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    Sitges 2014 | Día 9. Críticas: 'Burying the Ex', 'P'tit Quinquin', 'La princesa Kaguya' y 'The Tribe'

    P’tit Quinquin

    Joe Dante cierra Sitges

    Crónica de la novena jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Desde que, dentro del marco del Festival de Sitges, se ha popularizado esto de la Zombie Walk, siempre he pensado que la organización haría bien en llevarla al último día del certamen. Sobre todo por aquello del ambiente: estarían los zombis de pacotilla (dicho desde el cariño, entiéndase), aquellos que solo acuden ese día al festival a pasárselo bien disfrazados de muertos vivientes; y luego nos encontraríamos a los zombis auténticos, aquellos que tras 30, 40, 50 o 60 películas encima del cuerpo ya están a un paso de dejar de ser personas. En nuestro caso, nos propusimos que de Sitges nos íbamos a despedir a lo grande. Nada de caras largas, fuera cansancios (algo difícil después de llevar perdidas muchas horas de sueño) y mucha energía para el Día D del festival. El día en el que nos las íbamos a ver con lo nuevo de Joe Dante, Isao Takahata, Bruno Dumont y la polémica (pero no tan radical) The Tribe, el debut en la dirección de un director ucraniano de apellido impronunciable. Casi nada. Por resumir mucho: floja la primera, hermosa la segunda, divertida bizarrada la tercera y algo decepcionante la cuarta. Nuestro último día en Sitges ha sido también el día en el que hemos conocido que I Origins, de Mike Cahill, ha acabado llevándose el gato al agua dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la sección más importante del festival. Y aunque no nos haya convencido del todo, nada comparado al horror de los galardones concedidos a una propuesta como Cub, quizás una de las películas más flojas de un certamen cuyo palmarés se presenta anormalmente interminable.

    Burying the Ex
    Burying the Ex (Joe Dante, 2014)

    El regreso de las viejas glorias del cine de género no siempre ha correspondido a las altas expectativas generadas. Ocurrió con aquella vuelta de John Carpenter al largometraje con The Ward (2010) y ha vuelto a pasar ahora con Burying the Ex, el retorno de Joe Dante a la dirección tras The Hole 3D (2009). La última película del director de Gremlins (1984), parte de una premisa eighty pretendidamente gamberra: una diabólica y misteriosa estatuilla hace realidad, muy a su manera, el deseo de amor eterno de la fallecida exnovia de un joven apasionado del cine de terror y la serie B.

    Burying the Ex, sin embargo, parece estar más preocupada por trufar su relato de referencias al género que por dotarlo de algo que lo haga ir más allá del guiño-codazo-guiño al espectador. Ni en su gamberrismo y su apuesta por el humor negro, la propuesta de Joe Dante llega a dar lo que su punto de partida parecía prometer. Aquel momento, tan metacinematográfico, en el que el visionado de una película de serie Z pone en marcha los mecanismos del cine de género (básicamente, hacer recordar a una insoportable muerta viviente lo que estos suelen hacerle a los vivos) es solo una isla en medio de un conjunto tan soft como formalmente desganado. Porque hacen falta mucho más que simples homenajes a iconos para ganarte el favor del cinéfilo. Un viejo zorro como Joe Dante seguro que eso es algo que ya sabía. Aquí, desgraciadamente, ha optado por el camino más fácil. | ★★ |

    Estados Unidos, 2014, Burying the Ex. Director: Joe Dante. Guion: Alan Trezza. Productoras: ArtImage Entertainment / Scooty Woop Entertainment / Voltage Pictures. Presentación oficial: Mostra de Venecia. Fotografía: Jonathan Hall. Música: Joseph Loduca. Reparto: Anton Yelchin, Ashley Greene, Alexandra Daddario, Oliver Cooper, Mindy Robinson. Apartado Sitges 2014: CLAUSURA.

    La princesa Kaguya

    La princesa Kaguya (Isao Takahata, 2014)

    Desde siempre, Studio Ghibli ha reivindicado la animación tradicional en base al pincel. La llegada de cada nuevo trabajo surgido desde las entrañas del fundacional estudio de animación japonés parece batirse en duelo hacia la implacabilidad de los últimos tiempos. Aquel en el que el ordenador parece serlo y abarcarlo todo. En la maravillosa Ponyo en el Acantilado (2008), el que ahora podemos considerar como el penúltimo trabajo de la trayectoria cinematográfica de Hayao Miyazaki, esta demanda de lo artesano ponía en imágenes una historia que hablaba sobre la pureza de la infancia. Acudir a la pureza de la inocencia infantil, los orígenes de todo ser humano, es también acudir al lápiz como sólidos cimientos de la animación.

    En The Tale of the Princess Kaguya, la penúltima obra de Studio Ghibli (o antepenúltimo, si consideramos la nueva serie de animación que lidera Goro Miyazaki) y última creación del también legendario Isao Takahata, la idea parece partir de una premisa similar a la que Hayao Miyazaki planteaba en Ponyo en el Acantilado: revindicar la hermosa imperfección de los artesanos trazos en la animación tradicional acudiendo a unos orígenes que no serán tanto una vuelta a la infancia (que también) como el regreso a la rica tradición cultural de Japón. Adaptando un relato milenario de su país, Isao Takahata construye un melancólico cuento sobre el paso de la infancia a la madurez con un final tan desolador que parece erigirse en la expresión fílmica del estado de ánimo de un estudio de animación envuelto en una difícil encrucijada. | |

    Japón, 2013, Kaguya-hime no Monogatari. Director: Isao Takahata. Guion: Isao Takahata, Riko Sakaguchi. Productora: Studio Ghibli. Presentación oficial: Festival de Cannes. Música: Nicholas D. Knowland. Voces: Aki Asakura, Yukiji Asaoka, Takeo Chii. Apartado Sitges 2014: ANIMA’T.

