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    Punto de Vista 2024
    Punto de Vista 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    V.
    ¿Dónde se siente el cine?


    Javier Acevedo Nieto
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    ¿Qué es el cine queer? Entender el cine de Su Friedrich como cine queer es constreñir las posibilidades de sus imágenes. Lo digo sin ánimo alguno de antagonizar con la etiqueta queer. Sin embargo, en ocasiones lo queer es un constructo que puede aportar mucho a la dimensión hermenéutica o interpretativa de un film, pero que, en otras ocasiones, arroja muy poca luz a la condición ontológica de las imágenes. Sobre todo, cuando uno se enfrenta al cine de Friedrich. Este cine parte de una identidad que no se define a priori porque resultaría imposible: una relación conflictiva con el padre y la experiencia de una madre divorciada marcan la experiencia artística de la persona que crea mundos en imágenes. Entonces, al cine de Friedrich no se le puede exigir un planteamiento identitario previo. No es cine que nace queer, sino que deviene queer a partir de la expansión imaginaria de un proyecto creativo que desafía unas leyes narrativas y de progresión temáticas muy establecidas incluso en el ámbito del cine experimental.

    Filmes como Sink or Swim contienen una voz narradora que busca a tientas aquello que no puede encontrar: un asidero identitario, un relato de infancia más o menos cohesionado. En consecuencia (que no en concordancia), la cohesión de las imágenes no avanza en una progresión lineal o constante ni parte de un hiperónimo estético predeterminado. Aquí lo queer no es un a priori del que florece una voz discursiva contundente. El uso de películas domésticas, del collage o del montaje en paralelo a partir de ciertos dejes estructuralistas desvela una inadaptación continúa a un principio de realidad. El cine de Friedrich avanza porque no hay reconciliación posible con el pasado. La hija que se narra en veintiséis historias nunca se encontrará con su padre o, al menos, no lo hará en una memoria coherente y cohesionada. En cada una de estas historias se esconde la ironía. Hay hasta imágenes de cromosomas invertidos, material de archivo fálico y una extraordinaria síntesis de ideas creativas. Al final, el montaje de Sink or Swim no se rige por la causalidad de cierto cine queer absorto en un fatalismo freudiano. Todas sus ideas aparecen diseminadas (o fecundadas) en constantes hallazgos fortuitos y secundarios: bíceps de culturistas, cortes asociativos entre secciones de imágenes reescritas y leídas.

    No voy a seguir una narración lineal de su filmografía, pues el cine de Friedrich se rige por el principio de un no-texto. La coherencia de su obra queda definida en su carácter de etopeya. Friedrich busca describirse a la manera subjetivo-impresionista y de ahí que Gently down the stream proponga las mismas metáforas de sentido algunos años antes. Los catorce sueños de la cineasta son títulos arañados en celuloide y quemados con fotografía fija, insertos domésticos e intertítulos que gritan silentes al espectador. A caballo entre el espíritu punk y el arte táctil, Friedrich prosigue sus metáforas sobre identidad líquida ahogando las imágenes en permanentes reiteraciones que parecen las brazadas agónicas de una suicida en ciernes. Cruel como suene, el cortometraje es un drama surrealista que autolesiona el celuloide con las inseguridades de una identidad quebrada («es como enamorarse de una mujer hetero», «fetos oscuros», rezan algunos títulos) y que ralentiza el material de archivo para prolongar el grito de auxilio.

    Uno llega entonces a Today y sus cincos años de grabaciones caseras (2016-2021) muestran la etapa final de esa identidad que nunca pudo reconciliarse: la serena aceptación de que uno es todo aquello que no pudo ser. De las imágenes automutiladas a las sutiles panorámicas, del roce agónico de imágenes-cuerpo muriendo a la celebración de la infancia, la juventud y la vejez en grabaciones que dejan a Friedrich como meliflua espectadora de algunos días en una gran ciudad. Entendemos por fin que Friedrich puede ser una cineasta queer, pero si lo es por la necesidad que ha tenido su vida de expresarse. Comprendo que en sus insertos narrados se esconde la conciencia del paso del tiempo y una visión del arte más madura (ni mejor ni peor). Friedrich parece querer decir que lo que hace a una obra de arte ser arte no es solo aquello que lo hace inútil, como proclamaría Wilde. En el filme persisten los intertítulos que narran microhistorias (jardines que prosperan, ensayos de teatro, mujeres en centros residenciales) y los ralentíes que subliman lo cotidiano a partir de su extrañamiento. En el paso de la abstracción de la realidad de sus primeras obras a la figuración concreta y preciosa de unas abejas en una flor se esconde todo un proyecto estético. Este proyecto estético no concibe las imágenes como generadoras de emociones, es decir, el arte no persigue las emociones como fines en sí mismos (eso sería entretenimiento), sino que la expresividad de Friedrich no tiene técnica, es una exploración de emociones que no se pueden nombrar hasta que han sido expresadas. En The Odds of Recovery pone de manifiesto esta exploración a través del diario autobiográfico. Fiedrich narra su experiencia con la enfermedad volviendo la cámara más hacia dentro. Los escorzos en consultorios médicos y las grabaciones clandestinas de personal médico convierten al sujeto de escritura cinematográfica en objeto, al mismo tiempo que concede al dolor y a la enfermedad una expresión figurada determinada y concretada en esos montajes donde las ideas se tejen a partir de lo cotidiano: los efectos secundarios de la medicación en la mano que cose, el piar de los pájaros en medio de la náusea, la resonancia magnética en un día que amaneció con el cielo tan azul que parece una piscina invertida.

