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    Ildikó Enyedi
    Ildikó Enyedi

    La seducción es un deber

    Crítica ★★★☆☆ ½ de «La historia de mi mujer», de Ildikó Enyedi.

    Hungría-Alemania-Italia-Francia, 2021. Título original: A feleségem története. Director: Ildikó Enyedi. Guion: Ildikó Enyedi. Productores: Maren Ade, Jonas Dornbach, Peggy Hall, Janine Jackowski, Ernõ Mesterházy, András Muhi, Mónika Mécs, Peggy Hall Plessas, Olivier Père, Pilar Saavedra Perrotta, Federico Saraceni, Ildikó Szücs, Erika Tarr, Flaminio Zadra. Productoras: Inforg-M&M Film Kft, arte France Cinéma, Dorje Film, Komplizen Film, Moliwood Films srl, Pyramide Productions, Maximus Distribution. Fotografía: Marcell Rév. Música: Adam Balazs. Montaje: Károly Szalai. Reparto: Léa Seydoux, Gijs Naber, Louis Garrel, Jasmine Trinca, Josef Hader, Udo Samel, Sergio Rubini, Luna Wedler, Ulrich Matthes, Romane Bohringer, Simone Coppo, Beniamino Brogi, Árpád Antolik, Balázs Veres, Simon Kerrison, Ralph Berkin, Nayef Rashed, Sandor Funtek, Károly Hajduk, Vivien Rujder, Julia Droste.

    El modelo de la coproducción transnacional es uno de los más habituales en un tipo de cine europeo donde se busca compaginar las ambiciones comerciales con las creativas. Se trata de lo que podría denominarse de manera estereotípica y clasista como «cine de calidad», una vertiente del cine de festivales que se mueve entre el cine de autor y el comercial, cuyas facturas técnica y artística pueden ir de una verdadera ambición expresiva autoral a una mera pátina academicista. Este mismo año han llegado a España ejemplos de este tipo de cine, desde la discreta El amor en su lugar hasta la solvente Charlatán, pasando por la estimable Rosa Luxemburgo, recuperada para ser estrenada en plataformas de vídeo bajo demanda. Como se observa en estos ejemplos, la multiculturalidad de los proyectos se refleja en los sets de rodajes, siendo el caso de los actores el más llamativo, como sucede en cintas donde los intérpretes incluso pueden llegar a compartir escena cada uno hablando en una lengua diferente, para ser posteriormente doblados. Esta multiculturalidad traspasa la barrera de la diégesis en La historia de mi mujer, un filme que se construye sobre un contexto, el de la Europa de entreguerras, donde los intercambios comerciales refuerzan el mestizaje de naciones. La historia narra la vida del holandés Jakob Störr (Gijs Naber), un capitán de barco al que, por un problema de salud, se le recomienda contraer matrimonio, para alcanzar una satisfacción y estabilidad vitales que le curen su malestar. El hombre, que se ha pasado la vida en altamar y está más adaptado a la existencia en navíos que en tierra firme, opta por una solución pragmática: se casará con la primera mujer que entre en el establecimiento donde se encuentra cuando toma la decisión encontrar esposa. Esa mujer acaba siendo la francesa Lizzy (Léa Seydoux), una joven que, lejos de ayudar a curarle sus problemas gastrointestinales, lo llevará por un tortuoso camino de sufrimiento donde jamás se atisba el final del túnel. Ambientes comerciales en escenarios portuarios, con secuencias entre Francia, Alemania, Italia y Holanda, refuerzan la sensación de cambio constante, de imposibilidad para alcanzar una estabilidad vital, sumiendo al compungido protagonista en un estado de perpetua incertidumbre.

    La líder del proyecto es la directora húngara Ildikó Enyedi, quien, tras haber triunfado en el circuito de festivales con En cuerpo y alma (2017), ganadora, entre otros premios, del Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Berlín, entrega una obra más accesible al gran público. La realizadora sigue la estela del cineasta magiar por excelencia de este tipo de producciones, István Szabó, quien, tras unas etapas iniciales dentro del cine modernista, acabó asentándose en un academicismo formal que privilegiaba el texto dramático frente al lenguaje cinematográfico. Enyedi suaviza las formas, del encuadre al tempo narrativo, pasando por la iluminación, dando lugar a un filme que asimila la herencia del drama europeo de época, rozando por momentos la estética del telefilme. La autora adapta la novela A feleségem története, escrita en 1946 por el húngaro Milán Füst, y, habida cuenta del vínculo emocional de la realizadora con la obra de referencia —era de una de sus obras preferidas durante su adolescencia—, se puede entender su apuesta total por el aspecto más literario de su adaptación al cine. Como consecuencia, Enyedi se esfuerza por tejer una complejísima red de miradas, silencios, medias verdades y traiciones sentimentales entre la pareja protagonista, lo que da lugar a la materialización de una serie de misterios inaprensibles con los que reflexionar sobre la condición humana.

