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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Godzilla integral (II)

    Podcast dedicado a la era Heisei (1984-1995) de la saga Godzilla

    Continúa nuestro viaje por todas las películas japonesas de Godzilla, con una segunda parada en la era Heisei: los siete títulos producidos por Toho entre 1984 y 1995. Frente a las fuertes oscilaciones de la anterior era Showa entre lo lúgubre, lo infantil y lo delirante, encontramos aquí una mayor continuidad narrativa y estética, consolidada sobre todo a partir de Godzilla vs. Biollante (1989) por el guionista y director Kazuki Ōmori y el director de efectos especiales Kōichi Kawakita. La acción, la tecnología de vanguardia y la geopolítica son algunas de sus principales fijaciones, aunque las películas también van mutando al compás del blockbuster de éxito más reciente al que copiar sin complejos.

    La era Heisei buscó además distanciarse del tono infantil y del carácter amigable que había adquirido el Godzilla de los setenta, por entonces absolutamente denostados. De ahí que sus creadores decidieran resucitar al kaiju original de Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo (1954) y plantearan su primera entrega, El retorno de Godzilla (1984), como una secuela directa que obviaba toda la producción posterior.

    Con ello recuperaron su carácter amenazante, pero sin perder la ambivalencia característica de la saga entre la hostilidad y el afecto hacia el gran monstruo de Japón. Y tampoco consiguieron desprenderse del todo, aunque a veces parecieran pretenderlo, de su inclinación al delirio argumental: viajes en el tiempo, cíborgs, mechas, poderes psíquicos y monstruos del espacio conviven con una voluntad constante de tomarse en serio a Godzilla. Una tensión entre solemnidad y desmesura inseparable del enorme mito nacional en el que ya se había convertido la criatura. De ahí que una de las apuestas más fuertes de la Toho fuera la muerte anunciada del monstruo en la última entrega Heisei, Godzilla vs. Destoroyah (1995), cerrando así el ciclo que había comenzado once años antes con su resurrección.

    Tras los micros continúan Miguel Muñoz Garnica y José Luis Forte, a los que se suma Julio Bernad, nuestro paleontólogo de confianza.

    | Además de en iVoox, pueden escucharlo en Spotify | Apple Podcasts | Pocket Cast |

    por EAM
    septiembre 09, 2026

    Podcast | Godzilla integral (II): Resurrección y muerte en la era Heisei

    por EAM | septiembre 09, 2026

    Perdiendo brillo

    Programa de la 83ª edición de la Mostra de Venecia

    En su 83ª edición, la Mostra de Venecia de Alberto Barbera se desmarca de la carrera al Oscar y presentará un programa de un perfil más modesto. Una realidad que se repite por segundo año consecutivo y que contrasta con la idiosincrasia del último lustro, caracterizada por dar cabida a títulos de Hollywood que buscaban ser protagonistas en la campaña de premios meses más tarde. En todo caso, y pese que a la eterna comparativa con su homólogo francés (Cannes) siempre está (y estará presente), en la capital del Véneto se encontrarán los últimos filmes de grandes directores del circuito como Werner Herzog, Lee Chang-dong, Shinya Tsukamoto, Hirokazu Koreeda o Florian Zeller, que se unirán a una representación del cine anglosajón más escueta pero igualmente atractiva, con autores como Martin McDonagh, Casey Affleck, Lance Oppenheim y Danny Boyle. Sin embargo, lo más llamativo de esta edición es el retorno de Nanni Moretti a la competición de la Mostra con It Will Happen Tonight, protagonizada por Louis Garrel y Jasmine Trinca. Moretti encabeza una representación transalpina, como la propia competición, poco mediática, con trabajos de directores como Paolo Strippoli, Andrea Pallaoro, Edoardo De Angelis y Marco Bechis.

    La 83ª edición de la Mostra de Venecia se desarrollará del 2 al 12 de septiembre.

    Venice Competition


    • Ink, de Danny Boyle (Reino Unido, EE. UU.) (Película de inauguración).
    • Company, de Casey Affleck (EE. UU.).
    • A Bit of Light, de Ali Asgari (Irán, Italia, Francia).
    • Ritorno a Buenos Aires, de Marco Bechis (Italia, Argentina).
    • Un Bon Petit Soldat, de Stéphane Brizé (Francia).
    • Il Fuoco Che Ti Porti Dentro, de Edoardo De Angelis (Italia).
    • Woman Unknown, de May el-Toukhy (Dinamarca, Suecia).
    • Bucking Fastard, de Werner Herzog (Alemania, EE. UU.).
    • A Place to Heal, de Cédric Kahn (Francia).
    • Dau, de Ilya Khrzhanovsky (Alemania, Ucrania, Reino Unido).
    • Look Back, de Hirokazu Kore-eda (Japón).
    • Possible Love, de Lee Chang-dong (Corea del Sur).
    • Wild Horse Nine, de Martin McDonagh (Reino Unido, EE. UU., Irlanda).
    • It Will Happen Tonight, de Nanni Moretti (Italia, Francia).
    • Primetime, de Lance Oppenheim (EE. UU.).
    • The Echo Chamber, de Andrea Pallaoro (Italia, EE. UU.).
    • Un Peu Avant Minuit, de Nicolas Pariser (Francia).
    • L’Estranea, de Paolo Strippoli (Italia).
    • Mr. Nelson, Did You Kill People?, de Shinya Tsukamoto (Japón).
    • Bunker, de Florian Zeller (Francia, EE. UU.).

    Venice Spotlight


    • Sumo: Spirit Weighs Nothing, de Erik Shirai (EE. UU., Japón) (Película de inauguración).
    • Conversation With the Sea, de Muayad Alayan (Palestina, Alemania).
    • Hombre Al Agua, de Gael García Bernal (México).
    • Serpenti, de Roberto De Paolis Maino (Italia).
    • Furies, de Rami Kodeih (Líbano, Francia).
    • Guria, de Levan Koguashvili (Georgia).
    • Ground Floor, de Gábor Reisz (Hungría).
    • I Matter, de Alina Serban (Rumanía).

    Orizzonti Competition


    • La Ragazza con la Leica, de Alina Marazzi (Italia) (Película de inauguración).
    • The Burning Giants, de Phuttiphong Aroonpheng (Tailandia, Francia).
    • What Belongs to Others, de Grzegorz Dębowski (Polonia).
    • Una Storia, de Anna Foglietta (Italia).
    • La Città dei Vivi, de Edoardo Gabbriellini (Italia).
    • Falling House, de Mohsen Gharaei (Irán).
    • Too Much Sugar, de Robert Greene (EE. UU.).
    • The Difficult Bride, de Rubaiyat Hossain (Bangladés, Francia).
    • La Maison du Vent, de Auguste Bernard Kouemo Yanghu (Camerún, Francia).
    • I Figli Della Scimmia, de Tommaso Landucci (Italia).
    • A Day in the Life of Jo: Chapter Phaedra, de Jacqueline Lentzou (Grecia).
    • Oasis, de Jannis Lenz (Austria, Alemania).
    • Until the Day Ends, de Jelena Maksimović (Serbia).
    • La Moula, de Jérome Pierrat (Francia).
    • Lovers in the Blue Night, de Anuparna Roy (India).
    • Un Détour par Diane, de Ann Sirot & Raphaël Balboni (Bélgica, Francia).
    • The Color of the Sun, de Xavier Tera (Francia, Japón).

