Caminos comunes
Crónica de la tercera jornada de la 60ª edición de la Seminci.
Nos gusta la Seminci, queremos Seminci, y adoramos a Ana Martín, esa señorita (sé que si fuera hombre no pondría señorito, perdóneme Bordieu) a la que el resto de la prensa lava la ropa porque se encarga con profesionalidad de repartir las acreditaciones para los, adivinen, acreditados. Gracias a gente como ella, y a ese maravilloso Punto de Encuentro (barra libre) para la prensa, se olvidan, momentáneamente, los desatinos de una programación porosa. Sí, que muchas obras vienen de Cannes, dirán los especialistas, pero cualquiera lo diría, ateniéndose a ese tono grisáceo que acompaña a la mayoría de cintas. Y, aunque las facilidades que otorga la organización hagan de la Seminci una experiencia acogedora, no hay que olvidar que una vez que llega el primer fundido a negro poco importan los agasajos. Dejémonos, por tanto, de convencionalismos, pasemos por alto el gran detalle de que nos hayan invitado como prensa a uno de esos cócteles especiales y vayamos al asunto cinematográfico.