    Una parte fundamental de dicho misterio se basa en la representación del tira y afloja propio de la seducción, lo que de manera inesperada permite conectar íntimamente dos obras húngaras que han llegado a los cines españoles este mismo año y que en el fondo hablan de lo mismo. El filme con el que La historia de mi mujer establece un fructífero e inesperado diálogo es Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido, de Lili Horvát. Lo más estimulante de establecer esta lectura comparada consiste en observar de qué manera ambas directoras logran su objetivo de reflexionar en torno a los misterios y complejidades de las relaciones románticas a partir de propuestas formales prácticamente opuestas. Mientras Enyedi opta por una claridad expositiva evidente, donde los conflictos se exploran de manera abierta, se verbalizan y se diseccionan capa a capa, Horvát opta por una propuesta formal radical, donde la imagen se convierte en el estandarte de la narración, alcanzando cotas extraordinarias de complejidad a través de la textura de sus imágenes, el tempo narrativo y la fragmentación de la trama. El texto frente a la imagen, la verbalización frente a los silencios, dos maneras homólogas de alcanzar un destino compartido. Al largo metraje de la cinta de Enyedi, que se extiende hasta los 160 minutos, permitiendo explorar en profundidad cada una de las aristas de este matrimonio, se suma el rol fundamental de sus dos actores protagonistas. Los ojos eternamente compungidos de Naber se abisman en el contraplano indomable de Seydoux, una actriz cuya mirada en sí es una imagen-misterio. Gracias a todo lo que los intérpretes son capaces de transmitir sin recurrir a la palabra se consigue que la profusa verbalización del guion no se convierta en una narración plana, sino en la exposición de un elaborado conflicto irresoluble, donde el descubrir los hechos no suele conducir a conocer la verdad.

    por Yago Paris
    diciembre 17, 2021

    Crítica | La historia de mi mujer

    por Yago Paris | diciembre 17, 2021

    Cannes 2021 (#8)

    Octava crónica de la 74ª edición del Festival de Cannes.

    ▼ Críticas
    «Red Rocket», Sean Baker.
    «Les Olympiades», Jacques Audiard.
    «The Story of my Wife», Ildikó Enyedi.
    «Women Do Cry», Vesela Kazakova, Mina Mileva.
    «Serre-moi fort», Matthieu Amalric.

    En el nuevo milenio Francia ha conquistado cuatro veces la Palma de Oro: El pianista (Roman Polanski, 2002), La clase (Laurent Cantet, 2008), La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) y Dheepan (Jacques Audiard, 2016). Una cifra respetable, que habla de la naturalidad con la que el certamen dirigido por Thierry Frémaux defiende su cine, como, en realidad, todos los jalones que componen la industria cinematográfica gala, incluida su público. Cannes es el mejor embajador posible para la ficción nacional, lo demuestra llenando todas sus secciones con producciones de su país. Lo que puertas afuera se entiende como chauvinismo, en Francia se justifica como una apuesta, una cuestión de creencia. No hay más. El cine europeo tiene un alcance muy limitado en comparativa con su homólogo estadounidense, hay que explotar, por tanto todas las opciones. Este amor por el cine local tiene su correspondencia. Los autores franceses o directores de producciones bleues tienen como objetivo prioritario presentar en Cannes, por prestigio y por propia publicidad. Se entiende el festival como basamento de una estructura orgánica, simbiótica, retroalimentada por cada una de sus partes.

