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El acusado Plumas
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    Crítica | The medium

    || Críticas | ★★☆☆☆ ½ |
    The Medium
    Banjong Pisanthanakun
    Terror (sobre)natural


    Elisenda N. Frisach
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Tailandia, 2021. Título original: «Rang Zong». Direccción: Banjong Pisanthanakun. Guion: Siwawut Sewatanon, Chantavit Dhanasevi, Na Hong-jin y Banjong Pisanthanakun. Fotografía: Naruphol Chokanapitak. Música: Chatchai Pongprapaphan. Producción: Charles Dorfman, Talia Kleinhendler, Osnat Handelsman-Keren y Maggie Gyllenhaal. Productora: Coproducción Tailandia-Corea del Sur/GDH 559/Showbox Entertainment/Northern Cross. Diseño de producción: Akadech Kaewkot. Edición: Thammarat Sumethsupachok. Intérpretes: Narilya Gulmongkolpech, Sawanee Utoomma, Sirani Yankittikan, Yasaka Chaisorn, Boonsong Nakphoo, Bella Boonsang.​ Duración: 131 minutos.

    El mockumentary (o falso documental) es una técnica discursiva que viene empleándose de manera recurrente, y en general con resultados bastante eficaces, en el ámbito de las cintas de terror desde que en el año 1999 El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez demostrara la potencialidad que dicho envoltorio formal atesoraba para crear un ambiente desasosegante con un gran efecto realista. Y ello lo lograba, además ―lo que a la postre resulta más revelador―, sin necesidad de emplear una amplia inversión económica, de forma que, desde entonces, esta narrativa pseudoverídica ha facilitado la incursión en el género de creadores jóvenes, primerizos o independientes, o bien de filmografías que, por su procedencia nacional, no suelen contar con grandes presupuestos de producción. Los ejemplos al respecto abundan, desde Paranormal Activity (2007) de Oren Peli y [REC] (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza, hasta Monstruoso (2008) de Matt Reeves, pasando por Troll Hunter (2010) de André Øvredal o Chronicle (2012) de Josh Trank.

    El gran problema, empero, con el que cuentan los filmes que actualmente siguen utilizando este recurso del found footage es que hacen gala de una serie de manierismos ―hasta cierto punto, inevitables si se quiere crear esa sensación de que las imágenes no son una mera ficción, sino grabaciones in situ de un acontecimiento real― que, a base de repetirse una y otra vez, dejan de producir ese efecto de espeluznante verismo y devienen convenciones genéricas que resultan tan reconocibles para los aficionados como, por eso mismo, anodinas.

    Y este es, justamente, el talón de Aquiles de The medium (2021), a cargo Banjong Pisanthanakun, uno de los responsables de la mucho más interesante Shutter: El fotógrafo (2004), otra pieza de terror que, sin rehuir los clichés de esta parcela fílmica, al menos lograba el propósito de asustar a su audiencia con efectividad y honestidad, a diferencia de la película que ahora nos ocupa. Espero que no se me malinterprete: The medium es una solvente creación de miedo, que emplea con habilidad y elegancia todos los recursos propios de este tipo de mockumentaries, por lo que sus dos horas de duración se ven con agrado y atención; y, de hecho, si se es especialmente fanático de esta clase de propuestas, se trata de un alto obligado en el camino. Asimismo, cuenta con una audacia que va más allá de la simple explicitación gore de la violencia ―algo, por lo demás, muy habitual en estos filmes―, y que tiene mucho que ver con una crítica hacia los prejuicios sexistas de su sociedad, lo que explica que algunas de sus escenas más impactantes estén asociadas al comportamiento y a las ideas de las tres mujeres protagonistas, Nim (Sawanee Utoomma), Mink (Narilya Gulmongkolpech) y Noi (Sirani Yankittikan), más que a los desmembramientos o a los rituales espiritistas. Por otro lado, tanto unos como otros menudean en la propuesta, como no podía ser de otra manera al tratarse de un supuesto documental antropológico sobre las creencias de la gente de Isan, grupo étnico situado al nordeste de la Tailandia rural, y cuyo eje vertebrador gira en torno al retrato de la cotidianidad de Nim, una chamán de la diosa Ba Yan que deberá enfrentarse al mayor reto de su carrera: combatir contra un espíritu malvado.

    Pese a estas virtudes, es inevitable sentir, conforme avanza el metraje, que cuanto estamos presenciando lo hemos visto ya hasta la saciedad previamente, y por tanto la decepción va calando poco a poco en el ánimo del espectador, al advertir que, lejos de las fantasmagorías sensoriales de Apichatpong Weerasethakul o del realismo mágico de Anocha Suwichakornpong, estamos ante una película convencional, muy convencional. Lo que no es malo de per se si es eso lo que uno esperaba de The Medium, es decir, un entretenimiento terrorífico tan ameno como predecible, donde la mirada estimulante y diferente que cabría esperar de una obra ajena a Hollywood queda reducida a un cierto exotismo de postal, que se deleita en la frondosa y húmeda prodigalidad del paisaje tailandés, y también en la exposición de los contrastes culturales existentes en un país en el que conviven el cristianismo y el budismo con creencias animistas ancestrales.

    Este componente etnicista señalado, al que se le suma la intimidad casi doméstica, y ciertamente humorista, que establecen los miembros del equipo de rodaje con Nim y su familia, así como la posesión «demoníaca» por parte de uno de los protagonistas, las reacciones del resto de personajes ante este hecho y la práctica de su exorcismo, hacen de The medium una especie de mezcla entre El último exorcismo (2010) de Daniel Stamm y El extraño (2016) de Na Hong-jin. Así, la importancia del rol de la chamán para el desarrollo de la intriga tiene mucho de reflexión sobre los límites de la religiosidad, pero también sobre la impotencia última de los seres humanos de comprender realmente nuestro universo, por mucho que un racionalismo recalcitrante y unos avances tecnológicos tan increíbles que se dirían mágicos ―léase la invención de máquinas cuánticas― nos hayan hecho creer amos de la Tierra (y así nos va...).

    Sobre el particular, lo único que en puridad conviene destacar de esta película, en resumen, es su conclusión final, que nos guardaremos mucho de desvelar para no estropear lo mejor que ofrece The medium, pero que le proporciona un calado diferente a lo narrado, al hacernos replantear buena parte de lo que hemos visto en escena, y que lamentablemente insinúa lo que esta propuesta podría haber sido y no fue. ⁜


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