Introduce tu búsqueda

  • Cenotafio faraónico.
    «Blade Runner 2049», de Denis Villeneuve.

    Especial Festival de San Sebastián.
    Cobertura completa de la 65ª edición.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Crítica | Big Bad Wolves

    Big Bad Wolves

    Ojo por ojo, diente por diente

    crítica de Big Bad Wolves | de Aharon Keshales y Navot Papushado, 2013

    Que el actual enfant terrible de Hollywood Quentin Tarantino es una personalidad que mueve legiones de admiradores es algo público y notorio. Que sus declaraciones y criterios son tenidos muy en cuenta, también. Por esta razón, lo mejor que le puede suceder a una producción humilde y alejada de la industria del calibre de la israelí Big Bad Wolves (2013) es que sea citada por el director de éxitos como Pulp Fiction o Django desencadenado, nada más y nada menos, como el título que más le ha gustado de todo 2013. ¿Consecuencias? Millones de ojos se volvieron hacia este pequeño filme que, en otras circunstancias, habría pasado inadvertido para el gran público. La pregunta que debemos hacernos entonces es, ¿verdaderamente es merecedora la película de unos elogios tan entusiastas de boca de uno de los genios del cine moderno? La respuesta es, en este caso, un rotundo sí. El propio Tarantino demostró con su ópera prima Reservoir Dogs allá por el ya lejanísimo 1992 que no es necesario un gran presupuesto para lograr una magnífica película, supliendo la economía de medios por un desbordante talento para el guión y una creatividad a prueba de bombas. Esta consigna es la que parece haberse aplicado los directores Aharon Keshales y Navot Papushado en su segundo trabajo para el cine tras su debut en 2010 con la comedia de terror Rabies, donde ya apostaron por un cine de género que se salía totalmente de los cánones del tipo de películas que nos suele llegar de Israel.

    Big Bad Wolves agarra fuertemente al espectador desde su fabulosa escena de apertura, en la que vemos a cámara lenta a unos niños jugando al escondite en los alrededores de un edificio abandonado, para revelarnos a continuación la desaparición de una pequeña del grupo, la cual aparece asesinada posteriormente en un descampado, con claros síntomas de haber sido víctima de abusos por parte de un psicópata pedófilo. Micki es el detective de policía encargado del caso, empleando métodos un tanto alejados de la legalidad para conseguir desenmascarar al asesino. Las primeras pesquisas llevarán a la policía hasta Dror, un introvertido profesor de instituto los agentes torturan con la intención de sacar (sin éxito) una confesión de culpabilidad, teniendo que soltarle finalmente ante la falta de pruebas. Por su parte, Gidi, el padre de la niña muerta, no está dispuesto a quedarse sentado, por lo que planea su propia venganza contra el hombre al que cree culpable de su tragedia. Estas tres personas acabarán convergiendo en el interior del sótano de una casa alejada del mundanal ruido, en el cuál no tendrán cabida ni las leyes ni la piedad y donde las figuras de víctima y verdugo se confundirán con cada nuevo acontecimiento. Sorprende el filme de Keshales y Papushado por la turbiedad de su argumento y la ambigüedad moral de su mensaje, algo que comparte con otra película de muy similares características con la que ha coincidido en el tiempo, la también magnífica Prisioneros (2013, Denis Villeneuve). Ambas plantean el dilema que se les presenta a unos padres a los que se les ha arrebatado a sus hijas en circunstancias violentas y deciden tomarse la justicia por su mano. La diferencia radica en que la cinta israelí está salpicada de unas inesperadas dosis de humor negrísimo que contrasta enormemente con la gran carga de violencia explícita de algunas de sus imágenes.

    Big Bad Wolves

    Mérito de su ingenioso guión es que este difícil cóctel funcione con la precisión de un reloj suizo, haciendo que al espectador se le quede congelada la sonrisa en la cara en más de un momento ante la irrupción inesperada de sus pasajes más salvajes. Los tres personajes principales (más un cuarto cargado de sorpresas y que se adueña de algunas de las mejores escenas, el padre de Gidi y abuelo de la niña) están muy bien perfilados y magníficamente interpretados por unos actores en estado de gracia. Gracias a ello, la película logra que el interés y la tensión se mantengan durante todo el metraje, a pesar que la mayor parte de la acción se desarrolle en un espacio cerrado. Sin duda, Tarantino ha tenido buen ojo al respaldar este trabajo que, casualmente o no, parece homenajear a Reservoir Dogs y su escena más famosa, la de la terrible tortura (con mutilación incluida) al policía. Por ello, Big Bad Wolves podría definirse como un feliz cruce entre la violencia del cine de Tarantino y la capacidad para extraer la máxima ruindad de los personajes más sencillos de los hermanos Coen en Fargo (1996), con la que también comparte su gusto por el humor macabro. Estas influencias están tan bien asimiladas que el conjunto termina teniendo una gran personalidad propia. Puede que el título de mejor película del año sea un tanto excesivo pero sí es verdad que Big Bad Wolves es una obra sorprendente en todos los aspectos, desde su estupendo acabado formal (inaudito en un producto de su modestia) hasta su perfección narrativa, en donde los guionistas juegan con el espectador a su antojo hasta llevarle a uno de los desenlaces más perturbadores del cine negro de los últimos años. Peliculón, sin duda. | ★★★

    José Antonio Martín
    redacción Canarias

    Israel. 2013. Título original: Big Bad Wolves. Directores: Aharon Keshales, Navot Papushado. Guión: Aharon Keshales, Navot Papushado. Productora: United Channel Movies. Fotografía: Giora Bejach. Música: Haim Frank Ilfman. Montaje: Asaf Korman. Intérpretes: Lior Ashkenazi, Rotem Keinan, Tzahi Grad, Menashe Noy, Dvir Benedek, Kais Nashif.

    Big Bad Wolves póster
    El jardín

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Festivales

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Extras

    Premios

    [12][Trailers][slider3top]