    Venice Open – Films on Film


    • Juso Per Ferie, de Karen Di Porto (Italia).
    • Nino – Un Film su Nino, de Walter Fasano (Italia).
    • The Pervert’s Guide to Utopias, de Sophie Fiennes (Reino Unido).
    • Joie de Vivre, de Luca Guadagnino (Italia, Francia).
    • Twist and Shoot Mister Suzuki, de Yves Montmayeur (Francia).
    • Intermission, de Yonfan (Hong Kong).

    Venice Open – Non Fiction


    • Be Brave, de Francesco Carrozzini (Italia, EE. UU.).
    • What Love Builds, de Russell Crowe (Australia).
    • Burgundy, de Michael Dweck & Gregory Kershaw (EE. UU., Francia).
    • Musk, de Alex Gibney (EE. UU.).
    • The Road to Jericho, de Amos Gitai (Israel, Francia).
    • Citizen Osama, de Ahmed Hassouna (Egipto).
    • Union Town, de Barbara Kopple (EE. UU.).
    • Holy Wood Dust, de Victor Kossakovsky (Alemania, Dinamarca).
    • Letters from the Silenced Country, de Andrei Kutsila (Bielorrusia, Polonia).
    • Biografía de Jorge Luis Borges, de Mariano Llinás (Argentina).
    • My Undesirable Friends Part II: Exile, de Julia Loktev (EE. UU., Rusia).
    • Boatbuilders, de Luke Lorentzen (EE. UU., México).
    • Imperium, de Sergei Loznitsa (Ucrania, Alemania, Países Bajos).
    • Shumei: The Living Legacy of Kabuki, de Takashi Miike (Japón).
    • Queer Edward II, de Theo Rollason (Reino Unido).
    • Oasis: Don’t Look Back in Anger, de Dylan Southern & Will Lovelace (Reino Unido).
    • Dust, de Tsai Ming-liang (Taiwán).
    • Everest: The Other Side, de Elizabeth Chai Vasarhelyi & Jimmy Chin (EE. UU.).
    • From Inside Out: The Architecture of Peter Zumthor, de Wim Wenders (Alemania, Suiza).

    Venice Open – Fiction


    • Dio Ride, de Giovanni Veronesi (Italia) (Película de clausura).
    • Nessun Dolore, de Gianni Amelio (Italia).
    • Let Us Through, Dear Ancestors, de Lav Diaz (Filipinas).
    • Father Joe, de Barthélémy Grossmann (Francia).
    • Scherzetto, de Mario Martone (Italia).
    • Place to Be, de Kornél Mundruczó (Hungría, EE. UU.).
    • No Paradise if You Are Killed by a Woman, de Halkawt Mustafa (Noruega, Irak).
    • Arrested Memory, de Sabu (Japón).
    • The Basics of Philosophy, de Paul Schrader (EE. UU.).
    • Un Bon Avocat, de Tristan Séguéla (Francia).
    • Jupiter, de Alexandre Smia (Francia).


    por Emilio M. Luna
    agosto 21, 2026

    Venecia 2026 | Selección oficial

    por Emilio M. Luna | agosto 21, 2026

    La nueva ola rumana emerge

    Palmarés de la 79ª edición del Festival de Locarno

    Gran año para el cine rumano en el circuito de festivales. A la segunda Palma de Oro para Cristian Mungiu –con Fjörd, su primer largo rodado en inglés— se le unió este pasado fin de semana el Leopardo de Oro del Festival de Locarno para Florin Șerban, con You Don't Belong Here. Ambos pertenecientes al movimiento que emergió a finales de la primera década del siglo XXI, denominado la Nueva Ola del Cine Rumano, representan sin embargo dos perfiles muy distintos. Mientras Mungiu se movido en la umbría del circuito, con selecciones habituales en la competición de Cannes, Serban ha mantenido una posición más discreta, al igual que su propia filmografía, desde que despuntara con su ópera prima Si quiero silbar, silbo (2010), Gran Premio del Jurado de la Berlinale. Con su quinto largo, You Don't Belong Here, ha obtenido el mayor reconocimiento de su carrera.

    El jurado integrado por Fabrice du Welz, Liza Johnson, Matías Piñeiro, Annemarie Jacir y Răzvan Rădulescu, eligió a la cinta rumana «por la fuerza de su escritura, la singularidad de su visión y la excepcional maestría de su lenguaje cinematográfico». Du Welz, presidente de el jurado, reconoció que la película era «puro cine» en la traslación de este drama padre-hijo donde un médico descubre que su hijo adolescente es investigado por asesinato.

    A continuación, el listado de premiados.

    Concorso Internazionale


    • Pardo d’Oro (Mejor Película): Nu e locul tau aici (You Don't Belong Here), de Florin Șerban (Rumanía).
    • Premio Especial del Jurado: A Margem do Rio (The Riverbank), de Matheus Farias y Enock Carvalho (Brasil, Alemania).
    • Mejor Dirección: Hong Sangsoo por Nun dul dega eomne (Nowhere To Lay My Eyes) (Corea del Sur).
    • Mejor Interpretación: Kim Minhee por Nun dul dega eomne (Nowhere To Lay My Eyes) (Corea del Sur).
    • Mejor Interpretación: Monica Bellucci por Ketticè (Italia).
    • Mención Especial: Xavier Bergeron por Violence du corps de l'autre (Canadá).
    • Mención Especial: Teodor Butănescu por Nu e locul tau aici (You Don't Belong Here) (Rumanía).
    • FIPRESCI: Lejos de los árboles, de Meritxell Colell (España).

    Concorso Cineasti del Presente


    • Pardo d’Oro: La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti (Argentina, EE. UU.).
    • Mejor Dirección Emergente: Beatrice Gibson por At Night (Reino Unido, Francia).
    • Premio Especial del Jurado CINE+OCS: Revolutionaries Never Die, de Mohanad Yaqubi (Palestina, Bélgica, Catar).
    • Mejor Interpretación: Idrissu Tontie Jr. por Ego Reach We All (Ghana, Francia, Arabia Saudí).
    • Mejor Interpretación: Manal Issa por L'estive (Bélgica, Francia).
    • Mención Especial: Los días libres, de Lucila Mariani (Argentina, Brasil, México, Francia).
    • Mención Especial: Hanabi, de Ana Vaz (Francia, Brasil).

    Pardi di Domani


    • Pardino d’Oro al Mejor Cortometraje de Autor: The Bovine Comedy, de Ratchapoom Boonbunchachoke (Francia).
    • Mención Especial (Corti d’Autore): Et si Thuy n'existait pas, de Carlo Francisco Manatad (Filipinas, Francia, Indonesia).
    • Pardino d’Oro al Mejor Cortometraje Internacional: Melk, de Filip Anthonissen (Bélgica).
    • Pardino d’Argento Internacional: Khufu, de Mahmoud Assi (Egipto, Francia, Suecia, Canadá).
    • Mejor Dirección Internacional: Marco Cavazzin por Mutrion (Italia).
    • Candidato de Locarno a los Premios del Cine Europeo: Melk, de Filip Anthonissen (Bélgica).
    • Mención Especial Internacional: Las damas, de Camille Zéhenne (Francia).
    • Pardino d’Oro al Mejor Cortometraje Suizo: Typhoon Mambo, de Domenico Singha Pedroli (Suiza, Francia, Tailandia).
    • Pardino d’Argento Suizo: Alles Gute, de Patricia Strübin (Suiza).
    • Premio Mejor Nuevo Talento Suizo: Charlyne Genoud por Respirer une fois sur trois (Suiza).

