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    || FESTIVALES
    Punto de Vista 2022
    Palmarés
    Baleh-baleh de Pascale Bodet es la ganadora de la 16ª edición


    redacción eam
    Pamplona | 16º Festival Punto de Vista |

    Baleh-baleh, mediometraje francés dirigido por Pascale Bodet, se ha alzado como gran triunfador de la 16ª edición del Festival Punto de Vista que ha concluido hoy sábado. «Un viejo cuento asiático es el catalizador de este hermoso retrato de un amigo entrañable, un alma abatida que no teme hablar honestamente de sus deseos y decepciones con sus seres queridos, incluso con toda la tensión que ello conlleva. La película es un magnífico y serpenteante diálogo que revela continuamente algo sorprendente; un diálogo que alcanza la visión del mundo circundante y en el que un perro llamado Joël, sin decir una palabra, acompaña como un interlocutor esencial y silencioso», ha justificado el jurado formado por Marina Vinyes Albes, Roger Koza y Christopher Small.

    El trabajo de Bodet aborda la realidad social y económica de una familia de Oriente Medio, desde el patriarca a la madre, pasando por sus hijas, partiendo de un escrito tradicional: «Ahondando en la brecha ilocutiva del cine periférico llegamos a una película sobre una cama con baldaquino. Baleh-baleh es un filme que interpela al espectador desde varias voces operando un mismo texto: un pequeño cuento cuyo impacto ilocutivo en un hombre es tal que la lectura, la relectura y la metalectura del mismo se convierte en cuestión fílmica», apuntaba nuestro compañero Javier Acevedo en su primera crónica de esta última entrega del certamen pamplónica.

    Una de las sensaciones de esta edición, la china Self-Portrait: Fairy Tale in 47KM, que narra la iniciativa de un grupo de niñas que graban escenas de la modesta aldea donde viven, ha conseguido el Premio Jean Vigo a la mejor dirección: «Cine hecho en la vida cotidiana, con cada aspecto que hay que dominar, como las herramientas que se encuentran en la granja de 47KM. Los momentos milagrosos se acopian, otros se desbordan debido a una invención desordenada y alocada. Película realmente única que traza el camino de un nuevo tipo de cine democrático», señaló el jurado. El filme de Mengqui Zhang está encuadrado en su serie 47KM, que comenzó con la construcción un edificio en dicha aldea.

    A continuación, les presentamos el cuadro de honor.

    Premios oficiales

    • Gran Premio Punto de Vista a la Mejor Película, dotado con 10.000 euros, para Baleh-baleh de Pascale Bodet.
    • Premio Jean Vigo a la Mejor Dirección, dotado con 5.000 euros, para Self-Portrait: Fairy Tale in 47KM de Mengqi Zhang.
    • Premio al Mejor Cortometraje, dotado con 3.000 euros, para To Pick a Flower, de Shireen Seno.

    Premios especiales

    • Premio Especial del Público a la Mejor Película, dotado con 1.650 euros, para 918 GAU de Arantza Santesteban.
    • Premio de la Juventud a la Mejor Película, dotado con 1.500 euros, para Self-Portrait: Fairy Tale in 47KM de Mengqi Zhang.

    Menciones especiales

    • Mención Especial del Jurado (en la categoría a Mejor Película) a Evangelio mayor, de Javier Codesal.
    • Mención Especial del Jurado (en la categoría a Mejor Película) a 918 GAU, de Arantza Santesteban.


    Cobertura:

    — Introducción: anotaciones sobre su programación.
    — Crónica I: Una insuficiencia del cine periférico.
    — Crónica II: O movimento das coisas.
    — Crónica III: Una invisibilidad del cine periférico.

    por EAM
    marzo 20, 2022

    Punto de Vista 2022: Palmarés

    por EAM | marzo 20, 2022
    || FESTIVALES
    Punto de Vista 2022
    Crónica III
    Una invisibilidad del cine periférico


    Javier Acevedo Nieto
    Pamplona | 16º Festival Punto de Vista |

    De tanto mirar, hemos visto demasiado. De tanto observar, ya no podemos apartar la mirada. ¿Qué sucede cuando la imagen se equipara con la visión? Acontece que no seremos capaces de juzgar lo visible como real y lo invisible como irreal. La sección Lan del Punto de Vista ofrece una deconstrucción del sistema de visión de las cineastas invitadas. Esta deconstrucción ayuda a comprender mejor por qué miran así. Dentro de esta sección, el programa Termitas se encamina a reflexionar sobre el aspecto procesual de las obras presentadas: cómo se concibieron y cómo terminaron siendo lo que son. Decía que de tanto mirar, hemos visto demasiado; entonces, ¿hay espacio para destruir miradas?

