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    Xacio Baño
    Xacio Baño
    || Críticas | ★★★★☆
    Después de las ciudades
    Xacio Baño
    Postales líquidas


    Mario Peña
    Barcelona |

    ficha técnica:
    España, 2026. Título original: «Después de las ciudades». Dirección: Xacio Baño. Guion: Xacio Baño, Tamara Canosa. Compañías: Rebordelos. Festival de presentación: Festival Internacional de Cine de Róterdam; Festival de Málaga; D’A Film Festival Barcelona. Distribución en España: Marvin & Wayne. Fotografía: Lucía C. Pan. Montaje: Julia Casal. Música: Xavier Bértolo. Reparto: Xosé Barato. Duración: 86 minutos.

    A finales de 1920 y comienzos de 1930, entre las vanguardias fílmicas europeas se popularizó un género experimental acuñado como Sinfonías urbanas, que debían su nombre a la famosa pieza Berlín, Sinfonía de una ciudad (1927), dirigida por Walter Ruttmann, quien, aunque no se sabe a ciencia cierta su ideología, terminaría escribiendo El triunfo de la voluntad, la película nacionalsocialista por excelencia. Pese a encontrar otros ejemplos como A propósito de Niza (1930) de Jean Vigo o el famoso Cine-ojo (1924) de Dziga Vertov, el caso de Ruttmann resulta, pues, paradigmático, pues este filmó y montó los ritmos, gentes y lugares de una ciudad industrial, pero siempre con una distancia solemne que le permitía organizar a placer en la sala de montaje el material filmado. Elementalmente, lo rodado no distaba mucho de lo que un turista podía capturar con su cámara, que no es otra cosa que la concreción de la superficialidad de la ciudad. Las formas establecidas, concretas y apoyadas por un relato oficial son las palpables en apariencia en las urbes extranjeras; sin embargo, cuando uno comienza a conocer —o, mejor dicho, a ver— más allá de los monumentos, cuadros y plazas, puede llegar a vislumbrar un fenómeno extraño y poco común: la inversión de la ciudad y la ingravidez de sus tan concretas formas. Ese fenómeno es el que Xacio Baño, cineasta vanguardista, fácilmente enmarcable junto con otros directores experimentales gallegos como Lois Patiño o el primer Óliver Laxe, consigue hacer producir con Santiago de Compostela, la más emblemática ciudad gallega.

    Después de las ciudades se revela, a los pocos minutos de su metraje, como un poema de verso libre y rima asonante, dónde Baño no dudará en poner a su disposición toda una serie de recursos formales y narrativos, muchas veces diametralmente opuestos entre ellos, para dedicarle unos sentidos versos escritos con la tinta de decenas de generaciones y cientos de peregrinos. Y es que las postales anónimas insertadas en la cinta actúan como disolvente temporal donde Baño imbuirá su cámara, difuminando los marcos —al igual que la mayoría de planos de la película— temporales y sociales en los que se enmarca la obra, para dejarla diluirse en una atemporalidad líquida que, uniéndose en simbiosis mutualista con el pasado y el futuro, resulta en todo un mosaico uniforme de texturas, sonidos y, ante todo, memoria. La memoria, entendida como subjetiva y personal, muy alejada de la institucional, que puede ser transformada y mutilada a placer, igual que el realizador acierta en filmar con la estatua del apóstol Santiago, popularmente conocido como «Santiago Matamoros», situada en la Catedral de Santiago, al ocultar a los musulmanes que está asesinando con numerosas flores y plantas. Pareciera que la subjetividad popular de los viajeros de todas las épocas fuera la que le otorga una personalidad y universalidad a la ciudad, donde los secretos que estos susurran a las postales enviadas a sus seres queridos crean la cartografía urbana. Walter Benjamin apuntaba que «la ciudad es a veces paisaje, a veces habitación»”, pues Baño, quien no duda en citar al alemán, no sólo concibe la urbe como un paisaje multidimensional —ya sea sonoro, físico, teológico o histórico—, sino que la entiende erigida por la intimidad de quienes la habitan, de sus mensajes y palabras, desde postales a principios del siglo XX hasta mensajes de texto y videos creados por inteligencia artificial, que articulan un relato subtextual profundamente humanista. Porque Santiago, una ciudad conocida más por sus peregrinos que por sus habitantes, se constituye en tanto que capital gracias a la humanidad y amor de estos, donde sus cansados pasos conciben y crean no solo su imaginario, sino también sus formas físicas. Cierto halo metafísico ejerce así como el sustrato donde el relato enraíza sus cuestiones y dudas, mucho más numerosas que sus respuestas, insuflándole una ingravidez narrativa que permite a Baño separar significantes y significados para examinarlos profunda y detenidamente.

