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    San Sebastián 2019
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    San Sebastián 2019: Las 10 mejores películas

    El equipo de enviados especiales de EAM elige las mejores películas de la 67ª edición del Festival de San Sebastián; una selección plasmada en un vídeo editado por Víctor Blanes Picó. Pueden leer la crónica del festival y ver los tops 10 de nuestros redactores en el siguiente enlace.



    por EAM
    octubre 03, 2019

    San Sebastián 2019: Las 10 mejores películas

    por EAM | octubre 03, 2019

    Crónica 67SSIFF

    Análisis de la 67ª edición del Donostia Zinemaldia & tops 10 de nuestros redactores.

    Tenemos que hablar de Joker. El tema es algo tangencial para empezar con él una crónica del Zinemaldia, pero define demasiado bien ciertas fisuras del mundillo de los festivales como para pasarlo por alto. La apuesta de la cinta de Todd Phillips parece clara y recoge algún intento fallido previo como el de Fox con Logan: presentar una peli de superhéroes que sea pueda ser percibida con la etiqueta de cine de calidad. Es decir, sin dejar de aprovechar las ventajas del género —el tirón comercial de su universo narrativo— darle al asunto un aura de respetabilidad propia del cine de festivales. No es, quede claro, el primer filme de superhéroes que juega a la gravedad, a ese tono discursivo de quien habla de temas profundos e importantes. Pero sí busca ser el primero que consagre esa apuesta entrando en la carrera de premios como una contendiente principal. Joker, digámoslo claro, quiere estar en los Oscar. Quizá como forma de compensar la delantera que Marvel en su vertiente cinematográfica lleva a DC no solo en resultados financieros, sino en simpatías del gran público. La productora parece haber tomado buena nota de lo mucho que están convergiendo los discursos de la carrera de premios y el circuito de festivales, y se ha apuntado un primer tanto llevando a competición la película en Venecia y cosechando nada menos que el León de Oro. La forma del agua y Roma, anteriores ganadoras del certamen italiano, obtuvieron enormes réditos de cara al Oscar de este primer impulso. Venecia, pues, es una nueva puerta de entrada a ese leviatán en el que se ha convertido la «carrera de premios», que desde casi medio año antes de la ceremonia de los Oscar ya determina la recepción de la mayoría de películas americanas —y algunas pocas extranjeras que consiguen entrar en el juego—. El festival europeo más longevo y los premios de la Academia de EE.UU. firman así una curiosa convergencia.

    Lo avisábamos, el asunto era algo tangencial. La cosa es que San Sebastián ha aportado su granito de arena a la maniobra programando Joker como la «película sorpresa» de esta edición —sorpresa relativa, puesto que se destapó oficialmente cinco días antes del pase. En su nota de prensa, el certamen titulaba: «El Festival de San Sebastián realizará por primera vez una proyección de forma simultánea en seis ciudades». Indirectamente, estas palabras desvelan lo que hay detrás: un preestreno inflado. La proyección de marras se hizo solo seis días antes del estreno de la película en todos los cines de España, y podía haber funcionado como cualquier otro preestreno si no fuera porque se ha buscado darle la «respetabilidad» de formar parte de la programación de un viejo festival europeo. Donostia, como Venecia, ha accedido a contribuir a la campaña de marketing, a aportar su empujoncito a un hype tan bien diseñado. Con éxito, podríamos añadir, basándonos en una simple observación: de todos los pases de prensa de San Sebastián este año, el que más colas ha generado con mucha diferencia ha sido el de Joker. Una película, insistimos, que iba a poder verse en cualquier cine de nuestra geografía seis días después. La frase hecha de que a San Sebastián —o a los festivales, en general— se va a ver un tipo de cine que es más difícil de encontrar en salas se nos tambalea un poco.

    Pero antes de que esto parezca una diatriba elitista contra el gran público, ese término que apenas significa nada, vale la pena que nos preguntemos: ¿se puede culpar a la concurrencia del festival por acudir en masa a Joker después de nueve días de planos fijos eternos, historias socialmente comprometidas y demás modismos de autor importante a razón de tres o cuatro al día (y eso los menos espartanos)? O, dicho de otro modo, ¿ese «cine que no llega a las salas» que muestra un festival como San Sebastián da por sí mismo los suficientes elementos de disfrute como para que uno no acabe rogando por alguna película en la que la que pasen cosas a cierto ritmo? Atendiendo a la sección oficial que ha ofrecido el Zinemaldia este año, tenemos la respuesta clara. No. Ni de lejos. Comenzamos a despacharla.