    Esa es la propuesta de Memorias de ultramar, donde Carmen Bellas y Alberto Berzosa explicaron su proceso para huir de una imagen que damos por real: el escaso material de archivo sobre la colonización española bajo el Protectorado Español de Marruecos. El trabajo cuestionó toda una hegemonía de la representación. Para tal fin, se elaboraron fichas de trabajo que desgranaron motivos expresivos frecuentes en estas grabaciones (los recuerdos familiares), metáforas automatizadas (el progreso español simbolizado en complejos turísticos y la visión orientalista del folclore de la zona) y encuadres predeterminados (el blanco como individuo central de la imagen frente al otro relegado a los márgenes del servicio doméstico o mero figurante en su propio país). Asimismo, el trabajo previo en el software de edición constituyó un ejercicio de montaje especulativo: construir estructuras de imágenes efímeras (borradores rechazados) para encontrar arquitecturas más estables (cimentadas en una huida del punto de vista revisionista y satírico). Probablemente, lo más interesante del trabajo de Bellas y Berzosa sea lo que denominaron el desmontaje del «sonido colonial», es decir, esa ecología de sonidos que, de manera sesgadamente intuitiva, tomamos por «naturales y reales» cuando vemos un documental. Tal es el caso de la música folclórica para representar la vida en los pueblecillos, el barullo bárbaro en ciudades no occidentalizadas o el orden acústico guiado por solemnes narradores asociado a la visión del europeo condescendiente. Este desmontaje y remontaje a través de nuevas texturas sonoras y musicales resignifica el archivo y, además, resalta la importancia de saber medir bien el paso de la investigación a la formalización: puesta en imágenes de todo un proceso de intelectualización. Así, Memorias de ultramar resucita el archivo de distintas filmotecas estatales con una propuesta de antropología visual tan reflexiva como, en última instancia, ejemplificadora de un determinado mal de archivo. Como afirmaba Derrida, este mal de archivo hacía frente a la finitud de la memoria con una pulsión por registrar el desfallecimiento del olvido: porque olvidamos, registramos el proceso en el que el olvido se recuerda antes morir.

    Mismo mal de archivo compartido por To Pick a Flower, pequeño ensayo íntimo en el que la colonización estadounidense de Filipinas es simple telón de fondo para reflexionar sobre la problemática entre imagen/realidad. ¿Una imagen, por presente, es tan real como un recuerdo? Se suceden fotografías de mujeres fundiéndose con la naturaleza y, extrañamente, la evanescencia del recuerdo alcanza en la fotografía un carácter cuasi subalterno. Ya no se trata de intentar recordar para vivificar el amor, el odio o el cariño de esas personas anónimas. La directora Shireen Seno quiere transmitir que es más una cuestión de solapar miradas para cegar la visión absoluta del moderno imperialismo estadounidense. La colonización portuguesa de África, como la española, produjo ojos absolutos que, vistos desde la distancia, parecen ahora espejismo de cataratas belicistas y expansionistas. En Guerra, Marta Ramos y José Oliveira continúan con el mal de archivo mostrando un (post)archivo: los documentos vivos del recuerdo, es decir, veteranos y víctimas de todo un proceso histórico, social y cultural. La labor de montaje de estas tres películas no nos revela el mundo natural o la realidad aparente de la historia. Todo lo contrario, a través de su atomismo audiovisual (pequeñas imágenes atomizadas en destellos de olvidos invisibilizados), muestran el mundo aprehendido por un sujeto cultural determinado: este es un mundo imaginado colectivamente, tan volátil que su representación lleva en crisis desde su misma creación.

