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    Crítica | 9 meses... de condena

    9 meses... de condena

    Lío embarazoso

    crítica de 9 meses… de condena | 9 mois ferme, de Albert Dupontel, 2013

    En la reciente ceremonia de los César, la comidilla parecía ser la presencia (o falta de ella) de Julie Gayet. La actriz francesa, nominada entonces por su papel secundario en Quai d’Orsay (Bertrand Tavernier, 2013), ha venido copando las portadas de la prensa más o menos sensacionalista en los últimos meses por su lío de faldas con el presidente de la república gala. Pero, desafortunadamente, este tema, aún sin menospreciar su pertinencia y trascendencia, ofuscó un tanto la calidad de las demás películas que concurrían a la gala anual de la cinematografía de nuestro país vecino. E incluso había presencias en ella más ilustres que la de la amante del mandatario, como las de Quentin Tarantino o Scarlett Johansson, nada menos. Algo que seguramente ha llenado de envidia a la organización de los Goya, la ceremonia equivalente dentro de nuestras fronteras… Pero volviendo al apartado de los filmes nominados, como decíamos la calidad era alta, pues al margen de la propia cinta de Tavernier estaban representadas (y fueron galardonadas) propuestas triunfantes en Cannes como La vida de Adèle (La vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013), El desconocido del lago (L’inconnu du lac, Alain Guiraudie, 2013) o Guillaume y los chicos, ¡A la mesa! (Les garçons et Guillaume, à table!, Guillaume Gallienne, 2013). Y también 9 mois ferme (2013), presentada no en la Croisette sino en San Sebastián, festival que también queda a la sombra de su homólogo de la Costa Azul, pero que, en esta ocasión, se apunta un gran tanto al proyectar una cinta tan notable como la de Dupontel.

    Éste es también autor del guion, justamente premiado en los citados César, y coprotagonista junto a Sandrine Kiberlain, igualmente premiada allí y con igual justicia. Y es que ésta última encarna precisamente a una jueza, de nombre Ariane Felder. Hablamos para más señas de una mujer en apariencia estricta e inflexible, pero que bajo los efectos del alcohol da rienda suelta a su naturaleza más irreflexiva y desinhibida. Concretamente, la trama se inicia con los sucesos de una nochevieja en la que la aludida magistrada se enrolla con un delincuente en la calle, después de emborracharse en la fiesta de rigor. Luego damos un salto en el tiempo de seis meses y descubrimos que está embarazada, estado que le cuesta poco rastrear a esa noche fatídica. Atributo justificado porque ella vive orgullosamente sin familia y en solitario, inmersa en sus expedientes y sus sentencias, por lo que la noticia le trastorna por completo sus planes de carrera y bienestar… Impedimento que será acentuado por la entrada en escena del supuesto padre, un tal Bob Nolan, acusado ahora de un crimen tan horrendo como inverosímil, que se refugiará en el apartamento de la jueza para pedirle resguardo humanitario y ayuda legal. Sin desvelar más acontecimientos, cabe añadir que este hecho supondrá un evidente conflicto de intereses para la protagonista, debatiéndose entre su futuro profesional y el maternal, encaminando sus peripecias hacia un desenlace que pueda unir estos dos frentes abiertos de la narrativa.

    9 meses... de condena

    Ambos extremos los comparte igualmente el otro sujeto de esta extraña pareja, el ladrón que tiene los rasgos de Dupontel. Este actor y cineasta quizás sea más conocido para el espectador medio (es un decir) por su papel inolvidable (es otro decir) en Irreversible (Irréversible, Gaspar Noé, 2002). Aquí también interpreta, como acabamos de señalar, a un malhechor, y aunque en apariencia su perversidad es equivalente, las apariencias engañan. El cameo de su terrible colega Gaspar Noé es otra mera coincidencia, pues de hecho se une a fugaces caras estelares como las de Terry Gilliam y Jean Dujardin. No se asusten pues, porque 9 mois ferme se sitúa en las antípodas de esa anterior incursión, podríamos decir que en la otra cara de la legalidad. Lo que hemos comentado hasta ahora nos anticipa en efecto que estamos ante una propuesta desenfadada y luminosa y, ante todo, muy divertida. De hecho, la película utiliza casi todos los recursos humorísticos imaginables: dobles sentidos, juegos de palabras, ironía dramática, gags visuales, chistes en tres partes… incluso algunos más básicos y pasados de moda como el tartamudeo o los coscorrones. Pero aunque la premisa de fecundación y amnesia tampoco es muy original, la inventiva se alcanza en la mezcla que cocina Dupontel, sobre todo en esa unión de opuestos que empieza por la pareja ya retratada. Es más, su obra discurre por la fina frontera que separa lo burlesco y lo burdo, lo grotesco y lo grosero, sin llegar nunca a franquearla. Y ello lo consigue sobre todo gracias a su elegancia y virtuosismo técnico.

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    Al respecto es manifiesto el apabullante plano secuencia con el que arranca el metraje, durante la fiesta de fin de año, recorriendo el desenfreno de los asiduos del Palacio de Justicia hasta llegar al despacho de Ariane Felder, en la que ella intenta aislarse del ambiente y seguir con su tarea. Luego es evidente que la planificación no puede sostener esta pericia, pero todo el metraje sí se mantiene en un elevado nivel desde el punto de vista fotográfico, alternando sucesivas secuencias de gran olfato visual, como la hilarante recreación del crimen que incrimina a Bob Nolan, las grabaciones que documentan el embarazoso desliz de la funcionaria o la secuencia de montaje en la que ella estudia el caso de aquel. El ritmo casi nunca decae, incluso recordando a ratos el animado estilo de Jean-Pierre Jeunet, gracias a múltiples recursos técnicos que rivalizan con las antes enumeradas herramientas de humor, como unos flashbacks mostrando la infancia de Nolan o ángulos y posiciones de cámara imposibles en la descripción del decorado del Palacio de Justicia. La película está además hilada con mucha fortuna por hábiles transiciones y fluidas elipsis, y si pierde algo de fuelle en su último acto es sólo desde un punto de vista narrativo. En este punto, la historia se va quedando un poco atrás en cuanto a singularidad y calado, y el final es algo decepcionante por lo conservador y moderado, frente a lo atrevido y alocado del resto del metraje. Pero, en general, el resultado es muy satisfactorio, y fue uno de los mejores ratos que pasé en la última edición de Zinemaldia. | ★★★ |

    Ignacio Navarro
    redacción Madrid

    Francia, 2013. Director: Albert Dupontel. Guión: Albert Dupontel. Productora: ADCB Films / Wild Bunch / France 2 Cinéma / Cinéfrance 1888 / JD Prod / Black Dynamite Films. Fotografía: Vincent Mathias. Música: Christophe Julien. Montaje: Christophe Pinel. Reparto: Sandrine Kiberlain, Albert Dupontel, Nicolas Marié, Philippe Uchan, Philippe Duquesne.

    9 meses... de condena póster
    El fulgor efímero

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