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    Crítica | H, de Carlos Pardo Ríos

    || Críticas | SEFF 2022 | ★★★☆☆ |
    H
    Carlos Pardo Ros
    A cinco pasos del M


    Javier Acevedo Nieto
    Sevilla |

    ficha técnica:
    España, 2022. Título original: «H». Dirección: Carlos Pardo Ros. Guion: Pablo Gisbert, Carlos Pardo Ros. Productora: DVEIN Films. Fotografía: María Antón Cabot, Gabriel Azorín, Teo Guillem, Carlos Pardo Ros, Óscar Vincentelli. Reparto: Itsaso Arana, Pedro Ladroga, Leonard Plattner, Julio Carlos Ramos, Abelo Valis. Duración: 67 minutos.

    En A la caza de la mujer, James Ellroy compone unas memorias que necrosan el cadáver de su madre asesinada en 1959. Tras desear la muerte de esta cuando esta le da a elegir entre ella y su padre, un joven Ellroy queda marcado hasta el punto de que estas crónicas son una especie de exorcismo edípico en el que el escritor norteamericano conjura en cada una de las mujeres que pasaron por su vida el espectro de su madre. La escritura de Ellroy, que muchos consideran demasiado seca, árida y aislada en enunciados que nunca terminan por fluir, adopta en este libro un extraño tinte supersticioso. El fantasma de la madre no se invoca para ajustar cuentas, sino que sobrevuela como un espectro lánguido que se nutre del deseo contrariado del autor.

    Este tipo de literatura en el que la superstición, la especulación y el tenebrismo se dan la mano se trasladó al audiovisual, medio idóneo para la psicologización de géneros y formatos narrativos que se pusieron en crisis con el posmodernismo literario. En consecuencia, numerosas películas introdujeron el procedimiento de la reificación (la transformación de procesos mentales en representaciones más o menos estables) en esquemas narrativos no lineales (u oníricos en muchos casos) que la llegada del digital encumbró por medio de la densificación de la carga informativa de la imagen: la mayor capacidad de artificio permitió que muchos creadores acudieran a la hauntología como concepto estético codificable digitalmente. Crear imágenes ensoñadas o espectrales era un proceso de reificación que daba forma nítida y ultra-definida a los imaginarios surrealistas.

    En ese sentido, una película como H no es ninguna revolución en el cine español. Heredera de la hauntología digital, la película de Carlos Pardo Ríos se apoya en el fallecimiento de un hombre en un encierro de San Fermín para narrar las horas previas al fallecimiento mediante una indagación formal que busca vivificar sensorial y emocionalmente el estado de conciencia previo a la muerte. En este tipo de videoensayo experimental y especulativo la forma y la experimentación con la composición digital o analógica suelen marcar el alcance expresivo del dispositivo. No es casualidad que sea en internet, a través de géneros audiovisuales electrónicos como el creepy pasta o las aventuras ergódicas, donde la experimentación haya alcanzado cotas más elevadas de expresividad. La dispersión estética e informativa de la red se presta a que, en medio de un panorama informativa sumamente estratificado (en metabuscadores, foros o redes sociales, entre otros), surjan tendencias que busque extrañar y explorar la indeterminación de estas bases de datos. Surgen así toda clase de movimientos, desde el webcore al vaporwave, que reciclan estéticas para conformar artefactos especulativos sumamente originales.

    El principal problema de H es que su exploración formal parece confundir la libertad especulativa con la mera divagación discursiva. La libertad para especular con ideas y posibilidades creativas que activen una determinada heurística antihumanista falla desde el momento en el que el simulacro formal resulta irrelevante. El uso del punto de vista subjetivo, el undercracking que altera la velocidad de la película, los fundidos y sobreimpresiones, la ruptura de imágenes en frames superpuestos/congelados o la inclusión de capas sonoras solapadas son decisiones encomiables formalmente, pero que están tan embebidas de su supuesta novedad digresiva (que no es tal, desafortunadamente) que su impacto perceptivo no es todo lo visceral que podría parecer.

    Asimismo, como pieza de dark media (que Thacker engloba en las manifestaciones audiovisuales que emplean la tecnología —en este caso, la versatilidad del digital para alterar la colorimetría, quizá el gran hallazgo de la película junto al diseño sonoro— para relacionar la idea de archivo con un componente sobrenatural), H es una película que especula sobre el antihumanismo y los limites del cuerpo, pero sin despegarse de un nihilismo intelectual que no escapa de falsas correlaciones como las establecidas por la causalidad de pensamiento y experiencia. El dark media, amparado en filosofías como el aceleracionismo o las ideas sobre lo absoluto de Meillassoux, está impregnado del mismo nihilismo, pero va más allá en su explotación de lo siniestro, lo extracorpóreo y lo inhumano como categorías que rompen con el esquema empírico habitual. Por lo tanto, su carácter especulativo organiza narrativas basadas en la imposibilidad de la comunicación y la especulación, es decir, su génesis se cimenta en lo que Thacker denomina «excomunicación». En H, estos aspectos emergen de manera meramente cosmética, sin que se detecte una elaboración formal o artística realmente contundente, en especial al lado de otros cineastas especulativos y siniestros como Travis Wilkerson o, sin salir del cine español, lo hecho por Miguel Ángel Blanca en Quiero lo eterno).

    Un experimento repleto de ideas, pero que no terminan de cristalizar en una ficción-documental especulativa que sea formalmente sugerente. El mayor riesgo de propuestas como H no es que caigan en saco roto (discutir sus fallos es, en buena medida, reconocer sus riesgos), sino la complacencia de un sector crítico o prescriptivo que vea en ella otro artefacto en el que depositar, ahora sí, las fosilizadas formas de la crítica. H arriesga y es quizá una heredera orgánica de un tipo de cine obsesionado con apresar el gesto de cuerpos en permanente fuga. Hay algo en ella también de generacional y vivencial, una suerte de antirrelato contra las formas de narrar y estructurar la memoria. La cuestión es si esa búsqueda del tenebrismo y de la indeterminación acaso no permanece en la antesala del sueño lúcido, en un duermevela que no está ni aquí ni allá. Qué difícil valorar el riesgo en una industria y una crítica tan poco dadas a ello.


    H, Carlos Pardo Ros
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