    Ópera Prima


    • Swatch First Feature Award: La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti (Argentina, EE. UU.).


    por Emilio M. Luna
    agosto 17, 2026

    Locarno 2026 | Palmarés

    por Emilio M. Luna | agosto 17, 2026

    La comedia según Mitchell Leisen

    Podcast sobre Una chica afortunada (1937) y Medianoche (1939)

    Entre los años treinta y los cuarenta, Mitchell Leisen encadenó una racha de éxitos de taquilla que lo convirtieron en el director de confianza de la Paramount. Hoy se le recuerda sobre todo por sus comedias, pero también se desenvolvió con soltura en otros registros como el melodrama, el cine negro y el musical. Contó con las grandes estrellas de la compañía, presupuestos generosos y sus mejores guionistas. Entre ellos, Preston Sturges y el dúo que formaban Billy Wilder y Charles Brackett. La costumbre de Leisen de reescribir sus libretos (habitual en Hollywood) no les sentó bien a estos últimos. Tanto Wilder como Sturges hicieron carrera como directores precisamente para blindar sus guiones, enfadados por los cambios a los que gente como Leisen los sometía.

    Quizá por ser el villano de su historia, a Leisen se le ha tendido a considerar un mero artesano sin personalidad, cuyo principal mérito era depredar las buenas historias de otros —tanto Wilder como Sturges, en distintas declaraciones, alimentaron este desdén—. Y es cierto que nunca tuvo pretensiones autorales. Con todo, en este podcast hemos escogido dos de sus películas más celebradas para abordar esta cuestión: las comedias de enredo «Una chica afortunada» (Easy Living, 1937) y «Medianoche» (Midnight, 1939). La primera escrita por Sturges, la segunda por Wilder y Brackett. Atendiendo a los cambios que sabemos que Leisen hizo y al carácter propio que les imprimió, planteamos la tesis de que la autoría de Leisen es fruto de la síntesis de la personalidad narrativa de sus guionistas y del estilo más fantasioso y cálido del cineasta, que a su vez es una forma de interiorizar el estilo distintivo de la Paramount de los años treinta.

    Tras los micros, Miguel Muñoz Garnica, José Luis Forte y Lourdes Esqueda.

    | Además de en iVoox, pueden escucharlo en Spotify | Apple Podcasts | Pocket Cast |

    por EAM
    agosto 07, 2026

    Podcast | La comedia según Mitchell Leisen: «Una chica afortunada» (1937) + «Medianoche» (1939)

    por EAM | agosto 07, 2026

    Locarno 2026 | Selección oficial

    Programa de la 79ª edición

    Como también ocurre con el Festival de Karlovy Vary, la última etapa del Festival de Locarno abraza sin complejo alguno su pertinencia en el circuito. Lejos quedan los tiempos con la dirección de Carlo Chatrian, en el que el certamen helvético logró conjugar la alta vanguardia del cine de autor con propuestas mediáticas que convirtieron a la Piazza Grande en el epicentro cinematográfico de agosto. Ahora, desde una posición más modesta, quizá más apropiada, Locarno huye de ese concepto de meca autoral, una definición más publicitaria que ajustada, para retornar a sus raíces. Puede que le falten apellidos ilustres a este período comandado por Giona A. Nazzaro, asideros que permiten trascender en un circuito atiborrado de propuestas y dominado por la social media. Locarno pasa a un segundo plano de forma consciente, ocupando el lugar que le corresponde históricamente. El de un festival de prestigio silencioso pero de idiosincrasia sólida.

    Una definición que encaja con la sección de su sección oficial, repleta de primerizos y con tan solo un par de autores ubicados en la umbría cinematográfica como Denis Côté o el ubicuo Hong Sang-soo. Entremedias hallamos cineastas con un recorrido interesante en el circuito como Florin Serban, Ann Oren, Basil de Cunha y, ante todo, la española Meritxell Colell Aparicio. La cineasta barcelonesa retorna a la ficción dentro de una filmografía dominada por el formato documental. Tras la magnífica Con el viento (2018), Colell Aparicio vuelve a la narrativa con Lejos de los árboles, un filme definido por ella misma como «una carta de amor a los abuelos de quienes nunca me despedí. Un homenaje a los familiares que fueron a la guerra siendo niños, cuyo silencio nos llegó a nosotras, sus nietas. Una historia de historias que reafirma la necesidad de recordar, escuchar y amar». La película cuenta en su reparto con Angélica Castelló, Jose Luis López Cama, Teresita Sánchez y Caterina Ramírez Guallar y está rodada por el camarógrafo Julián Elizalde. Con este trabajo Colell Aparicio encabeza una exigua representación española en los concursos oficiales que completa el cortometraje Los andares, de Isa Luego y Sofía Esteve, presente en Pardi de Domani.

    Concorso Internazionale


    • A Margem do Rio (The Riverbank), de Matheus Farias y Enock Carvalho (Brasil, Alemania).
    • Alberi erranti, de Salvatore Mereu (Italia).
    • Brave New Love, de Maria Bäck (Dinamarca, Suecia, Grecia).
    • D'ici là, de Sarah Leonor (Francia).
    • I Rarely Wake Up Dreaming, de Isabelle Stever (Alemania, Ucrania).
    • Ketticè, de Giovanni Tortorici (Italia).
    • Lejos de los árboles, de Meritxell Colell Aparicio (España, Perú, Italia).
    • Manhunt, de Wayne Wapeemukwa (Canadá).
    • Nu e locul tau aici (You Don't Belong Here), de Florin Șerban (Rumanía).
    • Nun Dul Dega Eomne (Nowhere To Lay My Eyes), de Hong Sangsoo (Corea del Sur).
    • O Jacaré, de Basil Da Cunha (Suiza, Portugal).
    • Objet a, de Ann Oren (Alemania, Luxemburgo, Grecia).
    • Princesa Burro, de Cristóbal León y Joaquín Cociña (Chile, Francia, Uruguay, Países Bajos, Alemania).
    • Rehmat, de Gurvinder Singh (India, Francia).
    • The House on the Moon, de Nelson Yeo (Singapur, Taiwán, Alemania, Indonesia).
    • Thính Giác (Hearing), de Lê Bảo (Singapur, Vietnam, Noruega, Francia, Indonesia, Arabia Saudí, Camboya, Tailandia, Taiwán).
    • Violence du corps de l'autre (Nobody's Violence), de Denis Côté (Canadá).


    por Emilio M. Luna
    agosto 05, 2026

    Locarno 2026 | Selección oficial

    por Emilio M. Luna | agosto 05, 2026

    La extraña amabilidad

    Despedida a Manolo Solo, alguien más que un grandísimo actor.

    AARÓN RODRÍGUEZ SERRANO | València.