    Todo apunta a que lo invisibilizado es real y es en la fricción inesperada de las imágenes que alcanzamos a atisbar un escalofrío acogedor: quizá nuestra mirada es una periferia que permite observar las afueras otras realidades. Este cuestionamiento es una cuestión central en The Capacity for Adequate Anger. La mirada de Vika Kirchenbauer es queer por indeterminada y efímera. El montaje de imágenes fijas narra infancia, duda, crisis, mente, identidad a partir de los intersticios de aquello que no alcanzamos a ver puesto que las transiciones a negro entre diapositivas de vida no nos dejan expectantes: son tanto el vacío de un discurso como la constatación de una experiencia del mundo que golpea por su violencia archivadora. Un trabajo en construcción en el que hay una persona (auto)cuestionándose a través de la puesta en imágenes de la ausencia de visibilidad. Hay mucho que no vemos en la narración íntima de recuerdos, miedos y futuros que se sienten impostores. Precisamente, la entrada en crisis de la visibilidad y la representación se convierte para Kirchenbauer en una forma de evocar la incapacidad para tener una imagen pura, pues todo es recuerdo: polvo de vida que aconteció en una galaxia que murió hace tiempo. Hay un cuento de Julio Ramón Ribeiro llamado La insignia en el que su protagonista es contratado por una misteriosa organización sin motivo aparente. El protagonista, sintiéndose impostor dado que no comprende por qué está ahí, termina por acomodarse en medio de una organización en la que nadie sabe realmente qué hace y por qué está ahí. Este síndrome del impostor se manifiesta en la película de Kirchenbauer a través de una oralidad en la que lo queer se resignifica como un permanente estatus de extranjería. Imágenes de un anime, pedazos de fotos familiares, anécdotas de María Antonieta y, bajo todo ello, una dislocación del yo. Nada ni nadie representa lo queer, estatus condicionado a ser un exceso de otredad. Kirchenbauer, rompiendo la voz y alargando el inquietante picor de lo que no se visualiza (pero existe), construye un estimulantísimo ejercicio de recubrimiento de la invisibilidad: la indefinición de lo que no vemos y la inconcreción de lo que no podemos sentir como propio es, quizá, una forma extranjera de habitar la indeterminación de la identidad visual queer (¡solo puedo evocarlo, no concretarlo!).

    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 18, 2022

    Punto de Vista 2022: Crónica III

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 18, 2022
    || FESTIVALES
    Punto de Vista 2022
    Crónica II: «O Movimento das Coisas»
    Un paréntesis en el cine periférico


    Javier Acevedo Nieto
    Pamplona | 16º Festival Punto de Vista |

    A veces, la vida es obvia. El caudal del río del pueblo está casi helado en invierno. El párroco conduce la marcha fúnebre porque la vecina ha muerto. La luz en la casa parece un poco más tímida: agujerea la cortina y cae en el suelo de terrazo cuyas piedrecitas están más que contadas noche tras noche de insomnio. El mantel de hule rasgado por las tazas de desayuno. Un membrillo madura sobre la heladera: el olor de la muerte es pequeña mancha al final del pasillo, donde descansa la vieja tele de tubo.

    En 1984, Manuela Serra estrenó O Movimento das Coisas. El clientelismo, la endogamia de un pequeño país y la falta de reconocimiento social condujeron a que la película no tuviera un hueco en Portugal. Serra es una mujer de respuestas cortas. En el coloquio organizado durante esta proyección especial (enmarcada en la retrospectiva Foco) del Punto de Vista, las frases de Serra acaban siempre en el momento justo. Comenta su obra con pequeñas pinceladas y tan solo repite una frase durante sus intervenciones: quería mostrar «la belleza del gesto». En su boca y, sobre todo, en sus imágenes se confirma una máxima que solo ella podría decir. En palabras del crítico, esta es una de esas sentencias que soltamos sin que quien nos lee realmente pueda elaborarla en su cabeza.

    El filme se cierne sobre un pequeño pueblo portugués. Con calma, tesón y mimo, registra el deambular del tiempo por las callecillas empedradas. Las habitantes del pueblo se afanan en sus rutinas, que la película subraya con atención; las habitantes del pueblo construyen el día, que la cinta anota con imágenes de caligrafía tan precisa e inefable, ¡parecen filmadas sobre uno de esos cuadernitos para aprender a escribir! Piensen en personas convertidas en impresiones de sombras nacientes bajo el sol que colorea la tierra, el hogar y el rostro con tonos en los que el amanecer y el atardecer se entremezclan. En esta película, la puesta en escena consiste en domesticar el sol: desplazar un frutero unas milésimas, pararse a observar la madera de la cocina húmeda de observar la pileta, pensar en la jamba de las puertas como miradas a nuestras pequeñas ideas de familia.

