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    Crítica | Al descubierto

    || Críticas | ★★★☆☆ |
    Al descubierto
    Maria Schrader
    Weinstein al desnudo


    José Martín
    Telde |

    ficha técnica:
    Estados Unidos. 2022. Título original: She Said. Dirección: Maria Schrader. Guion: Rebecca Lenkiewicz (Libro: Jodi Kantor, Megan Twohey). Producción: Lexi Barta, Dede Gardner, Jeremy Kleiner. Productoras: Annapurna Pictures, Plan B Entertainment, Universal Pictures. Distribuidora: Universal Pictures. Fotografía: Natasha Braier. Música: Nicholas Britell. Montaje: Hansjörg Weißbrich. Reparto: Zoe Kazan, Carey Mulligan, Patricia Clarkson, Andre Braugher, Samantha Morton, Jennifer Ehle, Angela Yeoh, Ashley Judd.

    Siguiendo la senda marcada hace tres años por la miniserie La voz más alta y por Bombshell (Jay Roach, 2019), dos proyectos paralelos que denunciaron el sistemático abuso que el todopoderoso director de Fox News Robert Ailes infringió sobre decenas de mujeres que trabajaron para él, Maria Schrader y su guionista Rebecca Lenkiewicz trasladan al cine los hechos recogidos en el libro de 2019 de Jodi Kantor y Megan Twohey She Said: La investigación periodística que desveló los abusos de Harvey Weinstein e impulsó el movimiento Me Too. En él las dos periodistas relataron el arduo trabajo de investigación y recopilación de testimonios que culminó felizmente con la publicación del incendiario artículo del New York Times, en 2017, donde se destaparon los abusos de Harvey Weinstein, uno de los productores más poderosos de Hollywood, sobre multitud de actrices y empleadas de Miramax. Sin duda, aquello supuso una primera gran victoria de las mujeres sobre aquellos hombres que, amparándose en sus posiciones de poder, se creían intocables y con el derecho de cometer todo tipo de vejaciones sobre ellas, propiciando la aparición del celebrado movimiento Me Too. La película de Schrader realiza un recorrido bastante transparente y directo de cómo se gestó el polémico artículo, ensalzando la labor humana y profesional de Jodi y Megan, dos mujeres obstinadas con sacar a la luz una realidad que tantas otras féminas sufrían, a diario, en despachos o habitaciones de hoteles, víctimas silenciosas (y silenciadas, previo pago de sumas de dinero) de las artes depredadoras de un tipo sin escrúpulos. El guion de Lenkiewicz muestra, a grandes rasgos, las circunstancias personales de ambas periodistas en el momento en el que trabajaban en su noticia. Mientras que Jodi queda presentada como la profesional sensible y empática –tal vez el hecho de ser madre de dos niñas pequeñas influye en sus ansias por construir un mundo mejor donde estas no sufran en el futuro el machismo de la sociedad– que comienza el proyecto, Megan hace gala de una mayor agresividad y determinación en sus métodos de consecución de la información, si bien en su vida personal se muestra bastante más frágil, sobrellevando mal una reciente maternidad que no sabe muy bien cómo manejar, por lo que busca refugio en lo que mejor domina: su trabajo.