    The Ties that Bind y Hide and Seek son nuevas búsquedas de esa identidad escindida en esquirlas de memoria familiar y personal, memoria social e individual. La primera a través del retrato del ascenso del nazismo para narrar la historia de una madre, la segunda mediante el reflejo de las nuevas clases medias de los suburbs para mostrar el nacimiento de una identidad sexoafectiva disidente. Siempre fiel a esa identidad que se busca en la antítesis, Friedrich alterna entre el estilo directo y referencial del material de archivo y el estilo indirecto y alusivo salpicado de ironía: pequeños ejercicios de improvisación donde intercala alusiones a Hitler en libros infantil para acto seguido teorizar sobre los límites del recuerdo con grabaciones de noticiarios de la época. En este juego intertextual Fiedrich sigue pergeñando su proyecto estético puesto que articula una búsqueda identitaria que se pierde en la ubicuidad de su conciencia subjetiva (con constantes digresiones en off, insertos irónicos o subrayados de collages de imágenes a caballo entre el pop-art y el situacionismo) y se encuentra precisamente en la fragmentariedad de sus «puestas en emociones».

    Al final, si algo caracteriza al cine de Sue Fiedrich no es su supuesta cualidad queer, la cual no ha podido entreverse hasta la madurez de una estética personal. La piedra de su cine es una subversión entre la vanguardia y el subjetivismo que Apollinaire definiría como «el arte de pintar conjuntos nuevos con elementos tomados no de la realidad de la visión, sino de la realidad de la concepción». Esta concepción del mundo en constante mutación hace del cine de Fiedrich una experiencia plurifocal sin una única perspectiva. Sus imágenes simultanean miradas hasta construir una figuración propia de la emoción. Exigen al espectador una voluntad por recrear y participar dinámicamente en la construcción de sentido puesto que no hay nada de estático o contemplativo en un cine que constantemente busca recordar lo que se creía olvidado. Esto provoca que el encuadre esté constantemente siendo asediado por el dinamismo del archivo y la grabación doméstica, por caligramas de imagen y texto que desplazan el tiempo interno del film hasta generar una espacialidad sin tiempo. Las imágenes de Su Friedrich crean una espacialidad auténtica. Es un cine que se siente en el espacio de la posibilidad, en la distancia irresoluble y potencial de imágenes-tangentes: nunca a punto de cortarse en la identificación de una misma, pero siempre a la espera de encontrarse a sí misma. Quizá ahí radique el sentirse queer. ♦


    Apollinaire, G. (2018). Los pintores cubistas: Meditaciones estéticas. Sobre la pintura. Pintores nuevos. Antonio Machado Libros.


    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 18, 2024

    Punto de Vista 2024 (V) | Su Friedrich: ¿Dónde se siente el cine?

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 18, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    Palmarés
    Cuadro de honor de la 18ª edición


    Emilio Luna
    Cáceres |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    Silence of Reason, de Kumjana Novakova, se ha alzado como la obra triunfadora de la 18ª edición de Punto de Vista, al obtener el máximo galardón, dotado con 10.000 euros. «Por darle una extraordinaria y sobria forma cinematográfica a la evidencia forense de uso judicial que por primera vez incluye los delitos de violación como forma de tortura y la esclavitud sexual como crimen contra la humanidad. Destapa una geografía de violencia en lo local que apela a lo universal e inevitablemente nos remite al tiempo presente y a las guerras actuales como por ejemplo está ocurriendo en Ucrania y en Gaza», justificó el jurado compuesto por Ruth Somalo, Jorge Villacorta y Ainara Elgoibar. Según nuestro compañero Javier Acevedo, «Silence of Reason crece como otro ejemplo de documental especulativo puesto que construye el terror a partir del ensayo sobre situaciones límite. Al mismo tiempo, está fuertemente apoyado en el concepto de hiperstición y basado en la proyección futura de la profecía en el presente: toda ficción especulativa imagina en el presente las consecuencias de un pasado indeterminado». Ôte-toi de mon soleil, de Messaline Raverdy, ha obtenido el Premio Jean Vigo a la Mejor Dirección, al que le acompaña una dotación económica de 5.000 euros. «Ôte-toi de mon soleil cristaliza un proceso de aprendizaje mutuo, generoso y comprometido entre la directora Messaline y el protagonista Joseph, en el que orden y desorden encuentran un punto de equilibrio singular y precioso, tanto en el plano vital como en el cinematográfico. Una película que nos recuerda que ciertos mecanismos mentales tiene su origen en la violencia, también sistémica, que hay belleza en el pensamiento complejo divergente, que el cuidado mutuo es un campo de lo político y que todas, en el fondo compartimos una misma necesidad: amar y ser amadas», declaró el jurado de esta entrega del certamen pamplonés. ♦

    Premios oficiales

    ► Gran Premio Punto de Vista a la Mejor Película: Silence of Reason de Kumjana Novakova.
    ► Premio Jean Vigo a la Mejor Dirección: Ôte-toi de mon soleil de Messaline Raverdy.
    ► Premio al Mejor Cortometraje: Avalancha de Daniel Cortés Ramírez.

    Premios especiales

    ► Premio Especial del Público a la Mejor Película: El Canto de los Años Nuevos de Alexander Cabeza Trigg.
    ► Premio de la Juventud a la Mejor Película: Silence of Reason de Kumjana Novakova.

