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    Venecia 2026
    Venecia 2026

    Woman Unknown, León de Oro

    Palmarés de la 83ª edición de la Mostra de Venecia

    Veintidós años después, una película ha conseguido el León de Oro y la Copa Volpi a la mejor actriz. La cinta danesa Woman Unknown (Kvinde Ukendt, 2026), que será distribuida en España por Karma Films, ha sucedido a El secreto de Vera Drake (Vera Drake, Mike Leigh, 2004) en lograr este singular doblete, y, además, se ha convertido en la octava película dirigida por una mujer en conseguir el máximo galardón del certamen transalpino. Una decisión, tomada por un jurado compuesto por Maggie Gyllenhaal (presidenta), Kaouther Ben Hania, Daniel Blumberg, Francesco Casetti, Xavier Giannoli, Shahrbanoo Sadat y Johnnie To, que ha generado las clásicas polémicas. Más cuando había otras dos opciones para el León de Oro que habían conquistado a los acreditados. Una, por su maestría cinematográfica, Un amor posible, de Lee Chang-dong; otra, por su pertinencia socio-política, el largo documental Naza, dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor. En todo caso, más allá de los galardones, simples anécdotas que ocupan su hueco en la hemeroteca, los tres filmes protagonistas de esta edición saldrán reforzados de su paso por el Lido buscando su público objetivo. Ojalá lo encuentren, el cine necesita menos amarillismo y más, perdonen la redundancia, cine.

    A continuación, el cuadro de ganadores:

    COMPETICIÓN


    • León de Oro a la mejor película: Woman Unknown, de May el-Toukhy (Dinamarca, Reino Unido).
    • León de Plata - Gran Premio del Jurado: Possible Love, de Lee Chang-dong (Corea del Sur).
    • León de Plata a la mejor dirección: Ilya Khrzhanovskiy por DAU (Alemania, Ucrania, Reino Unido, Rusia).
    • Premio Especial del Jurado: NAZA, de Yuval Abraham y Rachel Szor (Reino Unido).
    • Mejor guion: Stéphane Brizé, Coralie Amedeo y Olivier Gorce por Un bon petit soldat (Francia).
    • Copa Volpi a la mejor actriz: Mathilde Arcel por Woman Unknown (Dinamarca, Reino Unido).
    • Copa Volpi al mejor actor: John Malkovich por Wild Horse Nine (EE. UU., Reino Unido, Chile).
    • Premio Marcello Mastroianni a la mejor actriz joven: Malou Khebizi por 15/18 — A Place to Heal (Francia).
    • Premio León del Futuro | Mejor ópera prima Luigi De Laurentiis: La maison du vent, de Auguste Bernard Kouemo Yanghu (Camerún, Francia).

    ORIZZONTI


    • Premio Orizzonti a la mejor película: Un détour par Diane, de Raphaël Balboni y Ann Sirot (Bélgica, Francia).
    • Premio Orizzonti a la mejor dirección: Jacqueline Lentzou por A Day in the Life of Jo: Chapter Phaedra (Grecia).
    • Premio Especial del Jurado Orizzonti: La maison du vent, de Auguste Bernard Kouemo Yanghu (Camerún, Francia).
    • Premio Orizzonti a la mejor actriz: Laleh Marzban por Falling House (Irán).
    • Premio Orizzonti al mejor actor: Riccardo Scamarcio por I figli della scimmia (Italia).
    • Premio Orizzonti al mejor guion: Damiano Femfert y Tommaso Landucci por I figli della scimmia (Italia).
    • Premio Orizzonti al mejor cortometraje: Quelques instants de bonheur, de Shaden Safieddine Tazi (Marruecos, Francia).

    VENEZIA SPOTLIGHT


    • Premio del público: I Matter, de Alina Ioana Serban (Rumanía).