    En esta película el tiempo no tiene extensión temporal. Las secuencias caen de la conciencia de estos personajes: hacen su rutina (hornear el pan, tomar una sopa, bailar en la verbena, telegrafiar la sonrisa a quien siempre está), en consecuencia, piensan el tiempo. El tiempo pensado no ocupa un espacio, se siente más como un desvanecimiento de gestos serigrafiándose en el paisaje. Tampoco ocupa un lugar: estoy hablando de una película en la que Serra orienta la imagen indirectamente hacia la vida/filo y canto de la superficie en la que venimos a soñar que el presente de nuestras vidas es todo cuanto necesitamos y, sobre todo, deseamos.

    Los pequeños restallidos del sonido crean marcapáginas en estos cuadernitos de vida. El ruido de la máquina ahogado por el murmullo del río, las viejas canciones amortiguadas por el ruido de la panificadora, el escurridizo bostezo del cepillo sobre el suelo respondiendo al siseo de las tijeras entre las zarzas. Serra pide a su montaje que hable del trabajo/ el montaje lo hace/las secuencias se encabalgan con una caricia amable que ella piensa/el montaje almidona. De los chasquidos de las lumbres íntimas de las habitantes del pueblo esta cineasta extrae pequeñas libélulas de fuego que, como el cine que quizá importa un poco, calienta tibiamente el rescoldo de esas penas que arrastramos. No es naturalismo, ni realismo; es cine sin retórica que imagina la escritura amable con la que nos hubiera gustado describir nuestras memorias.

    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 18, 2022

    Punto de Vista 2022: Crónica II | «O Movimento das Coisas»

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 18, 2022
    || FESTIVALES
    Punto de Vista 2022
    Crónica I
    Una insuficiencia del cine periférico


    Javier Acevedo Nieto
    Pamplona | 16º Festival Punto de Vista |

    No sé ustedes, pero últimamente por mi cabeza merodea un pensamiento intrusivo. Agazapado en esos pequeños rincones de la mente que aparecen —traidoramente— en los instantes muertos del viaje, se reafirma cuando tengo el privilegio de enfrentarme a nuevas imágenes. El pensamiento es simple: no es suficiente. Llegado a este punto de mi volátil trayectoria como alguien que piensa imágenes (también en este instante de una vida que no les interesa) nada parece ser suficiente. Quizá alguno de ustedes también se dedique a esto de adornar con palabras experiencias ante las imágenes, probablemente otros hasta las creen y otros tantos esperan una crónica al uso porque el tiempo es valioso y la crítica un oficio con cierta legislación. El caso es que uno no sabe muy bien cómo seguir estirando el lenguaje para aprehender la experiencia. Hasta este punto, la evolución de mis formas de expresión estaba íntimamente ligada a mi capacidad para transmitir: si podía contarlo, podía sentirlo. El lenguaje dictaba el alcance de mi experiencia, por extraño que parezca ahora que lo leo.

    Llegué a Pamplona por la tarde, aún con los restos del polvo caído del cielo en las zapatillas. Me he propuesto realizar un pequeño picoteo por las distintas secciones del Punto de Vista; un festival que, como ya sucede en otros certámenes, también parece acuciado por el ansioso pensamiento de la insuficiencia. Varias secciones jalonan una programación que, valga la redundancia, aspira a reflejar un año más distintos puntos de vista. Hasta aquí las metáforas sobre la visión. Entre esas secciones, este insuficiente recorrido se detiene en la Sección Oficial y Retrospectiva, dedicada este año al cine documental en Marruecos. Habrá espacio para unas pocas palabras sobre Focos; concretamente, el dedicado a la cineasta portuguesa Manuela Serra y Lan, sección que reflexiona sobre las condiciones de producción material de algunos proyectos audiovisuales.

