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    Crítica | Pornomelancolía

    || Críticas | #SSIFF 70 | ★★☆☆☆ |
    Pornomelancolía
    Manuel Abramovich
    Vacíos llenos de purpurina


    Alicia Rambla
    San Sebastián |

    ficha técnica:
    Argentina, 2022. Título original: Pornomelancolía. Duración: 94 min. Dirección: Manuel Abramovich. Guion: Manuel Abramovich, Fernando Krapp. Fotografía: Manuel Abramovich. Reparto: Lalo Santos. Productora: Coproducción Argentina-Francia-Brasil-México; Desvia Productions, Dublin Films, Gema Films, Mart Films.

    En la época de los aesthetics, es normal que la ornamentación tenga un peso fundamental en la cultura, el blin blin que diría Bad Gyal. Y es que el referenciarse en la época dorada del capitalismo de los 2000 tiene sus cosas. La suntuosidad por encima de las formas y la purpurina por encima de sus fondos resulta en una superficialidad que no ahonda en sus cuestiones y menos en sus respuestas, sino en la capacidad de brillar que tienen sus materiales en su fisicidad más inmediata. Abocados ante esa inmediatez aparece el ansia que todo lo quiere para ayer… y en este todo aparecen los cuerpos. Del ansia se alimentan plataformas tan populares como Onlyfans que hacen bandera de esa tan nombrada «libertad», la misma que es coartada por las estéticas imperantes que no permiten ver más allá de lo que simplemente deslumbra.

    Se hubiera dicho que Pornomelancolía venía a rendir cuentas a todas estas cuestiones y ofrecer una perspectiva más crítica ante la libertad del cuerpo mercantilizada y, por qué no, del consentimiento. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que encontramos es una pieza que se da la mano con todo eso que quiso destruir, pecando de superficial y vacua. No va más allá de mostrar escenas bien iluminadas de porno gay y la relación del protagonista, Lalo, con las nuevas plataformas de intercambio pornográfico. Carece además de una evolución cohesiva en sus conclusiones. Ya en una de sus primeras escenas contiene en potencia todo eso que Abramovich no consigue llevar a puerto. En ella, vemos un rodaje de una película porno de rol en la que el protagonista y otro hombre interpretan a los revolucionarios Pancho Villa y Emiliano Zapata, como si el director quisiera trazar un discurso político a través de esas imágenes tan impregnadas de ideas. Esto es, el protagonista se encuentra desempleado cuando decide entrar en la industria, de modo que podría ser un germen para desatar alguna revolución, interior al menos, y simbolizar con los insurrectos todos los claroscuros que ejercen de muro de carga de la industria.

    Hay más piezas que podrían seguir tejiendo ese discurso que se resquebraja según avanza el metraje. Hay alguna mención al VIH con el propósito de reducir sus estigmas, pero que una vez más están cargadas de pretensión sin forma ni fondo posible más allá de lo explicativo. Como quien trata de sintetizar en Instagram o Twitter una problemática que requiere más texto que el que se le dedica por la propia naturaleza del medio y acaba por convertirlas en ideologías de usar y tirar. Por reciclarlas en blin blin.

    La soledad de Lalo se contrapone a su desempeño en los estudios. Si bien en los rodajes está rodeado de gente con la que confraternizar, solo acaban siendo compañeros, que abocan su vida a una rueda existencialista en la que solo es posible salir del aislamiento a través del trabajo. Como idea formal es probable que sea la mejor ejecutada, ya que la gran mayoría de composiciones de la película son primeros planos y planos medios para que nos quedemos con él, con su expresión; para intentar mirar a los ojos huecos de quien siente que no hay otra alternativa viable para sobrevivir en el mundo. Empero, más allá de esta idea formal, no hay un desarrollo en su planificación. La película muestra rostros tristes, ¿pero para qué?

    A todo ello hay que sumar a las declaraciones del protagonista previas al estreno, acusando a director y productores de no disponer de un especialista en salud mental en el rodaje, de presionarle para grabar cuando estaba «emocionalmente roto», y de haber hecho escenas porno pese a su negativa. Otro detalle que revela que hay más vanidad que una preocupación sincera de contar temas ligados a las luchas sociales, siendo Abramovich preso de sus disertaciones superficiales, y acabando irónicamente por ser ejecutor de las violencias que quería criticar. ⁜


    Pornomelancolía, Manuel Abramovich
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