    ▼ «A Dark-Dark Man», de Adilkhan Yerzhanov; «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos», de José Luis Torres Leiva;
    «Blackbird» de Roger Michell; «Patrick» de Gonçalo Waddington.

    por Miguel Muñoz Garnica
    septiembre 30, 2019

    Crónica de la 67ª edición del Festival de San Sebastián (+ tops 10)

    por Miguel Muñoz Garnica | septiembre 30, 2019

    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte III)

    En nuestro tercer videoresumen de la 67ª edición del Festival de San Sebastián destacamos La hija de un ladrón, de Belén Funes, El lago del ganso salvaje de Diao Yinan y Light of my life, de Casey Affleck.



    por EAM
    septiembre 30, 2019

    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte III)

    por EAM | septiembre 30, 2019

    Siempre ha habido clases

    Palmarés de la 67ª edición del Festival de San Sebastián

    Parece inevitable hablar de palmarés decepcionantes al valorar cada año los del Festival de San Sebastián. Lo hacemos nosotros y lo hacen la mayor parte de los medios desplegados en la ciudad vasca, si bien cada uno tiene distintas alternativas en mente. Con Pacificado, nueva Concha de Oro, hay cierta unanimidad sobre su planicie. Paxton Winters cuenta las tensiones internas de una favela tras los Juegos Olímpicos de Rio y la campaña de «pacificación» que durante los mismos se llevó a cabo en estos barrios, destinada a poco más que maquillar su realidad durante unas pocas semanas. El tema y el acercamiento tienen su dosis de compromiso social, puesto que Winters filmó en las calles de la auténtica favela. Pero hasta ahí. Pacificado, aparte de su estilo pedestre, tiene poco más que ofrecer en su construcción cinematográfica o narrativa. Ni molesta ni apasiona, y viene a engrosar la colección de cintas irrelevantes que abundan en el historial de Conchas de Oro.

    En defensa del jurado comandado por Neil Jordan, hay que reconocer que el nivel de la sección oficial de este año tampoco daba para un palmarés memorable. Solo las producciones españolas han logrado despertar algo más de pasiones entre la crítica: La hija de un ladrón, triunfante debut en el largometraje de Belén Funes y La trinchera infinita, del trío creativo formado por Arregi, Garaño y Goenaga. Ambas han tenido su reconocimiento. Greta Fernández, ex aequo con Nina Hoss, ha cosechado la Concha de Plata a la mejor actriz por la nada fácil labor de sostener sobre su presencia, rotunda y siempre móvil, toda la película. Este ex aequo es quizá el premio más justo, el reconocimiento compartido a dos grandes interpretaciones que han brillado por encima de cualquiera de las masculinas. La trinchera infinita, por su parte, se lleva sendos galardones por guion y dirección, y prolonga el idilio de los cineastas vascos con San Sebastián. Por lo demás, el palmarés resulta llamativo por su poca dispersión. La trinchera infinita con sus dos premios y Pacificado, con tres, se llevan cinco de las siete categorías. Además de las dos actrices, el jurado solo ha dejado espacio para Proxima, la historia en clave intimista de una astronauta y su hija. No es descabellado leer entre líneas un tirón de orejas a la poca enjundia de la sección oficial.

    Fuera de esta, es la sección Zabaltegi, con un jurado presidido por la cineasta Laida Lertxundi, la que deja premios de mayor lustre. Estaba en casa, pero... de Angela Schanelec y Les enfants d’Isadora de Damien Manivel, ganadoras por su dirección en Berlín y Locarno respectivamente, son los dos galardones que más podemos celebrar. Reconocimientos que se traducen en apoyo económico a creadores y distribuidores de un cine radical, (auto)exigente y con mayor aliento que cualquier película de la sección de cabecera. Es curioso, asimismo, su contraste con los dos premios del público a las nuevas cintas de los franceses Nakache y Toledado y el británico Ken Loach. Expertos en la complacencia y la manipulación emocional que reciben un nuevo espaldarazo. Loach, segundo en las votaciones, puede aprender algo de los directores galos que le han superado: que los padecimientos de la clase obrera conmueven al respetable, pero los niños autistas más. Hasta en la compasión siempre ha habido clases.

    Competición


    ■ Concha de Oro a la mejor película: Pacificado de Paxton Winters (Brasil).
    ■ Concha de Plata a la mejor dirección: Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga por La trinchera infinita (España).
    ■ Concha de Plata a la mejor actriz: Nina Hoss por The Audition (Alemania) y Greta Fernández por La hija de un ladrón (España)
    ■ Concha de Plata al mejor actor: Bukassa Kabengele por Pacificado (Brasil).
    ■ Premio especial del jurado: Proxima de Alice Winocour (Francia).
    ■ Premio del jurado a la mejor fotografía: Laura Merians por Pacificado (Brasil).
    ■ Premio del jurado al mejor guion: Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga por La trinchera infinita (España).

