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    A través del espejo

    crítica ★★★★★ de la primera temporada de Legión.

    Estados Unidos, 2017. Título original: Legion. Creador: Noah Hawley. Episodios: 11. Duración: 60 min. Directores: Michael Uppendahl, Dennie Gordon, Noah Hawley, Larysa Kondracki, Tim Mielants y Hiro Murai. Guion: Noah Hawley, Peter Calloway, Nathaniel Halpern y Jennifer Yale, basado en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Fotografía: Dana Gonzales y Craig Wrobleski. Música: Jeff Russo. Producción: Seymour Nebenzal. Productora y distribuidora: FX Productions / Marvel Television / 26 Keys Productions / 20th Television. Diseño de producción: Michael Wylie. Productores: Brian Leslie Parker, John Cameron, Noah Hawley, Simon y Nishika Kumble, Jim Chory, Stan Lee, Jeph Loeb, Joe Quesada, Bryan Singer, Jason Taylor, Michael Uppendahl et alia. Montaje: Regis Kimble, Chris A. Peterson y Curtis Thurber. Dirección artística: Michael Corrado y John Álvarez. Intérpretes: Dan Stevens, Rachel Keller, Aubrey Plaza, Jean Smart, Jemaine Clement, Bill Irwin, Amber Midthunder, Jeremie Harris, Katie Aselton, Mackenzie Gray, Quinton Boisclair, Ellie Araiza, Brad Mann, Scott Lawrence, Hamish Linklater.

    Con motivo de la promoción de El puente de los espías (2015), Steven Spielberg comentó que el género de los superhéroes, tan en boga en el terreno del cine popular durante los últimos años, acabaría agotándose tarde o temprano, igual que le había acontecido anteriormente, por poner un ejemplo muy ilustrador, al Western. «Lo que no significa», matizaba el realizador americano, siempre tan diplomático, «que algún día no se den las condiciones para que el Western regrese; o para que también lo haga el género de los superhéroes». No puede decirse que la observación de Spielberg no fuera certera, si bien es verdad que tampoco era menester contar con el don de la profecía para llegar a semejante conclusión. Tengamos en cuenta, por un lado, que las producciones comerciales raramente parten de una idea aislada y genial, y que una masiva recaudación en taquilla de una pieza adscrita a un género en concreto siempre implica nuevas creaciones dentro de dicho género, lanzadas con la esperanza de obtener análogos réditos a rebufo del éxito de la original. Por esa razón, suelen ser obras que, con independencia de la calidad del «producto» final, tienden a imitar o a repetir una colección de códigos que parecen ser la garantía de que el capital invertido en ellas se recuperará. Por otro lado, el comentario de Spielberg venía cuando la industria de Hollywood ya llevaba aproximadamente unos diez años destinando la cartelera de primavera y verano al estreno de blockbusters con justicieros súper poderosos como protagonistas, con lo que no resultaba especialmente complicado prever que el filón se iba a agotar en algún momento; sobre todo, cuando se trata de filmes que buscan contentar a todo el mundo, hasta al espectador al que jamás se le hubiera ocurrido tomarse medianamente en serio a unos tipos vestidos con mayas y dueños de habilidades tan imposibles como trepar por los edificios, controlar el magnetismo o volar.

    Ello explica que, en la actualidad, junto a cintas que repiten los hallazgos de las precedentes de forma mecánica, sin aportar nada digno que destacar, ni siquiera negativamente –véase Thor: El mundo oscuro (2013) de Alan Taylor; Capitán América: El soldado de invierno (2014) de Anthony y Joe Russo; X-Men: Apocalipsis (2016) de Bryan Singer, etc.–, empiezan a aparecer otras que, conscientes de dicha sobresaturación, intentan ofrecer una nueva perspectiva con el afán de demostrar que todavía queda mucho camino por transitar en un terreno que, a pesar de que a simple vista pueda parecer lo contrario, ha ofrecido un puñado de obras de indiscutible calidad –citemos aquí a las ineludibles El protegido (2000) de M. Night Shyamalan y El caballero oscuro (2008) de Christopher Nolan–. Propuestas como Guardianes de la Galaxia (2014) de James Gunn, Deadpool (2016) de Tim Miller o Logan (2017) de James Mangold intentan, cada una a su manera –mediante el humor, la reducción al absurdo o el pesimismo–, darle una nueva vuelta de tuerca al género y, sobre todo, alejarse de los tópicos del mismo. Teniendo en cuenta la edad de oro que hoy en día está viviendo la ficción televisiva, no debería asombrarle a nadie, en esta línea, que, como el siguiente paso lógico desde el punto de vista no solo económico sino creativo, y ante el éxito obtenido por los filmes de superhéroes, en el año 2012, The CW (canal integrado, entre otros, por la CBS y Warner Bros., esta última dueña de los derechos de la editorial DC) apostara por llevar a la pequeña pantalla al superhéroe Flecha Verde, con la serie Arrow, a la que se sumaría dos años después, y dentro del mismo universo, The Flash, seguida por Supergirl (2015-…) y Legends of Tomorrow (2016-…). Por su parte, en 2013, ABC lanzaría la primera serie inspirada en los personajes de Marvel: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D., estrechamente vinculada a las adaptaciones cinematográficas de esta editorial, entre otros motivos porque cuenta con los hermanos Joss y Jed Whedon al frente, pero también porque la cadena en cuestión, igual que la propia Marvel Studios, forma parte de la omnipresente Disney. Sin embargo, pareció repetirse la historia de la plasmación en el medio fílmico de los universos de Marvel y de DC, con lo que la segunda disfrutó pronto del éxito de las series de The CW (igual que ya lo había hecho en la gran pantalla de forma bastante precoz con las películas centradas en Superman y Batman), mientras la primera no pareció alcanzarlo hasta bastante después, cuando Netflix estrenase Daredevil en 2015. Desde entonces, la Marvel ha forjado una fructífera colaboración con esta entidad, y sus proyectos en común suman la friolera de cuatro series emitidas, más una quinta en ciernes, aparte de haber disfrutado, incluso, de reconocimiento crítico, como lo prueba el Premio Peabody obtenido por Jessica Jones en el año 2016.

