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    Novos Cinemas 2024
    Novos Cinemas 2024
    || Críticas | Novos Cinemas 2024 | ★★★★☆ |
    Los capítulos perdidos
    Lorena Alvarado
    La realidad, de fondo


    Yago Paris
    Madrid |

    ficha técnica:
    Venezuela. 2024. Título original: Los capítulos perdidos. Director: Lorena Alvarado. Guion: Lorena Alvarado. Productores: José Ostos, Lorena Alvarado, Tyler Taormina, Emiliana Ammirata. Productoras: Omnes Films, La Mala Films, Discordia Cine. Fotografía: José Ostos, Lorena Alvarado. Música: -. Montaje: Lorena Alvarado. Reparto: Ena Alvarado, Ignacio Alvarado, Adela Rodríguez.

    La memoria infinita (Maite Alberdi, 2023) es un documental que utiliza la historia personal para hablar de la historia colectiva. El filme narra el progresivo proceso de degeneración cognitiva de Augusto Góngora, un periodista chileno que fue una figura clave durante la narración de los procesos políticos de su país durante el siglo XX, desde el golpe de Estado hasta la reinstauración de la democracia. Siguiendo la línea de Patricio Guzmán –Nostalgia de la luz (2010), La cordillera de los sueños (2019)–, Alberdi trata de reflexionar sobre la realidad presente de Chile, y cómo esta es causa directa del pasado, apoyándose en la búsqueda constante de lo poético y lo sentimental. La idea no es tanto dar datos y ofrecer imágenes documentales de procesos históricos, sino recrear una suerte de documentación personal de las vivencias de dichos datos, de dichos eventos. Tomar a Guzmán como posible punto de partida es, en sí, una hazaña osada, pues se trata de uno de los documentalistas más estimulantes del presente. Más allá de que el filme se sitúe en coordenadas similares a las del legado de Guzmán, el principal problema de La memoria infinita es su apuesta descarada por lo morboso. A medida que evoluciona el filme, uno puede percibir con facilidad que el contexto histórico-político –la presencia de uno de los narradores de la Historia chilena– es en realidad una mera justificación noble para desplegar un diario de la descomposición neuronal, con un protagonista, el propio Augusto, incapaz de ser consciente de las implicaciones éticas y morales de estar siendo filmado en un estado mental tan deteriorado. La memoria infinita aspira a retratar el pasado chileno, pero se limita a mostrar el doloroso presente individual de una figura incapaz de recordar.

    De la misma manera que La memoria infinita se podría relacionar con el cine de Patricio Guzmán, Los capítulos perdidos (Lorena Alvarado, 2024) se podría conectar con dicho filme. La ópera prima de Lorena Alvarado, presentada dentro de la Sección Oficial de la edición de 2024 del Festival Novos Cinemas de Pontevedra, narra la historia de Ena (Ena Alvarado), una joven que, tras años viviendo en Barcelona, regresa a su Caracas natal para pasar unas semanas con su padre, Ignacio (Ignacio Alvarado) y la madre de este y abuela de la protagonista (Adela Rodríguez). Durante su estancia vivirá una serie de encuentros con la idea de memoria. Por un lado, su abuela está sufriendo un proceso degenerativo que le dificulta recordar el pasado, mientras que, por otro, su padre está llevando a cabo el ambicioso proyecto de fundar el Museo del Libro Venezolano. Así, Ena vive unas semanas sumergida en la idea de memoria, tanto personal como colectiva, lo que permite, de una manera extremadamente sutil, ofrecer anotaciones sobre los procesos de desmemoria que Venezuela sufre a nivel estatal. Al mismo tiempo, se observa con claridad que el parecido entre La memoria infinita y Los capítulos perdidos se refiere exclusivamente a sus respectivos planteamientos. El morbo y la explicitud de la primera se contraponen a la sutileza y el tacto ofrecidos en la segunda. En lo personal, Lorena Alvarado maneja con notable buen gusto la enfermedad mental; en lo colectivo, no considera necesaria la explicitud a la hora de enviar mensajes políticos. La sutileza no está reñida con la contundencia, parece querer transmitir a través de sus imágenes plácidas, que invitan a una cálida introspección.

