Indirectas
Crítica ★★★☆☆ de «Oro blanco», de Grímur Hákonarson.
Islandia, Dinamarca, Francia, Alemania, 2019. Título original: Héraðið. Dirección: Grímur Hákonarson. Guion: Grímur Hákonarson. Compañías: Netop Films, Haut et Court, ONE TWO Films, Profile Pictures. Presentación oficial: Festival de Toronto. Fotografía: Mart Taniel. Reparto: Arndís Hrönn Egilsdóttir, Sigurdur Sigurjónsson, Sveinn Ólafur Gunnarsson, Hannes Óli Ágústsson, Hinrik Ólafsson, Edda Björg Eyjólfsdóttir. Duración: 90 minutos.
Grímur Hákonarson parece sentirse a gusto en escenarios remotos, tiene un país como Islandia para justificarse, acompañado de una fauna como
macguffin para confeccionar sus ficciones. Su anterior
El valle de los carneros (
Hrútar, 2015) lo corrobora y ésta,
Oro blanco (Héraðið, 2019), lo certifica. Se podrían ver como elementos lúdicos, que pareciesen jugar al despiste sobre la narración cuando lo verdaderamente importante sucede debajo de la misma. Lo anecdótico disfraza la esencialidad del relato y por esencia habría que referirse a direccionalidad narrativa, a cómo contar una historia.
La propuesta merece la pena y aunque el director juegue a ser el titiritero (secuencia de la morgue) en más de una ocasión, se agradece que vaya de frente.
Oro blanco es una película seca y directa, como el carácter de sus personajes, pero eso no significará que la manera de narrarlo sea igual. Nos encontramos, de bruces, con el personaje de Inga (Arndís Hrönn Egilsdóttit) haciendo frente a los problemas de su granja. Tiene que ayudar a una vaca a parir su ternero. Ya desde el comienzo, la protagonista está delineada en la génesis del relato cuando la vemos esforzarse para tirar de la cría del bovino. La tozudez y determinación de Inga la llevarán a sus últimas consecuencias, poniéndolas en práctica en su lucha por aquello en lo que cree. No hay nada de deslumbrante en ello, entonces… ¿por qué resaltarlo? Simplemente porque funciona y eso, hoy en día, es difícil de observar.
Estamos tan anestesiados por ficciones enrevesadas, que buscan el efecto más inmediato sin importar la causa, que cuando vemos algo que es (o parece) sencillo de contar como una línea recta, creemos que no merece la pena seguirla. Y si bien es cierto que el relato es bastante lineal nos depara alguna que otra sorpresa en su desarrollo. Ya hemos citado la forma en la cual presenta a su heroína y también veremos cómo se resolverá su primer punto de giro, cuando se entere del fallecimiento de su marido, y comprobaremos su anagnórisis: además era un delator para la Cooperativa. La revelación es una herramienta clave en el arco narrativo de un actante. Su mundo se tambalea, entra en crisis. La idea del suicidio va cobrando forma en su mente, o por lo menos se hace más patente que antes, cuando un policía se la puso sobre la mesa e Inga se mostraba incrédula. Es la primera réplica de muchas otras que irán apareciendo en la historia. Maneras directas que anuncian un trayecto quizá no tan directo: la conquista de una independencia. El individuo frente al sistema. Inga vs la Cooperativa.