    por Elisenda N. Frisach
    junio 06, 2017

    Crítica | Legión (1ª temporada)

    por Elisenda N. Frisach | junio 06, 2017
    American Crime Story: The People v. O.J. Simpson

    La histeria llama a la histeria

    crítica de American Crime Story: The People v. O.J. Simpson / Primera temporada.

    FX / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creadores: Scott Alexander & Larry Karaszewski, basados en el libro The Run of His Life: The People v. O.J. Simpson, de Jeffrey Toobin. Directores: Anthony Hemingway, Ryan Murphy, John Singleton. Guionistas: Scott Alexander, Larry Karaszewski, D.V. DeVicentis, Joe Robert Cole, Maya Forbes, Wally Wolodarsky. Reparto: Sterling K. Brown, Cuba Gooding Jr., Bruce Greenwood, Sarah Paulson, David Schwimmer, John Travolta, Courtney B. Vance, Nathan Lane, Kenneth Choi, Christian Clemenson, Chris Bauer, Selma Blair, Jordana Brewster, Garrett M. Brown, Dale Godboldo, Jessica Blair Herman, Evan Handler, Cheryl Ladd, Rob Morrow, Robert Morse, Steven Pasquale, Leonard Roberts, Malcolm-Jamal Warner, Connie Britton, Bonita Friedericy. Fotografía: Nelson Cragg. Música: Mac Quayle.

    Pocos proyectos televisivos han despertado tanta curiosidad en los últimos años. Cuando se supo que el dúo Scott Alexander & Larry Karaszewski (firmantes de auténticas maravillas en el mundo del biopic poco ortodoxo como Ed Wood (Tim Burton, 1994), El escándalo de Larry Flynt (The People vs. Larry Flynt, Milos Forman, 1996) o Man on the Moon (Milos Forman, 1999) y también de algunas películas más discretas) iban a llevar el juicio de O.J. Simpson al formato miniserie en FX bajo la producción de Ryan Murphy y Brad Falchuk, las alarmas de cinéfilos y seriéfilos saltaron para tratar de procesar la información, que chocaba como agua y aceite. El fichaje de John Travolta o David Schwimmer –regresos triunfales a la pequeña pantalla en distinto grado– terminó de alzar las expectativas. Vista la primera temporada de esta serie limitada, hay bastante más Murphy que Alexander & Karaszewski, pero el resultado no es nada desdeñable. Desde la noche en que los agentes de policía descubren los cadáveres de Nicole Simpson y Ronald Goldman hasta los días posteriores a la absolución de O.J. Simpson tras un juicio increíble, esta decena de episodios ha querido funcionar –y a ratos lo ha conseguido– como metáfora racial, testimonio de la disparidad de tratamiento de género y crítica a los imperios mediáticos que algunas personas construyen alrededor de su propia vida, amén de una triste crónica de una desgracia anunciada (Simpson cumple condena desde 2008 por otro crimen).

    De entrada, digámoslo ya, lo mejor de American Crime Story: The People v. OJ Simpson es una de las marcas de la casa: el gran trabajo interpretativo que contiene. No todos están igual de bien, algo inevitable con una propuesta tan coral, pero los trabajos de Sterling K. Brown, Sarah Paulson, John Travolta, Courtney B. Vance, Nathan Lane y Kenneth Choi son sobresalientes, perfectos, cargados de humor e intensidad cuando toca cada cosa. Creíbles, en definitiva, algo que a veces le falta al previsto plato fuerte de la propuesta, el oscarizado Cuba Gooding Jr. como O.J. Simpson, en una interpretación que peca de excesiva. Veremos a este elenco en las nominaciones de los Emmy de este año y puede que recogiendo algún que otro galardón, seguro. Respecto al estilo, el cuidado por el detalle y las fabulosas ideas coloridas aquí no pueden tener cabida, pero sí la cámara ingrávida que recorre los espacios y la imagen rodada al hombro para recoger el nervio de todo lo que pasa. Estamos aquí ante un grupo de personajes en constante estado de crispación, y la pauta visual que Murphy establece desde el primer capítulo y que siguen los otros directores Anthony Hemingway y John Singleton, sirve para reflejarla, aunque también se esté convirtiendo en un lugar común dentro de sus producciones.

    por Anónimo
    abril 10, 2016

    Crítica en serie | American Crime Story: The People v. O.J. Simpson

    por Anónimo | abril 10, 2016
    American Horror Story: Hotel

    La vida eterna era esto

    crítica de American Horror Story: Hotel | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015, 2016. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Directores: Bradley Buecker, Loni Peristere, Michael Goi, Michael Uppendahl, Ryan Murphy. Guionistas: Ryan Murphy, Brad Falcuk, James Wong, Ned Martel, John J. Gray, Tim Minear, Jennifer Salt, Crytal Liu. Reparto: Lady Gaga, Chloë Sevigny, Wes Bentley, Denis O`Hare, Kathy Bates, Evan Peters, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Sarah Paulson, Angela Bassett, Finn Wittrock, Mare Winningham, Richard T. Jones, Shree Croks, Lennon Henry, Lyric Lennon, Helena Mattsson, Kamila Alves, Christine Estabrook. Fotografía: Michael Goi, Chris Manley. Música: Mac Quayle.