    Menciones especiales

    ► Mención Especial del Jurado (en la categoría a Mejor Película) a La rivière de Dominique Marchais.
    ► Mención Especial del Jurado (en la categoría a Mejor Dirección) a Corazón embalsamado de Julieta Seco.


    por Emilio M. Luna
    marzo 18, 2024

    Punto de Vista 2024 | Palmarés

    por Emilio M. Luna | marzo 18, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    IV.
    ¿Dónde se piensa el cine?


    Javier Acevedo Nieto
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    Hablemos claro: Silence of Reason (Kumjana Novakova) es un film que se piensa mucho. ¿Qué entendemos por pensarse mucho? A que todo cuanto contiene su dispositivo formal contribuye a desvelar su función expresiva a partir de una codificación estética muy clara: la imagen de la barbarie. Documentales sobre la irrepresentabilidad de la violencia hay muchos. Que sean capaces de atacar la raíz ontológica de la imagen de la barbarie (sus implicaciones, ramificaciones y falsos dilemas), muy pocos. Que además lo hagan sin subsumir su intención expresiva en categorías morales maniqueas (la miserabilidad, el sentimentalismo y el dramatismo), todavía menos. El logro de Novakova es hablar sobre los crímenes de paramilitares serbios en Foča manteniendo una voz enunciadora que en todo momento es capaz de huir de dualismos simplistas. Este es un ensayo sobre la violencia o, mejor dicho, un reportaje ensayado cuya potencia retórica estriba en la capacidad para construir imágenes que proponen argumentos lógicos y no pruebas de verdad. ¿Cómo lo propone? A partir de material de archivo en VHS sobre el que se impresionan silencios y, junto a esos silencios, intertítulos que muestran un informe forense de cada caso junto a narraciones que replican la lectura de esos informes. La dureza de Silence of Reason no emana de su tema. Emana del modo en el que permite al espectador la más turbia de las operaciones: imaginar lo que pasó sustrayendo toda imagen de lo sucedido. Esta operación de poética inversa cuestiona la mirada ya que, mientras progresa el relato de los hechos, el espectador construye su propio simulacro de estos: ¿qué imágenes tenemos para asomarnos a aquello que no queremos ver representado y que, sin embargo, representamos en escapes de conciencia e imaginación?

    Aquí la película abre un cisma con el espectador: ¿debe el cine ser un referente ficcional de aquellos temas demasiado serios para ser representados? La referencialidad ficcional no define el carácter cinematográfico ya que, en todo caso, solo puede aspirar a erigirse en un componente de ciertas manifestaciones fílmicas. El cine construye su propia realidad y existen muestras en las que la ficción está ausente; por ejemplo, hay obras testimoniales o experienciales en las que se recogen testimonios orales sin que exista un constructo ficcional o una dramatización. Por otra parte, asumiendo los dos puntos de vista enunciados (el del autor y el del espectador), la referencialidad ficcional crea cine, pero no es el único cine. Una crónica, un diario de viaje o una autobiografía son obras sin referencialidad ficcional en las que el autor asume la traslación de la realidad personal al lenguaje audiovisual sin modificaciones o alteraciones que vayan más allá de la codificación textual. En efecto, estas formas pueden clasificarse como autoficción y toda experiencia personal filtrada artística y literariamente es una construcción de la realidad. Sin embargo, ¿toda operación literaria y lingüística sobre la realidad es ficción? Tal reducción a un relativismo absoluto corre el riesgo de homogeneizar el fenómeno cine hasta convertirlo en un gran constructo ficción con compartimentos estanco-genéricos sin relación entre ellos. La realidad es que no hay categorías puras de ficción y la referencialidad ficcional se produce en diversas formas. Pese a ello, hay muestras u obras cuya aspiración no es construir una ficción, sino invisibilizar el constructo ficticio y dramático al máximo con el fin de reflejar una experiencia tan cercana a la realidad vivida como sea posible: aquí vive la obra de Novakova.

    Silence of Reason crece como otro ejemplo de documental especulativo puesto que construye el terror a partir del ensayo sobre situaciones límite. Al mismo tiempo, está fuertemente apoyado en el concepto de hiperstición y basado en la proyección futura de la profecía en el presente: toda ficción especulativa imagina en el presente las consecuencias de un pasado indeterminado.

    Igual de compleja en su planteamiento acerca de la memoria es Corazón embalsamado (Julieta Seco). Si la anterior buscaba construir una imagen de la barbarie vía archivo, aquí se persigue una imagen de la aporía: ¿puede resolverse el problema de la fe a partir de unas condiciones previas incompatibles? Estas condiciones previas incompatibles son la ductilidad del recuerdo infantil y la condición a posteriori de la imagen cinematográfica. Sin embargo, el proyecto de Julieta Seco es ambicioso: encapsular en grabaciones domésticas e íntimas los residuos de una supuesta fe infantil. ¿Puede el recuerdo casi pre-soñado sobrevivir a imágenes de duermevela?, ¿es la fe un estado alterado de percepción cinematográfica? Densidad poética para una retahíla de imágenes escorzadas, fragmentadas y mutiladas por una narradora no fiable a la que en todo momento Seco confía una película febril, donde todo parece maleable y sometido a la flexibilidad de una mente enfebrecida.

