Maniqueísmo animal
crítica de Los ojos amarillos de los cocodrilos | Les yeux jaunes des crocodilesm, Cécile Telerman, 2014
Dos abismos flotando en una laguna de algas. Así son las pupilas de los cocodrilos: afilados e indiferentes arañazos negros sobre un carcasa amarilla. Así lo cree al menos Katherine Pancol, autora del best-seller Los ojos amarillos de los cocodrilos (Les yeux jaunes des crocodiles), cuya adaptación cinematográfica se estrenará en España el próximo día 9 de mayo. De la mano de la realizadora Cécile Telerman, esta película homónima constituye su tercer trabajo después de las discretas ¿Por qué las mujeres siempre queremos más? (2005) y Todo es culpa de mi madre (2009). Y pese al dicho, a la tercera tampoco va la vencida. Telerman no consigue que el frescor literario de esta novela femenina se mantenga a flote, sino que por el contrario, será devorado por los cocodrilos en un acto reflejo frente al puro tedio. Y con esas estamos.
Bocas que bostezan, muerden, besan y sobre todo, mienten. Nada parece verdadero en la relación personal entre Iris y Jo, dos hermanas antagónicas, encasilladas dentro de personalidades excesivamente maniqueas, que recrean una realidad dicotómica ajena a la que conocemos. Una realidad de cartón piedra en la que los ‘buenos’ son recompensados y los ‘malos’ castigados; en la que la justicia triunfa y el amor resurge personificado en alguien que nos valora pese a nuestra cara de locos y las arrugas de los años. Y claro, que esta historia tantas veces vista no resulte indigesta “c'est difficile”, como dirían los franceses. Iris (Emmanuelle Béart) encarna a la hermana guapa, triunfadora sin esfuerzo y vividora mientras que Josephine (Julie Depardieu) no es más que inteligencia, miedo y falta de confianza en ella misma. La primera posee el carisma; la segunda, el talento. Durante una comida de egos, Iris anuncia que se dispone a escribir un libro y las lenguas bífidas de los más pudientes se relamen los labios. Los cuchicheos crecen. “Nunca ha hecho nada más que casarse con quien debía, ¿será capaz de escribir algo coherente?”. El tiempo pasa, y la coherencia es abrumada por el éxito. El libro resulta todo un bombazo en Francia y Jo, verdadera autora de la novela, debe convivir con las apariciones públicas y las entrevistas bochornosas de su hermana. Este punto de inflexión, junto a su reciente divorcio, le obligará a tomar las riendas de su vida y plantar cara a todos los que la menosprecian (empezando por su madre).