    GIORNATE DEGLI AUTORI


    • GdA Director’s Award: A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio (Argentina, España).
    • Europa Cinemas Label: Une femme aujourd’hui, de Robert Guédiguian (Francia).
    • Premio del público: Balcanica, de Nicola Sorcinelli (Italia).
    • Premio Carlo Lizzani: Balcanica, de Nicola Sorcinelli (Italia).

    SETTIMANA INTERNAZIONALE DELLA CRITICA


    • Gran Premio IWonderfull: Prima della guerra, de Tommaso Usberti (Italia).
    • Mención especial: El fin de los tiempos, de Bibiana Rojas Gómez y Juan David Cárdenas (Colombia).
    • Premio del público: Our Share of Sand, de Shalini Adnani (Chile, Reino Unido).
    • Premio Luciano Sovena a la mejor producción independiente: Prima della guerra, de Tommaso Usberti (Italia).
    • Premio Mario Serandrei – Hotel Saturnia a la mejor contribución técnica: El fin de los tiempos, de Bibiana Rojas Gómez y Juan David Cárdenas (Colombia).
    • Premio Circolo del Cinema di Verona al film más innovador: Zoom In, Zoom Out, de Dong Jie (China).
    • Premio al mejor cortometraje – Frame by Frame: E-I-E-I-O, de Noemi Arfuso (Italia).
    • Mención especial (Cortometraje): Dove le lacrime aspettano, de Caterina Bertini y Blu Diego Fasoli (Italia).
    • Premio al mejor director de cortometraje: Luca De Paoli por Revolver (Italia).
    • Premio a la mejor contribución técnica – Advista: Se mai le cose, de Giulia Cosentino (Italia).
    • Premio del Centro Nacional de Cortometrajes: Se mai le cose, de Giulia Cosentino (Italia).

    VENEZIA CLASSICS


    • Premio a la mejor película restaurada: La lunga notte del '43, de Florestano Vancini (Italia).

    PREMIOS FIPRESCI


    • Premio FIPRESCI (Sección Oficial): Possible Love, de Lee Chang-dong (Corea del Sur).
    • Premio FIPRESCI (Semana Internacional de la Crítica y Orizzonti): The Color of the Sun, de Xavier Tera (Canadá, Italia, Japon).


    por Emilio M. Luna
    septiembre 12, 2026

    Venecia 2026 | Palmarés: Woman Unknown, de May el-Toukhy, León de Oro

    por Emilio M. Luna | septiembre 12, 2026
    || Críticas | Venecia 2026 | ★★★★★
    Un amor posible
    Lee Chang-dong
    La desconcertante depuración


    Carlos Ibarra Grau
    Venecia |

    ficha técnica:
    Corea del Sur, 2026. Título original: «Ga-neung-han sa-rang/가능한 사랑». Título internacional: «Possible Love». Dirección: Lee Chang-dong. Guion: Lee Chang-dong. Compañías productoras: Pinehouse Film. Distribución: Netflix. Presentación oficial: 83.ª Mostra Internacional de Cine de Venecia 2026. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Montaje: Kim Hyun. Reparto: Jeon Do-yeon, Sol Kyung-gu. Duración: 142 minutos.

    Torpe y fugaz pero igualmente hermoso y trascendental resulta el vuelo de una bolsa de plástico saliendo despedida de la ventanilla de un auto. Sucede en la primera secuencia de Un amor posible, a diferencia de la grácil y longeva pluma del inicio de Forrest Gump, valga la comparación para manifestar como Lee Chang-dong nos advierte de que ha sido capaz de encontrar, una vez más, una belleza existencial en lo cotidiano y en lo ordinario, no en elementos evocadores o arquetípicos. La séptima película del maestro coreano es un meticuloso estudio de personajes a través de una desconcertante depuración de la narración; lo es hasta el punto de que, por momentos, pareciera que la misma ha sido desprovista en este relato cocido a fuego lento. Despojada hasta de banda sonora, consciente Lee de ese gran poder de sugestión y amplificador de emociones que es la música. Porque la carga poética en el cine de Lee Chang-dong suele emanar de la tensión entre la crudeza del dolor social y la búsqueda persistente de la belleza en los detalles del día a día de sus personajes.