    No es suficiente y, pese a ello, debo intentar transmitir ideas. Cuando se habla de cines periféricos (recuperando el concepto defendido por el crítico y teórico Alberto Elena), rápidamente se procede a una crítica del término sin adoptar, desgraciadamente, otro punto de vista. La idea de Elena respecto a un cine periférico era muy clara: un cine es periférico respecto a un sistema de pensamiento (el occidental), pero no lo es en términos de una de las muchas historias del cine que podemos escribir. Por lo tanto, lo interesante de los cines periféricos no es su ontología construida por oposición (es un cine contrapuesto al cine occidental); pensemos en una ontología por divergencia (es un cine al margen del occidental). Aquí, el término periferia permitía a Elena semantizar, adscribir y construir un espacio periférico tan vasto y al margen de las fronteras del cine occidental que, en realidad, todo quedaba por explorar. Esto lo ha entendido muy bien el cine latinoamericano contemporáneo y, afortunadamente, los distintos pensamientos críticos de sus países. Saberse en la periferia es reconocer una libertad enorme para construir un espacio desde otro punto de vista, liberado de las ataduras cognitivas de un Occidente hundido en el fango de sus promesas.

    El cine de Ahmed Bouanani,
    Narciso (Julio Fermepin, 2021), Baleh-baleh (Pascale Bodet, 2021)


    Por lo tanto, una retrospectiva centrada en el cine documental de Marruecos era una periferia que tocaba explorar. Qué mejor manera de hacerlo que a través de la obra de distintos autores y, concretamente, de Ahmed Bouanani. El Festival ofrece un marco para entender la traducción al español de La séptima puerta, obra en la que el artista marroquí recorría buena parte del cine de su país. Asimismo, a través de esta retrospectiva pueden rastrearse algunas obras que, deconstruyendo la mirada colonial, ofrecen miradas novedosas (todavía hay sorpresas, pese a todo) de una de esas muchas historias del cine que quedan por rastrear. En el caso de Bouanani esta operación se realiza a través de una deconstrucción de películas propagandísticas en la que emerge, a partir del trabajo con la periferia expresiva de imágenes politizadas, una suerte de profunda visión de la realidad sociocultural de un país que nos es tan ajena, como distante, como (en consecuencia) estimulante porque es mucho más que suficiente. El impacto estético y emocional del cine a veces aparece en estos recortes/bricolajes de imágenes que penetran con espíritu relajado, casi distraído/ el profundo espíritu de unas imágenes cuya «apracticidad» inmediata nos golpea por su tratamiento ulterior de las ideas: porque están ahí, no podemos traerlas aquí.

    por Javier Acevedo Nieto
    marzo 17, 2022

    Punto de Vista 2022: Crónica I

    por Javier Acevedo Nieto | marzo 17, 2022
    || FESTIVALES
    Punto de Vista 2022
    Programa
    Anotaciones sobre la 16ª edición.
    firma:
    Emilio Luna |
    Pamplona

    Del 14 al 19 de marzo, Pamplona se erigirá en el gran foco del cine documental del panorama cinematográfico internacional. El festival Punto de Vista se ha convertido, con quince ediciones previas, en uno de los referentes del formato. Un certamen cuya sección oficial recoge todos los registros y puede tener cabida «toda forma audiovisual de no-ficción que suponga una reflexión sobre lo real». Base principal de un evento que ejerce de punto de anclaje para todos los agentes de la industria –desde el creador hasta el público— y que reflexiona sobre el presente social y, cómo no, audiovisual; la imagen como reflejo pero también como vano de apertura para la divulgación y concienciación –en todo el sentido de ambos conceptos.

    La decimosexta entrega del Punto de Vista se iniciará con la proyección de Los caballos mueren al amanecer, de Ione Atenea, un poderoso trabajo que se presentará fuera de concurso y que cuenta con la siguiente sinopsis: «¿Qué pasaría si heredamos las cosas de unos desconocidos? Cuando Ione, la directora de la película, entra a vivir en la casa de los hermanos García, descubre que sus vidas continúan latentes en los objetos que dejaron: en un piano, cientos de dibujos, miles de fotos o un montón de casettes. Antonio era dibujante de cómics en la editorial Bruguera, Rosita era cantante de ópera y pianista. Junto con su hermano Juanito, convirtieron su hogar en un espacio de creación y ficción desde el que escapar de la realidad gris de la dictadura franquista; fueron estrellas de cine clásico. Su memoria alberga la historia del siglo XX. Años más tarde, ya con nuevos habitantes, la casa sigue siendo un lugar donde la vida puede ser de otra manera». Un planteamiento recurrente en el audiovisual contemporáneo, desvelar el pasado a través de lo material, que adquiere una nueva dimensión con este filme editado por Diana Toucedo, responsable de la magnífica Trinta Lumes.

