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    Epicedio appassionato.
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    Toronto 2014 | Día 5. Críticas: 'Wild', 'Rosewater' & 'Escobar: Paradise Lost'

    Ullmann y Chastain en Toronto

    Senderos recorridos

    Crónica de la quinta jornada del Festival de Toronto 2014

    Jornada centrada, principalmente, en películas que toman como referencia casos reales para contar sus historias. Wild, Escobar y Rosewater, cada una a su modo, nos han mostrado la cara (y sufrimientos) de un personaje real. Wild, la de Cheryl Strayed; una joven que en 1995 viajó durante más de 1.000 millas (1609,34 Km) a lo largo de la costa del Pacífico en una andadura de redención que la llevaría a publicar un libro con sus vivencias. Escobar, la del narcotraficante colombiano, aquí transformado en villano, en una aventura de acción dirigida con solvencia pero con muchas licencias dramáticas; y, Rosewater, la del periodista iraní Maziar Bahari, arrestado hace años por el gobierno de su país cuando Jon Stewart le sacó en su programa en el 2009, en el contexto político de las protestas por el resultado de las elecciones en el país persa.

    Junto a estas tres propuestas, la de Liv Ullmann, Miss Julie, la más valiente, estimulante y extrema del día. En este diluvio de filmes se demuestra la triste homogeneidad de todos los trabajos presentados. Un alto porcentaje resultan inofensivos y poco arriesgados, con lo que vas buscando algo diferente: un cineasta que se atreva con lo que otros no hacen, y esta Miss Julie es algo que pocos harían tal como lo ha hecho Ullmann. Wild, por su parte, sí es una película más inmediata, que llegará al público muy fácilmente y que se colará en la carrera de premios con otros como Foxcatcher o The Theory of Everything. Las cintas más oscarizables de todo el TIFF. También nos damos cuenta, conforme pasan los días, de cómo avanza la dinámica en el Festival. La fiesta para los ciudadanos de Toronto es el primer fin de semana, cuando se permiten cerrar King Street, la arteria principal urbana, prerrogativa que dura apenas un par de días. El lunes 8 de Septiembre, la carretera vuelve a estar abierta para el tráfico, y el movimiento peatonal disminuye, la gente vuelve al trabajo y la celebración se calma. Así resulta más fácil entrar en las premieres a través de rush lines, siempre que se llegue a tiempo. Colas en las que, por cierto, los torontonianos se interrelacionan muchísimo, haciendo gala de esa extroversión que no se diferencia en nada de la de los estadounidenses. Toronto posee, como ya he dicho, una organización mucho más desenfadada y su certamen es un buen reflejo del carácter de la ciudad.

    Wild

    Wild

    Dirigida por Jean-Marc Vallée.
    Reparto: Reese Witherspoon, Laura Dern, Thomas Sadoski, Michiel Huisman, Gaby Hoffmann.
    Estados Unidos, 2014
    GALAS

    Jean-Marc Vallée llegaba a Toronto, como hiciera el año pasado con Dallas Buyers Club, apoyado en los primeros excelentes comentarios tras los avances de su nuevo trabajo. Reese Witherspoon, en un rol de fuerte exigencia física, descarnado, carente de maquillaje y desnudo, pronto generó comentarios acerca de la más que segura nominación de la actriz por el papel. Efectivamente, Wild está pensada para su lucimiento. El exigente viaje emocional de una ex adicta que busca hacer las paces con sus recuerdos: los de una madre emocionalmente inestable, su pérdida, y su posterior caída en la droga como vía para huir de sí misma. En una estructura que recuerda a la que Danny Boyle utilizó para 128 horas, Vallée, a través de un guión del algo sobrestimado Nick Hornby, repasa las vivencias de Cheryl Strayed, al tiempo que deja constancia de sus sacrificios y fortaleza en la larga caminata de 1000 millas que la joven realizó en 1995 a través del sendero del Macizo del Pacífico, una ruta alrededor de las montañas de la costa oeste. Una historia real basada en el libro escrito por la propia Cheryl Strayed en base a sus propias vivencias. Como todo relato motivacional, a la cinta no le faltan grandes reflexiones con voz en off, música con punteos de guitarra y una interpretación sentida y emocionada, como debe ser en estos casos. Witherspoon, muy parecida a la antiheroína que dibuja el largometraje, aborda un personaje maduro y alejado de las últimas notas de su filmografía. Notas que rebosan superficialidad y que, con Wild, llegan a su aparente final buscando el giro  McConaughey: un cambio radical en las elecciones y recuperar cierto prestigio crítico en su carrera.