    Desde el punto de vista narrativo, el principal hallazgo de Los capítulos perdidos es el juego que se establece entre la realidad y la ficción, hasta el punto de que, en primera instancia, cuesta distinguir si se trata de un documental o una ficción. La conclusión que se extrae, pasados los minutos, es que se trata de una ficción documentalizada, o un documental ficcionalizado. La historia que se cuenta, es decir, las interacciones entre los personajes, sus conversaciones, pertenecen al mundo de la ficción. Sin embargo, ¿cuánto de ficción hay cuando los personajes se interpretan a sí mismos, y esta familia de ficción coincide con la de la realidad? ¿Cuánto de ficción hay en el proyecto de preservación de la literatura venezolana, cuando Ignacio Alvarado es, en efecto, uno de los fundadores del Museo del Libro Venezolano? Lorena Alvarado, detrás de las cámaras, cuenta con su hermana, su padre y su abuela para desarrollar su proyecto cinematográfico, y los coloca en escenas de ficción donde, como suele suceder, el punto de partida de cada escena está acordado, pero no tanto los diálogos y el ritmo de las interacciones, que se perciben como entre improvisados y naturalistas, dando así espacio para elementos más propios del documental, tales como todo lo relacionado con lo fortuito y lo inesperado en la interpretación.

    Por otro lado, este contexto de juego con la realidad y la ficción eleva el filme a un nuevo escalón cuando Ena descubre, dentro de uno de los libros de la biblioteca de su padre, una postal que habla de un libro imposible de encontrar: Elvia, de Daniel Rojas, publicado en 1912. El autor de la postal sospecha que se trata de uno de los múltiples heterónimos de Rafael Bolívar Coronado, uno de los escritores más relevantes de la literatura venezolana. Así, se desarrolla una investigación de tintes detectivescos entre padre e hija, que visitan múltiples puestos de venta de libros de segunda mano, en busca de la novela esquiva que podría cambiar la historia de la literatura venezolana. Y en este contexto de cruces entre la realidad y la ficción, el último paso, casi inevitable, es la creación de una ficción a raíz de un suceso real dentro del contexto ficcional que es Los capítulos perdidos: inspirada por esta búsqueda, Ena decide iniciar un proyecto literario que ficcionalice esta investigación. Así, se podría interpretar que toda representación de la realidad es siempre de ficción, y que la realidad es al mismo tiempo el mayor campo de inspiración para la esta última. Así, la ficción vive de la realidad, pero al mismo tiempo se desliga de ella, como si fuera un cordón umbilical: en un primer momento imprescindible pero que, tarde o temprano, debe ser cortado. De esta manera cobra todo el sentido que la localización del libro nunca se descubra, o que la autoría del mismo nunca se aclare, o que la evolución del proyecto literario de Ena nunca se revele. La ficción por el mero placer de la ficción, con la realidad de fondo. ♦


    por Yago Paris
    febrero 07, 2025

    Crítica | Los capítulos perdidos

    por Yago Paris | febrero 07, 2025
    || Críticas | Novos Cinemas 2024 | ★★★☆☆ |
    Senhora da Serra
    João Dias
    Perder la fe en la humanidad


    Yago Paris
    Pontevedra |

    ficha técnica:
    Portugal. 2023. Título original: Senhora da Serra. Director: João Dias. Guion: João Dias. Productores: Abel Ribeiro Chaves. Productoras: OPTEC Filmes. Fotografía: João Dias. Música: -. Montaje: João Dias. Reparto: Patrícia Guerreiro, Elsa Vaz, João Figueira, Vasco Rolão Preto, Lucas Melo, Coro da Soalheira, Adufeiras do Paul.

    La película de apertura de la edición de 2023 del festival Novos Cinemas de Pontevedra, À procura da estrela (Carlos Martínez-Peñalver, 2023), narra la exploración de Xoel (Joel Fontán), un sonidista aficionado que se dedica a grabar sonidos en vías de extinción. Su viaje se encuadra dentro de la Serra da Estrela, ubicación rural portuguesa donde la despoblación ha provocado que ciertos sonidos, como los causados por las labores del pastoreo, cada vez sean más escasos. Así, el joven se dedica a registrar para la posteridad algo que está a punto de desaparecer, y que pertenece a los orígenes del ser humano. Esta búsqueda lo conduce a seguir un extraño sonido, que lo llevará a cruzar un umbral que lo transporará al terreno de lo mítico. Así, su búsqueda se podría leer como una especie de conexión espiritual con lo verdaderamente trascendente del ser humano, en una mirada hacia el pasado como la necesidad de huir de un presente carente de certezas y nortes morales.

