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    Crítica | Bullet Train

    || Críticas | ★★★★☆ |
    Bullet Train
    David Leitch 🇺🇸
    Ultima estación: Morioka


    José Martín
    Telde |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: «Bullet Train». Dirección: David Leitch. Guion: Zak Olkewicz (Libro: Kotaro Isaka). Producción: Antoine Fuqua, David Leitch, Kelly McCormick. Productoras: 87North, CTB Inc, Fuqua Films, Sony Pictures Entertainment (SPE). Distribuidora: Sony Pictures Entertainment (SPE). Fotografía: Jonathan Sela. Música: Domini Lewis. Montaje: Elisabet Ronaldsdóttir. Reparto: Brad Pitt, Joey King, Aaron Taylor-Johnson, Brian Tyree Henry, Andrew Koji, Hiroyuki Sanada, Michael Shannon, Bad Bunny, Logan Lerman, Zazie Beetz, Sadra Bullock, Masi Oka, Channing Tatum. Duración: 126 minutos.

    1991 fue un año decisivo en la carrera como actor de Brad Pitt, después de unas primeras incursiones ochenteras que le presentaban como una cara bonita y efímera más, que corría el peligro de no tener recorrido suficiente como para ser recordada tres décadas después. Por un lado, ser el autoestopista macizo que hacía perder la cabeza a Geena Davis en Thelma y Louise (Ridley Scott), le encumbraría como mito erótico en ciernes de los noventa, mientras que en la indie Johnny Suede (Tom Dicillo) demostró que tras aquella coraza de rubio guaperas se escondía un innato talento para la comedia. Claramente, le era más rentable potenciar lo primero y, salvo su pequeño papel de fumado en la tarantiniana Amor a quemarropa (Tony Scott, 1993), no volvimos a ver la versión más gamberra de Pitt hasta que se cruzó en su camino Guy Ritchie, ofreciéndole el personaje bombón del gitano Mickey O´Neil en la genial Snatch: Cerdos y diamantes (2000). Después de aquello, la estrella alternó con más frecuencia el humor –comedias comerciales como The Mexican (Gore Verbinski, 2001) o Sr. y Sra. Smith (Doug Liman, 2005), donde formó pareja con divas como Julia Roberts y Angelina Jolie, respectivamente, o sus incursiones con Steven Soderberg en la trilogía Ocean´s, los hermanos Coen en Quemar después de leer (2008) o Quentin Tarantino en Malditos bastardos (2009)– con sus habituales proyectos más dramáticos en los que perseguía ansiosamente una estatuilla dorada. No puso ser más revelador que, finalmente, el Oscar le llegara a Pitt con un antológico personaje de doble de escenas de riesgo en la brillante comedia negra Érase una vez en Hollywood (2019), dirigida por (¡sorpresa!) Tarantino, un experto en sacar el talento oculto de sus actores (ahí están John Travolta o Pam Grier, también). Tras aquel merecidísimo premio, el actor ha tardado tres años en aparecer por la gran pantalla y, cuando lo ha hecho, ha sido con un celebrado personaje secundario en la comedieta de aventuras La ciudad perdida (Aaron Nee, Adam Nee, 2022), donde se comía a los protagonistas, Sandra Bullock y Channing Tatum, en cada aparición, y en la recién estrenada Bullet Train (David Leitch, 2022), ese gran título que la vis cómica de Pitt llevaba pidiendo a gritos tres décadas.