    El rostro de Manolo Solo invitaba a la calma. Al menos, en muchos de los personajes que uno recuerda, en muchas de las escenas que uno recuerda, siempre se impone esa voz que ahora vuelve como un eco, una voz en el cine contemporáneo porque apenas era estridente, apenas buscaba el subrayado, era la voz que había ido emergiendo de la caverna de los actores secundarios y traía aquí, con delicadeza, una cierta frase. No había que forzar el ánimo ni puntear el contexto: Solo se paseaba por el diálogo casi de puntillas, con un control absoluto del tempo, con una precisión quirúrgica. Y sin embargo, era una voz siempre humana.

    Como humana era, valga el mal juego de palabras, la humanidad de sus personajes. O lo que uno quería que fuera esa humanidad distante, melancólica, una humanidad que había ido haciendo crecer en la última década y que le llevó a protagonizar dos de las gestas más indudablemente hermosas del presente: Cerrar los ojos (Víctor Erice, 2023) y Una quinta portuguesa (Avelina Prat, 2025), a las que volveré más adelante. Era una humanidad que venía de lejos y que le salía incluso en contra suya, en los villanos o los personajes taciturnos, los burócratas del mal o del tedio que había ido coleccionando en el currículum. Había que trabajar y Manolo Solo había trabajado: aquí y allá, en cárceles mohosas de blockbusters patrios y en comedias populacheras y costumbristas. En thrillers que querían ser de Hollywood pero en los que Solo traía el barrio y la mirada cansada del detective local. En la televisión del mediodía y en la del turno de noche, en los seriales y en lo que saliera, porque lo importante era el trabajo mismo y así casi nunca se le veía mal en pantalla, sino que iba aprendiendo y aprendiéndose y por el camino le salían cosas hermosísimas, sobre todo a partir de esa voz que iba prestando aquí y allá, a cortos y a seriales, la voz —queda dicho— de esa humanidad que esperaba pacientemente en la trastienda a encarnarse.

    España es un país que gusta mucho de cornear a sus actores y actrices, y ya no digamos a los secundarios. Pasar del fondo de un plano de Iñárritu a encarnar a Ibáñez en El gran Vázquez (Óscar Aibar, 2010), ir contando los créditos y montando las fotografías, haciendo lo que saliera. Sin embargo, yo me atrevería a señalar que la primera vez que Manolo Solo se impuso con toda brutalidad fue en un film tan áspero, tan decisivo en su tiempo, tan complejo como La herida (Fernando Franco, 2013). Comenzaba a emerger, escena tras escena, esa increíble paciencia, esa contradictoria comprensión y cercanía ante el dolor del mundo, y lo hacía con un movimiento de cámara deslumbrante.

    Franco seguía los pasos de Ana (Marián Álvarez) después de haberla encerrado en un ataque de pánico. Los primeros minutos de la cinta exigían ese hermetismo incómodo, esa exploración del rostro de la mujer. Sin embargo, había que salir, y al otro lado, en un travelling tomado a mano, estaba Jaime (Manolo Solo) esperando, apoyado en la ambulancia.

    por Aarón Rodríguez
    julio 30, 2026

    Manolo Solo: La extraña amabilidad

    por Aarón Rodríguez | julio 30, 2026

    Fruit Gathering, Globo de Cristal

    Palmarés de la 60ª edición del KVIFF

    El filme birmano Fruit Gathering, dirigida por el debutante en el largo Aung Phyoe, se ha alzado como el gran triunfador de la 60ª edición del Festival de Karlovy Vary, ganando el máximo galardón: el Globo de Cristal. La película nos sitúa en la cotidianidad de dos jóvenes mujeres en el Rangún contemporáneo. Un presente marcado por largas jornadas laborales, la represión social y la incertidumbre económica. Los anhelos no verbalizados son el motor de una juventud que mira más allá pese a unas condiciones de vida alienantes. El jurado, compuesto por Justin Chang, Amanda Nell Eu, Pavel Rejholec, Nadia Turincev y Eskil Vogt, la definió como «un retrato exuberante y meditativo sobre el trabajo y la amistad antes de transformarse, de manera inesperada y orgánica, en un desgarrador drama de obsesión y deseo queer».

    La propuesta eslovaca Lover, Not a Fighter, dirigida por Martina Buchelová, consiguió el máximo galardón de la segunda sección en importancia, Proxima. «En un mundo cinematográfico donde las ambiciones grandilocuentes están sobrevaloradas, esta hermosa película llega con ternura, reuniendo los momentos cotidianos y las relaciones que conforman la sustancia de la vida en una obra a la vez apasionantemente familiar y original. La directora comprende lo que significa ser joven y sabe que uno nunca deja de madurar: el cambio es una constante que trae consigo tanto asombro como pérdida», declaró el jurado del apartado compuesto por Estrella Araiza, Dirk Decker, Jakub Felcman, Devika Girish y Marija Kavtaradze. Lover, Not a Fighter habla de un bala perdida que, en verano, de forma inesperada, encuentra a algo parecido al amor. Es el debut cinematográfico de Buchelová.

    A continuación el palmarés.

    COMPETICIÓN


    • Globo de Cristal a la Mejor Película: Fruit Gathering, de Aung Phyoe (Myanmar, Francia, República Checa).
    • Premio Especial del Jurado: The Guest, de Mads Mengel (Dinamarca).
    • Mejor Dirección: Mads Mengel por The Guest (Dinamarca).
    • Mejor Actriz: Anna Schinz por A Happy Family (Suiza).
    • Mejor Actor: Ghassan Saad por Pipes (Líbano).
    • Premio del Público: Bára – Diary of a Rockstar, de Helena Třeštíková (República Checa).
    • Premio FIPRESCI: Only Beautiful Things to Look At / Prameň, de Ivan Ostrochovský (Eslovaquia, República Checa, Hungría).

    PROXIMA


    • Gran Premio Proxima: Lover, Not a Fighter, de Martina Buchelová (Eslovaquia, República Checa).
    • Premio Especial del Jurado: Incinerator, de Shuntarō Uchida (Japón).
    • Mejor Dirección: Efthimis Kosemund-Sanidis por A Whole Person Almost (Grecia, Bulgaria, Alemania, Chipre, Rumanía).
    • Mención Especial: 33 Steps, de Anna Domček y Šimon Domček (Eslovaquia, República Checa).
    • Premio FIPRESCI: Petty Thieves, de Mate Ugrin (Croacia, Alemania, Francia).

    por Emilio M. Luna
    julio 12, 2026

    Karlovy Vary 2026 | Palmarés: «Fruit Gathering», Globo de Cristal

    por Emilio M. Luna | julio 12, 2026

    La identidad suspendida

    Tercera sesión de la 32ª edición del Festival Ibérico

    La actual crisis migratoria perfora también nuevos espacios de observación en el cine. Por ejemplo, la importancia de dialogar con la arquitectura. En Homing (Hansel Rodrigues y Lizzie Atherton, 2026) el espacio de una casa se levanta como un personaje más de la acción. El fortuito encuentro con un desconocido en el jardín de una familia de clase media sirve para enfocar un relato con distintos puntos de vista. Todo parte del océano, de la inmensidad de unas aguas verticales que la cámara filma como una nave extraterrestre a punto de amenizar. Ese recién llegado irrumpe mojado y desorientado, dialogando con la respuesta urgente y espontanea de cada uno de nosotros. ¿Qué pasaría si dejásemos entrar a una persona desconocida en nuestro hogar? El miedo y la duda hacen acto de presencia en unos personajes ambiguos que interpretan la situación de diferente manera. El espectador, como ellos, apenas conoce nada de ese hombre, que por su comportamiento podría constituir una seria amenaza al establishment familiar. Los prejuicios asaltan viviendo una situación límite de tensión y angustia. Homing juega con los estilemas del home invasion, género cercano al terror, sin embargo, su apariencia se acerca más al estilo minimalista e incómodo del Haneke de Funny Games. Un cine social filmado con empuje y energía y un adecuado sentido del tiempo y del espacio. La casa, ubicada en las costas de Inglaterra, simula efectos de organicidad y vida propia. Una estructura laberíntica que nos trae a la memoria la plasticidad de la casa de Parásitos, entendida como pirámide social y resonancia de las actitudes naturales e intrínsecas del colectivo. Un trabajo de la escuela de cine (ESCAC), producido por el director Juan Antonio Bayona.