    Se podría argumentar que la premisa de Senhora da Serra (João Dias, 2023) comparte numerosos nexos con la del filme anteriormente descrito. En esta cinta portuguesa se narra la llegada de la Senhora da Serra (Patrícia Guerreiro) a la tierra. Transmutando su figura de piedra en una de carne y hueso, y entendiéndose a esta presencia como un trasunto de la Virgen María, la protagonista del relato se dedica a interactuar con los seres humanos de la zona. En este caso, el punto de partida ya es el limbo espaciotemporal que suponía el final de À procura da estrela. En ese sentido, Senhora da Serra se mueve enteramente en el terreno de lo simbólico, y los personajes que aparecen son representaciones de ideas, más que seres humanos individuales. El motivo de la figuración humana de un ser celestial es similar al que provocaba el viaje de Xoel: la carencia de certezas y valores del presente humano. De esta forma, la Senhora da Serra que da título al filme se dedicará a interrogar a las diferentes personas que aparecen en los parajes naturales de la Serra da Gardunha –localización única donde se ha rodado el filme–, en busca de respuestas que expliquen la desazón que siente ante la deriva que la especie humana ha tomado.

    Senhora da Serra recuerda a otra película portuguesa reciente, Fogo do vento (Marta Mateus, 2024), que pudo verse en la edición de 2024 del Festival Internacional de Cine de Gijón. Este filme narra la historia de una pequeña comunidad rural que, ante la presencia de animales bravíos sueltos, corren a subirse a unos árboles para protegerse del peligro. Una vez a salvo en las alturas, la comunidad se sitúa en otro limbo, donde el paso del tiempo se difumina y el pasado se mezcla con el presente, dando lugar a una suerte de repaso de la evolución reciente de la sociedad portuguesa. En este contexto, la subida a los árboles se podría entender como una especie de ascensión, que permitiría evitar los peligros terrenales de un presente turbulento, representado por los fieros animales. Además de temáticamente, Fogo do vento se puede conectar con Senhora da Serra en términos formales. En ambos casos se trata de filmes tremendamente austeros en recursos audiovisuales, que toman un único escenario para la representación de sus respectivas ficciones, y donde un apabullante naturalismo fotográfico, lleno de fuerza luminosa, se combina con un lenguaje verbal de corte poético que da pie a interminables disquisiciones y reflexiones sobre el ser humano, ya sea en el terreno del hecho y la experiencia o de la moral y la ética.

    En Senhora da Serra el debate moral gira en torno a las perversiones de las doctrinas. La protagonista vive sucesivos encuentros con un ermitaño y con el secretario de un partido político. El primero representa la fe cristiana, mientras que el segundo, la convicción marxista. En principio, ambas ideologías deberían tener más puntos en común que tiranteces. En ambos se defiende la igualdad de los seres humanos, el desprecio a las posesiones materiales y la necesidad de que todos los miembros de la sociedad tengan una vida digna, donde las injusticias sociales desaparezcan. Sin embargo, la doctrina, punto de partida prometedor, se acaba corrompiendo cuando el ser humano pasa a aplicarla en el día a día, y esto se debe al conflicto de intereses entre lo personal y lo colectivo. Así, la doctrina pasa de ser un estandarte moral a convertirse en el subterfugio del poder, que clama unos ideales pero aplica otros. A pesar de que el ermitaño y el político deberían estar hermanados en su lucha común, viven enfrentados entre sí en una batalla encarnizada de acusaciones y desprecios. En medio queda la Senhora da Serra, quien, como si del Dios del Antiguo Testamento se tratase, castiga a ambos bandos, acribillándolos dialécticamente, como consecuencia de la profunda decepción que siente ante las derivas del ser humano. ¿Dónde quedó la moral? ¿Dónde se perdió la empatía y la compasión? La santa, horrorizada ante el panorama de incertezas y cinismos, huye de vuelta a su pedestal, pues el dolor que le causa la situación le provoca la necesidad de dejar de sentir, es decir, de retornar a su origen pétreo.