    El filme de Ione Atenea abre una sección oficial en la que tienen cabida títulos con un amplio recorrido nacional e internacional como 918 GAU, Guerra, Soy libre o Narciso. En la competición de Punto de Vista el formato documental se despliega; y lo hace desde todas las formas y duraciones posibles: largos, medios y cortometrajes conviven y compiten como iguales. Una máxima que marca la naturaleza a contracorriente del certamen de la capital de Iruña. Así, dieciocho obras que se exhibirán en diez programas aspirarán al Gran Premio Punto de Vista, dotado con 10.000€, y al Premio Jean Vigo a la mejor dirección, con 5.000€.

    Justamente el espíritu del gran cineasta galo subraya la esencia del festival navarro: un espacio para «abrirnos los ojos y ayudarnos a ver más allá de las apariencias». Con esa cita en mente, escudriñar el resto de la programación del Punto de Vista nos deja una serie de estudios inéditos en nuestro país a nivel popular. Son los casos de las retrospectivas «¿Quién contará la historia? Inicios del cine documental en Marruecos» y «Encuentros en el río». La primera aborda los orígenes del cine documental de la nación magrebí, que describe los efectos del Imperialismo en el norte de África en los 70 a través de su figura clave: Ahmed Bouanani. La segunda, en cambio, tiene una vocación más genérica. Hay espacio para obras de Charles Urban, Jacques Rozier, Cecilia Mangini, André Antoine, Manoel de Oliveira, Teo Hernández o Yuliya Solntseva; y todas mantienen el mismo eje: el río como contexto y ente canalizador de la cotidianidad. Una recopilación de piezas que engloban un siglo de audiovisual. Mucho más acotada es la mirada de los focos de esta edición, centrados en las trayectorias de Sofia Bohdanowicz y Payal Kapadia, que ahondan en su aportación a la ficción de archivo, y Manuela Serra, firmante de la obra de culto O movimento das coisas (1985), único largo en su haber que además supuso el final de una carrera interrumpida por avatares vitales. La cineasta visitará Pamplona y hablará no solo de su cine, sino también del papel de la mujer en el universo artístico del Portugal de los 80.

    Sección oficial


    1. 918 GAU, Arantza Santesteban. España. 66’.
    2. Baleh-Baleh, Pascale Bodet. Francia. 51’.
    3. Charm Circle, Nira Burstein. EE.UU. 79’. Fuera de competencia. Sesión de clausura.
    4. Evangelio mayor, Javier Codesal. España. 138’.
    5. Film balkonowy, Pawel Lozinski. Polonia. 100’.
    6. Guerra, Marta Ramos y José Oliveira. Portugal. 104’.
    7. Les prières de Delphine, Rosine Mbakam. Camerún, Bélgica. 91’.
    8. Los caballos mueren al amanecer, Ione Atenea. España. 81’.Fuera de competencia. Sesión inaugural.
    9. Mille cipressi, Luca Ferri. Italia. 13’.
    10. Minamata Mandala, Kazuo Hara. Japón. 372’. Fuera de competencia.
    11. Narciso, Julio Fermepin. Argentina. 29’.
    12. Nenad, Mladen Bundalo. Bosnia, Bélgica. 22’.
    13. No hay regreso a casa, Yaela Gottlieb. Perú. 71’.
    14. Podul de Piatrâ / Pont de Pedra, Artur-Pol Camprubí. España. 18’.
    15. Saturn and Beyond, Declan Clarke. Irlanda. 60’.
    16. Self-Portrait: Fairy Tale in 47KM, Mengqi Zhang. China. 109’.
    17. Soy libre, Laure Portier. Francia. 78’.
    18. The Capacity for Adequate Anger, Vika Kirchenbauer. Alemania. 15’.
    19. To Pick a Flower, Shireen Seno. Filipinas. 16’.
    20. Transparent, I am, Yuri Muraoka. Japón. 12’.
    21. untitled part 9: this time, Jayce Salloum. Afganistán, Canadá. 6’.



    por Emilio M. Luna
    febrero 16, 2022

    Punto de Vista 2022 (I): Anotaciones sobre la programación de la 16ª edición

    por Emilio M. Luna | febrero 16, 2022

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