Introduce tu búsqueda

Mostra de Valencia
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Mikio Naruse. Mostrar todas las entradas
    Mikio Naruse
    Mikio Naruse

    Japón, 1967, la vieja y la nueva guardia

    Podcast: Nubes dispersas (Mikio Naruse, 1967) + Branded to Kill (Seijun Suzuki, 1967)

    El cine japonés empezó la década de los sesenta con récords históricos de producción, taquilla y número de salas. Fue un auge al que siguió una caída brutal. Con la llegada de la televisión y los cambios en los hábitos de ocio, el sistema de estudios y las grandes productoras niponas quedaron al borde del colapso en pocos años.

    En medio del derrumbe, las productoras probaron todo tipo de fórmulas, entre ellas dar carta blanca a jóvenes directores política y formalmente rompedores. El intenso choque generacional que vivía la sociedad japonesa también tomó la gran pantalla. De ahí que uno pudiera encontrarse con enormes contrastes en las carteleras. Por ejemplo, el de las dos películas estrenadas en 1967 que conducen este programa.

    Nubes dispersas, una producción de la Toho, fue la última película de Mikio Naruse: el único representante que seguía activo de los grandes directores de la vieja guardia, aquellos que empezaron a hacer películas durante la etapa muda. Desde la visión política de los nuevos directores, Naruse era un remanente de la tradición japonesa que pretendían erradicar. En Nubes dispersas, el cineasta retomó su querencia por el melodrama añadiéndole dos elementos promovidos por la Toho para atraer al público, y menos habituales para el cineasta: el color y el formato Scope. El resultado es 100% Naruse, pero con unos ramalazos de modernidad que quizá no lo alejen tanto de los jóvenes cineastas de la época.

    Mientras tanto, la venerable Nikkatsu, la productora más antigua de Japón, estaba desesperada por reencontrar la senda del éxito. Por ello, había contratado a un joven director de películas de yakuzas anárquicas, destructivas y disparatadas llamado Seijun Suzuki. Como ocurrió con otros experimentos similares, el estilo rompedor de Suzuki no casaba bien con las ideas de los directivos, ni su cine resultaba tan rentable como habían imaginado. La Nikkatsu ya había amonestado a Suzuki por hacer películas "antisociales". Su respuesta fue Branded to Kill (1967), donde llevó todavía más lejos su estilo experimental y su narrativa caótica. La jugada le valió el despido de la Nikkatsu y un hiato de diez años sin dirigir.

    En este podcast, nos sumergimos en las crisis y contradicciones del panorama cinematográfico de Japón en 1967 y comentamos en profundidad ambas películas. Tras los micros, Miguel Muñoz Garnica y José Luis Forte.

    | Además de en iVoox, pueden escucharlo en Spotify | Apple Podcasts | Pocket Cast |

    por EAM
    junio 29, 2025

    Podcast | Japón, 1967, la vieja y la nueva guardia: «Nubes dispersas» + «Branded to Kill»

    por EAM | junio 29, 2025

    Mirar sin mirarse

    La voz de la montaña (山の音 1954, Mikio Naruse).

    Mikio Naruse era un director de melodramas puros, si entendemos que la esencia del melodrama es la dinámica de un deseo ardiente, pasional, frente a la imposibilidad de su consumación. Los personajes de Naruse, marcados por un pudor extremo, no suelen siquiera exteriorizar de forma voluntaria ese deseo. Lo que no quita que su existencia sea evidente para el espectador y totalice la lectura de las imágenes. Quienes trabajaron con él contaban que la estética de Naruse partía de la sustracción estricta. Ni un elemento de atrezo, ni un movimiento de cámara, ni un gesto del actor que fuera prescindible. En su cine hay un uso extremadamente medido de la mirada (elemento fundamental del melodrama). El contacto visual entre sus personajes ocurre en muy contadas ocasiones: Naruse diseña sus encuadres y su montaje para mostrar cómo los ojos de sus personajes huyen continuamente del eje, de la línea recta, que los conectaría con los ojos del otro. Nos ceñimos en este texto a los nueve últimos planos de La voz de la montaña para intentar ilustrarlo.

    por Miguel Muñoz Garnica
    octubre 07, 2018

    Cineclub: La voz de la montaña (山の音, 1954)

    por Miguel Muñoz Garnica | octubre 07, 2018
     Cuando una mujer sube la escalera (1960)

    女が階段を上る時 (Onna ga kaidan wo agaru toki) de Mikio Naruse (1960).