    El mal sabor de boca que dejó American horror story: Freak show, que empezó bien y desbarró hasta límites insospechados, ponía a la franquicia en una posición peliaguda. Las audiencias eran espectaculares y la recepción en el circuito de premios también, aunque ya se convirtió en la primera temporada que no ganaba un Emmy interpretativo y además era la despedida de Jessica Lange, que ha prestado su gigantesco talento a cuatro personajes de distinta procedencia y similar desarrollo. Así, Hotel tenía varios frentes de presión, y no es difícil imaginar a sus creadores mapeando la temporada con la firme intención de que no se derrumbara en la última parte, como les venía pasando. ¿Lo han logrado? Pues sí, aunque la serie está tocada de muerte en algunos aspectos (el desaprovechamiento de intérpretes, el encaje de bolillos de subtramas) y no parece que haya vuelta atrás. Pero lo importante es que, aún con sus arritmias y pasos en falso, Hotel es la mejor temporada de la saga desde Asylum, y eso es decir bastante.

    En esta ocasión, Ryan Murphy y Brad Falchuk tocan la temática de los vampiros pero desde una óptica no habitual. Aquí el vampirismo es un virus que detiene el envejecimiento, pero no da la inmortalidad, y esto convive con el tratamiento de los lugares encantados que la serie exploró en su carta de presentación, la notable Murder House. De hecho, y tras lo dicho y demostrado en Freak show, las entregas de la saga están empezando a colisionar con cada vez más frecuencia, de ahí que Hotel y Murder House estén situadas en la misma ciudad y cronología, y que hasta tres personajes de la primera temporada, más uno de la tercera, pasen por el Hotel Cortez en esta docena de episodios. Para terminar de hacer apetecible la tanda o al menos despertar la curiosidad de la audiencia, hemos asistido al debut en televisión de la popular cantante Lady Gaga, en un rol perfilado expresamente para ella y que le ha reportado un Globo de Oro nada merecido. Su interpretación es estólida en exceso, y lo curioso es que parece que viene por la propia composición del personaje, ya que en los escasos momentos en que La Condesa se mostraba vulnerable –en el estudio de grabación, sangrando en el colchón con Sally o en la última discusión con Donovan–, la actriz ganaba enteros. Eso sí, el tango con la cámara y la importancia de su potencial icónico lo tiene dominado, pero eso ya se sabía por su trabajo en los escenarios.

    por Anónimo
    enero 24, 2016

    Crítica en serie | American Horror Story: Hotel

    por Anónimo | enero 24, 2016
    Fargo

    Cómo hacer un cóctel multirreferencial y sobrevivir en el intento

    crítica de Fargo (2014-) | Segunda temporada.

    FX / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Noah Hawley. Directores: Michael Uppendahl, Jeffrey Reiner, Keith Gordon, Adam Arkin, Randall Einhorn, Noah Hawley. Guionistas: Noah Hawley, Bob DeLaurentis, Steve Blackman, Matt Wolpert, Ben Nedivi. Reparto: Patrick Wilson, Kirsten Dunst, Jesse Plemons, Ted Danson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Jean Smart, Jeffrey Donovan, Rachel Keller, Nick Offerman, Angus Sampson, Keir O'Donnell, Michael Hogan, Elizabeth Marvel, Allan Dobrescu, Raven Stewart, Brad Mann, Todd Mann, Brad Garrett. Fotografía: Dana Gonzales, Craig Wrobleski. Música: Jeff Russo.

    Esta es la historia de una tragedia americana. Una que aconteció en 1979, en un momento donde los hombres y las mujeres experimentaban cambios. Ellos volvían de la Guerra de Vietnam, y ellas querían una autonomía que era suya por derecho. Y en ese periodo ha decidido ambientar Noah Hawley la segunda temporada de Fargo, y la gran noticia, la que todos esperábamos, es que lo ha vuelto a hacer. La temporada, que se puede ver como una gigantesca precuela de la primera, es estupenda. Un prodigio de estilo, humor, violencia y originalidad. Un alarde constante de ingenio y carisma, que solo se puede hacer desde la mayor de las seguridades pero también con un impulso algo suicida. Si su predecesora se inspiraba fundamentalmente del film homónimo de 1996, en esta ocasión el creador ha decidido canalizar el espíritu del cine de Joel & Ethan Coen en una trama que no solo sigue homenajeando la película Fargo, sino también Muerte entre las flores (Miller`s Crossing, 1990), El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn`t There, 2001), No es país para viejos (No Country For Old Men, 2007) o Quemar después de leer (Burn After Reading, 2008), solo por decir los referentes más obvios. La trama nos lleva esta vez al desarrollo de la llamada Masacre de Sioux Falls, donde el enfrentamiento entre la familia Gerhardt y la mafia de Kansas City tuvo en su centro al peculiar matrimonio Bloomquist y a las apariciones de algunos objetos voladores no identificados, dejando un considerable reguero de cuerpos y manchas de sangre. En medio de todo y en el lado de la ley está la familia Solverson, nuestro nexo más directo con la primera temporada, y que por jurisdicción e instinto va a ser parte investigadora del caso. A Lou le da vida en su juventud un estupendo Patrick Wilson, nominado al Globo de Oro, y conoceremos a su esposa Betsy, madre de Molly y enferma de cáncer, y a su suegro Hank, de quién pudo haber aprendido sus estupendas dotes de policía.