    A lo largo de su carrera, en obras muy distintas entre sí, el componente trágico ha marcado a sus protagonistas: muerte, suicidio, asesinato, Alzheimer, violencia criminal o parálisis cerebral. Sin embargo, tras muchos años de espera desde esa pieza cumbre del misterio que fue Burning (2018), presenta ahora una trama ausente de esos elementos. Las interacciones entre dos parejas de desconocidos protagonizan su nuevo filme, la de clase trabajadora formada por ella, Mi-ok, y él, Ho-seok, (trabajadora textil y desempleado), con la de clase adinerada formada por Ye-ji y Sang-woo (documentalista y rico empresario). La primera pareja atiende a un tanatorio para velar la muerte de un familiar, justo cuando una refriega sucede con Ye-ji, quien está allí dentro filmando un documental y Ho-seok le afea la labor en un lugar tan íntimo y solemne. Tras el desencuentro, Mi-ok perderá en el aparcamiento su anillo de boda y será ayudada por Sang-woo, que esperaba fuera a su esposa. Y así, el azar conectará los designios de cuatro personas entradas en la cuarentena, pese que unos aparenten diez años menos y los otros diez más. Esta es la primera de una larga ristra de atenciones que, a ritmo pausado e incesante, goteará sobre una pila hasta desbordarla.

    El conflicto de clases ha sido muy explotado por el cine contemporáneo desde el éxito sin precedentes de Parásitos (Bong Joon Ho, 2019), mostrando en su mayoría estereotipos e historias de alto impacto concebidas para llegar al gran público. Lee Chang Dong ya exploró este campo con la mencionada Burning y en Un amor posible lo hará por partida doble, tanto el conflicto entre ambas parejas como el de la clase trabajadora con la clase política. Es la primera ocasión en la que el coreano expone el elemento político en su cine. Porque atendemos a la brutalidad policial desmantelando una huelga, una movilización pacífica a la que atendió Ho-seok con sus excompañeros y que terminó postrándolo varios meses en el hospital. Serán las únicas escenas de violencia explicita de la película, lo que podría leerse como un ejercicio de denuncia, de activismo tardío por parte de un cineasta entrado en la vejez que no quiere dejar ninguna cuenta por saldar.

    La alienación y desafección existencial que sufren los hombres en Corea cuando pierden su empleo ya fue un elemento central de la reciente No hay otra opción (Park Chan-wook, 2025), cuyo punto de quiebre era también provocado por un despido colectivo. Porque aquí, dos años después de perder el trabajo tras el recorte del 40% de la plantilla (“reestructuración empresarial”, eufemismo habitual del capitalismo salvaje) Ho-seok aún cabalga la depresión de ser un “muerto”, como se les conoce a los desempleados a diferencia de “los vivos”, los que lo conservaron. Paradójicamente, el documental de Ye-ji ("estoy intentando querer a esa gente", le afirma a su marido algo ingenua) se centrará en los trabajadores despedidos, lo que pareciera abrir una puerta, un punto de fuga a modo de terapia.

    Un amor posible es un homenaje pasajero, siquiera en su esencia, al Decálogo 10 de Kieslowski y en particular al capítulo final, No codiciarás, pero en ningún modo un remake contemporáneo. Lee consigue decirnos más de los personajes por sus gestos que por sus palabras, mientras observamos como la improbable amistad entre las dos mujeres emerge lentamente y como el paso de una risa a una carcajada desliza todo tipo de interpretaciones. Con una duración de 164 minutos, canaliza multitud de emociones, incluido humor subido de tono – una escena en el baño borracho es un momento bienvenido de alivio ligero – pero nunca pierde de vista su enfoque principal. Desde los derechos de los trabajadores hasta la discordia matrimonial, abarca elegantemente hectáreas de terreno.

