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    Fien Troch
    Fien Troch

    Hoy viernes, 19 de abril, se estrena en las carteleras españolas, tras su paso por los festivales de Venecia y Gijón, La chica que sanaba, un ejercicio de ambigüedad y hermetismo que bucea en el mutismo del dolor e investiga el funcionamiento de los mecanismos del silencio. Charlamos con Fien Troch, su directora.


    Fien Troch, directora de «La chica que sanaba»​ | Imagen: Beeld Sofie Gheysens
    Texto de Rubén Téllez Brotons | | Madrid


    ¿Cómo surge la idea de la película?

    Esta es mi quinta película. Las ideas siempre me vienen cuando acabo la película anterior. Al final de mi cuarta película, estaba un poco harta del modus operandi clásico de hacer cine: dos protagonistas, una narrativa que seguía un hilo conductor. Así que pensé en intentar algo diferente. Pensé en seguir a una comunidad en duelo, en rodar una escena de una persona o de un grupo que luego podían volver a aparecer o no. Durante un año y pico estuve escribiendo así. Cuando acabé, tenía muchas escenas inconexas, que tenían sentido por sí mismas, pero no juntas. Pero en todas esas escenas había una chica que tenía diez años y que se llamaba Holly. También estaba una persona que quería hacer el bien como fuese, quería ser santa. Este personaje se convierte en Ana; y Ana descubre a Holly. La supuesta bondad personificada descubre a Holly, que le aporta tranquilidad a la gente que sufre. Holly ha crecido en la película final, ya no tiene diez años, sino catorce. Obviamente, tuve que volver al sistema clásico de hacer una película. Pero así es como nació la idea.

    La puesta en escena de la película se mueve en distintos registros, uno lírico, otro contemplativo y hermético, otro más intimista y dramático, pero, sin embargo, los cambios entre ellos se producen de manera orgánica. ¿Cómo construiste esto?

    Todas mis películas hasta ahora han tenido un estilo visual diferente, a veces radical. Intento reinventarme a mí misma, que no al cine. Voy viendo qué es lo que me pide el guion. No me limito nunca a proponer imágenes bellas. Para mí, lo visual debe apoyar a la historia, no al revés. No se trata de una sucesión de imágenes bellas. Esta vez, pensé en ir bastante más lejos. Quería que la imagen siguiese a lo que yo sentía. Me venían a la cabeza muchas sensaciones, cuadros, ideas; pero no había un hilo conductor. Hablé con mi director de fotografía, que siempre es el mismo, y dijo que podíamos intentar hacer una mezcla. He coqueteado, incluso, con la imagen de género. Hay otras escenas, como bien has dicho, que son muy contemplativas, otras están rodadas de forma muy cotidiana, realistas. Intento seguir mis sentimientos, pero tampoco era cuestión de tener una libertad total. Había que tener una continuidad. Pensé en rodar ciertas escenas con poesía y misterio; en otras, como la comunidad ha vivido tiempos difíciles, llego a tocar el thriller. El reto era saber si el espectador iba a entender la propuesta o iba a pensar que había hecho una locura. Pero creo que sí funciona, porque, al final, es una película con muchas capas que permite una cosa así.

    La cinta trata el tema del duelo, del dolor por la pérdida; y la forma en que afecta a las personas la aparición de una figura milagrosa capaz de paliar su desasosiego. Además, coloca al espectador en diferentes dilemas morales debido a la ambigüedad de muchas escenas en las que tú, como directora, no juzgas a los personajes, sino que muestras sus acciones con frialdad. ¿Cómo conseguiste diseñar ese distanciamiento?

    Me gusta mucho meterme en temas que pueda investigar. No me gustan las cosas blancas o negras; me gustan las sombras, los grises. Cuando estaba escribiendo el guion, me di cuenta de que hacer el bien puede ser sólo eso, hacer el bien, y eso no se juzga. Pero, ¿y si el bien no fuese tan blanco y fuese un poco gris? Aquí hablo un poco más de Ana que de Holly. ¿Y si esta mujer hace el bien, no por los demás, sino por sí misma? Con Holly es muy diferente. Ella no es una buena persona, no hace el bien voluntariamente. Le piden, le obligan a que lo haga. Esto es lo que quería investigar. Lo bueno y lo malo, lo maravilloso y lo feo. Cómo la vida es complicada. Cómo el ser humano es complicado, complejo. Porque no se puede simplemente juzgar a la primera. La vida está muy bien, está llena de cosas buenas, pero también hay cosas que no están tan bien. Cuando se dice que una persona es mala, siempre hay una razón para hacer lo que ha hecho. Cuando tú haces algo, es por una razón. No es espontáneo. Hay algo detrás que te hace hacer eso. Yo no tengo la respuesta. Eso está claro en la película: no doy ninguna respuesta. Quiero que el espectador la busque. No puedes decir, esta es una buena persona, la pongo en un pedestal; y esta es malísima y vamos a destruir todo lo que haga. No es así. Hay bien dentro del mal, y mal dentro del bien.

