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    Jean-Pierre Melville
    Jean-Pierre Melville
    Bob el jugador

    Sólo una palabra: Deauville

    Cine Club | Bob el jugador (Bob le flambeur, 1956), de Jean-Pierre Melville

    Unos años antes del Ocean’s Eleven de Lewis Milestone (1960) que tanto ha dado de sí, y a una década de una de sus obras más conocidas y representativas, El silencio de un hombre (Le Samouraï, 1967), Jean-Pierre Melville dirigía Bob el jugador (Bob le flambeur, 1956). Su cuarta película como director fue algo ignorada durante años, eclipsada por el desarrollo de un estilo que comienza precisamente con esta obra. Melville redacta esta “carta de amor a París”, según sus propias palabras, con tinta de cine noir. La historia de Robert Montagné, jugador empedernido y ex convicto, que intentará dar el golpe de su vida, sirve para retratar el Montmartre del denominado “demi monde”: las criaturas de los clubs, la calle, las luces y sobre todo las sombras. Roger Duchesne interpreta a Bob. Un hombre que huyó de un origen humilde y una madre soltera que se pasaba el día limpiando el suelo de rodillas, para convertirse en un hombre respetado y admirado por muchos. Actor clásico, Duchesne retrata a la perfección esa mezcla de hombre inalcanzable y a la vez cercano, de espíritu libre y amigo de sus amigos. En el tráiler oficial de la película se define a Bob como un tipo “al que todo el mundo conoce, ’duro’, simpático, ‘ladronzuelo’, leal”. Un hombre atractivo en todos los sentidos.

    Bob vive en su propio hábitat. Un lugar por el que desfilan diversos personajes entre los que no podía faltar la femme fatale. Esa chica misteriosa que desde el comienzo de la película queda retratada como una buscavidas –o quizás mejor decir superviviente- que hipnotiza a los hombres y se va con el mejor postor, y en la que no se puede confiar. Isabelle Corey interpreta a Anne. Primer papel para la actriz francesa que desarrolló la mayor parte de su carrera en Italia y casi al mismo tiempo aparecía en el que seguramente en su papel más conocido: como Lucienne en Y Dios creó la mujer (Et Dieu… créa la femme, 1956), de Roger Vadim. Si bien para Duchesne, actor experimentado, ésta fue su penúltima película, cuenta la historia que Melville descubrió a Corey mientras paseaba por el Barrio Latino de París donde la actriz, entonces modelo, vivía junto a sus padres. Anne: Boina, chubasquero, misterio y pommes frites. El personaje de Anne es uno de los más intrigantes. El ejemplo más claro de “carpe diem” en un mundo en el que se intenta olvidar el pasado y apenas se piensa en el futuro. Bob se encuentra con Anne una mañana que vuelve a casa tras una noche en las mesas de juego y la acaba incluyendo en su círculo de amigos, en su rutina y su propia casa. Sin embargo, prefiere adoptar el papel de padre en lugar del de amante.

    por EAM
    junio 25, 2014

    Cine Club | Bob el jugador (1956)

    por EAM | junio 25, 2014
    Crítica de El silencio de un hombre
    "La profunda soledad del samurái sólo es comparable a la de un tigre en la selva".
    Bushidō (El libro del samurái)

    Seguidor declarado del cine negro americano de los años 30, Jean-Pierre Melville basó gran parte de su obra en recrear la esencia del antihéroe solitario que reflejaban filmes como ‘Las calles de la ciudad’ (City Streets, Rouben Mamoulian, 1931), ‘Hampa dorada’ (Little Caesar, Mervyn LeRoy, 1931) o ‘Scarface, el terror del hampa’ (Scarface, Howard Hawks y Richard Rosson, 1932). Todas las etapas de su filmografía ofrecen un retrato del concepto de ‘el hombre’, la exaltación de la virilidad así como de sus valores y camaradería; aspecto heredado de las propias vivencias de Melville en el frente francés en la II Guerra Mundial. Pese a que siempre fue denominado como “el más americano de los autores franceses”, la influencia de la industria estadounidense en su obra era más iconográfica que narrativa. Un aspecto en el que diverge del resto de sus compañeros de generación José Giovani y Henri Verneuil, fundadores oficiosos de ese subgénero llamado Polar, más centrados en el continente que en el contenido de los primeros ‘noir’. Es tiempo del gángster romántico, de pasado, presente y futuro siempre en el lindero que separa la huida y la muerte. Es la llamada 'poésie du crime' que simboliza en todo su esplendor Alain Delon como ese metódico y taciturno ‘samurái’ representado en ‘El silencio de un hombre’ (Le Samouraï, 1967).

    por Emilio M. Luna
    octubre 24, 2012

    CINE CLUB | EL SILENCIO DE UN HOMBRE

    por Emilio M. Luna | octubre 24, 2012

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