    La soga finalmente se cerrará en torno a los cuatro cuando viajen a la idílica casa de vacaciones de Sang-woo, con su exclusiva playa privada. Las diferencias entre ellos no podrían ser más evidentes, siendo obvio que nadie está siendo completamente sincero con los demás. Con todo, la cámara magmática emocional de Un amor posible proviene de la pareja de clase trabajadora, gracias a las excepcionales interpretaciones de dos actores que protagonizaron otras cintas del director: Sul Kyung-gu –Peppermint Candy (1999) y Oasis (2003)- y Jeon Do-yeon –en Secret Sunshine (2007).

    Se subvierten las tesis de la concepción de algunos documentales como arteterapia y más bien se plantean los limites morales cuando el objetivo registra, o persigue, la privacidad de los desfavorecidos. Ye-ji se convierte así en una versión amable, aparentemente inocente pero implacable de Jake Gyllenhaal en Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014). Un montaje casi invisible entrelazará sus entrevistas con flashbacks de la vida de Mi-ok y Ho-seok, desde su adolescencia e inicio de la relación hasta los sucesos recientes ocurridos en la huelga. La conexión entre las parejas se pone a prueba, celebra, destroza y quizá restaurada a lo largo de escenas que transcurren en habitaciones brillantemente iluminadas y estériles y en extensiones de naturaleza salvaje. Cuando las emociones finalmente se desatan, Lee no tiene miedo de seguirlas. Huyendo de lo expositivo y mediante la metáfora, deseo, codicia, libertad y venganza se suceden con ausencia de aspavientos. No lo parece, pero todo lo retrata Lee Chang Dong, incluyendo ambigüedades que podrían sugerir tanto que nada ha cambiado en la vida de los protagonistas como todo lo contrario. Unas miradas, unas palabras, unos silencios. Es como si realizar gran cine solo con estos tres elementos estuviera al alcance de muchos. El malogrado Kim Ki-Duk hubiera hecho una película bien diferente, una perversa y cruel.

    Pero la ternura propositiva de Mi-ok hacia su marido devastado, que casi roza el humor, nos recuerda que el primer paso de cualquier terapia no está en el ámbito profesional, sino en el núcleo familiar. Y así, en su séptima película, Lee Chang-dong encuentra la belleza en una pareja que bebe junta en el pequeño jardín de su casa, mirando hacia la luna. A ella no gusta el alcohol, pero rechaza la idea de dejarlo beber solo. Es un tipo posible de amor. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    septiembre 11, 2026

    Crítica | Un amor posible (가능한 사랑)

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | septiembre 11, 2026
    || Críticas | Venecia 2026 | ★★★★☆
    Wild Horse Nine
    Martin McDonagh
    Sátira geopolítica con homenajes a los Coen


    Carlos Ibarra Grau
    Venecia |

    ficha técnica:
    Estados Unidos / Reino Unido, 2026. Título original: «Wild Horse Nine». Dirección y Guion: Martin McDonagh. Compañías productoras: Blueprint Pictures, Film4 Productions. Distribuidora: Searchlight Pictures. Presentación oficial: 83.º Festival Internacional de Cine de Venecia 2026. Fotografía: Ben Davis. Montaje: Mikkel E.G. Nielsen. Música: Carter Burwell. Reparto: John Malkovich, Sam Rockwell, Steve Buscemi, Parker Posey, Mariana di Girolamo, Ailín Salas, Tom Waits. Duración: 118 minutos.

    El maestro del thriller político Costa-Gavras, con películas como Estado de sitio (State of Siege, 1972) o Desaparecido (Missing, 1982), fue quien mejor reflejó el inclemente intervencionismo y las injerencias de Estados Unidos en Latinoamérica, frenando gobiernos e imponiendo regímenes afines a sus intereses. En otro extremo del cine estaría la ausencia de mensaje, crítica o lección de algún tipo en las historias de los hermanos Coen, quienes a través del humor nihilista y absurdo han reflejado un universo violento y caótico, carente de ningún plan. Uno indiferente a la fragilidad de la condición humana.

