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    crítica de Who Goes There (1x04) | True Detective (Temporada 1)

    HBO, 2014, Who Goes There. Dirección: Cary Fukunaga. Guion: Nic Pizzolatto. Intérpretes: Woody Harrelson, Matthew McConaughey, Michelle Monaghan, Michael Potts y Tory Kittles. Música: T-Bone Burnett. Fotografía: Adam Arkapaw.

    Confirmado. Lo que ya intuíamos en los tres primeros episodios de la nueva producción de la prestigiosa HBO True Detective se materializa en todo su esplendor cuando hemos alcanzado el ecuador de la misma: que estamos, no solo ante la serie revelación del año, sino ante la experiencia audiovisual más potente y completa que la televisión nos ha ofrecido en mucho tiempo. Con una factura técnica que en nada tiene que envidiar a las mejores películas de cine negro y un guión lleno de vericuetos que no deja de sorprendernos semana tras semana, True Detective tiene que agradecer hasta extremos inimaginables su formidable capacidad para fascinar a su entregada (y muy cinematográfica) pareja protagonista. Que Matthew McConaughey es un auténtico camaleón era algo que ya teníamos sobradamente demostrado en sus últimos trabajos para el cine –ahí está su nominación al Oscar por Dallas Buyers Club–. Lo mismo sería extensible a Woody Harrelson, muchas veces relegado injustamente a papeles secundarios en la gran pantalla. Ambos están soberbios en sus respectivos roles, unos personajes multidimensionales, cargados de matices y pequeños detalles que los hacen irresistibles, aun cuando sus comportamientos se alejen en alguna ocasión de lo que pueda considerarse modélico.

    A estas alturas de la película, el espectador ya ha asimilado la personalidad enfermiza y excéntrica del detective Rust Cohle, aceptando su manera cruel de analizar al resto de personas que le rodea sin mostrar atisbo alguno de empatía, del mismo modo que ha asistido al progresivo estrechamiento de su relación con su compañero de investigación Martin Hart. Éste último personaje, aparentemente menos jugoso para el lucimiento dramático, ha ido dejando caer sus distintas capas con el paso de los episodios hasta revelarnos a un hombre menos sensato de lo que parecía en principio, con imprevisibles golpes de violencia y cierta propensión a los líos de faldas extramatrimoniales. True Detective es cine negro con estilo, hecho para la televisión, con unos (anti) héroes casi tan turbios como los oscuros bajos fondos de la enigmática Luisiana en donde se desarrolla la historia, esa investigación criminal llevada a cabo por Cohle y Hart 17 años atrás y reabierta en nuestros días ante la aparición de nuevos crímenes de similares características satánicas que hacen que la policía se replantee si la persona que está en prisión cumpliendo condena es la correcta. Dos líneas temporales repletas de misterio y poblada de personajes de moral distraída que avanzan de forma lenta pero implacable en pantalla. Cuando a veces da la sensación de que la historia se toma demasiado tiempo en largas conversaciones, a simple vista intrascendentales, entre la pareja protagonista en sus viajes en coche, conforme las piezas del puzle van encajando nos damos cuenta de hasta qué punto éstas han enriquecido el retrato psicológico de estos dos seres unidos contra el crimen.

    True Detective (1x04)

    Este cuarto episodio arranca con Cohle y Hart decididos a encontrar el paradero de Reggie Ledoux, principal sospechoso de los asesinatos rituales. En esta ocasión las investigaciones les llevarán hasta una peligrosa pandilla de moteros de Texas para cuyas filas podría estar trabajando Ledoux en su negocio de drogas. Tras un arranque un tanto flojo a nivel de intensidad en donde parece que el protagonismo va a correr a cargo del Hart de Harrelson, con las consecuencias que tiene en su matrimonio el affaire con Lisa, el capítulo comienza a adquirir su brío acostumbrado desde el instante en que el personaje de McConaughey debe infiltrarse en la panda de traficantes para tratar de llegar hasta su perseguido. Este giro de la trama supone la oportunidad perfecta para que conozcamos el modus operandi de Cohle en su, tantas veces comentado, pasado como infiltrado en las mafias de las drogas, cuando trabajó en secreto para narcóticos. Por su boca conocimos cómo tantos años consumiendo sustancias de todo tipo le han dejado serias secuelas psicológicas, algo a lo que se tendrá que volver a enfrentar para resolver el caso. El actor, en su faceta de tipo chungo y puesto de coca hasta las cejas, logra algunos de sus mejores momentos desde que se pusiera en la piel de tan controvertido personaje, siempre a un paso de la sobreactuación y eclipsando a cualquiera con quien comparta escena, incluido Woody Harrelson.

    Who Goes There es, claramente, un episodio de transición, ya que no presenta avances demasiado significativos en las claves del misterio. También supone un leve bajón en intensidad dramática, abandonando momentáneamente la opresiva atmósfera de las sesiones anteriores para moverse en unas coordenadas más dinámicas y ligeras, apostando por primera vez desde que comenzó su andadura, por una acción más física como medio de lograr la emoción del público. Por suerte, incluso de sus tramos más convencionales sabe sacar Cary Fukunaga –su director, autor también de la última versión cinematográfica de Jane Eyre– auténtico oro y éste llega en esta ocasión en forma de magistral plano secuencia de casi siete minutos en donde su nerviosa cámara sigue a Cohle y la banda de motoristas en su asalto a la casa de un grupo de pandilleros a los que pretenden robar la caja fuerte para, en cuestión de minutos, convertir el vecindario en un auténtico campo de batalla en donde las balas silban y los helicópteros y coches de policía realizan una espectacular redada. El primoroso montaje y la enérgica actuación de Matthew McConaughey son las claves del triunfo de la secuencia más dinámica y técnicamente brillante de lo que llevamos de obra, deudora casi de aquel otro inolvidable plano secuencia de Hijos de los hombres (2006, Alfonso Cuarón). Sin duda, este brillante desenlace sirve para redimir a este cuarto capítulo de cualquier otra debilidad, abriendo nuevas expectativas para lo que está por venir, lo que viene a ser una muestra más de que True Detective es un producto que se reinventa constantemente y cuyo techo creativo parece no conocer límites. | ★★★

    José Antonio Martín
    redacción Canarias

    Escena| Maravilloso plano secuencia de más de 6 minutos de duración

    Feelmakers

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