    Nuevos Directores


    ■ Premio Nuevos Directores: Algunas bestias de Jorge Riquelme Serrano (Chile)
    ■ Mención especial Nuevos Directores: Sister de Svetla Tsotsorkova (Bulgaria)

    Horizontes Latinos


    ■ Premio Horizontes Latinos: De nuevo otra vez de Romina Paula (Argentina)
    ■ Mención especial Horizontes Latinos: La bronca de Diego Vega y Daniel Vega (Perú)

    Zabaltegi


    ■ Premio Zabaltegi-Tabakalera: Estaba en casa, pero... de Angela Schanelec (Alemania)
    ■ Mención especial Zabaltegi-Tabakalera: Les enfants d’Isadora de Damien Manivel (Francia)

    Premios paralelos


    ■ Premio del público: Especiales de Olivier Nakache y Éric Toledano (Francia)
    ■ Premio del público a la mejor película europea: Sorry We Missed You de Ken Loach (Reino Unido)
    ■ Premio FIPRESCI: La trinchera infinita de Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga (España)
    ■ Premio de la juventud: Las buenas intenciones de Ana García Blaya (Argentina)


    por Miguel Muñoz Garnica
    septiembre 29, 2019

    San Sebastián 2019: Palmarés

    por Miguel Muñoz Garnica | septiembre 29, 2019


    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte II)

    En nuestro segundo videoresumen de la 67ª edición del Festival de San Sebastián destacamos Estaba en casa, pero..., de Angela Schanelec, Zeroville de James Franco y First Love, de Takashi Miike.



    por EAM
    septiembre 26, 2019

    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte II)

    por EAM | septiembre 26, 2019


    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte I)

    En nuestro primer vídeo de la 67ª edición del Festival de San Sebastián destacamos Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai, La trinchera infinita de Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga y Scattered Night, de Sol Kim, Jihyoung Lee.



    por EAM
    septiembre 25, 2019

    San Sebastián 2019: Lo mejor (Parte I)

    por EAM | septiembre 25, 2019

    San Sebastián 2019: Previa

    Consideraciones sobre la programación del 67º Festival de San Sebastián.

    Les proponemos observar unos segundos la imagen sobre estas líneas. El fotograma corresponde a Mano de obra, primer largometraje del mexicano David Zonana, que competirá en la sección oficial de San Sebastián. Huelga decir que no hemos visto la película en cuestión y que no vamos a entrar a valorarla como tal. Pero el fotograma, el que ha escogido el certamen como representativo del filme, concentra tantos tics del cine de fórmula festivalera que no nos resistimos a señalarlo. Tenemos una imagen —y un título— de evidente compromiso social. Mundo obrero, abusos del capitalismo y demás. Tenemos un tipo de composición muy del gusto del nuevo cine de qualité. Un leve contrapicado, con un centro de simetría creado por el personaje, y con alguna que otra marca de abstracción formal: geometrías a la vista con las pulcras ventanas rectangulares o la espiral de la escalera, la extrañeza del blanco uniforme de la pared. Una combinación, en fin, de realismo de a pie de calle y formalismos muy visibles que casa muy bien con la filosofía habitual del «cine de festivales». Esto es, transmitir compromiso social a la vez que maneras de autor y que los dos queden meridianamente claros. Para rematar, tenemos lo que nuestro compañero José Luis Forte ha postulado el sancta sanctorum del cine de festivales: el plano en torno al cogote del protagonista.

    Insistimos: no estamos dirimiendo aquí la calidad de la película de Zozana, que bien podría ser —y así lo esperamos— algo muy distinto a lo que adivinamos con una simple imagen. Más bien, se trata de los prejuicios que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años en nuestras visitas a San Sebastián. No decimos nada nuevo: el certamen español lleva un tiempo entre dos aguas. Por una parte, lastrado por su condición de categoría A menor —en presupuesto, que es a lo que todo se reduce— en un panorama donde Cannes y Venecia se llevan a los autores de relumbrón. Por otra parte, demasiado condicionado por la imitación de los grandes europeos como para atreverse con una línea heterodoxa. En la pasada edición desfilaron por su sección oficial productos tan cuestionables como Angelo o Alpha, the Right to Kill, la una —conjeturamos— con el único aval de estar dirigida por un antiguo colaborador de Michael Haneke y la otra por haber pasado su autor en varias ocasiones por competición en Cannes. Con lo cual, la cosa suele limitarse a buscar prestigios colaterales de otros grandes certámenes, a tirar de temáticas sociales o a andar a la caza de cintas creadoras de polémicas superficiales. La inconsistencia de sus criterios de programación, al menos, deja que de cuando en cuando emerja algo interesante. El año pasado también hubo una apuesta tímida por abrirse al cine de género —In Fabric, High Life—, así como hace dos años El león duerme esta noche —obra cumbre de la década para el que suscribe— pudo verse en la ciudad guipuzcoana, pese a lo poco que encajaba con el resto de la parrilla. Volantazos audaces que no suelen tener demasiada cancha ni continuidad.

    por Miguel Muñoz Garnica
    septiembre 10, 2019

    San Sebastián 2019: Previa

    por Miguel Muñoz Garnica | septiembre 10, 2019

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