    Sin embargo, el tercer vértice del triángulo de seres humanos con los que la santa ha entrado en contacto hace una aparición final: se trata del ladrón, un personaje con el que también había tenido debates morales. Este personaje es el más cínico de todos, pues no cree en nada y desprecia todo modelo ideológico. Este personaje se podría leer como una cierta actitud punkie de crítica a todo como manera de justificar actos del todo cuestionables moralmente. El personaje asegura que el «nuevo hombre» nacerá de la unión de personas como él con santidades como ella, y sin duda se toma al pie de la letra esta afirmación porque, en el tramo final del filme, el ladrón viola a la Senhora, antes de que esta pueda retornar a su estado original, mancillada y abrumada por la mezquindad de una sociedad que no es mala por contar con ideales perversos, sino que, precisamente, lo es por carecer de toda creencia, de todo valor. El cinismo se manifiesta en el ermitaño, el político y el ladrón, pues los tre son, en última instancia, hermanos: todos ellos comparten el mal del presente, la carencia de convicciones y valores comunitarios; los tres viven dominados por las lógicas capitalistas del individualismo y la acumulación de poder. Y, en ese sentido, el ladrón, dentro de su autoengaño –pues siente que está luchando contra el sistema–, al menos es el más honesto a la hora de ejecutar sus acciones. ♦


    por Yago Paris
    enero 28, 2025

    Crítica | Senhora da Serra

    por Yago Paris | enero 28, 2025
    || Críticas | Novos Cinemas 2024 | ★★★☆☆ |
    Eastern Anthems
    Matthew Wolkow y Jean-Jacques Martinod
    Brood X Matters


    Yago Paris
    Pontevedra |

    ficha técnica:
    Canadá. 2024. Título original: Eastern Anthems. Director: Matthew Wolkow y Jean-Jacques Martinod. Guion: Matthew Wolkow y Jean-Jacques Martinod. Productores: Matthew Wolkow. Productoras: Kino Rebelde. Fotografía: Jean-Jacques Martinod. Música: David Rothenberg. Montaje: Matthew Wolkow.

    En The Fire Within: A Requiem for Katia and Maurice Krafft (2022), Werner Herzog realiza una de sus habituales confrontaciones con el poder de la naturaleza. En este caso, el documentalista germano toma como punto de partida el archivo personal de Katia y Maurice Krafft, dos vulcanólogos cuya pasión los llevó a una muerte prematura, en una mezcla de necesidad de comprensión de los procesos geológicos e imprudencia. Herzog estudia el material filmado por estos dos científicos y contrapone las imágenes a sus reflexiones. Más allá de su habitual poética discursiva en un inglés con marcado acento alemán, el filme deslumbra por la capacidad del documentalista para captar el poder de impacto de la imagen registrada por sus inesperados codirectores honoríficos. Tal es el caso, que el clímax del documental no puede desarrollarse de otra manera que como sucede: llegado un momento, cuando la lava empieza a brotar a borbotones en la pantalla, Herzog toma la sabia decisión de dejar de hablar, dejando que los últimos quince minutos de metraje se compongan exclusivamente de un mar de imágenes alucinantes, acompañadas por música clásica. La naturaleza pone al ser humano en su sitio, pues nada de lo que este haga podrá igualarse al poder de sugestión de la primera. El mérito de Werner Herzog en este caso es tener la lucidez creativa para ser consciente de esta circunstancia y no dejar que su ego se imponga.