    De esta manera, en esta 74ª edición se han presentado seis películas francesas a competición. Y, pese a que la cosecha es irregular, tres parten como favoritas para obtener la Palma de Oro: Annette, de Leos Carax; Benedetta, de Paul Verhoeven; y Titane, de Julia Ducournau. Las tres serán un fenómeno en la taquilla de su país –como la gran mayoría de títulos facturados allí— sin embargo, un triunfo en Cannes sería un espaldarazo de cara a su distribución foránea. En el caso de las dos primeras, firmadas por auténticos veteranos del circuito, les abriría las puertas a un dilatado recorrido internacional, que podría concluir con una preselección y nominación al Oscar a mejor película internacional –atendiendo a la candidatura de Thomas Vinterberg este año como mejor director en los premios de la Academia puede que a algo más—; en el de la tercera supondría el golpe en la mesa de Julia Ducournau, realizadora de la futura obra de culto Titane. Si ayer citábamos a Drive (2011) y Good Time (2017), que tuvieron que conformarse con preseas menores y cierto invisibilismo a nivel comercial, una Palma a Ducournau y su segundo filme le abrirían unas puertas que le permitirían llegar a más países, y por tanto a más público. Los premios ya no venden entradas, cierto, pero sí consiguen que las grandes películas tengan mayores y mejores oportunidades de ser vistas y disfrutadas.

    por VV. AA.
    julio 15, 2021

    Cannes 2021 (#8) | Críticas: «Red Rocket», «Paris, 13th District (Les Olympiades)», «The Story of my Wife», «Women do Cry» & «Hold me Tight (Serre-Moi Fort)»

    por VV. AA. | julio 15, 2021

    Play the guitar, play the beginning

    Crónica de la segunda jornada de la 67ª edición del Festival de Berlín.

    Pocos eventos cinematográficos tienen la relevancia de la Berlinale. Un calificativo que corrobora su potente mercado, marcado en rojo por productoras y distribuidoras paras las primeras ventas/cazas del curso. Por la capital teutona desfila el catálogo 2017, con todo lo ya exhibido en Sundance y un anticipo de lo que lucirá en Cannes. El Palast, centro neurálgico del certamen, bombea sin parar a acreditados por industria y prensa, que aguardan un rápido instante para una aseveración que ratifique o niegue sus sospechas. Y rápido, decimos, porque el frío en Berlín es un asunto casi físico; un invitado más, y de auténtica excepción. El contraste en las arterias de la ciudad llega intramuros, con una temperatura más propia del estío. Por suerte, toda la muchedumbre que acude a ese abrazo calorífico está bien regulado por una organización intachable. Esta, junto a un ambiente acogedor y unas instalaciones enmarcadas en el centro cultural capitalino, es la gran baza. Y, gracias a ello, ser considerado uno de los grandes festivales del mundo sin tener demasiado en cuenta el nivel de su cine –al menos en los últimos años. Redundar en la minimización de celebraciones como esta con respecto a su rival gala sería un subrayado innecesario. Mientras el mentado market vive una ebullición continua, el cine programado pasa de puntillas en cuanto a acogida. Es el precio de ser el primero en la fila. Los pesos pesados se reservan para el final del semestre o la segunda parte del año. Ya avisaba su line up: una competición con varios atractivos pero sin el gancho como para que el universo cinéfilo ponga el freno de mano. La apertura, Django, debut de Étienne Comar, confirmó las sospechas; esta segunda jornada no ha hecho más que recalcar que las sorpresas serán mínimas. En el máximo apartado, dos propuestas: una húngara, On body and soul, un romántico con elementos cuasi mágicos que recuerda a la reciente Langosta de Yorgos Lanthimos; y una estadounidense, The dinner, nueva representación (casi dramatúrgica) de la incomunicación social occidental articulada sobre la excelente interpretación de John Coogan. Dejando a un lado la lucha por el Oso de Oro, pasaron por nuestras retinas tres filmes de diferente pelaje: fuera de concurso, un acto de nostalgia: Trainspotting 2; repetición de fórmula y una paramnesia reconfortante por un lado; la constatación de la parálisis del cine de Boyle por otro. En Forum, un excelente observacional, El mar, la mar, retrato simbólico del drama de la migración mexicana hacia ese paraíso profetizado; y la vuelta de Alex Ross Perry con Golden exists, que no aporta nada nuevo a su filmografía pero deja un buen sabor de boca gracias a diálogos inspirados para auditar, de nuevo, a la clase media neoyorquina. Como pueden apreciar, un poco de todo y un poco de nada. La excusa perfecta para disfrutar del Berlín disoluto… si la versión febril de Celsius lo permite. (EL)

    por EAM
    febrero 11, 2017

    Berlinale 2017 | Día 2. Críticas: On body and soul, The dinner, Trainspotting 2, El mar, la mar & Golden exits

    por EAM | febrero 11, 2017

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