    El mayor mérito de Hawley y su equipo es el de crear vida y una historia factible cuando su construcción es tan artificial, cuando los referentes importan tanto a la hora de componer los episodios. Requiere un talento especial como narrador el hacer esto, y está claro que Hawley lo tiene, de ahí que todo tenga cabida en su Fargo (desde una narración omnisciente a cargo de Martin Freeman hasta una premonición certera de Betsy que se materializa para deleite de la audiencia fiel). Todo este artificio para hablar en realidad de temas eternos, de hombres y mujeres diseccionados hasta los sentimientos más elementales y de la idiosincrasia de un país y en concreto de una región que parece regirse por reglas muy particulares. La gran novedad de estas entregas es la apuesta por la coralidad de una historia que sucede en múltiples frentes, más o menos conectados pero tocados todos por el carisma de unos diálogos para enmarcar y unas interpretaciones sensacionales. Humor y gravedad que bailan con una facilidad pasmosa escena tras escena, en una operación donde no sobra nada y todos los elementos están bien usados. Y como ya ha pasado, existe algún que otro personaje que acaba destacando casi por méritos propios, al producirse la acertada simbiosis entre un gran intérprete y un material de altura. Si de la primera temporada es difícil olvidar a Lorne Malvo o Molly Solverson, aquí son Peggy Bloomquist o Mike Milligan los que dejan un mejor recuerdo, debido en gran parte al talento de la también nominada al Globo de Oro Kirsten Dunst –que está sensacional en un personaje nada fácil, que le pide actuar con cada célula de su ser– y de Bokeem Woodbine, en auténtico estado de gracia. Pero nadie desmerece en un desfile de criaturas algo tocadas que dejan una impresión, como mínimo, a recordar. También se puede apuntar, aunque sucede muy poco, que en ese querer cimentar el carisma se cae en la verbosidad más redundante, y pasamos de estar en el mundo de los Coen a estar, digamos, en una cinta de Quentin Tarantino. No es que sea algo malo de por sí, pero si sucede varias veces en un mismo episodio el espectador puede acabar más harto que encantado. Peccata minuta en realidad, pero arruina lo cerca que está la serie de la perfección.

    por Anónimo
    enero 09, 2016

    Crítica en serie | Fargo (T2)

    por Anónimo | enero 09, 2016
    The bastard executioner

    Excéntrico juguetito

    crítica de The Bastard Executioner (2015) | Primera y última temporada.

    FX / 1 temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Kurt Sutter. Directores: Paris Barclay, Ciaran Donnelly, Kari Skogland, Billy Gierhart, Ashley Way. Guionistas: Kurt Sutter, Charles Murray, Nichole Beattie, Curtis Gwinn, Roberto Patino, John Barcheski, Carly Wray, Ryan Scott. Reparto: Lee Jones, Stephen Moyer, Katey Sagal, Flora Spencer-Longhurst, Sam Spruell, Timothy V. Murphy, Sarah White, Sarah Sweeney, Ethan Griffiths, Darren Evans, Danny Sapani, Kurt Sutter, Elen Rhys, Alec Newman, Ross O'Hennessy, Kyle Rees, Sophie Lovell Anderson, Trevor Sellers, James Rousseau, Eloise Lovell Anderson, Francis Magee, Matthieu Charneau, Tim McDonnell, Llew Davies, Ed Sheeran, Matthew Rhys, Tom Forbes. Fotografía: Mike Sprag, Henry Braham, Denis Crossan, Sam McCurdy. Música: Bob Thiele Jr.

    A veces sucede en el mundo del entretenimiento que si uno ha hecho un trabajo de resonancias tanto críticas como de público, tiene algo de cancha para afrontar su siguiente proyecto. La primera vez que oímos hablar de The Bastard Executioner, Kurt Sutter no había terminado todavía con Hijos de la Anarquía (2008-2014), pero no le faltaba mucho. Se unió entonces la buena relación que tiene con FX (una cadena que cuida muy bien a los suyos) desde 2002 y que el renombrado productor de cine Brian Grazer escuchó su idea y mostró interés. Menos de seis meses después del final de su drama motero se estaba rodando el piloto de la serie que nos ocupa, que recibió la luz verde casi automáticamente y ha estrenado su primera temporada en la misma franja que Hijos de la Anarquía, exactamente un año después. Y deberíamos decir ya que esa primera temporada será también la única, ya que “el capricho” de Sutter le ha salido caro a la cadena, y esto, unido a unos índices de audiencia más bien discretos y a que a grandes rasgos se han cerrado muchas tramas, ha hecho que la serie se convierta en un proyecto cancelado. Una pena, aunque a su vez es entendible. En la crítica del piloto de la serie ya dijimos que al creador no se le daban especialmente bien los episodios de arranque y que su talento se podía ver mejor a largo plazo. Que cuanto más tiempo tuviera, la cosa mejoraría bastante.

