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    Crítica | Houria (Libertad)

    || Críticas | ★★★☆☆
    Houria (Libertad)
    Mounia Meddour
    Cine y canon


    Alfonso Cañadas
    Madrid |

    ficha técnica:
    Argelia. 2022. Título original: «Houria (Freedom)». Dirección: Mounia Meddour. Guion: Mounia Meddour. Compañía productora: Ink Connection, High Sea Production, Cirta Films, France 2 Cinema, Les Productions du Ch'Timi, Same Player, Scope Pictures, Shotinmars, Solar Entertainment. Distribuidora: Front Row Filmed Entertainment, Le Pacte, Wild Bunch. Dirección de fotografía: Léo Lefèvre. Intérpretes: Lyna Khoudri, Rachida Brakni, Francis Nijim, Salim Kissari, Marwan Zeghbib, Amira Hilda Douaouda, Nadia Kaci, Meriem Medjkrane, Zahra Manel Doumandji, Salima Abada, Redouanne Harjane. Duración: 98 minutos.

    Tras el éxito de su anterior largometraje, Papicha, sueños de libertad, que en el año 2019 fue presentado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, la directora argelina Mounia Meddour estrena Houria (Libertad). Si algo tienen en común ambas películas, más allá de la preocupación por dar visibilidad a la figura oprimida de la mujer joven argelina, es la penetrante presencia de la actriz Lyna Khoudri, cuyo personaje estructura al completo la trama de la segunda. La película comienza con imágenes de la protagonista practicando pasos de ballet; su concentración, persistencia y sacrificio inundan la escena. De esta sutil manera Meddour nos introduce al carácter de Houria, quién parece exteriorizar todas las presiones internas que sufre como mujer en su país a través del baile, de un tipo de baile que implica dolor y sufrimiento. Pero bailar no es la única ocupación de la protagonista, ya que en realidad ella se gana la vida como asistenta en un hotel de la ciudad. Allí será donde una compañera y amiga le introduzca a la idea de abandonar el país de manera ilegal para llegar a España, donde como mujeres de clase baja encontrarán una situación (supuestamente) mucho más favorable.

    Pese a la reticencia inicial de Houria, el deseo de escapar de su país natal irá calando poco a poco en su mente. Sin embargo, ante tal objetivo existe una importante barrera económica, por lo que los primeros pasos de la historia se centran en narrar cómo la protagonista trata de conseguir dinero de manera ilegal. Quizás en el momento más surrealista de la película, descubrimos la estrategia de Houria para ganar dinero de manera rápida: apostar en peleas de carneros. Así, la protagonista acude cada noche a una parcela donde se celebran enfrentamientos entre estos animales, consiguiendo salir victoriosa en su primera apuesta. Sin embargo, este plan que olía mal desde un comienzo, acaba trayendo enormes consecuencias: en un nuevo intento por subir la apuesta, el propietario de un animal ataca a Houria y le roba el dinero ganado. Empero no será el dinero lo más relevante que la protagonista pierda esa noche, y es que un bloqueo emocional le hace perder la voz de manera permanente. Este hecho solo es un ejemplo de las continuas metáforas que la directora utiliza para narrar la historia, algunas más acertadas que otras.

    La asociación entre la agresión sufrida por Houria tras la pelea de carneros y su pérdida de la voz resulta muy adecuada para simbolizar la opresión sufrida por las mujeres por parte de la violencia patriarcal, reflejándose especialmente en acusaciones que parecen acabar, en su mayoría, enterradas en el silencio debido a la nula credibilidad que reciben por parte de autoridades y de la propia sociedad. Sin embargo, en otras ocasiones, esta utilización de la metáfora en la película resulta algo más infantil o demasiado obvia, como es el hecho de que los carneros que pelean lleven nombres de presidentes estadounidenses (Trump u Obama), representando de alguna forma la torpeza y lucha sin sentido de los políticos de Occidente. No obstante, a partir de la agresión, la historia da un nuevo giro inesperado: ahora la película se centra en la nueva condición de la protagonista, quién imposibilitada de comunicarse al exterior, explota al máximo su capacidad introspectiva a través del baile. Houria se concentra así en mejorar en el ballet, tratando más tarde de montar una academia de baile, y de ayudar, de manera algo disconforme, a su compañera de trabajo a escapar del país. Ambos planes acabarán caracterizándose por su falta de éxito en un comienzo: el plan de escapada de Argelia resulta mucho más oscuro y peligroso de lo que en un principio se podía suponer, y el carácter de la protagonista, cada vez más encerrada en sus obsesiones debido a sus dificultades para expresarse, acabará por llevarle a la frustración y el sufrimiento interno. De alguna forma parece que, tras el violento incidente, Houria siguiera culpándose en su interior de lo sucedido, utilizando la estrategia masoquista de destruir su interior como redención ante su falsa responsabilidad.

    Llegado este punto, y resaltando el hecho de que Houria (Libertad) es una interesante visión de la autodestrucción de una mujer ante la agresión masculina, la parte menos emocionante y destacable de la película es, sin duda, su apartado estético-narrativo. Meddour se mantiene segura en los planos largos plagados de conversaciones, con una luz tenue que baña de realismo la película, lo que paradójicamente nos aparta del supuesto desequilibrio mental que está sufriendo la protagonista en la segunda parte de la obra. La cámara persigue, de manera plana y sin nervio alguno, a los personajes de manera tan uniforme tanto en la parte inicial como final de la obra. Por desgracia parece venir cocinándose desde hace años una estética narrativa tremendamente similar para todas aquellas películas estrenadas en festivales internacionales que ponen el foco sobre cuestiones sociales y emocionales. Así, resulta difícil emocionarse a nivel visual e imposible no acordarse de otros estrenos de cine social con unas características narrativas tremendamente similares. Más allá del notable guion de Houria (Libertad), ¿dónde queda la innovación? ¿cómo escapar de esta sistematización estético-narrativa que domina el panorama del festival internacional? Son preguntas que la película de Mounia Meddour también nos hace plantearnos.


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