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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Eephus, Carson Lund [Cannes 2024]

    || Críticas | Cannes 2024 | ★★★★☆
    Eephus
    Carson Lund
    Elegía por el último bateo


    Paula Arantzazu Ruiz
    Cannes |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2024. Título original: Eephus. Duración: 98 min. Dirección: Carson Lund. Guion: Michael Basta, Nate Fisher, Carson Lund. Fotografía. Greg Tango. Compañías: Omnes Films. Reparto: Frederick Wiseman, Keith Williams Richards, Wayne Diamond, Gregory Falatek.

    Cuando desde el otro lado del Atlántico pensamos en un deporte tan estadounidense como el béisbol, es más que probable que lo primero que venga a nuestra cabeza sea un montaje acelerado de lanzamientos, bateos espectaculares, home-runs y una multitud de espectadores enfebrecidos hot-dogs en mano. Todos esos estereotipos juegan en verdad en contra de un deporte en el que el tiempo no sigue un ritmo concreto, más bien lo contrario: hay jugadas que son larguísimas y hasta tediosas, mientras que otras se resuelven en los segundos en los que la bola logra sobrevolar el campo tras uno de esos bateos de película.

    Quizá Carson Lund haya querido reflejar en Eephus la verdadera esencia del béisbol, esto es, que toda la velocidad y espectacularidad asociada a ese deporte es en realidad una patraña. Quizá sus intenciones vayan por otros derroteros, pero de lo que no cabe duda es de que la película con la que debuta como director, presentada en la Quincena de realizadores de Cannes 2024, es un hermoso tratado sobre el tiempo. El tiempo de los espacios, las comunidades, los ritos y, por supuesto, el del cine, pero también su carácter inasible y los muchos intentos del ser humano por detenerlo y transformarlo en instantes memorables, por muy prosaicos que parezcan en un principio.

    Eephus es, así las cosas, una película que captura lo que en apariencia podría ser una de las varias estampas anodinas del imaginario estadounidense: un partido de béisbol. Eso sí, tampoco va a ser un partido cualquiera, sino el que va a enfrentar a los Adler’s Paint y los Riverdogs a lo largo de todo un día (y parte de su noche) en el estadio de los Soldiers Fields, en algún lugar de Nueva Inglaterra, a punto de ser demolido para que en sus terrenos sea edificada una escuela. Los dos equipamientos son viejos conocidos, pero, a diferencia de los circuitos profesionales, aquí de lo que se trata no es de ganar y perder, sino de rendir tributo a un espacio que ha acogido desde hace años a un grupo de hombres de familia, ya entrados en los cuarenta, y a sus rutinas. Si ese estadio deja de existir, también, por tanto, esa comunidad que se ha formado fin de semana tras fin de semana. Sus gestos masculinos, sus conversaciones banales, los chascarrillos y las ligeras borracheras dominicales.

    Llama la atención que para su ópera prima el joven Lund haya escogido un tema tan melancólico y crepuscular, aunque las hojas otoñales que envuelven tan poéticamente el relato de Eephus no esconden un sentido del humor muy único, como tampoco un cariño especial hacia sus protagonistas. Desde que se juntan en el campo hasta que concluyen el partido, bien entrada la noche, los personajes hablan de sus inquietudes, cuentan chistes o repiten todo lo que ese deporte les ha enseñado sobre la vida. Entre los intérpretes, reconocemos a Keith William Richards (Diamantes en bruto), Keith Poulson (What Doesn’t Float, The Great Pretender y Her Smell), el jugador de béisbol Bill ‘Spaceman’ Lee, o Frederick Wiseman como la voz del locutor de radio que nos da la bienvenida a este particular microcosmos americano.

    No es casual que sea Wiseman el encargado de subir el telón de Eephus, porque su estilo observacional ejerce de faro guía de la puesta en escena de la propuesta. En verdad, Luns podría ser ese improbable hijo nacido del encuentro del director de Titicut Follies con Richard Linklater y James Benning; todos ellos adalides de un cierto cine estadounidense contemporáneo que se interroga por el tiempo y por el espacio. En Eephus, el transcurrir de esa jornada está marcado por unas cartelas que señalan cada uno de los momentos del día, pero si no fuera porque el cielo va oscureciéndose parecería que la calma se ha apoderado de ese partido de béisbol, como si se hubiera cercado ese escenario para que la velocidad no lo afectara y ese estadio se hubiera quedado suspendido en un limbo temporal.

    Dilatada como la trayectoria de un eephus – una forma de lanzar la pelota de béisbol que dibuja una parábola muy lenta, dejando al bateador confuso y con dificultades para decidir cuándo hacer el swing–, la película se recrea en una hipnótica emoción del tiempo extendido. Entre gestos de camaradería masculina, algunos entrañables, otros algo zafios, pero todos de una honestidad luminosa, el también director de fotografía de Ham on Rye (Tyler Taormina, 2019) y director de Omnes Films no necesita de gestos radicales o épicos para recordarnos la verdadera materia del cine y de la vida. Con esta película nos sucede, además, lo que a los protagonistas: sabemos que en algún momento acabará y que todo se perderá, y en realidad no queremos marcharnos del partido. ♦


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