    Con Wild lo tiene asegurado, pues Vallée le ha regalado un personaje perfecto para ello. Por otro lado, mantenemos la opinión sobre el buen criterio musical del cineasta, que ya con Café de Floré presentó una banda sonora de un nivel exquisito y que aquí, aun sin tanta presencia, mantiene con un par de temas destacados, especialmente el precioso tema de créditos finales de Simon & Garfunkel, El Condor Pasa (If I Could). El problema de Wild es que está tan estudiada para emocionar que no lo consigue. No busca la afectación, por suerte, pero la espontaneidad no forma parte de la fórmula y se nota. Podríamos decir lo mismo de The Theory of Everything. Un biopic cuidadísimo y milimétrico, pero, incluso allí, los actores demostraban un sentimiento que se respiraba genuino y sincero. Realmente hay poco que achacarle al trabajo de Vallée. Está muy bien fotografiado, tiene el tono adecuado, un buen trabajo interpretativo, voz en off inspirada y una buena planificación en el montaje, alternando pasado y presente, haciendo el desarrollo muy dinámico y dividiendo la travesía de Cheryl por días en la pantalla. Lo tiene todo para triunfar, y hay pocas dudas en que seguramente será una de las nominadas a Mejor Película este año. Si no en los Óscar, será en los Globos de Oro, o en alguna otra asociación, pero no se irá de vacío. El problema es que, buscando empaparnos de emoción de manera tan espiritual, —un poco como ya hizo con su anterior película—, Vallée no provoca el movimiento de ningún músculo o glándula. Café de Floré, con todos sus errores, se sentía más auténtica en sus intenciones, y también más arriesgada en sus decisiones. 67|100. | |

    Escobar: Paradise Lost

    Escobar: Paradise Lost

    Dirigida por Andrea Di Stefano.
    Reparto: Benicio del Toro, Josh Hutcherson, Claudia Traisac.
    Francia, España, 2014
    GALAS

    Escobar: Paradise Lost es Colombia para americanos. Es una película de acción protagonizada por un veinteañero canadiense que, tras enamorarse de la sobrina de Pablo Escobar, acaba metido en una persecución de crímenes y tiroteos en el que el joven se convierte en el clásico héroe trágico de la industria. Dirigida por Andrea Di Stefano, actor italiano de profesión, aparecido en películas como La vida de Pi o Come, reza, ama, Escobar es una propuesta tramposa, y lo es por cómo se vende. La figura del narcotraficante es lo menos importante de todo el conjunto. No hay retrato, ni psicología. A Benicio del Toro se le utiliza para convertirlo en un villano de cómic de un maniqueísmo que avergüenza; como en ese plano en el que manda asesinar a un subordinado suyo mientras él mira el dibujo de su hijo pequeño sin mucho interés. Así es como Stefano concibe a Escobar, sin preocuparle de él nada más que su papel de antagonista en una trama romántica de la que resulta gracioso que haya gustado a la crítica americana, pues significa que el director ha conseguido su objetivo. ¿Hay pulso narrativo? La respuesta es sí, pues el dinamismo del montaje funciona bien y las escenas de acción están bien resueltas, pero de poco sirve eso cuando tu guión hace aguas y, desde los pequeños detalles hasta el desarrollo general no se preocupa por crear personajes de cierta entidad o que por lo menos despierten empatía; porque con alguien como Josh Hutcherson no es fácil tenerla. El actor es el foco y punto de vista que toma Di Stefano para relatar los hechos, buscando así una buena puerta de entrada para el público anglosajón, normalmente reticente a historias enmarcadas en países hispanos. Si a Escobar le quitases a Del Toro, y cambiaras el personaje por uno ficticio la diferencia tampoco se notaría demasiado. Sólo perdería lo único que sostiene toda la atención mediática. 48|100. | ★★★ |

    Rosewater

    Rosewater

    Dirigida por Jon Stewart.
    Reparto: Gael García Bernal, Kim Bodnia, Haluk Bilginer, Shohreh Aghdashloo.
    Estados Unidos, 2014
    SPECIAL PRESENTATIONS

    Un consejo. Apuntad el nombre de Rosewater, porque puede dar alguna sorpresa. Os pongo en antecedentes. Jon Stewart, un famoso presentador estadounidense de prestigio, emite en su programa una entrevista con un periodista iraní en las elecciones de 2009, durante las protestas contra el cuestionable resultado. Maziar Bahari es arrestado pocos días más tarde y encarcelado en prisión durante 118 días acusado de espionaje para el gobierno americano. A lo largo de casi cuatro meses, Bahari hizo frente a interrogatorios diarios y a la presión de las autoridades para firmar una confesión falsa, con la promesa de su liberación. Utilizando como base el libro escrito por el periodista, Then They Came for Me, Jon Stewart se alía junto al reputado productor Scott Rudin y al propio afectado Maziar Bahari, para contar su historia. La diferencia es el tono. Rosewater no es un drama al uso. No busca una solemnidad que haga sentir mal al público sino que opta por reírse de las absurdeces del sistema iraní con un sátira que, según decía el propio presentador en la premiere en el Princess of Wales, ya estaba presente en el libro de Bahari. El periodista explicaba las razones para haber elegido el humor como arma, en lo ridículo de muchas de las preguntas que le hicieron: desde quién era Anton Chejov, hasta la obsesión por Nueva Jersey. El trabajo de Stewart es tan comprometido que uno le perdona los errores; y el peligro de frivolizar un tema serio, como es el injusto encarcelamiento de periodistas, no llega a los extremos de ofensa, pues tanto Bahari como el director sólo pretenden hablar, con un humor amable y crítico, sobre cómo la burocracia puede ser a veces tan tonta que da risa en su ceguera. Rosewater es un título humilde y sin muchas ambiciones, con una interpretación principal —de Gael García Bernal— sencilla y eficaz. El mismo periodista opinaba que él no creía que una película pudiera nunca cambiar nada, pero que por lo menos estaba bien que se dijera. Y así es este filme. Una cinta pequeña y valiente de esas que tanto les gusta reivindicar en Estados Unidos. 68|100. | |

    Gonzalo Hernández
    Enviado especial al Festival de Toronto 2014


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