    I. Mikio Naruse, el pesimismo genuino

    Cabe suponer que la mayoría de lectores estarán más que habituados a cineastas que venden su obra como un lamento sobre lo podrida que está la sociedad que vivimos, la raza humana o el mundo en general. El expresionismo pesimista, más o menos auténtico, ha inspirado infinidad de creaciones. Uno piensa, por ejemplo, en el gran partido que le han sacado a su cenizo directores como Lars von Trier o Todd Solondz. Ahora bien, el término «expresionismo pesimista» remite a una cierta pose a la que los citados no son del todo ajenos: el expresionismo implica un exhibicionismo que, a veces, eclipsa la propia negrura del mensaje. Lo deprimente que pueda ser la realidad que nos rodea no importa tanto como la vehemencia con la que el autor lo transmite. Un servidor tiende a pensar que el pesimismo más genuino, por el contrario, es el resignado. La visión de quien ha asumido en silencio su desesperación ante la falibilidad del mundo que nos rodea y convive con ella lo mejor que puede. En este sentido, cuando hablamos de cineastas pesimistas, hay pocos tan auténticos como el japonés Mikio Naruse. Baste recordar la cita más conocida del director, que constituye además un excelente resumen de muchos de sus argumentos: «Desde que era joven he pensado que el mundo en el que vivimos nos traiciona, y es un pensamiento que permanece en mí» [1].

    Naruse se dedicó a explorar esta idea desde una perspectiva de humildad extrema. Ya es perceptible en el planteamiento de su propio trabajo, que parecía ejercer como un sarariman (extranjerismo japonés para designar al oficinista medio) cualquiera. No es poco relevante el que hablemos de la que quizá sea la figura más hermética de los viejos maestros del cine nipón. Naruse era conocido por su extrema timidez, hasta el punto de que en los rodajes solía evitar dirigirse directamente a los actores y delegaba las órdenes en sus asistentes [2]. En una entrevista que concedió décadas después de su muerte, la que fue su esposa durante treinta años lo definió como «una persona muy seria, casi como un antiguo samurái» [3], alguien completamente inexpresivo respecto a sus emociones y que apenas ejercía su papel como padre y marido. Sumadas a este detalle, las cifras de producción de Naruse, que dio cuerpo a 89 filmes en los 37 años que ejerció como director (téngase en cuenta además que hablamos de un cineasta muy meticuloso, de los que no acaban la película de cualquier manera), apuntan a un hombre dedicado de forma casi monacal a su oficio. Sus colegas de trabajo también declararon que apenas tuvieron relación personal con él. La actriz Hideko Takamine, su musa más conocida y que rodó diecisiete películas con él, contaba que jamás tomaron una copa juntos. Naruse hizo de esa timidez patológica, de esa introversión irreductible, método de trabajo y rasgo de estilo. Su mentalidad pudorosa le llevaba a dirigir desde la sustracción de elementos: cortaba líneas de guión, quitaba atrezo para no recargar los escenarios, evitaba ostentaciones con la cámara y prohibía a sus actores interpretaciones llamativas. Algo muy notorio en sus películas, y nada casual, es que sus personajes raras veces llegan al contacto visual. Hablamos, por tanto de un cineasta de maneras artesanales, entregado al oficio con devoción, y lo bastante pudoroso consigo mismo como para evitar toda expresión de inquietudes personales. ¿Implica eso que Naruse fuera un cineasta sin voz autoral? Todo lo contrario. Lo que su cine demuestra es que estamos ante un creador de convicciones firmes.

    por Miguel Muñoz Garnica
    febrero 02, 2017

    Cineclub: Cuando una mujer sube la escalera (Mikio Naruse, 1960)

    por Miguel Muñoz Garnica | febrero 02, 2017
    Blue Heron
    PUBLICIDAD

    Estrenos

    Mostra de Valencia
    PUBLICIDAD

    Circuito

    Diputación
    PUBLICIDAD

    Plataformas

    Cap al cel
    Suscripción