Sobre bestias interpretativas
Crónica de la tercera jornada de la 62ª edición del Festival de San Sebastián
Con un cielo parcialmente encapotado y la clásica humedad que envuelve la entrada al Kursaal se abría el tercer día en Donostia Zinemaldia. Lo hacía, también, con una sonrisa. Tras tres certámenes, ha tocado ver las otras caras de un festival. Saraos, cócteles y algún break para desordenar un poco las ideas que la oscuridad de la sala tanto le ha costado trasladar. No es demasiado recomendable girar a la tercera salida de la autovía sin aún no tienes claro el itinerario. El camino recto… ya saben. Y el certamen es muy largo pero, como experimento, no ha estado mal. El despertador de la mañana ha puesto las cosas en su sitio. He aquí, de nuevo, en la sala de redacción, con Carlos Boyero y su kalashnikov y toda la pléyade de estrellas (y estrellados) periodísticas a tres pasos y medio. Un bucle diario de la sala al portátil, del portátil a la sala. Pese a sonar a régimen carcelario, es una rutina que se acoge con ilusión renovada.
Precisamente, ilusión despertaba la jornada del hoy. Tres películas de la sección competitiva encabezadas por tres actores de gran nivel. El primero, absolutamente espectacular. Tom Hardy demuestra su versatilidad, una vez más, con un papel complicado que lleva con el máximo carisma. Lástima que, salvo James Gandolfini, el resto no le acompañe como debiera. Bonita despedida para el actor de Nueva Jersey con el rol que dio lustre a su carrera. Por la tarde, aparecía uno de esos intérpretes con cada vez más presencia. Nikolaj Coster-Waldau sigue sumando trabajos relevantes con una mayor cuota de pantalla. Una situación comparable con el boom tardío de Viggo Mortensen. Cambiamos Tierra Media por Desembarco del Rey, y el resultado es un actor maduro, con don y presencia, presto para cualquier empresa. Poco, sin embargo, tiene que demostrar John Malkovich. Un todoterreno que ha rodado en casi todas las industrias posibles. El veterano actor vuelve a Portugal con Casanova Variations, una de las premieres mundiales que ha dejado sensaciones agridulces. Clásico largometraje, por otro lado, que, tras dividir, logra un hueco en el palmarés. Malkovich haga lo que haga siempre es una apuesta ganadora. Con él, llega la hora de la reflexión, de la vuelta al teclado y con el deseo de encontrar pronto las sábanas y soñar con el mañana. Un mañana que, por cierto, tendrá a Jessica Chastain como invitada. El cielo baja al Kursaal.