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    La universalidad de la experiencia humana... en medio de disparos y sexo

    crítica a Sense8 (2015-) | Primera temporada.

    Netflix / 1ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Lana Wachowski & Andy Wachowski & J. Michael Straczynski. Directores: Lana Wachowski & Andy Wachowski, Tom Tykwer, James McTeigue, Dan Glass. Guionistas: Lana Wachowski & Andy Wachowski & J. Michael Straczynski. Reparto: Aml Ameen, Bae Doona, Jamie Clayton, Tina Desai, Tuppence Middleton, Brian J. Smith, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Freema Agyeman, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Daryl Hannah, Terrence Mann, Naveen Andrews, Anupam Kher, Chichi Seeii, Eréndira Ibarra, Ness Bautista. Fotografía: John Toll, Danny Ruhlman, Frank Griebe, Christian Almesberger. Música: Johnny Klimek & Tom Tykwer.

    Sense8, rodada a caballo entre Chicago, San Francisco, Londres, Reikiavik, Ciudad de México, Bombay, Seúl, Berlín y Nairobi, es una de las series más ambiciosas de la historia de la televisión. Una afirmación que puede parecer exagerada, pero que no lo es. Más de medio año de rodaje con varias unidades simultáneas –lideradas por sus colaboradores habituales Tom Tykwer, James McTeigue y Dan Glass– y la titánica intención de no construir ni un solo decorado y poder transmitir el argumento de partida a través de unas imágenes que nunca parecieran falsas. El suicidio de la misteriosa figura que es Angelica/Angel (una desaprovechada Daryl Hannah) activa en ocho individuos alrededor del mundo una conexión mental y emocional que va a cambiar para siempre su existencia. Son “sensate”, y a partir de ese momento estarán en gran peligro. Su actividad cerebral se expande a la vez que son cazados por una organización que quiere anular su don, y cuyas intenciones solo se empiezan a apuntar en esta docena de episodios (primer signo de que esta serie no es lo habitual, ya que ha nacido para durar varias temporadas). Y es normal que no sea habitual, ya que lleva dos tercios de la firma de uno de los dúos más curiosos de Hollywood, Lana y Andy Wachowski, unidos al creador J. Michael Straczynski —responsable de la saga Babylon 5 (1993-2007) o del guión de El intercambio (Changeling, Clint Eastwood, 2008), por el que fue nominado a un Bafta— para poder en pie una historia que en cine hubiera sufrido un destino similar al de las últimas cintas de los hermanos. Una trama demasiado amplia para cubrir entre 120 y 180 minutos y una querencia por la espectacularidad que acaba ahogando los intentos de trascendencia del texto. El propio Straczynski ha dicho ya que Sense8 está pensada como una narración de cinco tandas de episodios, así que solo cabe esperar que Netflix esté recuperando parte de la monumental inversión con las ventas internacionales de la serie y le convenzan lo suficiente como para empezar a renovarla. Es una bendita locura de idea, y precisamente por eso se merecería poder desarrollarse del todo.

    Termina la temporada y uno tiene la sensación de estar empezando a conocer a Capheus (Aml Ameen), Sun (Bae Doona), Nomi (Jamie Clayton), Kala (Tina Desai), Riley (Tuppence Middleton), Will (Brian J. Smith), Wolfgang (Max Riemelt) y Lito (Miguel Ángel Silvestre), aunque siendo justos los creadores no tratan a sus ocho criaturas de la misma forma, hasta el punto de que Wolfgang y Lito se pierden algún capítulo y los conflictos de Will o Nomi quedan más y mejor explorados que el del resto de “sensate”, aunque quizá sea parte del plan maestro. Al fin y al cabo, la amenaza se empieza a centrar en ellos, y el proceso paralelo de toma de conciencia de lo que les está pasando es una de las cosas más especiales y únicas que la serie ofrece. A través de un ejercicio de montaje de lo más preciso –y una logística que se intuye de pesadilla al tener que rodar varias veces con los diferentes intérpretes en los distintos países–, los responsables han apostado por tratar de convertir toda la experiencia en algo sensorial, en crear una descripción del extraño proceso con la que los espectadores pueden identificarse (con momentos cumbre como la orgía o el concierto y los nacimientos). Es un argumento que hay que creerse y asumir con todas las consecuencias, y que habla de la universalidad de la experiencia humana, la pansexualidad y el desarrollo de una conexión mental como la última parada en la evolución del hombre. Las generosas escenas de sexo o los múltiples momentos en que los personajes toman el control sobre la mente y cuerpo de otros no son solo una bienvenida concesión para atraer al público, que en parte también, sino ejemplos de cómo la mente del grupo empieza a perder las barreras en el camino de ser una.

    por Anónimo
    julio 29, 2015

    Crítica en serie | Sense8 (1T)

    por Anónimo | julio 29, 2015

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