    Eastern Anthems (Matthew Wolkow, Jean-Jacques Martinod, 2024) presenta una aproximación análoga a la del filme de Werner Herzog en varios sentidos. El documental canadiense, presente en la Sección Oficial de la edición de 2024 del festival Novos Cinemas de Pontevedra, toma como punto de partida un fenómeno natural, en este caso la aparición de las cigarras periódicas pertenecientes a la generación que se conoce como la Brood X. Como si de una erupción programada se tratase, estos insectos emergen de la tierra cada diecisiete años en distintos territorios del este de Estados Unidos. Esta plaga repentina, de tintes proféticos, es una irrupción que condiciona todos los aspectos de la vida durante un corto espacio de tiempo, aquel que necesitan las crías de cigarra para hacerse adultas, procrear y morir al poco tiempo. Se trata, pues, de un fenómeno impactante y tremendamente peculiar, cuyo poder disruptivo de la cotidianidad y la rutina humanas provoca en algunos de los habitantes de estas zonas una especie de conexión profunda con la naturaleza. Al igual que sucedía en el documental de Herzog, en Eastern Anthems llega un momento donde las palabras parecen sobrar. Esto sucede en una escena donde un clarinetista, quien ha estado aportando la banda sonora a las imágenes, comienza a desarrollar una especie de improvisación en honor de las cigarras, presentes en el paraje natural donde el músico está ofreciendo su música. Poco a poco, la imagen se va transformando, a medida que la música, con tintes oníricos, se combina con la experiencia lisérgica de conexión natural que propone el filme. Durante varios minutos, el filme se convierte en un viaje sensorial que parece querer trascender al plano de los sentidos los postulados de filosofía de vida expuestos por varios de los entrevistados del filme.

    Sin embargo, los cineastas deciden añadir un epílogo tras esta escena, que parece dar un cierre redondo al relato. La historia comienza cuando Matthew Wolkow se hace cargo de un proyecto de película iniciado por su amigo Jean-Jacques Martinod. Es 2021, el mundo todavía se encuentra inmerso en las vicisitudes de la pandemia de COVID-19 y los desplazamientos a larga distancia siguen siendo un problema. De esta forma se inicia una especie de creación compartida, similar a la que acontece en The Fire Within, donde Herzog trabaja a partir de imágenes ajenas. En este caso, la dinámica del filme se asemeja a la de un diálogo. Si bien Wolkow comienza liderando la narración y las decisiones formales, llega un momento en que Martinod recupera el timón, hasta el punto de que, en un instante del metraje, el propio Wolkow explicita sus dudas sobre hasta qué punto tiene sentido que siga interviniendo, ya que la obra ha evolucionado por caminos muy distintos. Se trata, por tanto, de un filme mutante, que se va transformando con cada nuevo capítulo, algo para lo que resulta crucial el tercer elemento creativo del proyecto: los testimonios de las personas entrevistadas. La cámara visita diferentes partes del país, con la intención de recopilar imágenes de las cigarras, así como recoger las vivencias de aquellos que experimentan esta plaga repentina como algo positivo. Distintas personas exponen su perspectiva sobre la Brood X, dando lugar a cambios en la dirección narrativa del filme, que así se va modificando sin rumbo fijo, improvisando nuevas visiones y experiencias sobre este peculiar y impactante fenómeno natural.

    En el plano reflexivo, destaca la equiparación que se realiza entre la Brood X y la pandemia de COVID-19. Como se señala en la voz en off que acompaña a las imágenes, se establece un inesperado paralelismo entre la última de las generaciones de estas cigarras periódicas y la cierta recuperación de la normalidad por parte de la población humana a nivel mundial. Ambos fenómenos se produjeron en 2021, un año donde los seres humanos pudieron salir del hoyo de la pandemia, como si fueran crías de cigarra escondidas bajo tierra que, llegado un momento y de manera colectiva, casi coordinada, decidieran salir a la luz para volver a vivir, con toda la intensidad que el pasado reciente no les había permitido. Así, personas recién salidas de la fase más oscura de la pandemia salen a la naturaleza a disfrutar de la libertad, en compañía de las cigarras, en una especie de vínculo total con la naturaleza. Esta mirada de tintes new age adquiere su culmen con el festival Brood X, que consiste en una reunión en el bosque para celebrar los ciclos naturales, el seguir vivos y el placer de la existencia. Una conexión con la naturaleza que, inevitablemente, tenía que contar como plato principal con la ingesta de cigarras a la parrilla. Más allá de lo que se pueda opinar sobre estas prácticas, lo que parece evidente es que Eastern Anthems se establece como una estimulante e inesperada lectura del pasado reciente de Estados Unidos, donde es posible tomar como referencia una plaga de cigarras para reflexionar sobre la injusticia y la ausencia de derechos humanos –especial mención al movimiento Black Lives Matter–, elemento crucial en la lucha por la rehumanización de una población atrapada en las vorágines capitalistas y los clasismos que estas generan. ♦


    por Yago Paris
    enero 20, 2025

    Crítica | Eastern Anthems

    por Yago Paris | enero 20, 2025
    || Críticas | Novos Cinemas 2024 | ★★★☆☆ |
    No sleep till
    Alexandra Simpson
    Un huracán como mero contexto