    Un director como Leitch, tan cualificado para los brillantes espectáculos de acción –John Wick (2014), que rodó junto a Chad Stahelski, Atómica (2017)– como para aquellos en los que el humor tiene un gran protagonismo –Deadpool 2 (2018), Fast & Furious: Hobbs & Shaw (2019)–, es el encargado de ponerse tras las cámaras de una adaptación de la novela Maria Beetle, del escritor japonés Kōtarō Isaka, sobre una serie de sicarios que coinciden ¿por casualidad? a bordo de un sofisticado Tren Bala que viaja desde Tokio a Morioka, cada uno de ellos encargado de una misión distinta. Desde el mismo inicio, queda claro que Leitch ha impregnado a su nueva cinta de ese humor gamberro y deslenguado de Deadpool 2 y que Brad Pitt tiene la oportunidad de desmadrarse como nunca en un rol de lo más divertido. Este inseguro y algo desastroso agente secreto, caracterizado por la mala suerte que le persigue y que hace que cualquier cosa pueda suceder durante sus trabajos, es apodado por su jefa como Mariquita, y se gana la simpatía del espectador desde su primera aparición, al son del mítico Stayin' Alive. Pocos minutos hacen falta para que el estilo de Bullet Train recuerde irremediablemente al cine de Guy Ritchie o Tarantino, empezando por la presentación que se realiza de cada uno de los personajes, a cuál más pintoresco, que acabarán cruzando sus caminos en el tren. El guion de Zak Olkewicz acierta a la hora de otorgar suficientes minutos de lucimiento a cada uno de ellos, haciendo de la película una historia mucho más coral de lo que el protagonismo de una estrella como Pitt pudiese dar a entender. Y es que todos los actores están perfectos y saben sacar auténtico oro de unos personajes con múltiples capas, que se mueven en torno al líder de una banda criminal japonesa, conocido como Peste Blanca (Michael Shannon, en su salsa). Sí, incluso el cantante Bad Bunny sale airoso en su breve desempeño, si bien su asesino es el que menos se luce de todos. Por el contrario, la joven Joey King se revela como una auténtica robaescenas en su rol de Príncipe, una letal combinación de rostro angelical y maldad sin límites.

    Ahora bien, aparte de un Brad Pitt desbordante de carisma, amo y señor de todos los planos en los que aparece como ese Mariquita empeñado en hacerse con un maletín de contenido incierto, es la sorprendente pareja formada por Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry quienes se llevan los mejores diálogos de la función, encarnando a los “hermanos” Mandarina y Limón, respectivamente. Unos personajes memorables que casi remiten a aquellos Vincent Vega y Jules de John Travolta y Samuel L. Jackson para Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), por su mezcla de violencia e ironía. También en esa narración tan fragmentada y rica en flashbacks y saltos temporales, así como en los ambientes asiáticos en los que se mueven sus criaturas, Bullet Train posee bastante del espíritu libre y juguetón del díptico Kill Bill. Afortunadamente, a pesar de todas estas referencias, Leitch sabe otorgar su propia personalidad a su obra, especialmente en sus espectaculares escenas de peleas, donde no faltan buenas dosis de gore, algo por lo que la cinta ha recibido la calificación R en su estreno en Estados Unidos. Las secuencias de acción, sobre todo el catastrófico clímax final, están rodadas con gran inventiva visual y sin miedo a resultar excesivamente fantásticas. Es por todo ello que el nuevo filme de Brad Pitt lo tiene todo para ser uno de los blockbusters más divertidos y adrenalínicos de la temporada, dotado de un ritmo tan vertiginoso como el del propio tren bala que sirve de escenario. Un verdadero soplo de aire fresco que solo busca un sano escapismo de dos horas, repleto de acción, humor y una banda sonora tan ecléctica que incluso hay lugar para un tema musical de Alejandro Sanz en ella. Si, además, posee detrás un guion muy bien armado, donde los diálogos ingeniosos tienen tanto peso o más que las vibrantes escenas físicas, y las sorpresas no dejan de sucederse a lo largo de todo el metraje (atención a los geniales cameos y a la presencia de un peligroso reptil que tiene bastante peso en la trama), no cabe duda de que Bullet Train ha encontrado la receta perfecta (y muy original) para el éxito, dentro de una cartelera veraniega dominada por secuelas y más secuelas. ⁜


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