PRIMERA TEMPORADA DE DOCTOR WHO
1963-1964
especial 50 Aniversario de Doctor Who
En un verano infernal de hace varios años mi padre construyó una TARDIS. Con unas cuantas maderas y unos cartones pintados de azul pronto tuvo en pie una cabina de policía británica de los años sesenta. Para los conocedores de la serie Doctor Who, esto es una TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space: tiempo y dimensiones relativas en el espacio): una nave espacial capaz de viajar no solo por los universos, el nuestro y alguno que otro paralelo, sino también por el tiempo. Quizá la más icónica de las naves temporales compitiendo en nuestro imaginario fantástico con esa otra cuya forma asemeja una antena parabólica con un sillón decimonónico algo kitsch adosado a ella: la que todos conocemos gracias a la magnífica película El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960), en la que el genial George Pal, su director, nos mostraba a un Rod Taylor en el papel del mismo Herbert George Wells, el autor de la novela original en la cual se inspiraba el film, viajando a través del tiempo y fascinándonos tanto con las maravillas como con los horrores que una experiencia así podría enseñarnos.
Pero no dejemos de viajar en el tiempo y volvamos a ese verano del pasado, a esa rudimentaria TARDIS que se erguía solitaria ante una casa perdida en mitad del campo. Me veo a mí mismo saliendo al sol de la tarde con las piedras calcinándose en lo más crudo del día. De pronto, escucho un ruido procedente del interior de la, en fin, llamémosla nave. Abro la puerta y encuentro sentada en su suelo a mi sobrina María, entonces tenía siete años, enredando con los cables, teléfonos rotos y demás cachivaches pseudo futuristas con los que mi padre había adornado las paredes de la TARDIS.
-María, ¿qué haces aquí sola?
-Nada, tito, voy a viajar en el tiempo.
-Ah, muy bien. ¿Y a qué año vas a ir?
-Al año 2.163.
Me echo a reír por la rapidez de la respuesta, tan concreta además.
-Vaya, 2.163, ¿por qué ese año?- le pregunto intentando burlarme un poco de ella, inocente de mí.
-¿Y por qué no?
Y mi sobrina me mira y sonríe como haría quien tuviera que dirigirse a alguien un poco tonto al que hay que explicárselo todo. Claro, ¿por qué no ese año? ¿Por qué no viajar por el espacio y el tiempo en una cabina de policía británica? Esta anécdota creo que es la esencia de mi serie de televisión favorita de todos los, valga decirlo, tiempos. Somos niños ante ella, y en ella todo es posible y es verdad. ¿Y por qué no?