    Yago Paris
    Pontevedra |

    ficha técnica:
    Estados Unidos. 2024. Título original: No Sleep Till. Director: Alexandra Simpson. Guion: Alexandra Simpson. Productores: Tyler Taormina, Elijah Graf Quartier, Jason Simpson. Productoras: Omnes Films, Roc Films, Salem Films Entertainment. Fotografía: Sylvain Froidevaux. Música: -. Montaje: Alexandra Simpson. Reparto: Taylor Benton, Xaview Brown-Sanders, Jordan Coley, Brynne Hofbauer, Christina Brennan.

    Dos películas presentes en la edición de 2024 del festival Novos Cinemas de Pontevedra están producidas por el también director Tyler Taormina: Los capítulos perdidos (Lorena Alvarado, 2024) y la obra que nos ocupa en este texto, No Sleep Till (Alexandra Simpson, 2024). El propio Taormina estuvo representado en la edición de 2022 con su segundo largometraje, Happer’s Comet (2022), que se alzó con los premios a la mejor película por parte del jurado internacional y del de la crítica. No extraña que el realizador estadounidense sea el productor de las cintas de la directora venezolana y la francoestadounidense, pues ambas comparten el espíritu de Omnes Films, la productora del colectivo al que los tres cineastas pertenecen: «favorecer la atmósfera sobre el argumento y estudiar las múltiples formas de decadencia cultural del siglo XXI». Estas ideas recorren la filmografía de Taormina, quien en obras como la anteriormente citada o en Wild Flies (2016), en Ham on Rye (2019) o, se intuye, en la todavía por estrenar en España Christmas Eve in Miller’s Point (2024), aborda distintas comunidades y sus rituales de socialización desde una perspectiva entre lo costumbrista y lo onírico, en una aproximación al suburb estadounidense que recuerda inmediatamente al cine de David Lynch, con especial mención a Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) o la serie Twin Peaks (1990-2017), dos ejemplos, quizás menos radicales, de preferencia de la atmósfera sobre la trama.

    Ideas similares se manifiestan en No Sleep Till. El debut en el largometraje de Alexandra Simpson, presente en la Sección Oficial del festival, aborda la comunidad de Atlantic Beach, en Florida, en las horas previas a la llegada de un huracán. Las autoridades han iniciado los procesos de evacuación de la zona, lo que provoca un vaciado de los espacios públicos. Sin embargo, algunos residentes deciden permanecer, sin que parezca que tengan demasiados motivos para hacerlo. Salvo en el caso de Taylor, un joven cazador de tormentas que está iniciando su carrera, los demás personajes que aparecen en el filme nunca llegan a aclarar los motivos de su permanencia en la zona próximamente afectada. De esta forma, se inicia un estudio comunitario desde una perspectiva contemplativa, casi observacional, donde se juega con estéticas y dinámicas narrativas de lo documental –encuadres alejados, fijos, donde prima el retrato contextual y cotidiano frente a la acción extraordinaria; la fotografía naturalista–. Todos estos ingredientes dan lugar a un filme reposado, existencial, donde la inminente llegada del cataclismo parece el menor de los problemas de una población ya de por sí mermada en un escenario como el presente, dominado por la incertidumbre, la desidia y la fragmentación de una sociedad cuyos individuos, aunque compartan espacio, viven aislados, atomizados, sin la menor impresión de remar en equipo hacia un futuro común y comunitario.

