UN APOCALIPSIS DEMENCIAL
crítica de Take Shelter | Jeff Nichols, 2011El fin del mundo es algo que apasiona. Desata el morbo. Genera una perturbadora curiosidad. Sin duda lo que más fascina al ser humano es aquello que parece imposible y titánico. Por ello el advenimiento de una catástrofe provoca un magnetismo malsano que la literatura y el cine, a lo largo del tiempo, han aprovechado. Sobre todo tras el disparate mediático desatado con la supuesta predicción del fin del mundo, para diciembre de 2012, por parte de los mayas. El halo místico y religioso que se asocia al fin de la humanidad ha sido reformulado en favor de mundos posapocalípticos, distópicos en el que un puñado de supervivientes luchan contra las consecuencias de la hecatombe. Esta concepción tan "comercial", tan fantástica, tan inverosímil se me antoja atractiva y evasiva a partes iguales. Evasiva en tanto en cuanto los apocalipsis, relativizando su condición destructiva hasta la extinción, se han dado y se dan a lo largo de la historia. Existen los cataclismo personales y de determinados grupos sociales. Y también se han contado en películas y libros. Una simbiosis de ambas concepciones del ocaso, aderezadas con una muy personal, es la que nos encontramos en Take Shelter (2011), fenomenal película de Jeff Nichols. Un drama, mixturado con otros géneros como el thriller psicológico o, incluso, el cine de terror. Una cinta alegórica. De lo sobrenatural a lo cotidiano. De lo personal a lo comunitario.
Tras su espléndida –e incomprensiblemente inédita en España– opera prima, Shotguns Stories (2007), y antes de su recién estrenada y también brillante Mud (2012), Jeff Nichols escribió y dirigió otra joya ambientada en la América más profunda y rural. El director nacido en Arkansas nos cuenta la historia de un obrero, llamado Curtis, que vive tranquilamente con su familia -su mujer y su hija sorda- hasta que una suerte de pesadillas premonitorias –principalmente sobre tormentas y tornados– empiezan a estropearlo todo y lo conducen hasta la obsesiva necesidad de construir un refugio como protección ante lo que supuestamente se avecina. Para llevarlo a cabo se empeña económicamente y su estabilidad familiar y mental comienzan a derrumbarse. La metáfora para muchos está clara, para aquellos que no la acaben de ver el propio director afirmó en distintas entrevistas promocionales que tuvo muy presente la crisis económica actual a la hora de confeccionar el guion. Sin duda las catástrofes naturales son la equivalencia de las calamidades económicas que asolan a Occidente. Usa lo sobrenatural para hablar de lo mundano. Es un relato en clave de ficción de algo tan real como la vida misma. Nichols quiere hacernos ver que Curtis podría ser cualquier padre de familia, naufragando en la enajenación de dilapidarlo todo. El espectador es testigo del descenso al infierno de la precariedad de la economía familiar. Por culpa de fenómenos aparentemente indomables, uno presencia las trágicas consecuencias de la solicitud de un crédito en condiciones desfavorables, un despido y la consabida pérdida del seguro médico. Todo ello al borde de una operación para que su hija recupere la audición. Un drama diario.
por Anónimo
septiembre 10, 2013
septiembre 10, 2013
Crítica | Take Shelter
por Anónimo | septiembre 10, 2013