    Para los artífices de Chicken Jazz (Imanol Ruiz de Lara, 2025) la trompeta es el macguffin de la historia. Un instrumento que sirve de engarce para reflotar sentimientos enterrados del pasado. Es el motor o caja de música que despierta a Teo (Tamar Novas) del letargo en el que vive. La vida de Teo transcurre monótona y vacía. Trabaja en la pollería que hereda de su padre. Un negocio ruinoso, y destartalado que parece cobijar la existencia gris del protagonista. Su director recrea un mundo extraño en donde el tiempo pasa lentamente. El pollo, aparte de un disfraz, o máscara, ilustra la doble personalidad de Teo, un alter ego, una imagen que recuerda a la del conejo gigante, amigo de James Stewart, en la maravillosa El invisible Harvey. Una especie de cuento navideño o fabula con tintes dickensianos. El ambiente gélido, frio y desapacible traduce las emociones del protagonista que no tendrá más remedio que replantearse su vida con la llegada de Andrea (Susana Abaitua), su ex, y de la trompeta que trae consigo. Una bonita fabula de reconciliación y de amor por la música que cuenta además con la breve aparición del talismán Ramón Barea (presente en tres cortometrajes de esta edición).

    En Navajeros (Eloy de la Iglesia) los miembros de la banda del Jaro se reunían todos los días en los descampados periféricos de San Blas o Tetuán. Los bares o locales de alterne eran otros puntos de encuentro en el que beber, escuchar música o planear golpes callejeros. Polígono X (Néstor López, 2025) se apropia convenientemente del lenguaje tradicional del cine quinqui para contarnos las peripecias de un grupo de chavales que se reúnen en las canchas de su barrio para jugar al futbol. La principal virtud del filme reside en la forma en la que López ejecuta la acción, a través de un plano secuencia fluido y orgánico, que pone al espectador en el centro del lugar. De esa forma el director expande las posibles lecturas e interpretaciones del relato, al reflejar la realidad de la calle y ese aire directo y mareante del cine de pandillas callejeras. La cancha es el espacio limítrofe que excluye a los brasileños del barrio de al lado, en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en un mismo campo de batalla. Néstor López destapa las conductas racistas y violentas de ciertas masculinidades enfrascado en un estilo visual entre el western urbano de Walter Hill, y el cine quinqui de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma. Juan José Ballesta sobresale en un reparto coral de actores no profesionales.

    Jervasío
    (David Rosel, Félix Bollaín, 2025) es una breve cinta de animación de carácter 100% punk. En la mañana siguiente de su 27 cumpleaños Jervasio es sorprendido por el revisor del tren sin el billete de transporte correspondiente. La ficción propone entonces un divertido duelo entre el revisor y el joven que traspasa las fronteras de lo real. Una metáfora del espíritu de resistencia ante las dificultades de la vida cotidiana, y también una curiosa parábola antisistema. Cuenta con las voces de los actores Ricardo Gómez y César Tormo.

    La barraca (Julia Castaño, 2025) pertenece a ese grupo de películas rodadas desde un punto de vista personal, intentando establecer una clara sintonía con el espectador. En plena temporada de verano uno empatiza fácilmente con Joana (Julia Fortaña), una de tantas personas que trabajan de cara al público en bares y restaurantes. No es fácil ver los toros desde la barrera, o, mejor dicho, desde la barra de un bar, lugar al que su directora nos emplaza para experimentar la ansiedad, angustia y estrés al que son sometidos los trabajadores que lidian, en circunstancias extremas, con todo tipo de clientes. Castaño halla en su historia ese estado de frenesí constante, de no poder parar un solo segundo ni para respirar. Una obra de lenguaje tangible que se toca, sufre y siente alrededor de una cámara integradora, colocada en primera línea de batalla.

    Los periodistas interpretados por Redford y Hoffman en Todos los hombres del presidente teclean sin parar con sus máquinas de escribir. Esa mecánica repetida una y otra vez sin cesar simula el sonido de unas metralletas disparando. La información es una bala que Alan J. Pakula transmitía por medio del repique y golpeteo de la dactilográfica, usada por los periodistas como arma arrojadiza. En la inclasificable Noites mais faceis (Joao Pedro Mamede, 2025) los títulos iniciales aparecen sobreimpresionados en una hoja de Excel del ordenador y los del final emulan el sonido de esas viejas computadoras e impresoras de trabajo y oficina. Un edificio tétrico, sombrío y lóbrego filmado como una especie de prisión, en donde sus oficinistas siguen un ritmo de trabajo infernal bajo las miradas de control y acoso de los encargados. Una obra extraña, misteriosa, que alterna todo tipo de géneros y estilos, para acabar encontrando un híbrido maravilloso entre el cine surrealista de Terry Gilliam y el horror liminal de moda. Su director juega con el espectador en un brillante ejercicio de estilo teatral, con fugas absurdas y delirantes – la secuencia musical – y un mensaje codificado acerca de la alineación del individuo y las cadenas impuestas por el trabajo.

    El cine es una droga. El soporte fotoquímico, actualmente pieza de museos y reliquias, arrastra un magnetismo cegador que nos impide apartar la mirada. El celuloide suspende la identidad de aquellos que de alguna manera han manipulado sus esencias. Lo sabía muy bien Iván Zulueta, hasta el punto de comparar en Arrebato (1980), la adicción a la heroína con la del celuloide. Cuestión de enganche y de identidad vampírica.

    Los murciélagos han abandonado el campanario (Alfonso Bernal, Manuel Bernal, 2025) es el proyecto final de estudios de dos hermanos cineastas. Un cortometraje contado desde la melancolía, que lo convierte en un trabajo de temprana madurez dada la pasión desmedida que se desprenden de sus imágenes. Rodado en 16 milímetros, emulando las texturas y el grano del cine antiguo, también es un homenaje indisimulado a las películas de Bela Lugosi y el cine de Jess Franco, envuelto en un tono sarcástico de comedia negra. Sin embargo, esas hechuras no impiden ahondar en un enfoque más profundo y reflexivo acerca del vampirismo de una sociedad dormida buscando despertar. Nacho Sánchez interpreta a ese chupasangre que lidera una peculiar comunidad aislada en un castillo abandonado, con la intención de poder rodar la puesta del sol. La hermosa idea de un plano final con el que enterrarse para siempre es, a fin de cuentas, la esencia principal de este interesantísimo corto, que ganó el premio a mejor cortometraje de escuela en los Fugaz 2026.