    Ese largo plazo han sido finalmente ocho entregas más, que los responsables han aprovechado exhaustivamente para contar esta extraña historia de religión, sangre, política y venganza. A grandes rasgos y simplificando un poco, la premisa nos lleva al siglo XIV y a Gales, cuando el catolicismo castigaba con fuerza y el duro sistema de diezmos tenía a los pueblos en una difícil situación. Bajo el reinado de Eduardo II, la tensa situación entre galeses e ingleses se filtra a través de ataques a cosechas y poblados. Nuestro protagonista es ese verdugo por accidente del título (el casi debutante e imponente Lee Jones), un antiguo soldado que pierde a su familia en un ataque del Barón de Ventriss, y que para beneficio del chambelán de la corte (un Stephen Moyer que se debe haber divertido mucho con el rol) sustituirá al verdugo, metiéndose en una peligrosa nueva vida. Pero no es solo es quien experimenta estos cambios en el mundo, ya que la serie tiene hasta trece personajes fijos y unos cuantos más semiregulares, de manera que los guionistas tienen muchas subtramas que ofrecer y diferentes situaciones que equilibrar. Los episodios duran 55/60 minutos, y aunque no todas las historias están bien desarrolladas y su interés es intermitente (Petra no existe como personaje, los intrigantes desmembramientos se abandonan y retoman a capricho), uno no puede decir que The Bastard Executioner no entretenga.

    por Anónimo
    diciembre 05, 2015

    Crítica en serie | The bastard executioner

    por Anónimo | diciembre 05, 2015
    The Strain. Season 2

    El ser humano lucha y resiste

    crítica de The Strain (2014-) | Segunda temporada.

    FX / 2ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Guillermo del Toro & Chuck Hogan. Directores: Guy Ferland, Phil Abraham, J. Miles Dale, Howard Deutch, Kevin Dowling, Vincenzo Natali, Gregory Hoblit, TJ Scott, Guillermo Del Toro. Guionistas: Chuck Hogan, Carlton Cuse, David Weddle, Bradley Thompson, Regina Corrado, Justin Britt-Gibson, Liz Phang. Reparto: Corey Stoll, David Bradley, Mia Maestro, Kevin Durand, Richard Sammel, Jonathan Hyde, Max Charles, Ruta Gedmintas, Miguel Gomez, Natalie Brown, Jack Kesy, Robin Atkin Downes, Lizzie Brocheré, Joaquín Cosio, Rupert Penry-Jones, Samantha Mathis, Ron Canada, Jamie Hector, Nicola Correia-Damude. Fotografía: Colin Hoult, Miroslaw Baszak. Música: Ramin Djawadi.

    Aunque han mantenido la mejor esencia de la serie y a grandes rasgos no ha habido ningún elemento perjudicial para el conjunto, la segunda temporada de The Strain es inferior a la primera. Quizá el problema recaiga, como pueden haberse dado cuenta sus responsables, en que 13 capítulos son demasiados para lo que quieren contar (según cuentan ellos mismos tienen desde el principio la serie dividida argumentalmente en cinco tandas), así que los episodios que retrasan el avance de la historia general están presentes, aunque sabiamente usados para profundizar en el pasado a través de flashbacks, como sucede con el carismático Eichorst y su pasado pre-nazismo, la primera vez que Eph y Nora se conocieron o el momento en que Setrakian y Palmer eligieron caminos opuestos en la búsqueda del Occido Lumen, gran artefacto narrativo que puede ser la solución al problema vampírico. Quizá el problema sea otro, como la intermitente presencia de algunos personajes o el directamente mal uso de otros, lamentablemente los femeninos en concreto (Nora ha perdido tridimensionalidad a pesar del gran talento de Mía Maestro, Coco ha sido puramente instrumental en última instancia). Quizá sea otra cosa, pero lo único que está claro es que cuando el eficaz y desolador final de temporada llega, uno se da cuenta del todo de que algo se ha perdido respecto a lo ya visto.

    La temporada comienza y los personajes reagrupan fuerzas tras los eventos que cerraron la primera, con el parcialmente fallido ataque contra el Maestro y los Ancianos organizados con Gus y Vaun para atacar a Palmer y cortar el suministro de dinero del vampiro. A pesar de los desvíos ya nombrados en forma de viajes al pasado, The Strain sigue una estructura bastante lineal y clásica, alternando sus diferentes grandes puntos narrativos y gestionando el uso de los secundarios (ya sabemos la razón por la que Bolivar/Jack Kesy estaba fijo en los créditos) con sabiduría, como el poderoso pandillero Alonso Creem o Barnes, el jefe de Eph antes de la catástrofe. Ben Hyland ha sido sustituido por Max Charles en el papel de Zach, algo que sucede en ocasiones con los menores de edad en televisión, pero el público ha salido perdiendo por el camino, ya que Charles es peor actor y el personaje tenía un arco más complejo esta temporada, así que se han unido ambos elementos y la mezcla no sale especialmente bien. Lo que sí ha funcionado mejor es la idea de ampliar el campo de acción de los personajes y mostrarnos un poco cómo la esfera política y poderosa está tratando el mortal problema, especialmente con la creación de un personaje estupendo, la concejala Justine Ferraldo, a la que da magnífica vida Samantha Mathis. Ferraldo plantea la idea de enfrentarse de manera práctica y de frente, y supone un poco de oxígeno a la habitual descripción simplona de los poderes fácticos en dramas así.

    por Anónimo
    octubre 16, 2015

    Crítica en serie | The Strain (T2)

    por Anónimo | octubre 16, 2015
    The bastard executioner

    Verdugo por accidente

    crítica de The bastard executioner (2015-) | Episodio piloto.

