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    Crítica | Very Good Girls

    Very Good Girls

    El verano en que me hice mayor

    crítica de Very Good Girls | dirigida por Naomi Foner, 2014

    La estación estival ha sido desde siempre, probablemente debido a una combinación casual de sol, cervezas, tiempo libre, nuevas amistades y hormonas en eclosión, una época de descubrimiento, cambio y evolución para cualquier adolescente. En esa especie de universo propio que cada cual engendra a su gusto durante los años, poblado de símbolos, canciones, bromas y guiños que nunca son idénticos a los del resto, un imaginario vital se va construyendo poco a poco, para ser recordado con nitidez solamente muchos años después. Dice Carles Sanchís, uno de mis poetas favoritos, que todos los años empiezan en septiembre, y es que aunque esos veranos de emociones frenéticas, cuerpos dominados por la química y amistades que alcanzan el estatus de sacramento, jamás regresen, son muchas veces los responsables de mudarnos de piel, lanzarnos al vacío de bruces o inyectarnos un chute de felicidad, según coincida. En definitiva, esta fracción del año resulta ser, en la realidad, ergo, en la pantalla también, una época crucial repleta de historias que merecen ser contadas, bien sea en tono épico, cómico o dramático. En Very good girls, su creadora Naomi Foner plasma el propósito de retratar la complicidad, los problemas y el proceso de iniciación sexual de dos chicas adolescentes durante un verano importante para el transcurso de sus vidas. Y lo hace partiendo de la base de un cliché tan manido en los dramas comerciales norteamericanos sobre esta temática, como es la preocupación acerca de la pérdida de virginidad, desde un punto de vista femenino que mezcla competitividad, miedo, timidez y autoexploración. A priori, con la intención de mostrar las diferencias de educación y actitud, la directora escoge el antagonismo (de carácter pero también físico) entre las dos protagonistas; mientras que la rubia y dulce Lilly (Dakota Fanning) parece más tímida, apocada, introvertida y llena de inquietudes, Gerry (Elisabeth Olsen), castaña y de vestimenta más exótica, tiene personalidad mucho más impulsiva, risueña y atrevida. Mientras que Lilly tiene una relación compleja con su familia, puesto que sus padres están separados y en constante disputa, y en su hogar se estila una mentalidad un tanto anticuada, la casa de Gerry está inmersa en un ambiente más festivo, libertino y particular, entre comida vegetariana, instrumentos musicales y flexibilidad de horarios.

    Cuando ambas chicas se hallan en un momento de ávido interés por ampliar los lindes de su escasa experiencia sexual, conocen a David (Boyd Holbrook), un atractivo joven surfero algo mayor que ellas, que vive sólo en un estudio donde trabaja como guardia de seguridad, y de paso aprovecha para dedicarse al arte (y he aquí otra combinación prototípica de clichés adolescentes), surge el conflicto. La categoría fundamental de cualquier argumento, en este caso en particular, une esos primeros contactos sexuales, reflejando la inseguridad, las ganas y la represión o liberación de los deseos más primarios, con las mentiras, los secretos y los problemas que todo ello acarreará en la relación entre Lilly y Gerry. Sin embargo, lo que podría ser el trazo de las inquietudes más íntimas de una adolescente actual y su vínculo con temas universales como la muerte, la confianza en uno mismo y en los demás, las disidencias familiares, y sobre todo, el sexo como búsqueda de la identidad, como pérdida de la inocencia, o como fuente de placer, se ve totalmente anulado por un guión vacío y unas interpretaciones insustanciales. Very good girls es una cinta entretenida y ligera, pero que sin duda adolece de falta ritmo y personajes creíbles con fuerza y vida propias, le sobran tópicos en los diálogos, rigidez en las escenas de sexo, y mayores cotas de humor. La prolífica y joven Dakota Fanning (que había tenido ocasión de ver anteriormente en metrajes recientes como Night Moves, u otros de la pasada década que reflejan su innegable talento infantil, véase la emotiva Yo soy Sam, o la bella secuencia final junto a Glenn Close en la que participa en Nueve vidas, de Rodrigo García) atraviesa este film deslucida, sin brillo, sin expresividad y sin la capacidad de transmitir al público esa torbellino imparable de sentimientos contrapuestos que atraviesa la cabeza de cualquier adolescente en el verano que se hace mayor.

    Very Good Girls

    Si bien, en las últimas décadas hemos asistido a una ingente recepción de propuestas cinematográficas interesantes (tanto desde el apartado más comercial como desde el más indie) sobre la adolescencia y el descubrimiento de la sexualidad, en cualquiera de sus vertientes (véase la fantástica Kids, la popular Thirteen, la tierna Fucking Amal, las controvertidas XXY y Klip, la premiada Juno o la polémica Joven y alocada), el caso que nos ocupa no atesora, ni de lejos, la calidad ni la originalidad suficiente para ser recordada en los próximos años. Dakota Fanning, al menos en este filme, parece una promesa fallida, y Very good girls se antoja poco ambiciosa si hablamos de ahondar en el alma de unas adolescentes y contagiarnos de esas ganas de saber más de sí mismas y del mundo que las rodea. | ★★★★ |

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Santiago de Compostela

    2013, Estados Unidos, Very Good Girls. Director: Naomi Foner. Guión: Naomi Foner. Productora: Groundswell Productions/ Herrick Productions. Reparto: Dakota Fanning, Elisabeth Olsen, Boyd Holbrook, Demi Moore, Richard Dreyfuss, Ellen Barkin, Kiernan Shipka, Clare Foley, Roslyn Curry, Clark Greg, Owen Camobell, Peter Sarsgaard, Brandin Steffesen. Fotografía: Bobby Bukowski. Música: Jenny Lewis. Presentación oficial: Sundance 2013.

    Póster Very Good Girls
    El fulgor efímero

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