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    Crítica | A Couple

    || Críticas | Venezia 79 | ★★★★★
    A Couple
    Frederick Wiseman
    Deshacer el cine


    Mariona Borrull Zapata
    Venecia (Italia)|

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: «Un couple». Dirección: Frederick Wiseman. Guion: Frederick Wiseman, Nathalie Boutefeu. Compañías productoras: Wat Films, Zipporah Films. Música: Felix Mendelssohn. Fotografía: John Davey. Montaje: Frederick Wiseman. Reparto: Nathalie Boutefeu. Presentación oficial: Selección Oficial Festival de Venecia. Duración: 63 minutos.

    Frederick Wiseman nos la ha jugado a todes. De dirigir documentales de tres a cuatro horas de media a estrenar una película de ficción que dura una hora y tres minutos (¡y qué contención tan deliciosa en tiempos de languidez temporal!). De las grandes panorámicas institucionales made in America a una adaptación literaria sin grandes pompas, y en francés. Del espíritu simpático que se desprendía de su observación generosa a la absoluta opacidad de una película que no pretende gustar, reverenciar o apelar a nadie. A Couple es una obra fea y sumamente insignificante: fenómeno raro, nos recuerda que el cine se hace y se piensa sobre una pantalla, no sobre los cómodos raíles de la convención.

    A Couple se asienta sobre los cimientos del monodrama, una suerte de soliloquio que Wiseman ya había tanteado en su segunda y última ficción, La dernière lettre (2002), adaptación en forma de larga carta de la Vida y destino de Vasiliy Grossman. Hoy el cineasta adapta pasajes de los diarios que Leo y Sophia Tolstói escribieron durante toda su relación. Dichos fragmentos corren a medio camino entre el documento íntimo y la carta de confesión, pues a petición de Leo la pareja solía leerlos en voz alta cada vez que tenían invitades. Las palabras, tanto de ella como de él, son prueba de una relación turbulenta, marcada por largos períodos de desconfianza y odio, puntuados por alguna que otra reconciliación, reconocidamente momentánea.

    Quien se llevó la peor parte fue, cómo no, Sophia. Olvidada por la Historia, eterna «esposa de», víctima de numerosas infidelidades… En la película, le insufla vida una Nathalie Boutefeu vestida de época, que yerra tranquila por una costa ufana. De él no tenemos noticia o referencia alguna, ni en las misivas ni el filme de Wiseman: al contrario, en «Una pareja» hay espacio solo para la mujer, a quien Wiseman regala un mundo entero. Comienza la película con imágenes de las olas repicando contra las rocas, seguidas de flores, árboles y demás. Sobre la cara y el pelo de Boutefeu corre un viento ligero pero arremolinado. A Couple prueba escalas y luces sobre el cuerpo de ella, siempre delante de un fondo cambiante, como si el baile entre la mujer y el suelo que pisa no fuera a dos, sino a tres bandas.

    Hay poco personaje en nuestra Sophia, un coro de varias voces para palabras que no se identifican según quien las pusiera sobre papel. Wiseman relaja el tono enarbolado de su monólogo, dividiéndolo en unos pocos fragmentos, torbellinos interrumpidos por la vuelta de la naturaleza a un primer plano (los acompañan largos interludios de solo mar, viento y vegetación). La película desactiva cualquier tentativa de arrebato emocional, relajando la progresión de las cartas a un mero sucederse. Si los sentimientos corren, son de forma tan azarosa e imprevisible como en la misma casa de Tolstói.

    Toda la película de Wiseman parece haber sido antidirigida, es decir, creada en el caos que queda fuera de los claros patrones del lenguaje del cine. Las imágenes de Sophia podrían haber sido filmadas por una criatura sin noción alguna de los estándares que hacen del audiovisual un medio comprensible, aquellas reglas tácitas «que valen más que mil palabras». Wiseman intercala planos generales con cortes a un primer plano, sin que haya razón narrativa para ello. Corta cuando quiere, a veces a media frase y sin pretender resaltar emoción alguna. Incluye planos compuestos en diagonales extrañas, imágenes de ella cruzando el plano demasiado rápido o trastabillando sobre el suelo inestable, encuadrada en una escala de plano que sabemos, desde el fondo de nuestras tripas, está demasiado abierta. Nos emocionamos con el único plano detalle que habita la película.

    Las cartas de Sophia son puro cine sin digerir. Quizás la nota discordante pueda describirse solo como la certeza profunda de que estamos viendo algo que no deberíamos; una película que no toca. A Couple parece montada a partir de errores y rellenos, imágenes desechadas de otro filme, «el bueno», el que se entiende, el de verdad. Pensarla no solo nos devolverá una imagen clara de cuáles son los quistes que hacen incomprensible toda alternativa al cine institucionalizado. También servirá para que reconozcamos, de una vez por todas, a una mujer que también fue deshecho en tiempos de norma. ⁜


    Un couple, Frederick Wiseman
    Competición 79ª edición de la Mostra de Venecia.

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