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    Dan Scanlon
    Dan Scanlon

    Juego de trol

    Crítica ★★★★☆ de «Onward», dirigida por Dan Scanlon.

    Estados Unidos, 2020. Presentación: Festival de Berlín 2020. Dirección: Dan Scanlon. Guion: Dan Scanlon, Jason Headly y Keith Bunin. Productoras: Walt Disney Pictures / Pixar Animation Studios. Fotografía: Sharon Calahan y Adam Habib. Montaje: Catherine Apple. Música: Jeff Danna y Mychael Danna. Diseño de producción: Noah Klocek. Dirección artística: Bert Berry. Reparto (voces): Tom Holland, Chris Pratt, Julia Louis-Dreyfus, Octavia Spencer, Mel Rodriguez, Kyle Bornheimer. Duración: 102 minutos.

    Uno de los salvavidas de la industria cinematográfica tradicional, esto es, la que sigue apostando por la recaudación en taquilla como principal fuente de ingresos, es sin duda el cine de animación, por estar generalmente dirigido al público más infantil. Sus películas son así una buena excusa para sacar a los niños de casa y al mismo tiempo tenerlos en silencio durante un par de horas, y como deben estar acompañados, siempre habrá al menos dos entradas en el bolsillo por cada familia que acuda a las salas. Esto propicia que los grandes estudios produzcan varias de estas películas cada año, pero cada vez son más conscientes de la baja exigencia intelectual que tiene su público potencial, por lo que sus tramas suelen ser bastante simplonas, por no decir ridículas, y sus chistes suelen consistir casi exclusivamente en bailecitos, chillidos y muecas que provocan vergüenza ajena. Encontrar una trama bien desarrollada, con un humor más basado en la invención visual así como en el ritmo de los diálogos y en sus juegos de palabras, no es entonces lo más habitual. Aquí es donde viene destacando Pixar desde hace más de dos décadas, sobre todo porque sus historias siempre han ido dirigidas a todo su abanico de espectadores, desde los mayores hasta los más pequeños. Es un equilibrio difícil de alcanzar y que exige valorar el enorme mérito de esta compañía en la consideración que el gran público ha ido teniendo del cine de animación. Que en los últimos años haya perdido algo de originalidad, probablemente debido a su fusión más cerrada con Disney, es algo casi inevitable, pero no puede hacer olvidar la excepcionalidad de la que siguen gozando sus historias en el panorama cinematográfico actual.

    En este sentido, Onward no está entre las producciones más rompedoras de la compañía porque su trama se basa en elementos más reciclados, pero su mérito inherente sigue siendo incontestable tanto si se valora por sí sola como si se compara con sus compañeras de taquilla. En ambos casos no puede dejar de apreciarse un relato tan bien estructurado, que combina el humor inteligente con la emoción genuina: en suma, lo que suele llamarse una película redonda, auténtica rara avis en la irregular cartelera de nuestros días. Para ello, siguiendo la tendencia indicada, Scanlon y su equipo juegan sobre seguro, ya que sus protagonistas son dos jóvenes hermanos (voces de Tom Holland y Chris Pratt) que emprenden una aventura para “reencontrarse” con su padre fallecido, aunque solo sea por un día. El primer elemento, el de la aventura fraternal, garantiza la complicidad humorística en el desarrollo de la acción; mientras que el segundo deja ya latente el clímax emocional que sabemos que llegará. Pero las apariencias engañan, puesto que desde un comienzo esa figura paterna acompaña a los dos hermanos, aunque solo lo hace la mitad de su cuerpo, debido al hechizo frustrado que ha realizado el protagonista y que quiere completar antes de transcurrir esas 24 horas de límite hasta que el encanto deje de surtir efecto. Durante casi todo el metraje por tanto el padre solo está presente de cintura para abajo, y dicha presencia contribuye antes al tono cómico que al trágico. Por otro lado, aun evitando todo spoiler, hay que precisar aquí que el desenlace emocional resulta antes de la convivencia entre esos dos hermanos que de la tardía reaparición de su padre, de tal manera que el último acto da otro significado a los dos anteriores e imprime una nota más sentimental a las que a primera vista se presentaban como secuencias más ligeras. De ahí que como decíamos Onward aproveche el legado de Pixar, con guiños no solo a la referencia obvia de Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017), sino también a Up (Pete Docter y Bob Peterson, 2009) o incluso a Del revés (Inside Out, Pete Docter y Ronnie Del Carmen, 2015).

    por Ignacio Navarro
    marzo 07, 2020

    Crítica | Onward

    por Ignacio Navarro | marzo 07, 2020
    Monstruos University

    ¡BAH!, Y NO BOO

    crítica de Monstruos University | Monsters University, Dan Scanlon, 2013

    Hace algunos meses, con motivo del estreno de Brave, advertí de que Pixar estaba a punto de cruzar una línea muy peligrosa, y tal vez fatal. Sin ningún cariz agorero, tan sólo con la sospecha de que los estudios comandados por John Lasseter podían sucumbir a la reconocible fórmula del ratón Mickey, tampoco era difícil detectar las primeras concesiones a la industria más atomizada, acaso ciertos síntomas de decadencia creativa, de crisis de identidad o, aún peor, escasez de ideas: tras esa excelente profusión, cuyos niveles de realismo —sobre todo a la hora de reproducir los pelirrojos cabellos de la princesa Mérida y la saludable vegetación de Escocia— habían alcanzado ya niveles verdaderamente asombrosos, podían adivinarse también muchas de las señas de identidad del tío Walt: moralina, sentimentalismo, esquemas polarizados y por ende sin grises, dobles lecturas y acuerdos tácitos con su público, quizá sin expectativas más allá de ese abrumador y colorido trucaje. Ah, la infancia. Ah, ingenuos. Todos hemos visto —y disfrutado, por qué no decirlo— alguna película de Walt Disney. Su recuerdo habitará por siempre en la infancia, en el espacio de los sueños ya vividos o irrecuperables. Esa línea que tracé retóricamente, es en realidad la frontera creativa que separa Burbank de Emeryville, dos maneras de hacer y entender el cine, un par de marcas cuyo tono narrativo esencial se halla en las antípodas entre sí. Ambas reúnen a millones de espectadores frente a las carteleras, pero sólo una logra (con reservas, pues la extraordinaria Rompe Ralph es del sello Disney) concitar a padres e hijos, a jóvenes y adultos, a reticentes y a cinéfilos desencantados. De alguna manera, la productora del flexo nos trasladaba a la génesis conceptual del negocio, mitad economía y otro tanto de anhelos: Pixar hablaba —ojalá no en pretérito definitivo— de sueños (im)posibles, nos invitaba a recuperar o vivir nuestra primera, segunda y eterna infancia. Sus creativos eran artesanos de la animación digital, y como tales sabían dotar de sentimientos y actitud a seres reconocibles, pero ajenos a la inventiva del animador común, empeñado en fabricar criaturas sin personalidad, atento únicamente a la copia de la copia que se copiará porque todos copian y pensar nuevos mundos, no está al alcance de todos.

    por Anónimo
    junio 20, 2013

    Crítica | Monstruos University

    por Anónimo | junio 20, 2013

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