    El oficio de actor no es solo el lujo y oropel de las grandes estrellas de cine. Existe una invisibilidad latente en esos miles de actores sacrificados en un segundo o tercer plano, trabajando casi a hurtadillas, o de manera no profesional. Recordemos ese bello tributo a los cómicos ambulantes que significó El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986). In memoriam (Teresa Bellón, Cesar F. Calvillo, 2025), el corto que marca el final de esta edición, habla precisamente del vacío de un actor en un oficio no siempre agradecido. Básicamente un artefacto que mira al cine dentro del cine con ironía y mala leche. Los entresijos de la industria y la mirada distante de un lenguaje sencillo en el que la cámara asimila su condición demiúrgica, favorecen el humor negro de este divertido trabajo de comedia. Y tratándose del mundillo del actor no podemos pasar por alto sus excelentes interpretaciones, en especial, la brillante actuación de Cristina Soria. ♦

    por David Tejero Nogales
    julio 09, 2026

    Ibérico 2026 | Tercera jornada

    por David Tejero Nogales | julio 09, 2026

    Deformaciones contextuales

    Segunda sesión de la 32ª edición del Festival Ibérico

    No conviene perder de vista lo que venimos comentando estos días acerca de la identidad y de la memoria. A veces no es suficiente con capturarla, sino que se debe asistir a una transformación y sacudir esa identidad hasta volcarla por completo. Pordentro (Álvaro G. Company, Mario Hernández, 2026) confronta el rostro de Elías (Ramon Barea) con el recuerdo imborrable de muchos otros grandes actores de nuestra cinematografía que como aquí tuvieron que adentrarse en la piel de otros. Así de pronto brotan con facilidad los papeles excelsos de figuras de la talla de José Luis López Vázquez (Mi querida señorita), o José Sacristán (Un hombre llamado flor de otoño). En su memoria reside esta hermosa historia de identidad en el que el veterano actor logra trasmitir una performance sutil y tierna llena de claroscuros emocionales. Sus directores subrayan la importancia del tránsito más allá del lugar o del momento. Pordentro es una película contada en un lenguaje sencillo, de frente, con un maravilloso duelo actoral entre padre e hija (Lorena López), desnudos ante la condena de sus lazos efectivos. Sus autores eligen una narrativa visual que traduce perfectamente las inquietudes y necesidades de su actor principal. Un formato más panorámico para las escenas dentro del hogar de Elías, más familiar y seguro, en contraste con el formato cuadrado del resto, estanco de una mayor opresión e incomodidad.

    La animación cobra doble protagonismo en esta segunda edición del festival. El fantasma de la quinta (James A. Castillo, 2025) recoge un tramo muy concreto de la vida del pintor Francisco de Goya. Su director busca ahondar en los rincones más profundos de la razón humana. Una casa con vida propia que arrastra a un Goya devorado por las sombras de su pasado. Un viaje terrorífico, en el que dialogar con fantasmas y repasar al mismo tiempo su etapa creativa más oscura – las pinturas negras -. Un equipo excepcional de animadores e ilustradores dibujan una obra espectacular, de mucho virtuosismo audiovisual. La voz en off de la actriz Maribel Verdú da cuerpo y tono a esta pesadilla que recuerda a títulos famosos sobre la figura del pintor como Goya en Burdeos (Carlos Saura) o Goya, genio y rebeldía (Konrad Wolf), centrados también en aspectos siniestros y decadentes de su vida y obra. Además, cuenta con un halo próximo al romanticismo gótico de Edgar Allan Poe.

    El otro cortometraje animado proviene de Portugal. En las imágenes de Cäo Sozinho (Marta Reis Andrade, 2025) se albergan surcos y huellas de realismo mágico y una poesía extrañamente lastimosa. Una animación de contrastes, que divaga en los aspectos más recónditos de la memoria. Ganadora en distintos festivales - Valladolid, Quirino o los Sophia - del premio al mejor cortometraje de animación, este perro solitario aplica con estilo propio los escenarios estéticos de una soledad aterradora. Su directora se vale de las mejores técnicas creativas, alternando la animación 2D con pinturas analógicas, para exponer un lienzo plástico con mucha delicadeza, proyectado sobre una aparente cascada de metáforas, y sin casi diálogos. Es una de esas películas que transitan las ruinas y el eco de un sollozo interminable. Un buen ejemplo del extraordinario momento que atraviesa la animación ibérica.

    En Portugal, más o menos como en España, hay una crisis habitacional sin precedentes. El precio medio de una vivienda se ha triplicado en pocos años. Agente inmobiliario sem casa para viver (Felipe Amorim, 2025) es una curiosa cinta rodada en formato de falso documental. Haría una buena pareja de baile con El príncipe nigeriano siendo ambos estudios pertinentes de la compleja situación que sufre la juventud en el mercado laboral y de la vivienda. Sergio Pinto (Amorim) es un famoso tiktoker con miles de seguidores en internet y un gran promotor inmobiliario, sin embargo, esa fachada queda al descubierto en la parcela individual fuera del trabajo. Lo dual de una estampa social asimétrica, y las pesquisas para hacerse hueco en el sector, son parte de un relato en primera persona consonante con el lenguaje actual de las redes sociales y las aplicaciones de internet.

    Disecció d´ una incoheréncia en crisi (Nausica Serra, 2025) señala con el dedo directamente al comportamiento errático de los adultos. Dos mundos, el de los niños y el de sus padres, un claro espejo en el que mirarse unos a otros. La reproducción de patrones y conductas abogan por confluir en una misma dirección. Serra narra con sentido del humor una historia de urbanidad, patente en el desarrollo de unos adultos que se comportan como críos o viceversa. El intercambio de roles acaba por desentrañar un interesante cuadro de ética y educación contemporánea. Gran trabajo de todo su reparto, en especial las niñas.

    El paso del tiempo ahoga. Se percibe en La última canción (María Lorente Becerra, 2026) una salida precisa de escape hacia nuestro pasado. Los cambios de ritmo mantienen nuestra atención en esa delicada e inteligente marea de ilusiones rotas, despeñadas por los recuerdos de una excelente y adecuada Ángela Molina. La Rosario interpretada por la veterana actriz es esa estrella caída en el olvido que tuvo hace años su fugaz momento de gloria con una exitosa canción del verano. La directora emplea brillantes argucias técnicas en el saber mirar de frente a esa mujer que rehúye de los espejos. La escena del principio ya es toda una declaración de intenciones con el vaho del cuarto de baño difuminando las imágenes de ese rostro cansado, magullado por los años. Me hace pensar en aquella maravillosa imagen de El apartamento en donde el rostro de Jack Lemmon quedaba cortado al mirarse en un espejo de mano roto. Como pasaba en la hermosa cinta de Billy Wilder, La última canción habla de personas solas que buscan un mínimo de esperanza en sus rutinas diarias. El encuentro de Rosario con el personaje de Albert Plá mantiene un dialogo a caballo entre el patetismo y la inocencia que sin duda marca el aura del filme. Un triste paseo nostálgico acerca de lo que fuimos y de la identidad que todavía nos califica, con o sin espejos delante.