    Lo realmente maravilloso es el trabajo de Seco con la complejidad de la voz enunciadora del discurso. La protagonista opera desde y dentro de la ficción mientras que la cineasta sabe rodear a esa voz de una materialidad del texto, de un universo ficcional donde la voz hilvana con cohesión y coherencia. Aunque en ocasiones es difícil reconocer dónde comienza el autor real y la voz enunciadora, Corazón embalsamado propone un pacto comunicativo en la ficción que permite al espectador distinguir la voz de la ficción y la presencia empírica del autor. Esta distinción está tan bien balanceada que el film avanza con decisión en todo momento hacia su principal objetivo: congelar el estado de encuentro y unión con una conciencia propia que se siente extranjera. Es un tipo de cine que facilita la labor ecdótica del crítico, es decir, el pensamiento de la crítica de los textos originales y de las leyes lingüísticas y contextuales que permiten salvar la distancia hermenéutica entre quien crea y quien consume un film. Seco compone una película de modo que salvaguarda significados y valores existentes y a la vez aporta al debate de cierto cine contemporáneo que abre la vía a la adecuación y plausibilidad de las nuevas comprensiones, recepciones y aplicaciones de esos textos –diferidos– en cada momento histórico-cultural.

    Silence of Reason y Corazón embalsamado operan sobre la memoria a partir de un extrañamiento progresivo de herramientas documentales: la voz enunciadora, las estructuras narrativas más centradas en la progresión temática que temporal o la relación del autor con otros textos ajenos. Proponen un cine que reside en el plano detalle y que crece desde la anécdota hacia el hallazgo a través de una vía de experimentación que es inagotable desde el instante en el que la imagen no busca imaginar aquello que no se puede ver, sino ahondar en los límites de un lenguaje audiovisual cada vez más obsesionado (desgraciadamente) por representar aquello que nos dicen que hay que mirar. ♦


    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 16, 2024

    Punto de Vista 2024 (IV) | ¿Dónde se piensa el cine?

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 16, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    III.
    ¿Dónde está el ingenio del cine?


    Javier Acevedo Nieto
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    Hay algo bonito en aquellas narraciones que se contentan con estirar los límites de su condición. La literatura española dio buena cuenta de ello con el conceptismo. La famosa sentencia de Gracián de «un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos». Encontrar la palabra justa para una polisemia admirable e ingeniosa. Usar el laconismo o la parquedad de palabras con el fin de mostrar la artificiosidad del lenguaje (a través de recursos formales que oscilan entre la elipsis y la anfibología) y, ya de paso, poner de relieve que esta artificiosidad del saber decir tiene mucho que ver con la naturalidad del saber sentir.

    No sorprende que, si nos ponemos semióticos con el cine y hablamos de eso de textos en lugar de obras, nos topemos con películas divertidísimas como Remembering Franco (Pedro Pinzolas). Poco o nada tiene que ver con aquel loco bajito, puesto que la película de Pinzolas es un juego de lenguaje(s) en el que una narración aparentemente oral sobre la llegada de un hombre del norte esconde todo un precioso cuadro de costumbres: rusos melancólicos, españoles pícaros y citas de Ho Chi Minh entre gaseosa y filetes empanados. La polifonía narrativa del cineasta muestra recortes de vidas que se entrecruzan con recursos del lenguaje cinematográfico: paradojas, ironías, elipsis y falsos testimonios. En consecuencia, Remembering Franco hace gala de un conceptismo manifiesto. En su celebración de la anécdota late una reivindicación del artificio y el disfraz como ejes narrativos con el fin de mostrar que la vida es una fiesta. No es nada que las películas de El Pampero o el éxito de novelas como La señora Potter no es exactamente Santa Claus (Laura Fernández) no hayan revitalizado con anterioridad, pero el logro de Pinzolas estriba en codificar un conceptismo patrio que nuestro cine lleva confundiendo muchos años con un humor soez y tabernario. A través de texturas analógicas, de cintas de vídeo y fragmentos en DVD, la atemporalidad del film extiende una sensación de divertimento constante. Este divertimento configura un cuadro de costumbres satírico donde hay hueco para el trucaje constante y la artificiosidad narrativa, sin descuidar un humanismo un tanto huraño y pesimista reservado para quienes disfruten de bromas con Pasternak.

    Con algo menos de ironía, Vasudhaiva Kutumbakam (Anand Patwardhan) propone otra deconstrucción de otras historias nacionales a partir de la celebración de la anécdota. Lo que parece otro documental familiar más esconde una etnografía íntima que conecta con la historia de la India y Pakistán. Unos padres se van y un hijo vivifica sus rostros para convertirlos en cronistas de una historia nacional. A través de material de archivo, reflexiones en off y una retahíla de recursos documentales que buscan enrarecer la narración y deslocalizar la omnisciencia del narrador (incluyendo paréntesis donde Gandhi o Krishnamurti son simples pies de imagen). Ambos filmes se valen del humor como herramienta de narración hipermediática. El humor hipermediático se basa en la intertextualidad, haciendo referencia a una amplia gama de elementos culturales, como películas, programas de televisión, música, memes, tendencias en línea y eventos actuales. El conceptismo de recursos formales de ambas piezas, irradiado en narraciones autoconscientes, irónicas y repletas de paradojas, elipsis y zeugmas, busca pergeñar una cierta imagen compartida de comunidades culturales a partir de una intertextualidad constante. El humor hipermediático a menudo implica la fragmentación y la remixación de contenido cultural y mediático. Esta práctica de remix cultural permite la creación de nuevas formas de humor que son fácilmente reconocibles pero que también pueden tener significados nuevos y subversivos. El uso de la ironía y la sátira para comentar sobre la cultura, la política, los medios de comunicación y otros aspectos de la sociedad contemporánea se convierten aquí en una forma de proponer una conciliación entre la oralidad de los relatos de toda una comunidad nacional y los símbolos de estas comunidades.

