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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Sala de profesores

    || Críticas | 68 SEMINCI | ★★★★★
    Sala de profesores
    Ilker Çatak
    Pesadilla en las aulas


    Rubén Téllez Brotons
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Alemania, 2023. Título original: Das Lehrerzimmer. Dirección: Ilker Çatak. Guion: Johannes Duncker, Ilker Çatak. Música: Marvin Miller. Fotografía: Judith Kaufmann. Reparto: Leonie Benesch, Eva Löbau, Anne-Kathrin Gummich, Leonard Stettnisch, Sarah Bauerett, Michael Klammer, Kathrin Wehlisch, Rafael Stachowiak.

    Un aquelarre de ansiedad y odio que aumenta de intensidad a medida que pasa el tiempo y que no hace sino desactivar paulatinamente el pensamiento racional de las personas implicadas en él, deviniendo en una guerra abierta en la que las estrategias más sucias y tramposas están a la orden del día. Así se podría resumir Sala de profesores, cinta dirigida por Ilker Catak, que se alzó con el galardón a Mejor Película en los Premios del cine alemán de este mismo año.

    Carla Nowak (Leonie Benesch), una joven profesora que promueve una forma de educación lúdica y empática cuyos pilares fundamentales —diálogo por encima de todo, seguimiento individual y exhaustivo de cada alumno— se oponen de forma taxativa a los modelos rígidos y autoritarios del pasado, empieza a trabajar en un colegio que hace de la intolerancia frente a las injusticias su emblema. Se inician, de repente, una serie de robos por todo el colegio que afectan tanto a alumnos como a docentes y que se alargan en el tiempo sin que las autoridades del centro sean capaces de hallar al culpable. Los maestros comienzan a interrogar a los delegados de cada clase esperando que acusen a todos aquellos alumnos que no son blancos. Carla rechaza dicha forma de actuar, pero, movida por la sospecha de que el ladrón puede ser un trabajador del colegio, deja su ordenador grabando en la sala de profesores. Así, cuando, después de conseguir un vídeo en el que aparentemente se ve a la culpable en acción, acuda a la directora para intentar solucionar el problema sin que llegue a mayores, desencadenará de forma involuntaria una serie de agresiones físicas y psicológicas que pondrán el colegio entero patas arribas.

    Los centros educativos funcionan como una sociedad en miniatura que reproduce los mismos vicios que la de los adultos: desde el machismo, el racismo y la homofobia, pasando por la estratificación en clases sociales, hasta llegar al impulso competitivo exacerbado que no hace sino convertir la escuela en una cantera de futuras máquinas productiva. Ilker Catak sitúa su nueva cinta en un colegio para poder analizar con detenimiento no sólo el comportamiento de los niños, sino también el de los adultos que les educan. Aunque cabe aclarar que Sala de profesores no es tanto una radiografía de la sociedad contemporánea, como un thriller con espíritu de metralleta que dispara constantes dilemas morales al espectador sin darle apenas tiempo a que los digiera. El director, por tanto, teje una telaraña de violencia, mentiras, malas decisiones e intenciones insidiosas que no tiene escapatoria alguna. La protagonista acusa a una compañera de haberle robado la cartera después de grabarla con las manos en la masa y, a partir, de ahí, la calma que imperaba en la institución se ve quebrada de forma irreversible: los profesores pronto se quitan las caretas de cordialidad con las que ocultaban su mala baba, su profunda falta de humanidad, su egoísmo y su nula capacidad para educar a los alumnos; los padres hacen todo lo posible por limpiar la buena imagen de sus hijos, aunque para ello tengan que negar sus faltas; y los más jóvenes replican el comportamiento de los mayores con una mezquindad preocupante.

    El director opta por una puesta en escena de estilo documental que emplea la cámara en mano, los movimientos veloces y los primeros planos asfixiantes, como herramientas con las que tensar la imagen hasta provocar, literalmente, ataques de ansiedad; hasta conseguir que el celuloide muerda las pupilas del espectador y no las suelte hasta los créditos finales: hasta convertir la pantalla en la más temible de las pesadillas; hasta, en fin, transformar la sala de cine en un sótano de tortura. La cinta no busca en ningún caso ofrecer soluciones al conflicto, sino plantear unas preguntas tan punzantes como incómodas: ¿realmente deben educar a sus hijos unos padres que, habiendo metabolizado todos los conceptos del heteropatriarcado, no tienen intención de deconstruirse?; ¿pueden unos profesores llenos de prejuicios tratar en igualdad de condiciones a todos sus alumnos, sin importar su clase social, su género, su orientación sexual, el color de su piel o su religión?; ¿el sistema actual está interesado en formar a los niños promoviendo valores como el respeto y la tolerancia o sólo quiere construir trabajadores alienados que sigan moviendo la máquina de hacer dinero?; ¿el colegio excluye y estigmatiza a los estudiantes con más dificultades porque ayudarles supondría un coste de recursos extra que al capitalismo no le conviene?; ¿el comportamiento caprichoso e impaciente de los más pequeños es un fiel reflejo de lo que ven en casa? Definitivamente hay un elefante en la habitación.


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