    Lo íntimo deviene popular, y lo popular deviene universal. Después de las ciudades es un trabajo más emocional que intelectual, donde la humildad del realizador frente a la filmación y tratamiento, no solo de sus imágenes sino de los sujetos, orgánicos, sintéticos o virtuales, proviene no de la fascinación que Ruttmann podía sentir por Berlín, sino de la exploración ontológica más cálida y esperanzadora con la ciudad de Santiago de Compostela como marco contextual, que no físico —dadas las injerencias de Google Maps o GeoGuessr— ni semiótico —pues trasciende sus símbolos y mitos—. ♦


    por Mario Peña
    abril 02, 2026

    Crítica | Después de las ciudades

    por Mario Peña | abril 02, 2026

    Presentamos el tráiler y el póster de Después de las ciudades, la nueva película de Xacio Baño que, tras su premiere en Róterdam, se presentará en España en el Festival de Málaga

    Exclusiva

    Después de las ciudades, la nueva película de Xacio Baño, tras su paso por la sección Harbour del Festival de Róterdam, se presentará en el circuito nacional en el Festival de Málaga, dentro de la Sección Oficial de Largometraje Documental. No será el único trabajo con el que el cineasta gallego participará en el certamen andaluz; también se proyectará su cortometraje 68 metros, dentro de la sección oficial del formato. Por tanto, Baño aspirará por duplicado a la Biznaga de Oro.

    Después de las ciudades, que se proyectará también en Un impulso colectivo del D'A Film Festival Barcelona, se define como «un ensayo cinematográfico sobre el viaje, la memoria y el consumo de las ciudades en el siglo XXI, que toma como punto de partida cientos de postales escritas desde Santiago de Compostela a lo largo de más de cien años para construir un retrato íntimo y político de la ciudad y de nuestra manera contemporánea de viajar».

    El film producido por Rebordelos con el apoyo del ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) y la Xunta de Galicia es el último segmento de una trilogía sobre la palabra escrita que comenzó con Eco (2015) y siguió con Augas Abisais (Aguas abisales) (2020), que han permitido al autor gallego investigar y reflexionar sobre lo manual, el trazo de la caligrafía y la comunicación.

    «He vivido en Santiago de Compostela durante 10 años, y mi relación con la ciudad era de amor y odio. Es una ciudad muy turística, y ha ido echando a los vecinos del centro hacia las afueras. Para intentar entenderla, yo he ido coleccionando postales escritas desde Santiago de Compostela desde hace más de 100 años. El caso de Santiago no es raro: Barcelona, Lisboa, Porto...», justifica Baño.

    A continuación, les presentamos en exclusiva su tráiler y su póster.

    por Emilio M. Luna
    febrero 19, 2026

    EXCLUSIVA: presentamos el tráiler y el póster de DESPUÉS DE LAS CIUDADES, la nueva película de Xacio Baño que, tras su premiere en Róterdam, se presentará en España en el Festival de Málaga

    por Emilio M. Luna | febrero 19, 2026

    Bucear en la memoria

    Crítica ★★★★☆ de «Augas abisais», de Xacio Baño.

    España, 2020. Título original: «Augas abisais». Dirección y guión: Xacio Baño. Empresa productora: Rebordelos. Producción: Xacio Baño, Tamara Canosa. Fotografía: Lucía C. Pan. Edición: Xacio Baño. Sonido: David Machado. Arte: María Lolo. Efectos especiales: Leticia T. Blanco. Música: Xavier Bértolo. Duración: 25 minutos.