    Lo interesante de ambas películas es que su ingenio estriba en el modo en el que concilian la oralidad de la narración colectiva y la escritura en imágenes de narraciones individuales e íntimas. Decía Antonio Machado que la literatura tiende a ser cada vez más escrita y menos hablada, lo cual conlleva a una disminución en la calidad de la escritura, volviéndola más fría y carente de gracia. Este fenómeno ha sido una constante a lo largo de la historia, donde la predominancia de lo escrito ha restado importancia a las composiciones orales, a pesar de ser éstas las primeras expresiones literarias en la cultura humana, y haber contribuido significativamente a la conformación de las formas escritas. Además, el estudio de esta literatura oral se ve obstaculizado por la histórica supremacía de la escritura como forma dominante en los ámbitos culturales, políticos y religiosos, relegando lo oral a un segundo plano. Ong identifica la existencia de un canon que ejerce un fuerte control, influenciado por lo nacional y lo histórico, aunque este canon aparente representar la totalidad, en realidad oculta un proceso de selección y fragmentación, tal como señaló Barthes.

    A su vez, la dicotomía entre las formas literarias orales populares y las cultas parece más una construcción artificial que una realidad palpable, ya que históricamente ha habido una interacción constante y enriquecedora entre ambas. Bajtin propone una de las teorías más sugestivas para el análisis de los textos literarios al afirmar que existe una interacción entre la cultura culta y la popular, no como una relación de explotación y alienación, sino como una influencia mutua. McLuhan, por su parte, señala que el paso de la oralidad a la escritura marcó un cambio de civilización. En una sociedad predominantemente oral, el tiempo y la historia se perciben como ciclos naturales, mientras que en una sociedad escrita se produce una separación entre el pensamiento y la acción, fomentando el nominalismo, el individualismo y el racionalismo. Si hay una empresa que el cine se ha empeñado en buscar es cómo conciliar un ideal artístico de alcance masivo a través de fórmulas tan populares como la propia imagen desnudad con otro ideal artístico como el de extrañar la realidad a partir su reescritura. Vasudhaiva Kutumbakam y Remembering Franco parecen ser capaces de aunar estas tradiciones con un ingenio conceptista, tanto como lo hacen cortos como Procès-verbal (Matthew Wolkow) y Submarino volador (Lucas Zacarias). El primero acerca la ornitología a la poesía visual y el segundo reflexiona sobre la historia cubana a partir de la fascinación infantil. En el fondo, son también filmes que buscan aunar lo culto y lo popular en un intento por mostrar historias que pueden verse de forma cíclica (ese ruso melancólico de Remembering Franco, por ejemplo) o lineal (la capacidad para saber decir adiós del hijo de Vasudhaiva Kutumbakam). Hay un cine que se escribe de forma oral y culta sin conflictos de ningún tipo, proponiendo ingeniosas escrituras en las que el humor y el ingenio democratizan la imagen para bien y para mal. ♦


    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 14, 2024

    Punto de Vista 2024 (III) | ¿Dónde está el ingenio del cine?

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 14, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    II.
    ¿Dónde se comunica el cine?


    Javier Acevedo Nieto
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    En su serie de vídeos Pasado y presente del cine moderno, Aarón Rodríguez Serrano dedica algunas piezas a pensar teóricamente el estatuto de la modernidad en el cine actual gracias a su análisis de diversas lecturas. Estas piezas cuestionan la condición del propio cine denominado posmodernista y se preguntan si acaso la modernidad cinematográfica no es un movimiento que se perpetúa/languidece/vertebra en muchas obras de la actualidad, todo ello bajo el amparo de la teoría de Howard Finn. A fin de cuentas, ¿qué es el posmodernismo salvo una negación? O, más concretamente, ¿y si hubiera que leer el posmodernismo a partir de todo aquello que no significa? Se ha hablado hasta la saciedad del carácter entrópico de un posmodernismo que vive instalado en el pastiche, el revival de viejas tendencias y en la negación del carácter historiográfico del arte. Sin embargo, ¿no es determinado cine y determinada vanguardia audiovisual una huida del presente hacia conceptos e ideas que una vez sí actualizaron su presente?

    Aarón realiza un análisis mucho menos torticero, pero me sirve de punto de partida para explicar hasta qué punto un cine documental y, por qué no, también experimental, opera sobre escrituras modernistas para intentar configurarse como una escritura en presente. Existe el chascarrillo entre cierta crítica acerca del uso abusivo del término palimpsesto como reescritura de nuevos conceptos en viejas ideas. Pues bien, esta neomodernidad (como reflexiona el propio Aarón) alcanza pequeños clímax en películas como Sur le fil d'Ariane (Adina Ionescu-Muscel y Clara Beaudoux), Radiance (Shuhei Hatano) y Night Walk (Sohn Koo-Yong). La incomunicación, la alienación y ese discreto torrente de conciencia interior sublimado por la novela de principios del siglo XX alcanzó en el cine toda una estética de la incomunicación e irrealización. En una sociedad hipercomunicada, todo este aparataje textual construido por los Antonioni, Resnais y compañía pudiera parecer una prótesis esteticista; sin embargo, ¿qué sucede cuando se pone al servicio de películas que celebran la incomunicación como medio de reconexión con la realidad?

