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    Crítica | Reprise, de Joachim Trier

    Reprise, de Joachim Trier

    La soledad del autor

    crítica de Reprise | de Joachim Trier, 2006

    Los sueños y fabulaciones varían con la edad: si en la tierna adolescencia anhelamos crecer y obtener la independencia adulta y entrados los cuarenta solo pensamos en rejuvenecer y añoramos los felices veinte, parece que solo en la edad intermedia es cuando nuestra imaginación es más libre e idealista. Es en ese momento cuando surgen las aspiraciones creativas y el ansia por dejar huella en este mundo; luego ya vienen las obligaciones y la vista se nos empieza a nublar. Reprise no es más que un análisis de esta etapa de sueños a partir de los anhelos de un par de aspirantes a escritores: dos jóvenes ansiosos por crear, que necesitan un rumbo en la vida y que canalizan sus deseos a través de la literatura. Tomando la creación literaria como telón de fondo, Joachim Trier nos presenta una película con verdadera vocación retórica: la cinta empieza con Philip y Erik ante un buzón con sendos sobres, listos para enviar a una editorial y probar suerte con su manuscrito. Tras introducirlos en el buzón, una secuencia en blanco y negro a modo de prefacio nos muestra la inocencia de los anhelos de la juventud: el deseo de lo que queremos ser, las cortas alas de la imaginación. Pero esta secuencia no es más que eso, ensoñaciones; es hora de dejar de soñar y de volver a la realidad, al momento antes de introducir el sobre en el buzón, un simple gesto llamado a cambiarnos la vida: «Ahora empieza todo», exclama Philip justo antes de dejar caer el sobre por la ranura. Y es entonces cuando la verdad de la ficción empieza, cuando se inicia el bis, el reprise al que hace referencia el título original. De este modo, la película se autoproclama como la relectura de nuestros sueños adolescentes, la difícil tarea de poner los pies en la tierra y descubrir lo que realmente somos. Este viaje hacia la madurez dirigido por el empeño creativo constituye el verdadero motor de la cinta, que además se establece como meta radiografiar a una generación.

    Pero volvamos a la ambición literaria del filme (en paralelo con la de los propios protagonistas). La voz en off y los diálogos se utilizan con la intención de asimilarse a una obra escrita y Trier juega con los recursos cinematográficos para reflejar la estructura literaria: lo que en cualquier libro serían párrafos explicativos contextualizantes se convierten aquí en flashbacks y reflexiones subjetivas. Los diálogos, en cambio, están tratados con suma delicadeza, con planos detalle intercalados en los momentos más íntimos a modo de explicación interior de los personajes, como las acotaciones entre guiones presentes en los diálogos de una novela. Trier evita el error común en muchos directores noveles: la necesidad por demostrar la destreza y el control de diversas técnicas puede tener como resultado un cine vacío, de la forma por la forma, sin fondo. Sin embargo, Trier logra tamizar sus recursos y consigue crear un estilo cincelado a golpe de montaje vivo, en ocasiones podríamos decir que hasta frenético, que evita la linealidad temporal para lograr que el espectador consiga ver entre fotogramas, al igual que podemos leer entre líneas en un buen libro. En su caja de herramientas encontramos una estética que podríamos definir como nórdica-pop, con un gran juego de texturas y discursos (desde el tratamiento de la luz con un tono videoclipero pasando por una textura cercana al video casero hasta llegar al blanco y negro de muchos flashbacks o del prefacio que comentábamos anteriormente) y con una cuidada selección musical con múltiples referencias al rock y al indie noruego de los años 80 y 90. Los rasgos literarios, unidos con la estética apuntada anteriormente, confieren un toque poético a la cinta que entronca perfectamente con su historia. Y es que el cine pocas veces ha aunado la creación literaria y la frustración juvenil, y el director noruego se acerca a este choque de trenes con un tono crítico, con algunas puntadas de alegría y positivismo, pero sobre todo con tono desencantado. Trier no deja pasar ni uno solo de los temas capitales del paso a la madurez: el amor, la amistad, la competencia y, sobre todo, la locura y la frustración de quien se siente perdido. En definitiva, Reprise supone el debut fresco e interesante de un director que parece tener las cosas muy claras desde el principio, sabiendo qué quiere decir y cómo decirlo. Esa relación entre forma y fondo, entre historia, trama, estructura y textura se atisba como un todo capaz de crear una puesta en escena sólida y nos proporciona una mirada diferente y moderna de la juventud creadora actual. | ★★★ |

    Víctor Blanes Picó
    redacción Barcelona

    Noruega, 2006, Reprise. Director: Joachim Trier. Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt. Productora: Spillefilmkompaniet 4 1/2 / FilmLance International AB. Fotografía: Jakob Ihre. Música: Ola Fløttum, Knut Schreiner. Intérpretes: Espen Klouman-Høiner, Anders Danielsen Lie, Viktoria Winge, Henrik Elvestad, Christian Rubeck, Odd Magnus Williamson, Rebekka Karijord, Henrik Mestad, Pål Stokka. Nominada al Premio del público en los European Film Awards 2007.

    Póster de Reprise, de Joachim Trier
    Tierra de Dios

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