    FX | EEUU, 2015. Director: Paris Barclay. Guión: Kurt Sutter. Reparto: Lee Jones, Stephen Moyer, Katey Sagal, Flora Spencer-Longhurst, Sam Spruell, Darren Evans, Danny Sapani, Timothy V. Murphy, Sarah White, Sarah Sweeney, Elen Rhys, Ethan Griffiths, Kurt Sutter, Brían F. O`Byrne, Matthew Rhys, Martin McCann, Felix Scott, Kyle Rees, Alec Newman, Richard Brake. Fotografía: Henry Braham. Música: Bob Thiele.

    A Kurt Sutter no se le dan muy bien los episodios piloto, algo que ya se podía sospechar en Hijos de la Anarquía (2008-2014) y que se confirma con esta The Bastard Executioner, proyecto extravagante que el hombre se ha podido permitir tras sostener con mucha consistencia 92 capítulos de su drama motero, y despedirlo de manera contundente el pasado diciembre. A Sutter, cuyo talento nadie puede poner en duda, se le da bien la narrativa seriada en el tiempo. El trabajo a largo plazo, se podría decir. Me atrevería a decir desde ya que cuando la primera temporada de The Bastard Executioner termine a mediados de noviembre estaremos ante una serie a la que no se le debe perder la pista. Hasta entonces, basándonos en este capítulo doble que suma 90 minutos, la sensación es agridulce. Hay algo de rutina en el desarrollo de la acción, en la manera en que las subtramas se están empezando a desenvolver y los personajes van definiéndose con sus gestos y palabras. Pero eso no se debe a torpezas ni comportamientos de guionista novel, sino a que el creador está tomándose el tiempo que cree necesario para presentar a sus personajes. Estamos ante una serie con 13 personajes fijos en diferentes niveles de importancia y presencia, pero que si son fijos es por algo (esa criada de nombre Isabel, ese pastor de ovejas acusado de zoofilia), así que la valoración que aquí se ofrece debe tomarse con precaución.

    La historia nos lleva a pleno siglo XIV y a Gales, en un momento donde el catolicismo castigaba con fuerza y el duro sistema de diezmos tenía a los pueblos en una difícil situación. Bajo el reinado de Eduardo II, la tensa situación entre galeses e ingleses llega a un máximo que en este capítulo se filtra a través de los ataques encapuchados de un grupo de campesinos para evitar la abusiva recolección sobre su hogar. Un ataque que, como descubrimos en el ecuador del episodio –o el final de la primera parte si se prefiere–, va a costarles un gran precio. Lo admirable de este capítulo y de Sutter como narrador es que no le asusta ir a los extremos. Cuando uno piensa que la venganza puede ser el motor que mueva toda la serie, un par de escenas más tarde se soluciona el conflicto. Muchos de los personajes tienen intenciones ambiguas (se salva si acaso nuestro sufriente protagonista) y es en esa zona gris en la que nos vamos a mover. Unas aguas turbulentas capaces de aunar brutalidad y ternura, casi la marca de la casa.

    Nuestro protagonista es ese verdugo del título, casi verdugo por accidente cuando interviene en su destino –y más de lo piensa– una misteriosa sanadora de nombre Annora (la estupenda Katey Sagal), y se pone en funcionamiento un plan en el que parece que Dios tiene algo que decir. O quizá su fuerza contraria. La visión de la religión y la fe en Sutter siempre viene cargada de símbolos. Y de sangre. Los límites de lo que se puede representar en una cadena de basic cable como FX son de nuevo probados por el guionista, y como siempre hay mayor permisividad con la violencia (la ejecución que cierra el episodio) que con el sexo, aunque también hay de eso en este piloto. Del amplio reparto no da tiempo a que nadie deje una especial impresión, si acaso un Stephen Moyer recién salido de True blood (2008-2014) y que se puede ver que disfruta de la picaresca de su personaje. Todo muy presentado aunque no deje especial huella, pero lo suficientemente interesante como para querer volver al resto de la temporada. Sutter –y su habitual colaborador Paris Barclay, director/productor de gran talento– han demostrado que son capaces de cosas estupendas, y que la paciencia acaba pagando muy bien en su cuerpo de trabajo. [70/100]


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    octubre 07, 2015

    TV Review | The bastard executioner (FX)

    por Anónimo | octubre 07, 2015

    Juguetón ensayo sobre la Comedia

    crítica a The Comedians (2015-) | Primera temporada.