    The Tribe

    The Tribe (Myroslav Slaboshpytskiy, 2014)

    El hecho de que The Tribe, el controvertido debut en el largometraje del ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy, no contenga ningún diálogo hablado, no significa que la propuesta busque mirar a las formas del mejor cine mudo. De hecho, es todo lo contrario. Si el perfeccionamiento del cine mudo se basaba en el refinamiento de la utilización de todas las herramientas del lenguaje cinematográfico, la película de Slaboshpytskiy casi parece prescindir de la sintaxis fílmica. Obviamente, esto es una boutade, al menos en parte, porque aunque The Tribe se construye sobre planos secuencia que acaban en larguísimos planos fijos, la ausencia total del plano/contraplano o el primer plano, marcan también un posicionamiento discursivo dentro la propia narración. Slaboshpytskiy no pretende que su filme resulte extremadamente inaccesible. Sobre todo porque parte de un drama con cierto gusto por lo tremendista que acaba resultando fácilmente identificable con el espectador.

    Las estampas simétricas en forma de planos medios o planos generales en los que desembocan casi todos los movimientos de cámara del trabajo de Slaboshpytskiy, pueden hablar del distanciamiento que provoca un lenguaje (el de signos) que la mayoría de espectadores no son capaces de comprender, pero también establecen una distancia emocional en cuento al drama de unos personajes cuya comunicación depende, única y exclusivamente, del gesto y el impulso físico. En ese sentido, los momentos finales de The Tribe son toda una declaración de intenciones. | ★★ |

    Ucrania, 2014, Plemya. Director: Miroslav Slaboshpitsky. Guion: Miroslav Slaboshpitsky. Productora: Garmata Film Production / Hubert Bals Fund/ Myrek Films / Rinat Akhmetov's Foundation / Ukrainian State Film Agency. Presentación oficial: Festival de Cannes. Fotografía: Valentyn Vasyanovych. Reparto: Grigoriy Fesenko, Yana Novikova, Rosa Babiy, Alexander Dsiadevich, Yaroslav Biletskiy, Ivan Tishko, Alexander Osadchiy, Alexander Sidelnikov, Alexander Panivan. Apartado Sitges 2014: NOVES VISIONS EXPERIMENTA.

    P’tit Quinquin

    P’tit Quinquin (Bruno Dumont, 2014)

    Decir que en la pequeña pantalla se concentra, hoy en día, gran parte del talento creativo, no es ninguna novedad. La nueva ficción televisiva ha establecido un bello y fructífero pulso a la obra concebida para el grandes salas, un nuevo campo de experimentación artística a través del cual guionistas, directores y actores han empezado a transitar con frecuencia. Al otro lado del charco, directores y actores que antes solo podíamos ver en la gran pantalla han comenzado a diversificar su trabajo y poner nombre para muchas de las nuevas series de televisión. Otros, como J.J.Abrams, han recorrido el camino justo en el sentido contrario, sin que ello signifique salir de ningún formato.

    P’tit Quinquin, el último proyecto de Bruno Dumont, es la confirmación de esta tendencia migratoria que también se ha dado en el viejo continente (aunque Lars Von Trier ya se adelantara a todos con su The Kingdom). Pero resulta curioso, sin embargo, como la factura técnica de esta propuesta televisiva permite su paso por la gran pantalla sin que existan diferencias que vayan más allá de su duración. La miniserie de Bruno Dumont, además, se adentra en un terreno, el de la comicidad, que parece poco familiar con la oscuridad temática del cineasta francés. Mientras que el humor negro, el gusto por lo absurdo, lo pintoresco de ciertos personajes y la idea de hablar de aquello macabro que esconde un pueblecito adorable recuerdan, en cierto sentido, al Twin Peaks de Mark Frost y David Lynch; la pausada cadencia de sus imágenes y el trabajo con el cuerpo como motor para generar el humor (los tics faciales del inspector de policía) se convierten en aquella luz que permite rastrear el discurso de su autor dentro de un conjunto tan extraño y divertido como ciertamente entrañable. | |

    Francia, 2014, P'tit Quinquin. Director: Bruno Dumont. Guion: Bruno Dumont. Productora: Arte. Presentación oficial: Festival de Cannes. Fotografía: Guillaume Deffontaines. Reparto: Alane Delhaye, Lucy Caron, Bernard Pruvost, Philippe Jore, Corentin Carpentier, Julien Bodard, Baptiste anquez, Lisa Hartman, Frédéric Castagno, Stéphane Boutillier, Philippe Peuvion, Céline Sauvage, Jason Cirot, Cindy Louguet, Camille Cordonnier. Apartado Sitges 2014: NOVES VISIONS EXPERIMENTA.

    Daniel Jiménez Pulido
    Enviado especial a la 47ª edición del Festival de Sitges


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