    La cinta de Schrader viene a ser un nuevo exponente de un género tan interesante como el del periodismo de denuncia y, aunque no alcanza la maestría cinematográfica de esa obra maestra referente que fue Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), sí abraza una solidez que llega, sobre todo, gracias al trabajo de todas y cada una de sus actrices. Es verdad que el peso de la función recae sobre las estupendas Zoe Kazan y Carey Mulligan, ambas muy convincentes en sus roles de Jodi y Megan, respectivamente, pero sería injusto no mencionar también la labor de Patricia Clarkson como Rebecca Corbett, la editora a cargo del departamento de investigaciones de The New York Times, de Jennifer Ehle como Laura Madden, una mujer decidida a ofrecer su testimonio contra Weinstein mientras se debate entre la vida y la muerte por un cáncer, y, sobre todas ellas, una magistral Samantha Morton que en ua única escena es capaz de dejar una huella imborrable como la gran actriz que es, poniéndose en la piel de una antigua empleada de Miramax, también dispuesta a tirar de la manta. Su fugaz pero intensa escena junto a Zoe Kazan en una cafetería es posiblemente uno de los momentos más memorables de la película. Mención aparte tendría Ashley Judd, una de las primeras actrices que se atrevieron a denunciar públicamente las malas artes de Weinstein, viendo como su carrera se resentía, pasando de ser una de las estrellas más prometedoras de los 90 a verse relegada a papeles cada vez más secundarios, algo que no duda en achacar a la mano negra del productor en Hollywood. Judd se interpreta a sí misma y detalla sin tapujos cómo fueron los momentos en los que se vio sexualmente acosada por Weinstein. Ella es la única de las víctimas reales que ponen su rostro en el filme, pero también están muy presentes otros nombres propios tan reconocidos como los de Gwyneth Paltrow, Rose McGowan –cuya credibilidad e imagen se vieron seriamente dañados cuando, en el pasado, había intentado que el mundo conociera la violación a la que fue sometida por el productor– o la modelo Ambra Battilana, de quien llegamos a oír extractos de la grabación de audio oculta que realizó a Weinstein cuando este la citó en su habitación con intenciones que nada tenían que ver con intereses profesionales.

    Partiendo de la base de que She Said es una obra más que interesante y necesaria para conocer los orígenes del Me Too, especialmente en Hollywood, es cierto que se podría haber dado más cancha a las historias de las víctimas, casi todas esbozadas tímidamente mediante entrevistas, en lugar de otorgar tanto protagonismo a las periodistas. La primera escena, donde se presenta a una joven Laura Madden cuando comienza a trabajar en la producción de una película de Miramax, feliz e ilusionada, antes de mostrarla huyendo aterrorizada, supuestamente, después de haber sufrido el acoso del productor, hacía presagiar que la cinta iba a ser más explícita a la hora de mostrar el horror experimentado por todas aquellas mujeres, pero lo cierto es que ni Weinstein aparece en todo el metraje –únicamente a través del teléfono, desde donde trata de silenciar el trabajo de la prensa– ni se recurre a flashbacks que muestren los episodios de acoso o abuso sexual sobre aquellas más de 80 mujeres que, posteriormente, acabarían llevándole a la cárcel. El guion se muestra eficaz, aun así, a la hora de reflejar el miedo y la impotencia de las víctimas a la hora de contar su verdad. Conscientes de que se trata de la lucha de David contra Goliat, solo la unión de todas ellas, en un acto de valentía, podía hacer tambalear los cimientos de una industria eminentemente machista, donde los hombres tenían el poder y lo ejercían de las maneras más deplorables. Weinstein fue solo la cabeza visible de tantos otros depredadores que se lo pensarían mucho a la hora de volver a molestar a una mujer. Es por eso que la historia que cuenta She Said es tan importante y digna de ser contada, y su directora acierta a transmitir cómo las heridas psicológicas y los traumas generados por experiencias tan traumáticas siguen presentes en quienes las sufrieron aun cuando hayan pasado más de dos décadas de las mismas. Triunfa como película periodística, que habla de la cara más humana y combativa de la profesión –Megan, antes que a Weinstein, ya trató de desenmascarar, sin éxito, a Donald Trump durante su campaña a la presidencia en 2016–, mostrándose interesante y ágil durante sus más de dos horas de metraje. Podría haber tenido un poco más de garra o agresividad, pero sus creadores han preferido, tal vez huyendo del sensacionalismo intrínseco de la propia historia, no cargar las tintas en los ingredientes más desagradables de la misma. Lo que queda es una buena película, engrandecida por los trabajos de unas actrices en estado de gracia y por el necesario mensaje de sororidad femenina que prevalece tras su visionado.


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