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    Crítica | Pearl, de Ti West

    || Críticas | ★★★★☆ |
    Pearl
    Ti West
    Delirios de una mente perturbada


    José Martín
    Telde |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: «Pearl». Dirección: Ti West. Guion: Ti West, Mia Goth (Personajes: Ti West). Producción: Jacob Jaffke, Harrison Kreiss, Kevin Turen, Ti West. Productoras: A24, Little Lamb. Distribuidora: A24. Fotografía: Eliot Rockett. Música: Tyler Bates, Tim Williams. Montaje: Ti West. Reparto: Mia Goth, David Corenswet, Tandi Wright, Matthew Sunderland, Emma Jenkins-Purro, Alistair Sewell. Duración: 101 minutos.

    Toda una proeza. Cuando aún tenemos fresco el estreno de una de las mejores cintas de terror del año, la sorprendente X (2022), Ti West ya se ha marcado una precuela que indaga en los orígenes de la “villana” de aquella, esa anciana obsesionada con el sexo y la sangre que respondía al nombre de Pearl. Y la cosa no quedará aquí, porque ya se ha podido ver el teaser de lo que será el cierre de la trilogía, MaXXXine, que verá la luz en 2023. X fue un divertidísimo y desinhibido homenaje al slasher y el porno de los 70, a través de un grupo de jóvenes que llegaba a una granja perdida de Texas para rodar, en riguroso Super-8, una película independiente de sexo explícito, encontrando sus mejores armas en una conseguidísima estética de exploitation setentera y en la magnífica labor de la actriz Mia Goth, desdoblada en dos personajes tan antagónicos como el de esa actriz de cine para adultos con aspiraciones de convertirse en una nueva Lynda Carter, y la decrépita y lasciva Pearl. La precuela cambia completamente de estilo, ambientándose en la misma granja que sirve de escenario a la matanza de X, pero en el lejano 1918, con la gripe española causando estragos en la población –resulta curioso ver a los personajes protegerse con mascarillas como en la reciente pandemia de covid, pero cabe recordar que aquella pandemia acabó con la vida de más de 50 millones de personas–. Allí conoceremos a Pearl cuando era una joven cargada de sueños de triunfar en el mundo del cine como bailarina, para así dejar atrás su triste existencia de granjera, doblegada a las estrictas normas morales de su madre y a los constantes cuidados a un padre que malvive en estado casi vegetativo en una silla de ruedas, mientras que espera la llegada de un marido que partió a la guerra años atrás. Mia Goth vuelve a ponerse en la piel de esta mujer, aquí liberada de la aparatosa caracterización de octogenaria que lució en el anterior filme, bordando su encarnación de una perdedora, un patito feo que pretende competir contra rubias y espigadas bellezas por una oportunidad en Hollywood, y cuya capacidad de no rendirse ante nada solo es comparable al placer que siente al matar –en principio, saciado a costa de animales del lugar como víctimas–.

    Si X remitía directamente a los clásicos del American Gothic de Tobe Hooper, como La matanza de Texas (1974) y la más marginal Trampa mortal (1976) –a través de la presencia de un gigantesco cocodrilo como letal mascota–, ya desde sus títulos de crédito, Pearl parece querer recuperar la esencia del melodrama clásico de Douglas Sirk, gracias a una expresiva fotografía en Technicolor, obra de Eliot Rockett. Pearl es una obra mucho más estilizada y elegante que su mucho más gamberra antecesora, y, también, realiza un profundo estudio del personaje principal, que el gran hacer de Mia Goth consigue provocar en el espectador sentimientos tan encontrados como compasión y repulsión. Pearl es, como la Carrie de Stephen King, una joven “diferente” que solo quiere ser normal y a la que la influencia de una madre autoritaria y la crueldad de la sociedad que la rodea convierten en un ser progresivamente peligroso y vengativo. Se detectan muchísimas influencias del cine clásico hollywoodiense en cada fotograma de este trabajo de West, desde El mago de Oz (Victor Fleming, 1939) –Pearl quiere escapar de su granja igual que Dorothy huía de Kansas en busca de una vida mejor en algún lugar sobre el arco iris, y en una de las escenas más oníricas de Pearl, esta tiene una escena sexual con un espantapájaros–, a Que el cielo la juzgue (John M. Stahl, 1945), con un momento en un lago y el padre discapacitado–, pero el director se las arregla para que el conjunto no sea un simple ejercicio de estilo que se limita a imitar modelos por todos conocidos, sino que logre tener personalidad propia, gracias a los elementos sórdidos y macabros que salpican su historia. Resulta fascinante la naturalidad con la que su protagonista se mueve entre registros tan opuestos como la aparente candidez, típica de una señorita de la época, y una maldad que la hace cometer las mayores atrocidades, casi sin despeinarse –especialmente tensas son las escenas con el padre, testigo mudo del monstruo que esconde su hija–.

    Ti West ha rodado aquí el mejor filme de su carrera, hasta la fecha, reflejándose en una dirección brillante, tanto de sus actores –no solo Goth, atención al magnífico trabajo de Tandi Wright como la madre represora–, como en el montaje. Sabe rodear a Pearl de un puñado de buenos personajes que ayudan a entender mejor su frágil estabilidad mental. La historia de amor con el proyeccionista del cine a donde acude a evadirse de la realidad, como no podía ser de otra manera, tiene tintes morbosos –fantástico el momento en que la chica presencia, por primera vez, una película porno clandestina–, mientras que la estrecha relación de amistad que Pearl mantiene con su cuñada, una chica que simboliza todo lo que ella querría tener (belleza y dinero), está destinada a acabar mal por los arrebatos paranoicos de la protagonista. Como cinta de terror psicológico funciona como un reloj, aunque West siga manteniéndose fiel a su gusto por el gore –las muertes son tan salvajes y explícitas como las de X– y las imágenes perturbadoras –ese cochinillo comido por los gusanos–. Hay momentos de gran cine dentro de Pearl, y todos y cada uno de ellos funcionan como maravillosa oportunidad de lucimiento dramático de Mia Goth, que se consolida como una de las actrices más dotadas de su generación. Destacan el número de baile que lleva a cabo en un casting, absolutamente brillante como homenaje a los musicales clásicos, o un brutal monólogo que nos regala en los últimos compases de la historia. Pero, si hay que elegir un momentazo protagonizado por Mia, me quedo con ese plano fijo de su rostro que cierra la película, donde una sonrisa forzada se va convirtiendo lentamente en una mueca de locura que causa verdadero pavor. Ha sido toda una sorpresa descubrir a la joven que una vez fue la anciana asesina de X, una muchacha empoderada de principios del siglo XX, obstinada en reescribir su historia y escapar de una vida que no quería llevar. El camino hacia el éxito y la consecución de los sueños nunca había sido tan sangriento como el que recorre este personaje en la que bien podría considerarse la mejor película de terror de 2022, título que hasta su estreno ostentaba X. Irónicamente melodramática, retorcida, bañada de un humor negro muy sui géneris, Pearl resplandece como una joya del cine actual, con todo el aroma de los grandes clásicos.


    Pearl, Ti West
    Una de las grandes películas de terror del año.

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