    Como en tantos casos de la vida y del cine, del cual indefectiblemente bebe uno del otro, la inminencia de la muerte conduce a menudo a la búsqueda de algún tipo de redención. Ese parece ser en Wild Horse Nine el caso del agente de la CIA Chris, interpretado por un enorme John Malkovich que miente tanto como habla. Pero el cáncer que lo consume pone en peligro a la Agencia cuando su memoria se deteriora y comienza a disparar en público tanto disparates como verdades y secretos de Estado, así como registrando reflexiones en una grabadora, una suerte de memorias antes de morir. Y así, sin dejar de ser fiel a sus señas de identidad, el director Martin McDonagh sitúa su nueva película entre el cineasta griego y los hermanos neoyorquinos con una sátira enclavada en Santiago de Chile, en vísperas del golpe de Estado de 1973. Allí tres individuos variopintos participan en una reunión, los viejos amigos y miembros de la CIA Chris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell) junto al gran jefe M.J (Steve Buscemi) en un inicio marcado por imágenes de archivo de Allende, alguna mención a Pinochet y conversaciones en torno a la carrera criminal de Chris: intervenciones en Guatemala, Cuba, Brasil o el Congo e incluso, según parece, estuvo en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Tras la reunión, la película partirá hasta la remota Isla de Pascua, donde M.J los envía a ambos en una supuesta misión especial, pero sin ninguna tarea real.

    Desde el mismísimo comienzo del relato, las continuas bromas, gags y comentarios absurdos casi desbordan la identidad de un filme que parece no ofrecer un lugar de calma que dimensione las circunstancias políticas. Es una película que nunca se toma en serio a sí misma, lo cual no es ningún inconveniente, pero peca del sobreuso de un humor donde no todo es ingenioso o brillante, porque lo que hicieron en su día los hermanos Coen, ese continuum de despampanantes e ingeniosas boludeces de Barton Fink o el gran Lebowski, no tiene visos de poder ser alcanzado. Eso sí, McDonagh no hace prisioneros y se ríe de todos por igual: si los mayores quedan retratados por su ciega tozudez y bromas trasnochadas (y divertidísimas) sobre la raza, la homosexualidad o el feminismo, lo propio sucede con los jóvenes, ridiculizados por su tierno pseudoactivismo y el miedo a ofender a algún colectivo. Entremedias, los agentes se aburren en la isla, pues poco más pueden hacer que observar caballos y visitar los moais, las célebres cabezas de piedra gigantes. Casi milagrosamente, el realizador británico salva a tiempo el componente satírico cuyo marco histórico geopolítico es una excusa para hablar, una vez más, de la amistad. Aunque Chris y Lee no son mentor y aprendiz, hay un poco del sabio que guía al joven agente y cierta puesta a prueba de su relación a medida que se enredan en conflictos e incluso tragedias en la isla. No es el respeto mutuo y casi familiar de los personajes enfrentados por las circunstancias de Frances McDormand (madre coraje de hija asesinada) y Woody Harrelson (jefe de policía con cáncer incipiente) en Tres anuncios a las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017). Tampoco las tristes y melancólicas desavenencias de una amistad que parece perdida entre los amigos interpretados por Colin Farrell y Brendan Gleeson en Almas en pena de Inisherin (The Banshees of Inisherin, 2022). Pero la muy premiable actuación de John Malkovich se vale por sí misma para surcar las inconsistencias narrativas y de ritmo. Más que un veterano agente, Chris es la personificación viviente de los esfuerzos de Estados Unidos por desestabilizar gobiernos extranjeros a lo largo de todo el siglo XX, en lo que es su mejor trabajo en casi dos décadas desde Quemar después de leer (Burn After Reading, Joel y Ethan Coen, 2008). En aquella daba vida a un hombre furioso y abandonado en el alcohol que trabajaba de analista de la CIA. En Wild Horse Nine Chris carga con un misterioso maletín que homenajea a los realizadores judíos y tantas de sus obras con maletines llenos de dinero, disparadores del caos y la codicia.