    Al igual que sucede en el cine de Tyler Taormina, un evento social se coloca en el centro de la narración. Si en Happer’s Comet se trata del confinamiento de la pandemia de COVID-19, y en Ham on Rye se trata del baile de graduación de un instituto, en No Sleep Till la llegada de un huracán es el gran evento que determina la narración, o al menos en apariencia. Estos tres puntos clave serían el núcleo para el desarrollo de sendas narraciones si estuviéramos ante ejemplos de cine de corte clásico, en el sentido de convencional. Lo relevante de estos tres ejemplos de Omnes Films es la manera con que lo que se esperaría que dominase la trama pasa a quedar en un segundo plano: lo extraordinario se convierte en el contexto. A su vez, estos eventos no dejan de perder su relevancia, pues permiten suspender el tiempo en una especie de limbo donde los personajes salen de su rutina para explorar sus propias existencias. Esto se manifiesta con especial notoriedad en No Sleep Till, la más existencialista de las tres obras. Alexandra Simpson, también escritora del guion del filme, reúne a una suerte de personajes dispares, que comparten entre sí su sensación de fracaso existencial, de falta de oportunidades, como si se tratara de la cara B del sueño americano. Lejos de construir un discurso político basado en las falsedades de la promesa de futuro y prosperidad de Estados Unidos, Simpson opta, como también lo hace Taormina en su cine, por una aproximación más basada en la experiencia emocional que en la rabia activista. A nadie se le debería escapar que Simpson está retratando una comunidad decadente, económicamente deprimida –incluso se incluye en el metraje una escena donde se despide a un grupo de empleados de una empresa utilizando como motivo, o excusa, la llegada del huracán–, pero lo que le parece interesar son las repercusiones emocionales sobre unos seres bloqueados, sumidos en un fango en el que cuesta avanzar, como le sucede a ese par de amigos, aspirantes a cómicos de stand up, que deciden probar suerte yéndose a Filadelfia, lugar al que tenemos claro de antemano que nunca van a llegar.

    Son muchas las similitudes que hermanan a No Sleep Till con el cine de Tyler Taormina. Sin embargo, una serie de diferencias también están presentes, y resultan determinantes de cara al resultado final de sendos modelos cinematográficos. Uno de los aspectos cruciales de la solvencia narrativa de Taormina es la manera en que, prescindiendo casi por completo tanto de la idea de trama como de la de personaje, el cineasta es capaz de transmitir ideas que interconectan a cada miembro de sus ficciones, estableciendo un estado de la cuestión comunitario que acaba definiendo el tono del relato y las texturas de sus imágenes. El mejor ejemplo es, de nuevo, Happer’s Comet, a la postre su película más vanguardista hasta la fecha. En ella no existe la menor noción de trama, hasta el punto de que concluir que se trata de una representación del confinamiento pandémico es una mera especulación; aunque existen claros motivos en el filme para pensarlo, esto nunca llega a confirmarse. La cinta se construye, por tanto, como una suerte de fragmentos desgajados, que desconciertan en buena medida porque, hasta pasada la mitad del metraje, uno no empieza a comprender qué es lo que debe de estar queriendo exponer su creador. Para que esta propuesta funcione, resulta imprescindible que el enfoque sobre los distintos personajes esté comandado por ideas comunes, que permitan dar forma, mediante la lógica del patrón y la variación, a una suerte de ideas abtractas. En este sentido, No Sleep Till se sitúa en terreno de nadie. El filme cuenta suficientes detalles como para que la idea de trama sea más robusta, pero no los desarrolla lo suficiente como para llevar la narración a un punto concreto. Al mismo tiempo, los personajes portan demasiada entidad personal como para ser meras herramientas narrativas, pero insuficiente como para que sus respectivas historias puedan aportar a la narración. A esto se suman las escasas conexiones entre las diferentes historias a un nivel conceptual; cada una parece querer reflexionar sobre algo distinto, sin que se perciba un hilo conductor que refuerce el cómputo global. Así, la no obstante estimulante y sugerente No Sleep Till se queda a medio camino, se podría decir, del vanguardismo de Happer’s Comet y la narratividad de El mito de la adolescencia (The Myth of the American Sleepover, David Robert Mitchell, 2010), otra película sobre una comunidad suburbial estadounidense emocionalmente decadente. ♦


    por Yago Paris
    enero 15, 2025

    Crítica | No sleep till

    por Yago Paris | enero 15, 2025

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