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    Crítica | Stone Turtle | #Locarno2022

    || Críticas | Locarno 2022 | ★★☆☆☆
    Stone Turtle
    Mahesh Narayan 🇮🇳
    La isla fuera del tiempo


    Ignacio Navarro Mejía
    Locarno (Suiza) |

    ficha técnica:
    Malasia, Indonesia, 2022. Título original: «Stone Turtle». Director: Woo Ming Jin. Guion: Neesa Jamal, Woo Ming Jin. Producción: Greenlight Pictures. Fotografía: Kong Pahurak. Música: Phil Chapavich. Reparto: Kunchako Boban, Divya Prabha, Loveleen Mishra, Danish Husain, Kannan Arunachalam, Faisal Malik, Sidharth Bhardwaj, Dimpy Mishra, Kiran Peethambaran, Faizal Malik, Saifudheen E.. Duración: 91 minutos.

    En la primera jornada de la 75a edición del festival de Locarno, los equipos organizadores y participantes se han puesto de acuerdo para que coincidieran dos coproducciones asiáticas, ambientadas respectivamente en la India y en Malasia. Pero las similitudes no han ido más allá de esta, por lo demás laxa, coincidencia geográfica. Stone Turtle, la nueva película de Woo Ming Jin, procede de este último país y ha sido la segunda en tener su puesta de largo, para cumplir desde ya ese afán por romper esquemas que busca la selección principal del certamen suizo. La cinta en cuestión nos sitúa en una remota isla cercana a la península malasia, donde las autoridades creen que ya no habita nadie, pero lo hacen unos pocos aldeanos, o más bien aldeanas, con peculiares modos de subsistencia. En el caso de la misteriosa protagonista, se gana el sustento para ella misma y para su hija gracias al comercio clandestino de huevos de tortuga. La expresión del título hace referencia, sin embargo, a la tortuga convertida en piedra de una leyenda o cuento narrado a la niña y visualizado en pantalla en segmentos animados. Hay tres de ellos, ya que este relato fantástico se desvela en tres partes, y esta fragmentación reiterativa se extiende a toda la narración, cuya estructura en verdad es de lo más curiosa.

    La historia arranca con la brutal muerte de la hermana de la protagonista, aplastada con una piedra por su padre, mientras su madre invoca una plegaria, al haber ultrajado aquella el honor de la familia, por tener una hija fuera del matrimonio. Por algún motivo los padres esperan a que ésta haya cumplido los siete años para ejecutar este terrible filicidio, a modo de ritual, y la niña huérfana (su padre es entonces desconocido) tiene que criarse con su tía, trasladándose ambas a la mencionada isla. Con todo, las apariencias engañan, tanto en lo referido al parentesco de la niña como a los visitantes del lugar, y la historia se va desarrollando a base de giros dramáticos y alteraciones cronológicas, de tal manera que un hecho, en especial una muerte, nunca parece definitiva, ya que acto seguido la narración puede volver atrás y repetir, en apariencia, la misma situación, si bien ahora con otro punto de vista. Hay una frase que pronuncia el personaje principal, que traducida vendría a decir algo así como que ella prefiere estar viva en una isla de fantasmas que ser un fantasma en la tierra de los vivos. La emite con solemnidad mirando, a través de la cámara, a su interlocutor, porque en esa frase se encierra el significado esencial de la película. Y es que en realidad todos son fantasmas que deambulan en un paraje igual de fantasmagórico, ya sea la isla o la tierra firme, y por eso la línea entre la vida y la muerte es tan difusa.

    Con todo, una vez establecida esta intención, Stone Turtle peca de falta de atmósfera para envolverla. La localización no se aprovecha para sugerir un tono que debería ser hipnótico, pues la planificación es muy pedestre y la ambientación, más allá de las propias imágenes que proporciona esa localización, muy escasa, por lo que tales imágenes no son apenas impactantes. El surrealismo de la propuesta queda prácticamente reservado al libreto, y la extrañeza resultante funciona más por acumulación que por inducción directa. Incluso da la sensación de que este efecto provocador se debe a una sucesión de ocurrencias más que a un relato trabajado pues, aunque es cierto que al final las piezas encajan, lo hacen no como consecuencia de una verdadera progresión, sino por conveniencia del montaje. Por otro lado, esta irregularidad tiene su lado positivo, y es que hay momentos memorables, sobre todo los de las secuencias de animación, que casan sorprendentemente bien en el heterogéneo y sintético metraje. También hay una ocasional voz en off que aporta una dimensión añadida, confirmando que el destino de estos personajes está siendo manejado por una fuerza ajena y superior a ellos mismos. Es verdad que esto les resta fuerza propia y, de hecho, las tortugas de dibujos acaban siendo más conmovedoras que los seres en carne y hueso. Pero hay que reconocer igualmente la dedicación de la actriz principal, que se echa la película a sus espaldas para dotarla de una mínima coherencia y para que el espectador pueda llegar a compartir sus penurias. ⁜


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