    Conatos de peligro en la pacifica isla como un coche espía y la muerte de un caballo se entrelazan con conversaciones con turistas, donde abiertamente hablan de desestabilizar la democracia y deponer gobiernos. Una de ellas es Mónica, interpretada por la chilena Mariana di Girolamo, una estudiante de vacaciones con la que Chris entabla amistad y que se convertirá en la brújula moral de la historia, confrontándolo con su cinismo y visión pesimista del mundo. Una película cuya narrativa puede parecer menor dentro del canon de historias retorcidas de McDonagh, pero conserva la brillante química de actores del resto su obra y algunos diálogos geniales. En comparación con los relatos teatrales mórbidos y las películas sangrientas y trágicas, Wild Horse Nine se siente más desprovista tanto de esa inclinación hacia la violencia, al menos explicita, como de enfatizar el habitual purgatorio emocional de sus protagonistas, que viven y respiran su entorno y reflexionan sobre su vida llegado el momento crítico de no retorno. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    septiembre 11, 2026

    Crítica | Wild Horse Nine

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | septiembre 11, 2026
    || Críticas | ★★★☆☆
    El mago del Kremlin
    Olivier Assayas
    A la sombra del todopoderoso


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Francia y Estados Unidos, 2025. Presentación: Festival de Venecia 2025. Dirección: Olivier Assayas. Guion: Olivier Assayas y Emmanuel Carrère (basado en la novela de Giuliano Da Empoli). Producción: Curiosa Films / Gaumont / France 2 Cinéma. Fotografía: Yorick Le Saux. Montaje: Marion Monnier. Diseño de producción: François-Renaud Labarthe. Dirección artística: Aksels Millers. Reparto: Paul Dano, Jude Law, Jeffrey Wright, Alicia Vikander, Tom Sturridge, Will Keen. Duración: 152 minutos.

    Olivier Assayas ha sido uno de los directores más interesantes de las últimas décadas. Aunque tiene cierto reconocimiento cinéfilo, y ha cosechado un éxito relativo en el circuito festivalero y entre cierto tipo de público, nunca ha llegado a figurar entre los grandes nombres del cine contemporáneo. Algo injusto para quien esto escribe, pues incluso sus películas más olvidadas o denostadas, como Boarding Gate o Demonlover (de hecho, posiblemente mi favorita), revelan una maestría al alcance de muy pocos, tanto en su construcción narrativa como en su puesta en escena. En ambos casos, lo consiguen gracias a una rara combinación de riguroso control y aparente espontaneidad, donde la intriga de una historia que a menudo sigue derroteros insospechados, pero con una lógica inherente, se plasma con una cámara en constante movimiento orgánico, acompañando con agilidad y cercanía casi claustrofóbica a unos personajes que tampoco saben estar quietos, esto es, siempre inquietos e inadaptados. Hay otras muchas señas de identidad de su cine, tan personal como cosmopolita, que tuve ocasión de desgranar hace años en un largo análisis publicado en esta revista, poco antes del estreno de Personal Shopper. Revisando ahora ese análisis, sigo pensando lo que pensaba entonces, pero me cuesta más defenderlo con su obra posterior, en particular a partir de Wasp Network, aunque es verdad que luego realizó una meritoria serie para HBO, Irma Vep, ingeniosa reformulación de su propio largometraje de 1996.

