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    Crítica | Cautivos

    The Captive

    Ocho años de cautiverio

    crítica a Cautivos (Captives) | dirigida por Atom Egoyan, 2014

    Hubo un tiempo en que Atom Egoyan era una apuesta segura para quienes buscaban un cine independiente de calidad, con obras tan fascinantes como Exótica (1994), El dulce porvenir (1997) o El viaje de Felicia (1999), acaparadoras, todas ellas de prestigiosos galardones en los festivales más importantes del mundo. Tristemente, la estrella del director armenio-canadiense parece haberse apagado lentamente en los últimos años, encadenando un título fallido tras otro, en donde resulta casi imposible atisbar el talento que se le presuponía. Con Chloe (2009), remake de una cinta francesa, a Egoyan ya se le detectó cierto afán por convertirse en un director más comercial, aprovechando la generosidad de Amanda Seyfried para desnudarse como principal reclamo. Tras los desastrosos resultados artísticos del drama criminal Condenados (2013), muy mal recibido en San Sebastián, parecía que el cineasta había tocado fondo. Desafortunadamente, aquí está The Captive (2014) para demostrar que siempre se puede ir a peor.

    La historia gira alrededor de la misteriosa desaparición de Cassandra, una niña a la que su padre vio por última vez en el asiento trasero de su coche, cuando la deja sola durante breves minutos al entrar a un restaurante a comprar comida para llevar. Asistimos a la desesperación de los progenitores, los inevitables reproches sobre quién tiene la culpa de la desgracia, la investigación abierta por un grupo de agentes especializados en delitos de carácter pedófilo y, curiosamente, el encierro de la chica en una habitación durante ocho años, a manos de un delincuente sexual. Podría parecer que estoy destripando demasiado el argumento pero no es así. De hecho, en los primeros minutos de metraje ya se nos muestra la suerte que ha corrido Cassandra y la identidad de su captor. Una elección discutible de David Fraser y el propio Egoyan desde el guión, que arruina cualquier oportunidad de generar una mínima intriga a lo largo de sus largas dos horas de película. Es cierto que la premisa –una especie de cruce entre la magnífica Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013) y La mujer que arañaba las paredes (Mikkel Nørgaard, 2013)–, tiene papeletas para atraer la atención del espectador en un principio. A pesar de su escabrosidad, el tema de los pederastas que logran ganarse la confianza de los niños a través de internet para convertirlos en víctima de sus más bajos instintos, está de plena actualidad. Si, además, el filme cuenta con un reparto encabezado por solventes estrellas como Ryan Reynolds o Rosario Dawson, parece que el éxito de la empresa está casi asegurado. Nada más lejos de la realidad.

    The Captive

    En The Captive parece que ningún actor está hecho para el personaje que le ha tocado interpretar. Reynolds –al que se valora, y mucho, desde su magnífico trabajo en Buried (Rodrigo Cortés, 2010)– piensa que puede dotar de intensidad e impotencia al personaje del padre dando constantes golpes en la mesa mientras pone cara de afectación. Rosario Dawson, tan guapa como siempre (quizás demasiado), no encaja en el rol de detective encargada del caso, del mismo modo que Scott Speedman hace que echemos de menos a un Jake Gyllenhaal que le confiera algo de sangre a su personaje de policía obsesionado con llegar hasta el final por resolver el misterio. Tan solo Mireille Enos (cuando no se deja llevar por la sobreactuación) consigue darle cierta emoción a su encarnación de la sufrida madre de Cassandra. El protagonismo, demasiado coral, no ayuda al excesivo lucimiento de ninguno de sus actores.

    The Captive es una obra que, desde el punto de vista formal, cuenta con un notable trabajo de fotografía de Paul Sarossy, que saca gran partido del gélido paisaje de Ontario. La cámara se mueve con elegancia en todo momento, extrayendo algunas imágenes poderosas, del mismo modo que la nieve, tan presente en sus imágenes, funciona como perfecta metáfora de la frialdad con la que actúa el villano de la historia, capaz de moverse en sociedad como un tipo respetable sin despertar la mínima sospecha. El mayor error de la película, como se comentó anteriormente, es no dejar nada para la imaginación desde el primer momento. La falta de sorpresas, unida a un desarrollo monótono, evita que The Captive trascienda de la manera contundente que lo hizo Prisioneros. Las comparaciones son odiosas y, siendo realistas, hay que reconocer que ambos filmes comparten demasiados puntos en común (la investigación paralela de progenitores y policía y el dibujo de estos personajes, principalmente) que se acentúan por el escaso margen de tiempo que separa a sus respectivos estrenos. Mientras que la cinta de Villeneuve fue capaz de crear gran tensión y planteó polémicas reflexiones sobre hasta qué punto es correcto tomarse la justicia por su mano, el filme de Egoyan avanza con desidia a través de una narración mucho más lineal y burda de lo que quiere parecer a través de sus constantes saltos en el tiempo. El comportamiento absurdo de algunos de sus personajes en momentos claves de la historia logra un efecto anticlimático que tira por tierra cualquier oportunidad del filme de alcanzar el más mínimo calado dramático. The Captive acaba siendo el típico producto que, de haber venido de otro director, podría haberse tildado de correcto. Sin embargo, viniendo de un autor con las posibilidades de Egoyan, no puede calificarse más que de completo fracaso. | ★★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Canadá. 2014. Título original: The Captive. Director: Atom Egoyan. Guión: Atom Egoyan, David Fraser. Productora: E1 Entertainment / Ego Film Arts / The Film Farm. Fotografía: Paul Sarossy. Música: Mychael Danna. Montaje: Susan Shipton. Intérpretes: Ryan Reynolds, Mireille Enos, Scott Speedman, Rosario Dawson, Kevin Durand, Alexia Fast, Bruce Greenwood, Christine Horne.


    The Captive póster
    Tierra de Dios

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