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La patria perdida
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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Harka

    || Críticas | ★★★★☆
    Harka
    Lotfy Nathan
    El sueño frustrado de la Primavera Árabe


    Cristina Rosales García
    Madrid |

    ficha técnica:
    Francia, 2022. Título original: «Harka». Dirección: Lotfy Nathan. Guion: Lotfy Nathan. Compañías productoras: Cinenovo, Kodiak Pictures, Beachside, Anonymous Content. Fotografía: Maximilian Pittner. Música: Eli Keszler. Reparto: Adam Bessa, Najib Allagui, Salima Maatoug, Ikbal Harbi, Mohamed Ouni, Khaled Brahem, Moez Hannachi. Duración: 90 minutos.

    Más de una década ha pasado desde que Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante, se inmolara delante de las oficinas del gobernador de Sidi Bouzid después de haber sido robado y agredido por las autoridades. Las imágenes del suceso no tardaron en llegar a los medios de comunicación, desencadenando una fuerte oleada de manifestaciones y huelgas generales en contra de la corrupción y del abuso policial que imperaba en las calles de la ciudad. Estas protestas fueron el inicio de la Revolución del Jazmín que más tarde se extendería a todo el norte de África y Oriente Medio, precipitando la Primavera Árabe. El levantamiento del pueblo tunecino sirvió de precedente al resto de países árabes que vio en él un ejemplo de unión ante las injusticias sociales cometidas por sus gobiernos. Con todo, la situación, once años después, apenas ha cambiado: el desempleo sigue siendo uno de los problemas principales y muchos optan por emigrar ilegalmente a Europa sin la certeza real de encontrar una realidad distinta. Harka, el debut de ficción del director y guionista estadounidense Lotfy Nathan, presentado en la pasada edición de Cannes, donde la maravillosa interpretación de Adam Bessa le granjeó el premio a mejor actor en la sección Un Certain Regard, se sitúa en ese complejo contexto.

    Ali, el protagonista de esta historia, representa la desesperación alquímica consecuencia de sueños y expectativas que no se han visto cumplidos. Vive solo, okupando una casa a medio hacer, sin agua ni electricidad, y se dedica a vender gasolina en la calle para ahorrar el dinero que le permita cruzar el Mediterráneo en busca de algo mejor. Justo cuando está a punto de conseguir la cantidad que necesita, la muerte de su padre por cáncer lo obliga, tres años después, a volver al hogar familiar para cuidar de sus hermanas pequeñas Alyssa (Salima Maaatoug) y Sarra (Ikbal Harbi), mientras su hermano Skander (Khaled Brahem) se va a trabajar a un complejo turístico al sur de la ciudad. La muerte del patriarca trae consigo, además, una enorme deuda que deben saldar para que el banco no los desahucie. De repente, Ali se encuentra sobrepasado por la situación, inmerso en una carrera a contrarreloj que le exige aceptar algunos trabajos ilegales, robar a turistas o encarar a su jefe, que se niega a pagarle el dinero que le debe. Ante esta situación, y siendo consciente de que nada de lo que haga es realmente suficiente, se ve abocado a tomar medidas drásticas e irreversibles para acabar con la desesperación, mental y física, que provoca lo incierto. ¿Hasta dónde llega el deseo, las ganas, de sobrevivir?

    La tensión y el tono narrativo contrastan con un estilo visual sorprendentemente lírico. El trabajo de cámara de Maximilian Pittner es prácticamente impecable, la sutileza y el naturalismo sintonizan con los paisajes que Ali va dejando atrás en sus viajes por carretera. Al mismo tiempo, las narraciones en voice over de la menor de las hermanas refuerzan el sentido poético del largometraje. Alyssa —o más bien su voz— delinea a Ali como un hombre y no como un símbolo de lucha y es, precisamente, en este reconocimiento donde el personaje cobra sentido. Lotfy Nathan va un paso más allá en su tarea como cineasta al marcar una clara línea entre el qué se está contando y el cómo se cuenta porque es ahí donde reside la diferencia entre una buena película y una gran película. El director logra, mediante una miscelánea de géneros, que su obra se eleve y trascienda al mero retrato sensacionalista de la miseria de todo un país, convirtiéndose en algo más profundo y visceral. Por momentos, la película parece enmarcarse en el thriller, en otros se acerca al drama social y descarnado, y en gran parte de las escenas nos encontramos con un estudio psicológico del personaje de Ali. Cuando una apuesta tan arriesgada como esta funciona, los resultados, no solo narrativos, también visuales, resultan emocionalmente poderosos. Ya el propio título es toda una declaración de intenciones por parte de dirección. Harka tiene un doble significado en árabe: por un lado, «arder» y, por otro, hace referencia a la acción de cruzar el Mediterráneo en barco. El destino de Ali está resuelto desde mucho antes de empezar su historia y en el transcurso de esta se enfrenta a una falsa sensación de elección de la que el espectador ha sido también partícipe hasta la toma final. Lo que fue y lo que pudo haber sido se presentan en el filme como dos caras de una misma moneda: la muerte.


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