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    Crítica | Una historia de amor y deseo

    || Críticas | ★★★☆☆
    Una historia de amor y deseo
    Leyla Bouzid
    Eterna devoción


    Ignacio Pablo Rico Guastavino
    San Sebastián|

    ficha técnica:
    Túnez, Francia. 2021. Título original: «Une histoire d’amour et de désir». Dirección: Leyla Bouzid. Guion: Leyla Bouzid. Compañías productoras: Blue Monday Productions, arte France Cinéma, CNC, Cinémage 14, Fonds Images de la Diversité. Fotografía: Sébastien Goepfert. Montaje: Lilian Corbeille. Reparto: Sami Outalbali, Zbeida Belhajamor, Diong-Kéba Tacu, Aurélia Petit, Mahia Zrouki, Bellamine Abdelmalek. Duración: 102 minutos.

    En uno de sus libros menos recordados, pero acaso de los más enjundiosos y lúcidos, La mujer en el inconsciente musulmán (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2005), Fatima Mernissi –bajo el seudónimo de Fatna Ait Sabbah–, cuestiona la construcción de ciertas imágenes de la mujer en la Historia literaria árabo-musulmana. Sin embargo, de sus páginas se derivan no solamente agudas críticas a la creación de una femme imaginaria, irreal, en obras que forman ya parte del acervo cultural mundial como El jardín perfumado (1535), manual sobre los placeres del sexo –más literario que científico– del jeque tunecino Nefzawi, o el influyente poema amoroso Layla y Majnun, del persa Nezamí Ganyabí, alumbrado en el siglo XII. Mernissi, consciente de que las palabras dicen, a menudo, no solamente lo que el autor pretende, sino que proyectan sentidos que trascienden las intenciones originales, vislumbra el modo en que, a partir de esa galería de damas, en ocasiones histéricas, en otras viciosas, emerge el temor hacia todo aquello que la mujer llegar a ser; la certeza, en el fondo, de que, libre y sin ataduras, la hembra podría empequeñecer con su sombra al macho.

    Precisamente, la tradición literaria árabe y musulmana atraviesa el segundo trabajo de la tunecina Leyla Bouzid. Ahmed (Sami Outalbali), francés de origen argelino y vecino de una banlieue, consigue gracias a sus grandes dotes como estudiante, así como al desempeño en oficios de media jornada, comenzar a estudiar en la Universidad de la Sorbona, para sorpresa, envidia e incluso desconfianza de sus vecinos. En las clases de Literatura comparada, donde se aborda la poesía árabe y su influjo en Occidente, cruza su camino con el de la tunecina Farah (Zbeida Belhajamor). El interés mutuo brota desde un primer momento, y desde entonces, el largometraje concatena una serie de ocasiones perdidas y meditaciones a propósito de este romance tardoadolescente, amenazado no solo por la inseguridad que procura la juventud e inexperiencia de Ahmed, sino, y ante todo, por la desorientación cultural en la que este vive inmerso.

    Marcado por una mala experiencia amorosa previa –que Bouzid, elegante, apenas esboza a través de una escueta y fortuita conversación en un tren– y por una realidad social que ha confinado la experiencia árabe y musulmana a las coordenadas de lo halal (lícito) y lo haram (ilícito), Ahmed no puede evitar, como aquellos autores que descubre y lee en sus clases, mirar a Farah, es decir, a la mujer, como un insondable enigma, un ente incontrolable que se revuelve contra el orden moral que –pese a no ser él musulmán– impera en su mente. Pero como sucedía en el libro de Mernissi, el adentrarse en este universo lírico de inagotables riquezas, y la voluntad de traerlo al presente y amoldarlo a su propia experiencia, abre una etapa de descubrimiento íntimo acerca del alcance del deseo y del amor, y de los límites que, en nuestros días, se imponen a la vivencia de un afecto verdaderamente libre, abierto a toda posibilidad.

    Porque Una historia de amor y deseo es una narración acerca de las problemáticas fronteras entre la literatura y la vida; y cuando nos referimos a la vida, lo hacemos en su más amplia extensión. Las relaciones familiares de Ahmed, especialmente lo referido a una vitalista hermana que disfruta sin mirar a su alrededor; los complejos de tipo racial y cultural; el opresivo ambiente de la banlieue; o el sentimiento de derrota que ha infundido un padre exiliado, dejan su huella en el carácter del héroe. Labor de escritura notable que se erige en uno de los mayores valores del filme de Bouzid, donde la mirada al pasado y a las propias raíces literarias se convierten en campo de batalla con uno mismo y con el mundo.

    Este segundo trabajo de la directora de As I Open my Eyes (À peine j’ouvre les yeux, 2015) no carece de méritos en términos de realización. Nótese la decisión con que la cámara realza, a través del uso del desenfoque y del apego de la cámara al rostro del protagonista, el hermetismo de Ahmed, constantemente cercado por los miedos y prejuicios que han tomado el control de su vida. Asimismo, escenas como la del intercambio de caricias en Nochebuena –un único plano de las manos de Ahmed y Farah, que se encuentran entre las páginas de un libro– muestran la notoria maduración de Bouzid desde su ópera prima. Aunque no podamos dejar de notar algunos tropiezos y problemas en el desarrollo del relato –sobre todo, ciertos clichés asimilables a las ideas de las políticas de la identidad, que encuentran difícil encaje en el conjunto de la propuesta–, lo cierto es que Una historia de amor y deseo halla, con bella modestia, un modo inteligente y adecuado de filmar el desasosiego del desencuentro y la ternura del encuentro. ⁜


    Une histoire d’amour et de désir, Leyla Bouzid
    Sección oficial de la Seminci 2021.

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