    FX / 1ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Ben Wexler & Matt Nix & Larry Charles & Billy Crystal. Directores: Larry Charles, Richie Keen, David Mandel. Guionistas: Ben Wexler, Matt Nix, Larry Charles, Billy Crystal, Eric Ledgin, Andrew Secunda, Laura Krittell, Laura Kraft, Doug Mand, Dan Gregor. Reparto: Billy Crystal, Josh Gad, Stephnie Weir, Matt Oberg, Megan Ferguson, Denis O`Hare, Clayton Early, Dana Delany, Andrew Secunda, Olivia Taylor Dudley. Fotografía: Anthony Hardwick.

    El punto de partida de The Comedians era demasiado goloso como para resistirse, al menos de entrada. Billy Crystal (y todo lo que representa) y Josh Gad (y todo lo que representa) se ven obligados a trabajar juntos en un programa de sketches para FX, un proceso que va a quedar documentado como gigantesco detrás-de-las-cámaras desde que Crystal recibe la noticia de que debe trabajar con Gad hasta la grabación del último programa de la temporada. El aspecto meta no solo está claro sino que es usado profusamente por los creadores, que hacen equilibrios con múltiples frentes (las sangrantes autoparodias del dúo, el vistazo a los entresijos de producción, la dura tarea y frecuente desprecio del oficio de guionista de comedia y el mundo del espectáculo en general) con bastante acierto. Aunque la gran apuesta, lo que da las mayores cargas de sentido al proyecto, es la relación y dinámica entre los dos protagonistas. Interpretados con carisma y mucha gracia por Crystal y Gad, que no se han cortado a la hora de exponer inseguridades, miedos y vergüenzas en un trabajo que transpira honestidad. El camino hacia el compañerismo de Billy y Josh está plagado de divertidos infortunios (las escenas del colocón en el supermercado son oro puro), y el séquito de secundarios (no muy explorados, todo hay que decirlo) es testigo con mayor o menor grado de los choques y momentos de unión.

    Un proceso muy bien graduado, que arranca como el mayor de los malentendidos y culmina en un cambio, en una suerte de transformación de la que ambos personajes salen tocados. Los guionistas contraponen concepciones del humor, el peso de la experiencia y la importancia del talento innato, y lo que diferencia The Comedians de otras comedias de corte similar que miran hacia la industria es que ésta quiere hablar sobre el género, quiere reflexionar sobre la Comedia. Y lo hace, y lo mejor es que lo hace con tanta brillantez como sutileza, delimitando las diferencias generacionales y convocando múltiples estilos y perspectivas (los impagables cameos de Mel Brooks o Rob Reiner frente a los de Rick Glassman, Kate Micucci o Rory Scovel). No es una lección ni un panfleto al final del día, sino una hilarante mirada a las entrañas de una profesión dura, satisfactoria a la par que frustrante. Y aunque pueda parecer que sea Billy quien gana la cuestión, existen suficientes argumentos a favor de Josh también, y la audiencia quien decide qué pensar (o no hacerlo), sin que su decision pueda estar del todo equivocada.

    por Anónimo
    julio 16, 2015

    Crítica en serie | The Comedians [1 temporada]

    por Anónimo | julio 16, 2015

    Impecable tercer acto

    crítica a The Americans (2013-) | Tercera temporada.

    FX | 3ª temporada, 13 episodios, EE. UU., 2015. Creador: Joseph Weisberg. Directores: Daniel Sackheim, Thomas Schlamme, Kevin Dowling, Noah Emmerich, Dan Attias, Stephen Williams, Larysa Kondracki, Andrew Bernstein, Christopher Misiano. Guionistas: Joel Fields, Joe Weisberg, Joshua Brand, Stuart Zicherman, Peter Ackerman, Stephen Schiff, Tracey Scott, Lara Shapiro. Reparto: Keri Russell, Matthew Rhys, Holly Taylor, Keidrich Sellati, Noah Emmerich, Susan Misner, Annet Mahendru, Richard Thomas, Alison Wright, Lev Gorn, Costa Ronin, Margo Martindale, Daniel Flaherty, Kelly AuCoin, Frank Langella, Brandon J. Dirden, Julia Garner, Vera Cherny, Rahul Khanna, Svetlana Efremova, Jefferson Mays, Michael Aronov, Lois Smith, Will Pullen, Peter Mark Kendall. Fotografía: Richard Rutkowski. Música: Nathan Barr.

    Para empezar el análisis de la tercera temporada de The Americans, previamente hay que señalar que el punto de partida de la serie creada por Joseph Weisberg no se inspira en la realidad, por lo exagerado y radical de su planteamiento, sino en las narraciones ficcionales, tanto fílmicas como novelescas, sobre la Guerra Fría. Ello instaura al espectador en un universo reconocible y acotado, algo que propicia una mirada extrínseca, casi metalingüística, de dicho universo, lo que fuerza al máximo la suspensión de incredulidad del público y aleja a su sector menos paciente y/o avezado. Y es una verdadera lástima porque, superado este escollo inicial, The Americans se revela como un producto televisivo muy superior a la media, tan impecable en su factura visual como elaborado argumentalmente y, sobre todo, muy ambicioso desde el punto de vista temático. En realidad, se trata de una serie que bajo su convencional envoltorio de thriller –el género por excelencia de la evasión para adultos– atesora reflexiones de todo tipo (psicológicas, sociales, políticas...), cuyo peso conforme avanza la historia es cada vez mayor, gracias a la sutileza e inteligencia de sus guiones y a una realización precisa y sobria, casi quirúrgica, que evita subrayar el tono paulatinamente más denso, pesimista y asfixiante del serial.