    Acontece algo un tanto único: películas que, valiéndose de una hermenéutica analógica, operan a partir no tanto de sus reglas y principios formales, sino de la construcción de formas que se piensan y crecen a partir del diálogo y de la creatividad interpretativa. En Sur le fil d’Ariane, a partir de los dibujos de Ariane Bergrichter, se mapea una Bruselas en permanente ebullición de formas y asociaciones geométricas. Los dibujos de Berichter dialogan con un montaje frenético y dialéctico que constantemente busca mostrar el espontáneo discurrir de una conciencia artística que busca el hallazgo puro de la diversión: asociar formas, motivos visuales y construir un mapa no con coordenadas, sino con pura extensión creativa.

    Aún más compleja y rica en su reinvención de formas modernistas es Night Walk. En el barrio de Segeomjeong de Seúl se serigrafían sobre el encuadre poemas. El sonido no existe. El cine recupera de este modo su cualidad silente a partir de la proyección imaginada de todas esas texturas sonoras que evoca la lectura a murmullos y frente a la pantalla. Existe una incomunicación primitiva: aquella de susurrar con los labios pegados los poemas que se caen entre el alumbrado de calles, viejas casas y montañas enlutadas por la noche. Todo en la película de Sohn Koo-Yong es profundamente figurativo, pero a la vez queda abstraído en un duermevela de texturas pastel. Una estética multívoca donde la polisemia de significantes (poemas, dibujos y diagramas) construye aquello que da cierto sentido al cine; a saber, su capacidad para abrir horizontes de comprensión a partir de aquello que creemos ver.

    En este caso, la poesía adquiere un carácter visual en las imágenes hasta conformar ese giro lingüístico que supo mostrar la fusión entre disciplinas lingüísticas y audiovisuales (si es que tal diferencia existe). Se trata de una idea que pone en cuestión la condición exclusivamente lingüística de la literatura. Estas formas de poesía visual permiten preguntarse cuál es el componente que marca la literariedad de una obra: el lenguaje escrito, la vocación comunicativa, el espíritu artístico, etc. Son obras donde el lenguaje escrito juega un papel secundario en la mayoría de ellas puesto que optan por soluciones visuales y símbolos gráficos. La falta de un componente verbal puede conducir a que estas obras no puedan adscribirse al campo literario; sin embargo, sí son ejemplos de práctica poética con un lenguaje visual que subvierte ciertos convencionalismos adscritos a la poesía: los esquemas rítmicos, la exclusividad del lenguaje escrito, etc. Night Walk es una forma de poesía visual que, partiendo de manifestaciones contemporáneas como la flarf poetry (subgénero de poesía nacida en internet y que se entiende por su condición eminentemente online) y de la evolución de la poesía concreta y la poesía visual propone un acto de escritura creativa espontánea, rápida, ágil y que con frecuencia se asocia a la sensación ocasionada por lapsus lingüísticos involuntarios. Se trata de un film estimulante ya que realiza una asociación gráfica con el valor semántico de la palabra clave para conseguir una síntesis exacta y poética entre el significado de la palabra y la imagen mental que el individuo puede tener de la misma. Se mueve casi en el terreno de lo performativo al reapropiarse de la palabra escrita y la imagen para construir una obra que se comunica en el espacio y no tanto en el tiempo de lectura y visionado.

    Este giro lingüístico concibe el lenguaje como una entidad dinámica y cambiante, susceptible de pequeñas mutaciones que modifiquen aspectos como los patrones narrativos. Películas como Night Walk, Sur le fil d’Ariane y, en menor medida, Radiance con su relato de confinamiento pandémico, demuestran actualizaciones de patrones narrativos antiguos y modernistas para desvelar cómo el torrente de conciencia interior y la exteriorización de este torrente son categorías expresivas válidas que, partiendo de esa «escritura de la nada» como Guillermo de Torre definió a ciertas vanguardias, entre ellas el imaginismo de Joyce que buscó un tratamiento directo del objeto sin usar una sola palabra que no contribuya a su presentación. Todo en estas películas contribuye a dotar al objeto-conciencia de una entidad ontológica propia, de una imagen tan emocionante como dúctil, moderna como atemporal. ♦


    Referencias
    Rodríguez Serrano, A. (2023). Pasado y presente del cine moderno. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=rGcl9gP2yH8
    Rorty, R. (1990). El giro lingüístico. Barcelona: Paidós Ibérica.


    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 13, 2024

    Punto de Vista 2024 (II) | ¿Dónde se comunica el cine?

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 13, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    I.
    ¿Dónde está el cine?


    Javier Acevedo Nieto
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    ¿Dónde está el cine? Lejos de ser una pregunta capciosa, es una pregunta que se expresa casi en términos de una súplica. Para algunos teóricos, el cine actual está inmerso en una renegociación de la posmodernidad: las películas se limitan a poner en escena una crisis absoluta de valores y una ruptura respecto al pasado. Para otros teóricos, el cine del presente es una extensión un tanto agónica de la modernidad de los años 70: las películas muestran la cosmovisión de unos autores que intentan hablar del presente a partir de la renegociación del pasado. Ambas posturas consideran al cine un arte ya no del presente, sino sobre el presente. Esta necesidad de urgencia, de explicar la necesidad utilitarista de un arte que parece agonizar en los circuitos de distribución y exhibición, ha llevado a ambas posturas a vertebrar reflexiones sobre la imagen en movimiento que desdeñan su carácter más primitivo: el estrictamente social.

    No me importan demasiado las cifras de asistencia al Festival Punto de Vista ni tampoco delinear sus líneas programáticas puesto que, después de todo, un evento alrededor del cine documental no se justifica más que por su propia condición innecesaria: existe más allá de su utilidad. En este sentido, me llama poderosamente la atención que, una vez visionadas las primeras películas de su Sección Oficial, crea entrever en todas ellas una concomitancia involuntaria: todas ellas celebran —entendamos celebrar vía festiva o vía catártica— el acto social del cine.

