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    Crítica | Alguien a quien amar

    Alguien a quien amar

    El traje a medida de Tom Waits

    crítica a Alguien a quien amar (En du elsker, 2014), dirigida por Pernille Fischer Christensen. | ★★★ |

    El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados. (Milan Kundera).

    Bienvenidos a la historia de Thomas Jacob, el renegado, el ex yonki, el poeta. El cantautor de fama mundial que después de varios años vuelve a su país natal, Dinamarca, para grabar su último álbum, ese que le vuelva a colocar en la cima. ¿El efecto colateral? El reencuentro con su hija, con la cual no tiene apenas contacto, y con su nieto, un completo desconocido de once años del cual no le quedará más remedio que cuidar en esta historia que huele a decadencia rock, pero que a la hora de la verdad queda apuntalada como un breve e inofensivo discurso ligero. Exactamente igual que pasa con esos rockeros que van de malotes, ya saben, con sus piercings, tatuajes y barbas de dos meses, pero que, sin embargo, no dejan de cantar canciones de amor para niñas de dieciséis años. Mejor no dar ejemplos y seguir con el argumento del hombre renovado que vuelve a pisar el país de su infancia perseguido por su propia leyenda de poeta maldito. Leyenda que es magnificada por su atormentada hija, para la cual el padre es el único culpable del origen de todos sus problemas, un sujeto al que es imposible perdonar. Tratando de evitar su destino y a la vez atraída por el afán de espíritu destructivo de aquellos seres depresivos que no ven solución ante la enormidad, seguirá los pasos de su padre en cuanto a drogas y adicciones, condenando a éste sin pretenderlo a repetir la vida que ya llevó, solo que la amargura está vez vendrá del origen externo de su descendencia.

    Y, claro, cuesta hacer sentir a un alma entumecida acostumbrada por la ligereza y la experiencia hallar banalidad en todo. Ningún sentimiento de pena o lástima aflora en él, ninguna compasión por la situación en la que se ve envuelto su nieto, quién a pesar de su edad parece ser el único capaz de comprender y valorar correctamente a los otros dos personajes. Para el viejo cantautor nada de esto vale, ni siquiera el último refugio del arte parece ser esta vez la salida correcta. El enorme caos que siente por ser incapaz de padecer le vacía la creatividad y le agarrota el espíritu. Solo la relajación y el acercamiento íntimo a su nieto le darán poco a poco el equilibrio necesario para comprender algunas de sus claves personales, como su incurable inestabilidad emocional. El joven se convertirá así en el ideal de la familia, en la última forma posible de redención total. Da igual en qué campo, solo una vez que este punto es asimilado un artista puede empezar a considerar la inmersión en el acto creativo como terapia propia. El retrato de la inconexión y el aislamiento que la fama provoca y que las drogas y la visión personal exacerbada, casi divina de uno mismo, se encargan de contrarrestar junto al impulso creativo. Suplantación de la vida real por una hiperrealidad de flashes y entrevistas. Tema este más sugerido a través de acciones y comentarios que mostrado de forma explícita.

    Alguien a quien amar

    Ese es uno de los principales atractivos de este trabajo firmado por Fisher Christensen, la creación de un universo personal que es encapsulado en diminutas porciones que tan solo nos muestran, como si de un iceberg se tratara, pequeñas pinceladas de un contenido total que se intuye pero que nunca llega a hacerse del todo visible, dejando a los espectadores la tarea de completar ese retrato oculto. Tarea que, desgraciadamente, es ejecutada con excesiva facilidad debido a los clichés de cine indie que se emplean en la construcción de los personajes principales. Prueba esta de que, a pesar de la enorme sensibilidad del filme, tanto estética como argumental, es en el fondo bastante más plana de lo que quiere nos quiere dar a entender. Como ese pseudointelectual que intentando hacerse el interesante trata sin éxito de mostrarse enigmático. Pero el problema es aún mayor, ya que al construir la película su narrativa en base a los personajes, momentos que debieran ser impactantes en su revelación se tornan banales y predecibles. Gestos que son empeorados por un desarrollo que a pesar de entretener da muestras de una constante irregularidad, contradicción que se entiende al estudiar el mal manejo de las múltiples elipsis que caben dentro de una estructura formada por picos de enorme intensidad unidos a escenas trámite, que en parte por lo que acabo de exponer y en parte por un guion algo flojo, no cumplen función más allá de la de enlazar contenidos.

    Es, quizás, en este sentido donde la insuficiencia de estos pasajes para con el acto narrativo lastra los distintos mensajes que a falta de una mayor profundidad tienen cabida dentro de la trama, cómo es el caso del maltrato físico, de la amistad malinterpretada, o de la adoración del mito por parte de quienes lo rodean, eje principal que queda grabado como uno de esos autógrafos que le firma el abuelo al nieto. Asímismo y aunque en una obra de este tipo estén justificadas, se da un exceso en la recreación de las escenas musicales, las cuales a pesar de estar bellamente rodadas dan una sensación de falsa emotividad, reflejando con insuficiencia la magia del proceso creativo y quedándose por lo general en la mera exposición melódica. La técnica tampoco nos ofrece posibilidad de congeniar con estos momentos íntimos. Cumple sin más una planificación convencional y poco arriesgada, que a pesar de lucir de una manera prefabricada tiene el mérito de transmitir una gran belleza compositiva gracias a una excelente fotografía. Como ejemplo perfecto destacan las escenas al aire libre, las cuales a pesar de proporcionar valiosos tiempos muertos en el relato no contribuyen a limpiar la amarga sensación que el conjunto transmite, esa de no estar viendo nada nuevo, sino una obra que no sorprende con un desarrollo que salvo una sorpresa y pequeños detalles más o menos irrelevantes, es predecible hasta su punto final. Principal causa que la despoja de toda intriga y emoción ofreciendo un resultado aséptico que choca con la pasionalidad descontrolada que debiera tener un producto de estas características. | |

    Álvaro Martín
    Enviado especial a la 59ª edición de la Seminci


    Dinamarca, 2014, En du elsker. Dirección: Pernille Fischer Christensen. Guion: Kim Fupz Aakeson, Pernille Fischer Christensen. Productoras: Zentropa Productions, Film i Väst, European Film Bonds. Intérpretes: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Birgitte Hjort Sørensen, Sofus Rønnov, Eve Best, Lourdes Faberes, Peter Frödin, Thomas Hwan. Fotografía: Laust Trier Mørk, en color. Montaje: Janus Billeskov Jansen, Anne Østerud. Música: Tina Dickow. Duración: 95’. Sección Oficial.


    Póster: Alguien a quien amar
    Tierra de Dios

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