    Hay escenas rodadas en un primer plano muy cerrado de los personajes en las que sus rostros sostienen toda la acción y la intensidad, ¿cómo trabajaste eso con los actores y las actrices?

    Hay una ventaja en esto. La cámara no está tan cerca y el actor no lo sabe. Yo nunca le digo a los actores, y menos a Holly, que va a ser un plano tan cerrado. Le doy toda la libertad. No le digo nunca que no se mueva. La dejo actuar normal. No la obligo a actuar de una forma preconcebida. Holly funciona muy bien porque es una gran actriz, tiene un don de la interpretación innato. Yo me había dado cuenta de que tiene expresiones muy sutiles, que puede expresar mucho a través de ligeros movimientos. No necesita diálogos. De hecho, hay más diálogos de lo habitual comparada con el resto de mis películas. Me gustan los silencios. Pero también me gusta ver una composición en la que cada actor se expresa, y hace posible un diálogo con silencios. Creo que Holly expresa la mitad del diálogo a través de sus miradas y sus gestos.

    por Rubén Téllez Brotons
    abril 19, 2024

    Entrevista | Fien Troch, directora de «La chica que sanaba»

    por Rubén Téllez Brotons | abril 19, 2024
    || Críticas | FICX 2023 | ★★★☆☆
    La chica que sanaba
    Fien Troch
    La corrupción de un ángel


    Agus Izquierdo
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Bélgica, 2023. Título original: «Holly». Dirección: Fien Troch: Guion: Fien Troch. Música: Johnny Jewel: Fotografía: Frank van den Eeden. Compañías: Coproducción: Prime Time, Les Films du Fleuve, Topkapi Films, Agat Films, Tarantula Luxembourg. Reparto: Cathalina Geeraerts, Greet Verstraete, Felix Heremans, Serdi Faki Alici, Robbie Cleiren, Els Deceukelier, Sara De Bosschere. Duración: 103 minutos.

    Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver abordar el duelo colectivo que merma una comunidad desde un punto de vista fantástico (o, por lo menos, con virutas de ciencia ficción) como lo hace Holly, última apuesta de la directora belga Fien Troch (Kid; Home), y estrenada en España durante la última edición del Festival de Gijón. Troch consigue trabajar aquí esa revisión del dolor social que causa una tragedia escolar, y lo hace desde el punto de vista de una protagonista sensacional, personaje revelador y genuino que da nombre a la cinta, Holly (Cathalina Geeraerts), una adolescente introvertida que guarda un secreto. El filme arranca con una premonición: la idea de que algo malo va a ocurrir en su instituto. La joven decide, pues, quedarse en casa y es cuando vemos, a lo lejos, más allá de los edificios que se vislumbran desde el balcón, una humareda escalofriante. La profetización se ha cumplido. A Holly la llaman la bruja y enseguida, a los pocos minutos de metraje, entendemos el porqué. Con ese arranque, asistimos a una auténtica aventura personal que sirve como alegoría sobre la identidad, la sanación, la amistad y la bondad. En Holly, por lo tanto, como en un tratado de filosofía existencial, hay más interrogantes que certezas.

    Unos meses después del fatal incendio, cuando Holly opta por participar en una sesión de terapia por recomendación expresa de una profesora que organiza excursiones para los familiares afectados, todo el mundo (también la propia protagonista), se da cuenta de que posee una misteriosa pero útil capacidad de hacer sentir bien a la gente con solo tocarla. La luz cálida e imposible de cada frame donde aparece así lo ratifican, dotando los planos con su presencia, de un aura celestial. Todo se tuerce cuando la joven, de orígenes humildes y con una familia desestructurada, decide (no sin remordimientos) lucrarse con su don. El ángel pronto acaba cayendo en el vicio humano de la ambición y he aquí donde aparece el auténtico conflicto de la historia: la mercantilización de su vocación curadora acarreará una corrupción que pronto se le volverá en contra. La avaricia rompe el saco.

    A diferencia del planteamiento de la tragedia que proponía Gus Van Sant en Elephant o, por ejemplo, Isaki Lacuesta en la más reciente Un año, una noche, la exploración de Holly emprende otro sendero, que tiene que ver más con la fábula sci-fi que en exponer la naturaleza de los entresijos y las entrañas de la aflicción y el duelo. Más bien como hace la cineasta italiana Alice Rohrwacher en la mayoría de los personajes de su filmografía, Fien Troch adquiere esa tonalidad de realismo mágico e impregna de ese hechizo febril (aunque tímido) toda esta ficción, lo que puede recordar, también, a esa espeluznante y preciosista The Innocents (Eskil Vogt).