    Cuando el crítico Nicolas Bourriaud se lanzó a explicar el panorama artístico de los años 90, ajado por la caída del Muro de Berlín, violentado por la irrupción de internet y aparentemente herido de muerte por las nuevas tendencias «posmodernas» del videoclip, llegó a la conclusión de que el instinto de supervivencia de todo arte es la reunificación con la vida. Acuñó una bonita idea —quizá más utópica que certera, como todas las grandes ideas— que denominó estética relacional. Esta estética buscaba aunar una idea de arte como encuentro y presencia común de imágenes y personas. De este modo, una obra artística cobra sentido no en tanto artefacto como en espacio de encuentro. La esencia de una imagen, por ejemplo, radica en el que tiempo en el que es celebrada y vivificada por el espectador. Bourriaud dijo que «el arte es un estado de encuentro» mediado por una intersubjetividad donde la obra es un «interstiticio social» y afirmaría que «la utopía se vive hoy en la subjetividad de lo cotidiano, en el tiempo real de los experimentos concretos y deliberadamente fragmentarios».

    El cine como duración de un encuentro o, más concretamente, las imágenes como intersticio social. En una época donde una película revive mil veces en Letterboxd a través de críticas fragmentadas o se resignifica en redes sociales a través del arte del frameo, es muy bonito y curioso observar filmes cómo La suite canadienne (Olivier Godin) se aproximan al hecho fílmico neocolonial mediante la apertura de un espacio de reflexión y, sobre todo, de cuestionamiento del propio dispositivo. En la película, un grupo de bailarines se prestan a redescubrir un ballet que refleja los orígenes de Quebec y, al mismo tiempo, negocian la cuestión neocolonial a partir de la reflexión sobre la vida de Ludmilla Chiriaeff. El filme de Godin construye un intersticio social, pero lo va a hacer a partir de una narración fragmentaria: la cámara recorta los cuerpos en planos detalle, o mutila cabezas mientras se suceden capas de tela o incluso titila entre los ensayos. Algunos hablarían de película de «proceso» en la medida en que construye una metarreflexión sobre los límites de la representación y el comienzo de la responsabilidad colonial. No dista demasiado de las adaptaciones dramáticas de Carlos Saura, pero sí que se muestra mucho más dubitativa a la hora de ir más allá de su respetuoso trabajo con el texto original: se cuestiona el ballet original a la vez que los actantes cuestionan determinados estereotipos sexoafectivos. Sin embargo, ¿qué hay de subjetividad en una película tan ensimismada en mirar hacia atrás para poder vivir hacia delante? Poco o nada, puesto que con frecuencia Godin asfixia cualquier intento por escapar del subrayado condescendiente de sus imágenes respecto a la espinosa cuestión neocolonial. No es un cine que inquieta o golpea o, al menos, su alcance discursivo queda enclaustrado por voces en off, material de archivo y ensayos que nunca fructifican en secuencias. Todo un no-texto fílmico un tanto preocupado por el qué diremos como espectadores racializados.

    Mucho más centradas por entender el cine como espacio de encuentro, Inde Ved Siden Af (Maia Torp Neergaard) y Un cœur perdu et autres rêves de Beyrouth (Maya Abdul-Malak). La primera es una trapisonda de voces que reflexionan sobre la gentrificación y la convivencia en un barrio de Copenhague y la segunda congrega testimonios sobre el presente en un Beirut espectral. El filme de Neergaard, a través de un trabajo casero con el proceso de revelado de 16mm, busca edificar una idea de la imagen como presencia compartida: las voces extradiegéticas se reúnen alrededor de todo tipo de insertos en 16mm con el fin de proponer formas de desimaginar el estatus del espacio social. Quizá la cuestión más problemática sea la de conciliar la supuesta experimentación formal con la necesidad del comentario social puesto que, ¿hasta qué punto contribuye la elección del formato con las necesidades del discurso? Sucede con frecuencia en determinado cine regido por el imperativo del presente que la voz narrativa opaca la imagen hasta que la segunda parece un estuco decorativo al servicio de la primera. El trabajo de Neergard con la textura, el detalle y el montaje de capas (superponiendo a veces fundidos encadenados y otros elementos en plano) es sugerente; sin embargo, la película no parece terminar su lugar como obra de denuncia u obra de experimentación formal. Y si busca ser ambas cosas, estamos ante un cine que se piensa demasiado en términos ontológicos (qué debería ser) y muy poco en términos poéticos (qué debería expresar).

    Con Un cœur perdu et autres rêves de Beyrouth, Abdul-Malak persigue resistir a las tendencias documentales miserabilistas de turno que copan telediarios o formatos bigger than life. En una época de sobreabundancia de imágenes de todo tipo de barbarie, se vive instalado en esa hipervisibilidad opaca que no deja ver realmente nada. El trabajo de la cineasta reside en construir vínculos con el mundo ajeno a Beirut que ve mucho y mira poco a partir de la recuperación de testimonios familiares, domésticos y también urbanos de una ciudad donde la hauntología o lo espectral ya no son conceptos válidos: hay que hablar de un cine ecléctico en el que la subversión no estribe ya tanto en la especificidad del lenguaje como en su modo de articular relaciones con otras artes (en este caso, la fotografía, la arquitectura y la literatura oral).

