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    Crítica | Rebel Moon – Parte 1: La niña del fuego

    || Críticas | Streaming | ★★★☆☆
    Rebel Moon – Parte 1: La niña del fuego
    Zack Snyder
    Somos más que los grilletes que llevamos


    Raúl Álvarez
    Madrid |

    ficha técnica:
    EE.UU. 2023. Título original: Rebel Moon – Part One: A Child of Fire. Director: Zack Snyder. Guion: Zack Snyder, Kurt Johnstad y Shay Hatten. Productores: Sarah Bowen, Misha Bukowski, Wesley Coller, Shay Hatten, Kurt Johnstad, Teresa Kelly, Eric Newman, Deborah Snyder, Zack Snyder, Bergen Swanson. Productoras: Grand Electric, The Stone Quarry. Fotografía: Zack Snyder. Música: Tom Holkenborg. Montaje: Dody Dorn. Reparto: Sofía Boutella, Ed Skrein, Charlie Hunnam, Djimon Hounsou, Michiel Huisman, Bae Doona, Ray Fisher, Staz Nair, Fra Fee, Anthony Hopkins (voz).

    Cuando Kathleen Kennedy anunció en 2012 la trilogía que cerraría la que ahora se conoce como Saga Skywalker, la productora también abrió la puerta a una serie de películas que explicarían eventos anteriores o intersticiales a los capítulos ya conocidos y que se presentarían bajo el subtítulo A Star Wars Story. Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One, Gareth Edwards, 2016) y Han Solo: Una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story, Ron Howard, 2018) constituyen hasta el momento los únicos ejemplos de esa línea de producción. Viene a colación este asunto porque durante años se habló de un proyecto a cargo de Zack Snyder que se definía como “los siete samuráis en el espacio”, en referencia al clásico de Akira Kurosawa. La propuesta no se concretó, pero habría tenido su gracia porque el cine de Kurosawa fue uno de los referentes de George Lucas para crear su universo, por lo que esa película habría supuesto una suerte de homenaje explícito.

    Pues bien, prácticamente una década más tarde, aquí está, por fin, esa idea, solo que en otro marco industrial (Netflix) y con un Snyder más seco en lo visual-creativo y más endeble como narrador que entonces, o al menos así se muestra en esta primera versión de su película para la popular plataforma. Primera, sí, porque, acaso consciente de sus lagunas, Snyder ya se ha apresurado a decir que tiene guardado en el cajón otro montaje –si es el bueno o el menos malo, eso está por ver– que responde a una visión “adulta” de Rebel Moon. Literalmente: “Es una película diferente”, ha declarado a Associated Press. Como eso, de momento, es una entelequia, lo que ahora toca es medir el alcance de una cinta que siempre parece a punto de explotar pero nunca lo logra. Se aprecia el alma del antiguo proyecto para Disney: un imperio, unos rebeldes y una causa, es decir el ADN de cualquier producto Star Wars. Sin embargo, el cuerpo se mueve de manera algo torpe y previsible, como un Frankenstein de ideas propias y ajenas que no terminan de encajar.

    Se trata, es cierto, de la primera parte de un díptico. Sin embargo, no sería honrado ni razonable disculpar en su totalidad esta Rebel Moon porque dentro de unos meses vaya a llegar la “buena” y, de regalo, el 16 de abril, una segunda parte en teoría más espectacular y épica. ¿Tendrá Snyder también lista otra versión de ella? El cine no es cuestión de oportunidades sino de tiempos, y en esta ocasión al director de 300 (2007) le ha fallado el control de daños que sí mostró para justificar la primera Liga de la Justicia (Justice League, Zack Snyder, 2017). Sin más preámbulos, cabe señalar que no estamos, no lo creo, ante el descalabro que han proclamado algunas voces críticas –los haters de guardia ante cualquier cinta de Snyder, curiosamente los mismos que le perdonan la vida a Nolan–, sino frente a una película que, quizá por primera vez en la carrera de su director, no atina a encontrar el tono adecuado entre historia, planificación y diseño de producción. Se aprecian incluso problemas en la continuidad de la iluminación; la dirección de fotografía es del propio Snyder. Tampoco el director luce su habitual ojo para concebir escenas icónicas. Al contrario, encuentro inanes dos de las más largas: la doma del pájaro por parte de Tarak (Staz Nair) y el tiroteo en el saloon; esta última, además, al borde de la homofobia.

