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La patria perdida
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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | O corno

    || Críticas | ★★★☆☆ ½
    O corno
    Jaione Camborda
    Una realidad visceral


    Rubén Téllez Brotons
    Madrid |

    ficha técnica:
    España, Portugal, Bélgica, 2023. Título original: O corno. Dirección: Jaione Camborda. Guion: Jaione Camborda. Producción: Esnatu Zinema, Miramemira, Elastica Films, Bando à Parte, Bulletproof Cupid. Música: Camilo Sanabria. Fotografía: Rui Pocas. Reparto: Janet Novás, Diego Anido, Nuria Lestegás, Julia Gómez, Siobhan Fernandes, Nuno Preto, Daniela Hernán Marchán, María Lado. Duración: 103 minutos.

    El Novo Cine Gallego —término acuñado por primera vez por los críticos Xurxo González, José Manuel Sande y Martin Pawley— lleva más de una década ofreciendo cintas de verdadero calado, tanto emocional como intelectual, que, en su gran mayoría, rompen con los moldes estéticos y narrativos habituales al mismo tiempo que se lanzan de cabeza a explorar temas oscurecidos por la sombra del tabú. Tanto la crítica como los festivales han respaldado un movimiento cuyos nombres más reconocidos probablemente sean Óliver Laxe (triplemente premiado en Cannes por Todos vós sodes capitáns, Mimosas y O que arde) y Lois Patiño (ganador del premio a Mejor director emergente de Locarno por Costa da morte). Este año, películas como Matria, de Álvaro Gago (premio a Mejor actriz en Málaga y seleccionada en Berlín en la sección Panorama), Sica, de Carla Subirana (también proyectada en el certamen alemán) y Samsara, del propio Patiño (premio especial del jurado en Encounters de la Berlinale) no han hecho sino confirmar lo evidente: que el cine español está en proceso de ruptura de muchos de los muros —lingüísticos, de género— que limitan su expansión hacia ese infinito expresivo cuya búsqueda mantiene viva a toda disciplina artística. Así, que Jaione Camborda haya sido la primera directora española en ganar la Concha de Oro de San Sebastián y lo haya hecho precisamente con O corno, supone el broche de oro —valga la redundancia— para este gran año de cine gallego en particular y el español en general.

    La película transcurre en la Illa de Arousa, durante 1971. Allí, María (Janet Novás) lleva una existencia en apariencia tranquila: tiene una casa pequeña, pero acogedora, trabaja recogiendo marisco, se lleva bien con la gente de la isla y disfruta tanto de la música y el baile de las fiestas populares como del silencio que acompaña a la contemplación de un paisaje natural profundamente arrebatador. Un día, la hija adolescente de una amiga suya le confiesa que está embarazada y le pide con la desesperación propia del ruego que le ayude a abortar. Ella acepta, pero todo sale mal y la joven termina muriendo a causa de una hemorragia interna. Así, cuando la policía inicie una investigación y María sea señalada por alguien del pueblo, la huida hacia Portugal se convertirá en la única forma de salvar su vida.

    Desde los primeros fotogramas, la película se presenta como un ejercicio de fisicidad dispuesto a romper con esas barreras de cristal que protegen al espectador cuando lo que se proyecta en la pantalla es algo nuevo para él. O corno arranca con una escena de más de diez minutos de un parto: la cámara se pega a la piel de los personajes para captar esa parte de la realidad —rostros sudados de agotamiento, gemidos de dolor cortados por la agonía, silencios de desesperación— que rara vez se ha filmado con exactitud, sin edulcorantes o elipsis pudorosas. Consciente de que todo lo que tiene que ver con el cuerpo de la mujer ha sido silenciado históricamente por el cine, Jaione Camborda se propone abrir en canal las pupilas del espectador con punzadas de verdad que son al mismo tiempo veraces y violentas; que arrojan algo de luz sobre las muchas sombras que se pierden en el cajón del olvido y hacen sangrar las conciencias de todos los enemigos de la memoria; que fascinan —por mostrar lo desconocido— tanto como laceran —lo desconocido son todas aquellas vidas amordazadas, torturadas y asesinadas sobre las que se construye la sociedad actual.

    La película se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera se caracteriza por la fisicidad descrita en el párrafo de arriba; la segunda, se mueve entre las huellas siempre asfixiadas de la huida y el calor de esos gestos que por desinteresados terminan siendo profundamente humanos. La protagonista abandona su hogar escapando de una injusticia y emprende un viaje hacia un futuro incierto en el que recibirá la ayuda de muchas mujeres que, como ella, son víctimas de un sistema opresor que las condena a ser un mero apéndice de los hombres. Así, lo que O corno gana en profundidad discursiva, lo pierde en fuerza estética: las imágenes, con alguna excepción, se van suavizando a medida que el metraje arde frente a los ojos del espectador y, en consecuencia, se van haciendo más digeribles, menos viscerales. Esto, sin embargo, no empaña la notable calidad de una cinta histórica que se hace muy fuerte en su profunda reflexión sobre la importancia de la sororidad y que plantea escenas verdaderamente emocionantes que no dejarán indiferente a nadie. ♦


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