    La interacción del hombre con la naturaleza es uno de los argumentos más significativos de la obra del escritor Jack London. Lo es también al mismo tiempo de todo el imaginario romántico del western, el paradigma de un viajero sumido al paisaje que lo delimita y forma. El hombre frente a las dificultades agrestes de su entorno, no solo como medio o hábitat en el que moverse y sobrevivir, sino como exploración del espacio geográfico. En las obras de London los enfrentamientos son habituales, y pasa igual en la mirada del cineasta Guillermo de Oliveira, proyectando en sus películas esa misma pasión por la expectativa de un horizonte a todas luces protagonista. Todo es un viaje, hombres que llegan y salen buscando un sitio el que pernoctar o echar raíces. En el western existe un peligroso sentido de pertenencia, y el espacio muta hostil, vago y violento. El territorio entonces se perfila como trampa mortal. El hombre rehúye de vivir en comunidad y ansia solamente una cosa: conquistarlo.

    Cara de cona
    (Guillermo de Oliveira, 2025) se basa en un relato de London. Una reinterpretación libre en tono de comedia negra. Un forastero, Pardavila (Diego Anido), llega a una localidad gallega. A Matías (Milo Taboada) no le hace ninguna gracia. No sabemos por qué, pero su cara y su sonrisa no le gustan nada. Su mera presencia le repele. Todos sus esfuerzos se centran en echarlo fuera de su territorio. Una de indios y vaqueros. En los poblados del lejano Oeste el extranjero debía soportar las miradas esquivas y sospechosas de los lugareños. Los matones hacían uso de la fuerza, y los más listos de su perspicacia. El protagonista de Cara de cona no es ni una cosa ni la otra, pero su absurdo e irracional odio se inclina hacia una subordinación con la naturaleza, de arraigo individualista, y claro está, de pertenencia. El nuevo vecino implica una amenaza. Un invasor que viene a pisotear el carácter cultural e histórico del paisaje.

    El director de Desenterrando Sad Hill (2018), y Sauerdogs (2022) entiende esa lejana masculinidad, tóxica, de hombres deformados por el paisaje que los rodea. Lo vemos nada más comenzar: un primer plano de Matías en paz y armonía con las flores de su hogar, filmado dentro, literalmente, con su silueta insertada en el paisaje. Cara de cona apuesta por una fotografía excepcional a la hora de mirar el verde de esos bosques y montes gallegos, mostrados a través de un lenguaje rodado en formato panorámico con grandes angulares y unas tomas espectaculares desde arriba. La imagen viva del western. Por si fuera poco, la música de Zeltia Montes evoca patrones de repetición similares a los del maestro Ennio Morricone, en un tejido sonoro muy bien combinado con la personalidad telúrica de la Galicia rural que se muestra en la cinta. ♦

    por David Tejero Nogales
    julio 08, 2026

    Ibérico 2026 | Segunda jornada

    por David Tejero Nogales | julio 08, 2026

    Cuestión de memoria, identidad y supervivencia

    Primera sesión de la 32ª edición del Festival Ibérico

    La identidad o marca de nuestro cine es algo que va mucho más allá de los criterios nacionalistas o de protección. Me gusta pensar en la memoria cultural de cada cinematografía, entendiendo los mecanismos que hacen funcionar un conjunto de espejos en el que vernos reflejados. Según Roland Barthes, el cine es una trampa perfecta, un artefacto capaz de combinar lo real con lo imaginario. El cineasta y escritor francés Marcel Pagnol introduciría una de las medidas más revolucionarias de la época para garantizar la supervivencia del cine de su país frente a la maquinaria estadounidense. Justo después de terminar la Segunda Guerra Mundial, los americanos desembarcaban en la industria francesa sometiéndola a sus estrenos más populares. El cine de Hollywood llegaba para quedarse. Los franceses pensaban como americanos, comían y vestían como ellos. El lujoso aparataje de las películas estadounidenses, y el esplendor de sus estrellas cegaban la mirada de los espectadores. Pagnol, temiendo una destrucción de la identidad cinematográfica, y tras los precedentes de Alemania acaparando el control de los estudios, idearía un impuesto o tasa que saldría de los beneficios de la taquilla de ese cine norteamericano y que iría destinado a fomentar la producción de películas locales. Una medida muy interesante que sirve de borrador para las futuras medidas proteccionistas del cine europeo frente a los todopoderosos. Todo esto lo cuenta y muy bien el director Sylvain Chomet en A Magnificent Life (2025), biopic animado sobre la vida de Marcel Pagnol, artista multidisciplinar y pionero fundamental en la historia del séptimo arte.

    Memoria, identidad y supervivencia. Esas tres leyes marcan el devenir de los acontecimientos culturales de nuestro cine. Sirvan de ejemplo aquellas maravillosas películas de género policiaco rodadas en España en los años 50 en el que la crítica social estaba adherida al paisaje de las ciudades. Las calles principalmente de Madrid o Barcelona, proyectaban una radiografía de los valores y maneras de vivir de una sociedad sometida al régimen y modos de vida de la época. Cineastas como Juan Bosch, Adolfo Santillan, Pérez Doltz, Ignacio F. Iquino, Julio Coll, Ricardo Gascón o Rovira Beleta, entre muchos otros, filmaban un cine social disimulado bajo los parámetros del noir con herencia internacional. Descubrimos en muchos de esos títulos los típicos lugares de las ciudades de aquellos años: como los cines, los talleres mecánicos, comercios, bares, sus plazas y sus costumbres. La pantalla del cine asume enfocar el imaginario de un mundo que se resiste a la invisibilidad.

    Como parte de la identidad del cine tenemos la complicada supervivencia del cortometraje. En estos días hemos conocido la noticia del cierre por parte de Movistar Plus+ de su programa Proyecto Corto, una de las divisiones especializadas en la compra y financiación de cortometrajes independientes. Una zancadilla considerable a la estructura audiovisual de las películas cortometrajes. El escritor Miguel Marías escribiría hace cosa de un par de años en su blog un extenso artículo acerca de la historia del cortometraje en nuestro país. En un principio, y cito sus palabras, podríamos verlo como un formato indeseado, usado de trampolín o de trasunto para poder realizar un largometraje. Sin embargo, Marías abre un abanico de enfoques que ponen en entredicho la propia manufacturación de los cortometrajes, así como la precariedad de medios con los que lidian los autores a la hora de contar un relato. Mi conclusión y experiencia programando y viendo cortos no es limitante, sino todo lo contrario, existe un claro desequilibrio de producción en los trabajos de cineastas con arrojo que desde luego deben poner a tono sus cualidades narrativas ante la dificultad de la financiación o pobreza logística. Un último estertor de valientes en un panorama francamente desolador. No negaremos por supuesto lo que mencionaba Marías en su artículo, puesto que a lo largo de la historia muchos cineastas empezaron en el corto antes de desembarcar en la primera división rodando largometrajes. Por cierto, un deseo de lo más natural. Recuerdo la primera vez que mantuve una conversación con Alejandro Pachón sobre la comparativa inútil entre cortometraje y largometraje, y me invitaba a poder entender la naturaleza y conflicto de hacer un buen cortometraje. Su manera de defender el formato me emociona todavía. Alejandro fue adalid de los malabares de ese mismo cine que se lleva estrenando en el Festival Ibérico más de 32 años ininterrumpidos. Su identidad y memoria permanecen a salvo.