    Hay que reconocer, con pena, que El mago del Kremlin vuelve a caer en la deslucida etapa de sus últimas películas, sin poder considerarse una película completamente fallida (más bien decepcionante), pues la mera presencia de su director garantiza un cierto nivel, y su condición de narrador provocador e inconformista permanece, como también lo hace en consecuencia el interés del espectador. Tal interés, además, deriva inevitablemente de su incandescente premisa, pues esta nos lleva a recorrer varias décadas de la Rusia moderna, desde la llegada de Yeltsin al poder hasta casi los años actuales bajo mandato de Putin. El libro en que está basado se publicó originalmente en francés en abril de 2022, apenas semanas después de la invasión rusa en Ucrania, que desde entonces ha puesto un foco incesante, todo menos laudatorio, sobre el régimen de Putin, ya sea en la prensa, en la política, en el mundo empresarial o en la opinión pública. Por tanto, la novela se ha beneficiado de este contexto, al menos en cuanto a repercusión e inmediatez, y ha sido rápida igualmente su adaptación a la gran pantalla, buscando quizá prolongar ese éxito, algo a lo que debería haber contribuido su elenco. Paul Dano es el protagonista e interpreta a Vadim Baranov, inspirado en Vladislav Surkov, un asesor que, tras ganar experiencia en el teatro y la televisión con la caída de la Unión Soviética y el auge del capitalismo desenfrenado, se sumergió en la trastienda política, ascendiendo hasta los cargos de mayor confianza del apodado zar. Este, que no es otro que Putin, lo interpreta con carisma y convicción Jude Law, y en el reparto figuran demás Alicia Vikander, Jeffrey Wright o Tom Sturridge, todos ellos por supuesto hablando en inglés, sin preocuparse siquiera por imitar uno u otro sucedáneo de acento ruso, lo que se agradece.

    Sin embargo, decíamos que la película no puede considerarse un éxito, y el fallo en este caso se podría atribuir sobre todo al guion, aunque su ejecución, poco más que competente, tampoco está a la altura del cineasta y quizá se haya resentido de cierta precipitación (el rodaje comenzó en marzo y ya en septiembre se estrenaba en Venecia). El guion, coescrito entre Assayas y Emmanuel Carrère, alterna una suerte de entrevista que al autor/periodista (Wright), por algún misterioso motivo, le es otorgada con el inaccesible y ya desalojado Baranov en su aislada mansión en medio de la estepa nevada, con el recuento que este hace de su referida trayectoria ascendente, intercalada con algunas imágenes de archivo y con rótulos episódicos que estructuran temáticamente la trama. Esta narración dentro de la narración, que comienza con una voz en off para seguir con otra y volver de vez en cuando al intercambio principal, no es rompedora ni confusa y podría funcionar, si no fuera porque la narración en su conjunto peca de un exceso de exposición. Hay incluso varias escenas, como el primer encuentro entre Baranov y el magnate Boris Berezovsky, por poner el ejemplo más burdo (pero, insistimos, no el único), en que un personaje le cuenta al otro un montón de cosas que ya sabe, como si fueran inéditas, lo que no tiene mucho sentido y en realidad responde solo al propósito de informar al espectador. Es un error (debe considerarse como tal aunque sea algo intencionado) de primero de escritura de guion, sorprendente dada la experiencia de los mencionados coguionistas. Pero es que, además, muchos diálogos son demasiado didácticos, poco naturales y harto explícitos, lo que también sorprende dada la inclinación que Assayas ha demostrado en su carrera por hacer del subtexto y la sutileza la regla general de comunicación. Aquí esa sutileza brilla por su ausencia, teniendo en cuenta, en fin, lo abultado de un metraje donde, pese los muchos acontecimientos que se están mostrando o recreando, la historia pronto se vuelve redundante, como lo hacen las cínicas y tajantes afirmaciones de Baranov una vez ha cobrado plena conciencia de la posición que ostenta. Empero toda posición, por segura y elevada que parezca, puede resquebrajarse en cualquier momento y condenar a quien la disfruta al ostracismo. No decimos que esto también le haya pasado a Assayas, ni que le tenga que pasar, pues todavía le sobra crédito como cineasta, y seguiremos anticipando su siguiente película, esperando que en ella pueda volver a relucir todo su talento. ♦


    por Ignacio Navarro
    marzo 07, 2026

    Crítica | El mago del Kremlin

    por Ignacio Navarro | marzo 07, 2026

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