un total de 15 Emmys técnicos, a la espera de los que se pueda llevar esta quinta y última tanda. Un botín suculento pero que indica que el apogeo popular de la serie se empezó a extinguir tras la muerte de Jimmy Darmody (un Michael Pitt extraordinario). Arriesgada decisión desde un punto de vista narrativo pero la necesaria para avanzar la historia de Nucky, aunque le acabó dando a la serie una estocada mortal de la que no se recuperó del todo.

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    Las dos primeras temporadas equilibraron a la perfección la ambiciosa propuesta: mostrar con claridad los orígenes del crimen organizado en Estados Unidos, tomando la inclusión de Nucky en los negocios de contrabando como nuestro punto de entrada. Chicago, Nueva York y Atlantic City (con ocasionales vistazos a Washington y Cuba) serán los principales lugares que la serie recorrerá en sus 11 años de duración interna, y ahí entra en juego una de las apuestas más interesantes de Winter y sus guionistas: la fabulación con personajes reales. En el piloto, Jimmy espera junto al chófer de Johnny Torrio fuera de la casa donde Nucky y Torrio discuten negocios. Ambos conductores se presentan, y la sorpresa nos llega cuando el otro chófer se identifique con Alphonse Capone. Junto a esta figura tendremos a la trinidad de mafiosos Charlie Luciano, Meyer Lanski y Benny Siegel, “Bugsy”. Arnold Rothstein (un Michael Stuhlbarg robaescenas), Salvatore Maranzano, Edgar Hoover, Joe Kennedy o Andrew W. Mellon serán solo algunas de las figuras referidas directamente en la serie, amén de algunas que lo son indirecta y más vagamente (Valentin Narcisse es Casper Holstein, Chalky White es Chalky Wright). La rigurosidad de la serie por respetar los hechos es proporcional al juguetón placer de reconstruir las conversaciones, circunstancias y posibles cruces de los personajes puramente ficticios con los reales o semirreales.

    La serie se arriesgó al eliminar la potente relación Nucky/Jimmy, una retorcida conexión paternofilial que dio resultados de altísima calidad. A su alrededor, un círculo de personajes progresivamente mayor, tocando diversos palos (el IRA, el Ku Klux Klan, la Primera Guerra Mundial, la corrupción estatal) y filtrándolo en las múltiples subtramas, equilibradas a la perfección durante esos 24 capítulos. Tras una suerte de apocalipsis del protagonista (muerta sus relaciones personales y reforzadas las profesionales), la serie volvió con un malo tan malo que acababa siendo excesivo. Gyp Rosetti era un violento inseguro de manual con fecha de caducidad en la frente desde su primer desencuentro con Nucky, y por mucho que hiciera un voluntarioso Bobby Cannavale, el personaje creó una trama fascinante pero menor a lo anterior. Además, esta nueva tanda supuso el inicio de una costumbre muy perjudicial: la presencia intermitente del amplio reparto. Ya sea por motivos presupuestarios o por retrasar deliberadamente el avance de las tramas, la creación de Winter empezó a seleccionar qué personajes iban a tener protagonismo en cada capítulo para después pasar un par de episodios ausentes o sin mucho que hacer. Con la excepción de Nucky (un Steve Buscemi con mil registros y nunca menos que excelente), el resto de personajes regulares se limitaron a brillar intermitentemente. Para suerte del espectador, los intérpretes aprovecharon sus ocasiones de lucimiento (destacando a la esplendorosa Kelly MacDonald como la siempre interesante superviviente que es Margaret) y las tramas no eran peores, simplemente estaban demasiado dispersas. El mejor ejemplo de esta tendencia está en el recorrido de Nelson Van Alden, probablemente uno de los personajes con la trayectoria más impredecible de la televisión reciente.

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    Conforme creaba Nucky su imperio criminal, que crecía en cada nuevo encuentro, los personajes iban evolucionando con mayor o menor fortuna. La serie puede presumir de haber creado un personaje memorable, cuyo impacto se salió de seguro de los primeros pronósticos. Hablamos de Richard Harrow, la joya oculta de Boardwalk empire. Interpretado por un Jack Huston genial, este veterano de la Primera Guerra Mundial con media cara desfigurada, una máscara icónica y un pulso preciso para matar, era un contrapunto de extraña honorabilidad a la corrupción y ambigua moral que vertebraba al resto de personajes. Las tramas de Harrow siempre fueron interesantes, y sus ausencias se echaban de menos. Hasta su desenlace fue de los discutibles, aunque hizo que la serie cumpliera otra de sus tendencias más destacables: la capacidad visual onírico/metafórica. Como ya se ha dicho más de una vez en esta página, HBO apuesta porque sus series tengan calidad cinematográfica, y en Boardwalk empire supieron aprovechar esto para crear instantes que rezuman buen cine. Con alto presupuesto y la carta blanca del premium cable para no autolimitarse, hay varios instantes donde un personaje está cerca de la muerte y ésta le llega como una ensoñación ideal, aunque también pudo ser el resultado de un estado alterado de conciencia por el alcohol. Sin ir más lejos, las memorables dos imágenes que cierran la serie (Nucky en 1931 y Nucky en 1884, ambas con un tema común) son un ejemplo claro de la potencia de esta nada caprichosa tendencia.