    Hablando en plata: Rebel Moon no parece un filme de Snyder, o no del todo. Cualquier seguidor de su trayectoria reconocerá sus temas (el heroísmo entendido como sacrificio, la redención, el honor, el valor, el compromiso con la verdad) y sus personajes (outsiders que responden antes a un arquetipo que a un estereotipo, de lo que se deriva una mirada más mítica que legendaria). No así su caligrafía visual y sus rasgos de estilo, que en esta ocasión están inscritos en un ejercicio de manierismo forzado. Sin estas muletas, el cine de Snyder, un rebelde (con causa) de la estética, se cae con todo el equipo.

    Se nota, en particular, en el pobre carisma de los protagonistas, ya sean héroes o villanos, puesto que ninguno de ellos logra presentarse ante el espectador como un referente moral o inmoral de la historia. Por dentro, son caricaturas de trazo grueso, sin calado dramático, que habitan planetas concebidos desde la dirección artística como parques temáticos. Y por fuera, son personajes de franquicia de videojuego exploit, avatares sin sello de originalidad. Por momentos, y acaso este sea el peor síntoma, Rebel Moon semeja una secuela de El destino de Júpiter (Jupiter Ascending, Lana y Lilly Wachowski, 2015), otro intento fallido de hacer sci-fi pulp por ignorancia de su regla de oro: la ironía revestida de gravedad. Hasta ahora quien más se ha acercado es el bueno de David Twohy con Las crónicas de Riddick (The Chronicles of Riddick, 2004), maravillosa película de la que, por cierto, Rebel Moon ha copiado el diseño de varios ambientes (el planeta Sharaan), así como de las naves y tropas de Balisarius (Fra Fee), calcadas de la cultura necrógafa.

    Da la sensación de que Snyder no ha terminado de sentirse cómodo o no ha sabido ajustar a un nuevo universo su vieja idea para Star Wars. Que a veces, es inevitable, se abre paso en la historia. Un claro ejemplo es el personaje de Némesis (Bae Doona), una suerte de jedi ciberpunk para la que Snyder ha imaginado dos espadas ígneas que son una variación indisimulada de los emblemáticos sables de luz. O en la propuesta, obvia, por otra parte, de convertir a Kora (Sofía Boutella) en un nuevo Luke –granja incluida–, que luego fue Rei, que a su vez era… El enésimo héroe humilde que en realidad esconde un origen noble. Tampoco se ha puesto demasiado empeño en limar el parecido entre Noble (Ed Skrein) y su cohorte, y el séquito imperial de Palpatine en la trilogía original, aunque en este aspecto la película se fija fundamentalmente en la fórmula del Dune de Frank Herbert: tecnología y magia. Otra referencia latente que se aprecia en el aire de western espacial que tiene la película es La patrulla galáctica (The Adventures of The Galaxy Rangers, Robert Mandell, 1986), serie de animación nunca lo suficientemente reivindicada.

    Jamás sabremos si aquel plan de hacer “los siete samuráis en el espacio” habría sido una buena película de Star Wars. Lo que sí sabemos, vista esta primera versión de Rebel Moon, es que para trasladar un mito de su escenario original a otro distinto, no basta con alterar el diseño de producción. Hay que entender los códigos genéricos de ese nuevo mundo, bien para seguirlos a pies juntillas, bien para cambiarlos. Es lo que hizo Lucas cuando se llevó a Kurosawa a la órbita de la space opera según Alex Raymond, Christin y Mézières. O lo que hizo el propio Snyder cuando utilizó Sucker Punch (2011) para poner al doctor Caligari a los mandos de una consola de videojuegos diseñada por Freud. Aun con sus “peros” y esa condición de película cobaya para el público medio de Netflix, es innegable que en Rebel Moon late el corazón de un cineasta que sigue siendo capaz de ofrecer imágenes memorables y un modelo de cine comercial alternativo al blockbuster generado por técnicos en la fase de postproducción. El detalle de convertir a un robot con la voz de Anthony Hopkins en el narrador de esta historia –el único personaje noble y sincero–, denota que Snyder no ha perdido el aliento poético. Como la Odisea, Rebel Moon apela a una Musa que nos hable del viaje más extraordinario: la libertad de aquellos que se saben dueños de su destino. Ellos son los auténticos rebeldes.


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