    La 32º edición arranca con El príncipe nigeriano (Marcel Sesplugues, 2025). Un trabajo filmado con un estilo contemporáneo, gracias a su dinámico montaje, en línea con las formas de expresión virtual de las nuevas generaciones a través del foco de los móviles y de las aplicaciones de internet. Su protagonista es un joven ambicioso que trabaja en una inmobiliaria y que desea dar un golpe de efecto para poder mudarse a Miami. La parábola de las falsas expectativas y las aspiraciones de muchos jóvenes de hacerse ricos y vivir con grandes lujos se interpreta en el guion de una cinta con un fuerte poso de amargura. La precariedad laboral y la inseguridad de muchos ante las mentiras de las redes e internet son otros de los temas a tratar por su director. Un cine con tintes costumbristas y sociales llevados de la mano de un excelente Guillermo Leal, que soporta con aplomo y naturalidad numerosos primeros y primerísimos planos. La cámara ejerce de espejo de la cotidianidad del barrio y de sus gentes. Es el germen de una identidad dual que tiende puentes intergeneracionales.

    A los de mi generación salir en verano a la calle a jugar no nos parece algo tan descabellado. En los 80, mucho antes de la era virtual y de los móviles, la única manera de entretenerse era dándole patadas a un balón. El barrio que describe Rui Carlos (Margarida Paias, 2025), podría ser cualquier calle o plaza de casi cualquier pueblo o ciudad de España o Portugal. Un espacio extemporáneo en el que los niños gritan, saltan y corren en derredor de ese elemento conciliador que es la pelota. Un balón de futbol metáfora y símbolo de resistencia. Su realizadora arranca y termina con un plano representativo de lo que manifiesta su relato. Ponerle tiritas a las cosas que más queremos es algo de esa infancia criada en torno a las calles. Los adultos son voces en fuera de campo por medio de las ventanas llamando a sus hijos para cenar. Como en los tebeos, o en los comics, Paias filma esa extraña melancolía del pasado. Me viene a la cabeza las tiras y dibujos de Snoopy en el que esos adultos no eran más que voces ininteligibles incapaces de interferir en el (complejo) universo de los niños. Rui Carlos es una bonita historia de amistad. Un trabajo donde predominan los colores primarios y la fuerza de las miradas. La cámara adopta el perfil de un catalejo usando zooms y cámara lenta en paralelo a las estéticas de esos años. La música recorre el patio central evocando los sonidos del afilador o la cigarra, en plena siesta veraniega.

    Pinchu es así (Carmen Córdoba, 2025) se construye mediante técnicas y procesos de animación muy interesantes que sirven como contrapunto a su mensaje. Un tono divertido y caricaturesco en el que mantener abierto el debate acerca de las relaciones sociales y de los comportamientos en grupo. Sus creadores combinan la animación 2D con entornos tridimensionales. La película denota un estilo muy particular, de autor, gracias al singular diseño de personajes, obra de la ilustradora María Herreros. La supervivencia de una persona ajena a la marea social en la que se relaciona posibilita esa otra mirada, más personal e íntima, sobre las apariencias. Las conductas machistas y deplorables de algunos quedan totalmente al descubierto en este divertido retrato con influencias del esperpento valleinclanesco, ganador del mejor cortometraje de animación en el último Festival de Cine de Málaga.

    Me gusta la idea de enseñarnos la realidad que nos rodea desde ópticas vaporosas, pivotando sobre fuentes indirectas y creando un efecto extraño, misterioso y paranormal. El lenguaje de A fronteira azul (Dinis M. Costa, 2025) es el de una obra próxima al cine extraterrestre, en el que nuestra mirada y ojos están guiados por una cámara que desde luego evita posarse en los arquetipos del cine social. La actualidad internacional ante los problemas migratorios adopta en la cinta de Costa un gesto fantasmático. El cineasta articula una puesta en escena espacial, de enfoques dispares y yuxtapuestos. Su cámara se esconde, o bien detrás de los objetivos velados de las cámaras de seguridad, o en la cubierta de un barco en el océano. Las miradas se perfilan en un tejido caleidoscópico, de cielos azules y relámpagos en la noche. Es bellísimo y, al mismo tiempo, desolador asistir a un paisaje irremediablemente perdido. El ocaso de A fronteira azul es el de unas personas flotando en el vacío de su existencia, privados de identidad. Un naufragio por tierra, mar y aire. Bajo esta perspectiva, triangular, fluye un relato narrado con pulso de hierro. Señalar la increíble dirección de fotografía a cargo de Tomas Brice y el excelente diseño de sonido.

    Una debilidad personal podría ser Montecarlo 67 (Rubén Guindo, 2025), primero desde un punto de vista virtuoso, acogiéndose a las reglas del metacine, cine dentro del cine, y segundo por tratar con cariño una anécdota aparentemente increíble de esas que los artistas suelen contar entre bambalinas. La estructura del film rompe la cuarta pared para interpelarnos directamente como espectadores y hacernos participes de una leyenda o bonita casualidad. Los protagonistas son gente muy apegadas a la memoria colectiva. Chicho Ibáñez Serrador (Carlos Santos) y Pilar Miró (Viki G. Velilla) asisten al festival de Montecarlo. Una vez acabada la gala se pasean por la ciudad y se encuentran con un jovencísimo Steven Spielberg (Marco Steel). Esa larga conversación, mecida por la brisa de una placida noche del 67, logra trasplantar al terreno de lo natural y espontáneo, las ilógicas reglas del cine. Guindo apoyado por sus actores rompe una y otra vez esa barrera imaginaria y transmite, con belleza, el amor por el oficio. Una historia nacida de la curiosidad, rodada en blanco y negro y que funciona tanto de trasunto emocional como de divertimento. Montecarlo 67 también es ese mirar a la nostalgia del pasado con una sonrisa.

    Señuelo (Martha G. Ayerbe, 2025) ofrece una curiosa reinterpretación de los relatos de caza que abundan en la historia de nuestro cine. Una respuesta en tono fantástico a la imagen de esas dos Españas que persisten en el presente de la misma manera que hace décadas se peleaban en las imágenes de la popular La caza (Carlos Saura). La directora, bajo la tutela y producción de Juan Antonio Bayona, ejerce un brillante dominio de puesta en escena con una intensa voluntad telúrica. La fotografía acentúa esa oscuridad perdiéndose en la espesura verde y marrón de los bosques y de la tierra. Un híbrido que aúna mensaje ecologista con denuncia social, y terror fantastique con comedia. La atmósfera nos remite al cine de Spielberg/Bayona (un déjà vu inevitable en la aparición y diseño de la criatura), y el niño (Aniol Cisquella), se corona como todo un acierto de casting. Mención especial para la excelente banda sonora de Pedro Osuna.

    Para terminar, contamos con el cortometraje Una vocal (Polo Menárguez, 2025), en el que destaca su virtuoso aparato formal, rodado íntegramente en un elegante plano secuencia, maniobra estilística que ejerce de herramienta para excavar en los recuerdos de la memoria familiar. Madre e hija (Sonia Almarcha y Mirela Balic) esperan en la sala de un anatómico forense la verificación de un cadáver. Ese suceso da pie a una hábil comedia negra que esconde con pericia y detalle aspectos y rasgos de profunda importancia. Temas espinosos como el maltrato, o el abandono reflotan en el guion y son trasladados a la pantalla en forma de risa congelada. Una cinta notable que basa sus mejores armas en el buen hacer de la escritura fílmica. ♦

    por David Tejero Nogales
    julio 07, 2026

    Ibérico 2026 | Primera jornada

    por David Tejero Nogales | julio 07, 2026

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