    La cosa no queda ahí, gracias a la construcción de los dos personajes principales (la propia Holly y su mejor amigo), aparte de una férrea crítica al capitalismo y a los valores del materialismo, el relato permite reflexionar en torno al bullying, el rechazo y el acoso escolar, y además fluye como fuente pedagógica que nos recuerda, por una parte, la perversión de los valores más puros y, por la otra, el peso del poder, así como de la responsabilidad humana y ética que este comporta. Hay algo también de secularismo en el filme: cuando Holly aprovecha su habilidad para ganar dinero, también se convertirá en una especie de mascota y su aparente don será espectacularizado. El respeto por la fe se esfumará y se levantará una carpa de circo; la protagonista habrá pasado de ser una víctima del abuso y del ostracismo social a ser un mono de feria. ¿Qué es peor?

    Holly exhibe un proyecto fresco, con una banda sonora elastizada con sintetizadores vibrantes, y desprende ese cromatismo neónico que tanto usan los nuevos autores de generaciones millennials (sí, hay una escena de baile nocturno). En definitiva, Troch sabe tocar fibra, pues el suyo es un retrato estimulante y atractivo, aunque no acabe de propulsarse a donde promete que se dirige. Es decir, pese a todos sus atributos y sus particularidades, hay algo en el guion que no acaba de cuajar, sobre todo cuando la historia se atasca a partir de la segunda mitad. No existe nada realmente desastroso en esta producción, simplemente defrauda que el resultado final se quede en notable cuando podría aspirar tranquilamente al sobresaliente. ♦


    por Agus Izquierdo
    abril 19, 2024

    Crítica | La chica que sanaba

    por Agus Izquierdo | abril 19, 2024
    Kid, de Fien Troch

    Crónica de dos niños solos

    crítica de Kid | de Fien Troch, 2012

    Existe en el cine un recurso narrativo usado con frecuencia y basado en la descripción de un acontecimiento o proceso a través de la mirada de un infante. El cine europeo no tiene inconvenientes en que sus intérpretes jóvenes carguen con la responsabilidad de ser las lentes mediante las que el espectador ve lo que ocurre en la ficción. El cine americano independiente, poco a poco, comienza a mostrar la intención de usar a los niños con ese fin. La niña del sur salvaje de Benh Zeitlin es un ejemplo claro. Puntualmente el cine belga ofrece algunos títulos ejemplares, como El niño de la bicicleta de los hermanos Dardenne y la inolvidable Les géants de Bouli Lanners, en los que los niños (algo más crecidos en la cinta de Lanners, pero niños al fin) son testigos del drama y, a veces sin saberlo, protagonistas absolutos de lo que ocurre. Se trata de una estrategia que se apega a una fórmula con dos variables que son inversamente proporcionales y que deben tener la medida justa. La primera suele ser la edad del niño. La segunda suele ser la intensidad de lo que ocurre. Si un niño muy pequeño narra una tortura que sufrió, o una guerra que vivió, tiende a tratarse de cine manipulador y sentimentalista. Si un joven un tanto más grande narra cómo fue abofeteado por un compañero de escuela, posiblemente se trate de un cine bastante inútil. Por eso, corresponde manejar las cosas con cuidado. Es algo sumamente peligroso pero que, adaptado a la frialdad del cine belga actual, no ha dado malos resultados.

    Fien Troch, realizadora oriunda de Bélgica, escribe y dirige su tercer largometraje, Kid, sobre dos hermanos y una madre asediados por una deuda o, mejor dicho, por el hombre con quien la madre la ha contraído. Esta historia tiene las características de lo que normalmente llamamos cuadro, es decir, hay pocos diálogos, aun menos acción, y su objetivo principal no es la narración sino la descripción o la observación de algo puntual. Kid se enfoca en el infante así llamado que, desde su lugar, es testigo de los más mínimos acontecimientos y es víctima del desmembramiento de lo que pudo haber sido una estereotípica familia burguesa. La desaparición del patriarca es el primer grito que aún hace eco, algo que seguramente ha desequilibrado al protagonista y que puede llegar a explicar su mala conducta. También puede decirse que su comportamiento se entiende por su corta edad, pero es algo demasiado simple y, aun funcionando como una alternativa totalmente factible, es conveniente no dejar de adoptar la otra hipótesis como posibilidad. Ahora bien, ¿por qué Kid y no su hermano? Esta pregunta puede sonar tonta pero, para aquel que tenga la oportunidad de verla y de pensarla por un momento, le resultará una pregunta interesante. Ambos viven una vida similar, en las mismas condiciones, y es evidente que ambos se aferran a su madre, porque es lo único que tienen. De hecho, tal vez se aferren a su madre por igual. La diferencia es que Kid exterioriza constantemente el estrecho vínculo con su madre. Su hermano, Billy, o bien es más reacio a la demostración del amor, o bien es parte de lo que los realizadores del filme prefieren omitir por su carácter irrelevante.

    por Anónimo
    febrero 03, 2014

    Crítica | Kid

    por Anónimo | febrero 03, 2014

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