    Dentro del engranaje de la serie, hay dos personas (quizá tres) que merecen una mención especial. Ninguna de ellas es Scorsese, aunque el oscarizado cineasta ha supervisado continuamente la serie leyendo guiones y viendo los primeros montajes. Así ha podido hacer sugerencias y dar ideas sobre la historia, algo que Winter ha alabado en múltiples ocasiones. Aunque Scorsese siempre expresó su interés en volver a dirigir en la serie, el destino ha querido que el rodaje de los últimos capítulos coincidiera con un nuevo piloto del director para HBO, en esta ocasión sobre los orígenes de la industria del rock and roll. Las personas son Tim Van Patten, el director/productor de la serie; y Howard Korder, la mano derecha del creador en la sala de guionistas. La tercera sería Allen Coulter, segundo director que más ha dirigido en la serie y que ejerció de co-productor en la última temporada, pero Coulter ha dirigido en otras series en estos cinco años, mientras que Van Patten no ha salido de HBO, y sólo dirigió los dos primeros episodios de Juego de tronos (2011-) a petición expresa de la cadena. Y es que Van Patten, que como Coulter coincidió con Winter en Los Soprano, es uno de los escasos directores televisivos capaces de dejar una impronta personal en su trabajo. Su supervisión constante del trabajo del resto de directores en Boardwalk empire y su talento para crear grandes momentos, tanto de acción (el tiroteo en el burdel, el intento de asesinato de Gyp, culminado en ese impresionante plano-secuencia cenital) como emocionales (la muerte de Jimmy, la confesión de Nucky sobre su esposa, el brutal interrogatorio a Eddie), hacen de su trabajo algo imprescindible para el éxito de la serie. Recibió un Emmy por el final de la segunda temporada y sendas nominaciones por los desenlaces de la tercera y cuarta. Solo Coulter y Jake Paltrow, que dirigió White Horse Pike (4.10) y Cuánto (5.4) han logrado destacar con su pericia de directores. Respecto a Korder, hay que decir que Boardwalk empire lo ha tenido muy difícil para crear una sala de guionista estable. Solo Winter, Korder y Steve Kornacki han trabajado en cada temporada, y muchos guionistas han pasado por la sala sin lograr asentarse. Es curioso, y por eso merece más reconocimiento la labor de Korder. Este dramaturgo teatral ha escrito de hecho más episodios que el propio creador (24 vs. 15), y se ocupó de la serie mientras Winter trabajaba en El lobo de Wall Street (The wolf of Wall Street, Martin Scorsese, 2013), que le dio una nominación al Óscar; y después supervisaba ese piloto musical ya nombrado.

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    Pese a arritmias en la trayectoria de los personajes y algunos convencionalismos en las tramas, Boardwalk empire siempre mantuvo un elevado nivel. Su cadencia era lenta, lo que permitía hurgar en los personajes y su psicología sin ponerse obvios; y desplegaba gran talento para lograr que el espectador no se perdiera en la maraña de tupidas tramas y subtramas, amén de las redes criminales que se iban estableciendo también. Tocados con el genio de crear personajes irrepetibles por particulares (Remus, Sally, Purnsley), los responsables de la serie han conjugado todos los elementos a su disposición de la manera más acertada. Y han puesto esos elementos al servicio de la intención final de la serie: contar la historia de un hombre que siempre quería más. Ahora, surge la duda de si era la intención desde el principio. ¿Quería Boardwalk empire contar en última instancia el ascenso y caída de un hombre de negocios (ilegales)? ¿O es que sabiendo que la quinta temporada era la última, Winter y sus guionistas se vieron incapaces de ejecutar la premisa inicial de diagnosticar los orígenes de la corrupción de un país y su desintegración moral? Sea como fuere, los resultados finales han sido estupendos, y eso es lo que importa. Es una serie grandiosa, preñada de frase memorables y que en sus últimos capítulos ha dedicado una porción de tiempo a narrarnos dos cosas. En primer lugar la dura infancia de Nucky y su primera toma de contacto tanto con el Comodoro como con su primera esposa, Mabelle. Cuando se crece pobre, las monedas brillan con más intensidad. En segundo lugar el mefistofélico momento donde todo cambió, donde nuestro protagonista propició indirectamente el nacimiento de Jimmy. Sabiendo que al Comodoro le gustaban las niñas, Nucky dejó bajo su cuidado a la huérfana Gillian, creando así una suerte de pecado original cuyas ramificaciones se extenderán por el resto de sus días. Bravo a Nolan Lyons, Marc Pickering y Madeleine Rose Yen por dar tan convincente vida a las versiones jóvenes de Nucky (con 10 y 20 años) y Gillian con 13, y bravo a los guionistas por crear un momento de tal potencia dramática que funciona como leitmotiv subterráneo de toda la serie.

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    De hecho, lo primero que apetece cuando termina el último capítulo es volver a ver la serie con la información de los flashbacks en mente, dándole un nuevo enfoque a las tensas escenas que Nucky y Gillian (estupenda Gretchen Mol) compartían siempre. Estos últimos ocho capítulos han servido para consolidar al trío de mafiosos Luciano/Lansky/Siegel, documentar la famosa detención de Al Capone y ante todo cerrar las historias de los personajes. El resultado dista de ser ideal porque la ya nombrada narrativa intermitente, unida al escaso tiempo disponible, impiden que se profundice lo suficiente como para que se dé el impacto emocional buscado. Sí se logra, sin embargo, entender la razón por la que Gillian siguió formando parte de la serie cuando para muchos su historia podría haber terminado tras la tercera temporada. En un momento conmovedor que cierra Friendless child (5.7), una carta leída en off se materializa con un montaje paralelo de hasta cuatro voces que propicia la visita a un hospital mental. El protagonista tiene la oportunidad de enmendarse, pero no la toma, y esto impedirá que su alma se salve. La tesis de la serie entonces es que la ambición corroe en lo más profundo, y que el pasado puede volver a cazarte cuando peor te viene. Es la inevitabilidad del que se fija un objetivo inabarcable y ha hecho lo que sea por lograrlo. Se cobra precios demasiado importantes, y a los daños colaterales no les importa lo que no saben. | |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla



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