    Para adentrarse en la oscuridad no es necesario descender a 3.300 metros de profundidad en el Atlántico; ni tan siquiera necesitamos apagar la luz de una habitación en medio de la noche. Mucha gente vive en la oscuridad de su propia ignorancia haciendo alarde de ello aunque se consideren muy libres; a otros no les queda más remedio que refugiarse en la oscuridad para tratar de eliminar el dolor del recuerdo, dejar que éste se pudra, o sea carcomido por los insectos hasta borrar el rostro de quien marchó y nunca más pudo volver. El regreso de Baño al cortometraje demuestra su maestría en este tipo de formato, donde nada sobra, nada es reiterativo, nada se muestra superfluo o gratuito. Los animales que pueblan las profundidades se alimentan de nuestras basuras, incluso de nuestros propios cuerpos transformados en residuos perdidos en el mar. Lo que vale para quien se ahoga en alta mar y su cuerpo desaparece vale para los recuerdos de cuerpos que, enterrados sin identificar o sin saber dónde, van uniéndose al terreno que los contiene hasta formar una unidad indisociable.

    Para iniciar una exploración no se necesita viajar miles de kilómetros, en ocasiones la oscuridad que hay que hacer desaparecer empieza entre los pasillos y habitaciones de nuestra casa donde hay que moverse a tientas, avanzando penosamente bajo la penumbra de una pequeña bombilla frente a la que desfilan los fantasmas que se encontraban cómodamente instalados en umbrales nunca removidos. La cámara de Baño une el insondable misterio de esa casa familiar en la provincia de Lugo, los restos del frente de Teruel y los enigmas que esconde el fondo marino para diseñar un camino, siempre lleno de dudas, oscuridades, luces indirectas, en el que el recuerdo del soldado desaparecido se mantiene en la memoria familiar, y donde la imaginación del espectador viene obligada a suplir la falta de información, entre otras cosas porque hay pistas que ya es imposible recuperar, y donde esa misma imaginación permite lanzar redes invisibles hacia otras realidades del presente; desplazados, fugitivos, asilados; hacia los que el fondo de la película no mira directamente, pero hacia los que es fácil interrogarse con las imágenes y las cartas.

    Como el pez abisal que da pie a la introducción de la película y que, recurrentemente, es analizado a lo largo del cortometraje, nos convertimos, gracias a la cámara subjetiva del cineasta, en exploradores del pasado con la ayuda mínima de una luz insuficiente. Al pez su anatomía le permite distinguir las presas y atraerlas hacia su apéndice luminoso. A nosotros la técnica nos permite adentrarnos en pasajes ignorados, barrancos inaccesibles, simas profundísimas donde se han ido depositando décadas de olvido, perdón y rencor reconcentrados. El camino del pez y el nuestro siguen recorridos paralelos, descubrir la identidad es desenterrar a los muertos, como descubrir la anatomía de ese pez implica su muerte para su estudio. El biólogo y el antropólogo se convierten en profesiones gemelas destinadas a desenterrar lo que no es visible a primera vista. Las redes lanzadas hacia la tenebrosidad hacen emerger seres desconocidos hasta que se estudian. Las redes del antropólogo, con pico, pala, espátula y cepillo, o el del mero aficionado con un móvil y una libreta de apuntes, sacan a la luz lo que permanece escondido, consiguiendo ambos elaborar una historia a partir de un objeto, un resto, una partícula de ADN.

    La película de Xacio Baño habla del particular viaje de una familia pasadas más de ocho décadas, las que separan el reclutamiento de un joven soldado de 17 años y la búsqueda de sus restos al morir en la batalla de Teruel peleando en el bando de los sublevados. Esto último es una anécdota, pero en un cine centrado en las víctimas de la represión no es usual encontrarse con la idea del dolor en el bando de los vencedores, de sus pérdidas, de sus ausencias. Filmada con el tono íntimo con el que Baño articula sus obras, la película consigue sembrar de fantasmas todo el recorrido desde que se da lectura a las cartas con las que el hijo se comunicaba con sus padres hasta que la cámara se traslada al lugar de la batalla, dejando nota de los símbolos persistentes, los restos y evidencias de la destrucción, los recuerdos recogidos en el frente, de aquellas fotografías tomadas en esos días de muerte gratuita donde los rostros de todos aquellos jóvenes se confunden con la memoria del espectro en que todos ellos se han convertido; muchos pasando a ser una mera anotación fría y aséptica de su nombre, apellidos, edad, unidad y fecha de su muerte; como si de la hoja ictiológica de la especie que ilumina el camino se tratara.


    Miguel Martín Maestro |
    © Revista EAM / Valladolid


    por Miguel Martín Maestro
    mayo 11, 2021

    Crítica | Augas abisais (Xacio Baño, 2020)

    por Miguel Martín Maestro | mayo 11, 2021

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