    Si algo comparten todas estas películas es un intento por localizar el debate sobre el lugar del cine en su función de apertura al mundo. Lejos de enclaustrarlo en propuestas de calado formal, se asiste a obras que tienden puentes con otras formas de narrar en un intento por recuperar una ontología verdaderamente social (que no servicial) de un cine del presente. Quizá la labor del espectador sea la de modificar radicalmente sus categorías cognitivas para pensar el cine: más allá del carácter espectacular o de un posmodernismo ensimismado en su eterna puesta en crisis, parece pervivir un cierto cine volcado en la etnografía y en permanente contacto con lo sociológico. Un cine que documenta y registra, pese a sus incoherencias, y pese a las inclemencias del panorama crítico y creativo. ♦


    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 12, 2024

    Punto de Vista 2024 (I) | ¿Dónde está el cine?

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 12, 2024
    || Festivales
    Punto de Vista 2024
    18ª edición
    Anotaciones sobre su programación


    Emilio Luna
    Madrid |

    fecha
    | del 11 al 16 de marzo. |

    El Festival Internacional de Cine Documental de Navarra, Punto de Vista, cumple su mayoría de edad erigido en uno los grandes referentes del formato documental del panorama cinematográfico nacional. Hoy, 11 de marzo, con la proyección de Zinzindurrunkarratz, del pamplonés Oskar Alegría, se abren la proyecciones de una sección que, un año más, presentará un programa de gran nivel y una dotación económica para su palmarés acorde: Gran Premio Punto de Vista a la Mejor Película, dotado con 10.000 euros; el Premio Jean Vigo a la Mejor Dirección, dotado con 5.000 euros; el Premio al Mejor Cortometraje, dotado con 3.000 euros, el Premio Especial del Público a la Mejor Película, dotado con 1.650 euros; o el Premio de la Juventud a la Mejor Película, dotado con 1.500 euros.

    En la sección oficial de Punto de Vista, conformada por veintitrés títulos, quince largos y ocho cortometrajes, habrá propuestas de cineastas como Mariano Llinás, Lucas Zacarías, Dominique Marchais, Camille Octobre Laperche o Pedro Pinzolas. En el caso del realizador argentino, su último trabajo, Retrato de Mondongo, tendrá su premier mundial en Pamplona. El filme narra dos décadas de interacción entre el grupo artístico Mondongo y el cineasta bonaerense. La cinta De caballos y guitarras, de Pedro G. Romero, ejercerá de clausura de la 18ª edición. Junto al máximo apartado, el interés de Punto de Vista este año se reparto con los focos a los creadores Su Friedrich (EEUU) y Joël Akafou (Costa de Marfil) y el ciclo «Cerca de los árboles», comisariado por Miriam Martín.

    SECCIÓN OFICIAL

    • Avalancha, Daniel Cortés. Colombia. 25 min. Estreno en España.
    • Corazón embalsamado, Julieta Seco. Argentina. 69 min. Estreno mundial.
    • De caballos y guitarras, Pedro G. Romero. España. 99 min. Fuera de competición.
    • ¿Dónde está Marie Anne?, Yaela Gottlieb. Perú, Argentina. 6 min. Estreno en Europa.
    • El Canto de los Años Nuevos, Alexander Cabeza Trigg. España. 23 min. Estreno en España.
    • En communauté, Camille Octobre Laperche. Francia. 44 min. Estreno internacional:
    • Homing, Tamer Hassan. Brasil, EEUU. 34 min. Estreno mundial.
    • Inde Ved Siden Af / My Next Door Neighbours, Maia Torp Neergaard. Dinamarca. 18 minutos. Estreno mundial.
    • La rivière, Dominique Marchais. Francia. 104 min. Estreno en España.
    • La suite canadienne, Olivier Godin. Canadá. 68 min. Estreno en España.
    • La vida a oscuras, Enrique Bellande. Argentina. 74 min. Fuera de competencia. Estreno internacional.
    • Night Walk, Sohn Kooyong. Corea del Sur. 65 min. Estreno en España.
    • Ôtetoi de mon soleil, Messaline Raverdy. Bélgica. 49 min. Estreno en España.
    • Procèsverbal, Matthew Wolkow. Canadá. 5 min. Estreno en España.
    • Radiance, Shuhei Hatano. Japón. 18 min. Estreno internacional.
    • Remembering Franco, Pedro Pinzolas. España. 69 min. Estreno mundial.
    • Retrato de Mondongo, Mariano Llinás. Argentina. 121 min. Estreno mundial.
    • Šutnja razuma / Silence of Reason, Kumjana Novakova. Macedonia del Norte, Bosnia y Herzegovina. 63 min. Estreno en España.
    • Submarino volador, Lucas Zacarias. Cuba. 24 min. Estreno en España.
    • Sur le fil d’Ariane, Adina IonescuMuscel y Clara Beaudoux. Bélgica. 11 min. Estreno en España.
    • Un cœur perdu et autres rêves de Beyrouth, Maya AbdulMalak. Francia. 36 min. Estreno en España.
    • Vasudhaiva Kutumbakam / The World is Family, Anand Patwardhan. India. 96 min. Estreno en España.
    • Zinzindurrunkarratz, Oskar Alegría. España. 89 min. Fuera de competencia. Estreno en Navarra. Inauguración


    La suite canadienne, Inde Ved Siden Af
    Vasudhaiva Kutumbakam / The World is Family, Corazón embalsamado.

    por Emilio M. Luna
    marzo 11, 2024

    Punto de Vista 2024 | Anotaciones sobre su programación

    por Emilio M. Luna | marzo 11, 2024

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