    En este sentido, el potencial dramático que ya se intuía en la primera tongada de episodios, y que contrastaba con la estructura intensamente climática de la siguiente temporada, en esta tercera parte ha eclosionado con tanta elegancia como contundencia. Los giros sorpresivos –al límite de lo verosímil– de las anteriores entregas han dejado paso a una narrativa pausada y lineal, en la que los hechos se suceden de manera orgánica, a menudo aglutinados de forma impresionista alrededor de los personajes o de los lugares. Ello se debe, básicamente, al hecho de que el foco de interés de la historia se ha ido deslizando inadvertidamente desde el lado más intrigante de la trama hacia el más íntimo. O dicho de otro modo: claramente enmarcada como está la acción dentro del relato de espías, este componente ha devenido, a la postre, el telón de fondo sobre el que resaltar con intensidad el cariz triste y dramático de la narración. Sin duda, los responsables The Americans conocen de cerca a los maestros literarios del género (Graham Greene, John le Carré, Robert Ludlum...), cuyas novelas están plagadas de seres humanos complejos y ambivalentes, y donde no son las personas, sino los intereses creados y el sistema que los sustenta (estados, agencias gubernamentales, partidos...) lo que verdaderamente instaura la maldad en el mundo. No en vano, la mayoría de los autores mencionados desempeñaron tareas de espionaje en su vida real o formaron parte de los cuerpos militares de su país, igual que Weisberg fue agente de la CIA. The Americans, por tanto, no oculta su condición de heredera de dichos clásicos y, como ellos, su propósito de fondo se encuentra más vinculado a una reflexión social e histórica, y aún ontológica, que al mero entretenimiento de masas pasado por el tamiz, siempre popular, de las historias de misterio.

    por Elisenda N. Frisach
    junio 08, 2015

    Crítica en serie | The Americans (Temporada 3)

    por Elisenda N. Frisach | junio 08, 2015
    Louie (Temporada 5)

    La magia del autor total

    crítica a Louie (2010-) | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 8 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Louis C.K. Director: Louis C.K. Guionistas: Louis C.K., con Pamela Adlon, Robert Smigel y Steven Wright como argumentistas. Reparto: Louis C.K., Ursula Parker, Hadley Delany, Pamela Adlon, Robert Kelly. Fotografía: Paul Koestner. Música: Matt Kilmer & Sweetpro.

    Las expectativas alrededor de la quinta temporada de Louie eran muy altas. Tras la ambiciosa cuarta entrega, compuesta de múltiples historias en partes y donde el creador/director/montador/protagonista experimentó con el formato y el tono, los espectadores no sabíamos qué esperar de la nueva tanda, la más corta hasta la fecha (se reveló hace poco que esto se debe a que C.K. había decidido retrasar del rodaje pero en el último momento cambió de opinión, lo que le costó un buen pellizco en el presupuesto). El resultado se puede considerar una mezcla entre el tono más episódico y fraccionado de los orígenes de la serie y un paso más adelante en la confianza de un hombre que definitivamente está en su mejor momento creativo. 61 episodios después, la imprevisibilidad sigue reinando en Louie, dicho esto como el mayor de los cumplidos y como prueba de la madurez en la mirada cómica al mundo de un humorista de profesión y padre de corazón, que solo trata de navegar por la vida y a cada paso lidia con las cosas que van surgiendo. Estamos ante una serie capaz de hacer que un ataque de diarrea sea una épica carrera contra el tiempo y que la muerte más estúpida nos deje indiferentes. Y eso tiene mucho mérito.

    La continuidad siempre ha sido algo con lo que C.K. juega abiertamente si por el camino es capaz de ofrecer algo interesante, sin importar que el resultado sea contradictorio al aplicar la lógica. La temporada anterior se despidió con Louie y Pamela como pareja, y esa decisión sí se respeta y avanza, así como la presencia en el edificio donde el protagonista vive del doctor Bigelow (un extraordinario Charles Godrin). Pero con la misma se recupera a la figura de Bobby como hermano de Louie, algo que llevaba temporadas sin usarse, a pesar de que Robert Kelly ha seguido interviniendo en la serie. Lo mejor de esta opción narrativa, que comprensiblemente frustra a algunos espectadores, es que hace que todo tenga cabida en Louie pero sin que se pueda acusar de capricho injustificado. Esta temporada ha tratado sobre las inseguridades de las mujeres embarazadas, las responsabilidades de los padres (separados o juntos), la vida de un cómico en plena gira, las cargas extrafamiliares, la dificultad de estar en una relación o los trastornos del sueño. Temas dispares pero que a través de la mirada del hombre-orquesta y sus guionistas/asesores (no solo Adlon, sino esta vez Robert Smigel –que experimentó la infernal noche con policía desastre que aquí se recoge en Cop story (5.3)– o Steven Wright) da lugar a puro oro televisivo. No necesariamente cómico, pero sí trascendental, y lo mejor es que esto se logra sin pretensiones desmedidas. La sencillez, que no simpleza, con la que las ideas –algunas muy complejas– son expuestas en este impecable producto hace que la audiencia entre en una suerte de hipnosis ante la que uno se maravilla por lo visto.

    por Anónimo
    junio 02, 2015

    Crítica en serie | Louie (Temporada 5)

    por Anónimo | junio 02, 2015

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