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    Crítica | Memoryland

    || CRÍTICAS | FESTIVAL DE LAS PALMAS 2022 | ★★☆☆☆
    Memoryland
    Kim Quy Bui
    Muerte por solemnidad


    Javier Acevedo Nieto
    21º Festival de Las Palmas |

    ficha técnica
    Vietnam, Alemania, 2021. Título original: «Miền ký ức/Memoryland». Dirección: Kim Quy Bui. Guion: Kim Quy Bui. Productoras: CineHanoi, Scarlet Visions. Música: Arnaud Soulier. Fotografía: Dang Xuan Truong. Montaje: Kim Quy Bui, Tao Do. Reparto: Mong Giao Vu, Thu Trang Nguyen, Van Thai Nguyen, Thi Minh Phuong Bui, Duc Thanh Dao. Duración: 99 minutos.

    Memoryland es una película inteligente. También una muestra de coalescencia: distintos géneros y motivaciones conformando una única sustancia. En pocas palabras, el filme de la vietnamita Kim Quy Bui es una historia de fantasmas repleta de personas vivas. Una historia de fantasmas diseñada en distintos laboratorios creativos, entre ellos el de Berlinale Talents. De este modo, la coalescencia de géneros y motivaciones, que oscilan entre un relato etnográfico y, a veces, un irónico drama social, termina por ser una amalgama.

    Los rituales funerarios y la experiencia de la muerte en su país natal sirven a Quy Buy para componer un retrato coral. En este retrato, atravesado por una viuda estigmatizada, un marido de conveniencia o un artista irresponsable, se enredan las tramas y, sobre todo, los registros. Como en toda producción enmarcada en el contexto de un festival, hay un respeto reverencial hacia la cinefilia. En este respeto hay ciertas filias y neuras habituales: la cita al referente que se convierte en un régimen de referencia tan férreo como poco original y el dominio asfixiante de unas formas cinematográficas que perdieron resuello hace bastante tiempo.

    En el caso de Quy Buy, cuando abandona su soberbio sentido del humor —hay una secuencia maravillosa sobre la soledad de una campesina en busca de un macho para su cerda—, aparece la solemnidad cinéfila, es decir, la larga sombra de Apichatpong Weerasethakul bajo la que la cineasta cobija los últimos pasajes de su filme. La película se enamora de su modelo y la solemnidad mística emerge en una historia de fantasmas que nos había llevado desde el costumbrismo a la comedia de situación rural, siempre con una acidez amarga en su forma de retratar lo urbano como cementerio de humanidades. Queda, en consecuencia, una película diseñada in vitro.

    Quy Buy piensa que su historia de fantasmas debe buscar una cierta idea de esencia cinematográfica: un universal visual que explicite una forma unívoca de evocar el misterio de la muerte. Por el camino se olvida de su amalgama de motivos y registros. Precisamente, era en el juego de formas narrativas e imágenes que desafiaban expectativas solemnes donde Memoryland era un curioso artefacto relativista y antiobjetivista capaz de entender el cine de la posmodernidad como un constructo fluido, permeable y dinámico. Concebir lo «cinematográfico» como concepto líquido (ectoplasma de tradiciones que se niegan a morir) permite analizar de forma más profunda los procesos de construcción de significado del cine actual. Esta perspectiva relativista admite una serie de enfoques (por ejemplo, la inclusión de pasajes cómicos y oníricos que rompen con la tradicional puesta en escena etnográfica) que nutren de visiones adicionales la literariedad y permite poner en cuestión conceptos de gran importancia, pero que con frecuencia quedan fosilizados por una falta de cuestionamiento. La idea de «específico cinematográfico» no es un fenómeno objetivo o inamovible; todo lo contrario, es a través de su puesta en crisis con sucesivos movimientos artísticos y teóricos (como el propio Weerasethakul hizo en sus primeros trabajos) como logra resultar un constructo comunicativo que refleja el marco humano de su época.

    Esta puesta en crisis puede hacerse desde películas auspiciadas en circuitos industriales y «festivaleros»; pese a ello, es una labor difícil a tenor de lo visto en Memoryland y tantas otras obras presas de sus ganas por figurar como películas a tener en cuenta en términos autorales y críticos. Butler relacionó la identidad con la necesidad de consolidación de los sujetos en sociedades más permeables a la diferencia. El proceso de aprendizaje de una identidad, según Butler, atraviesa distintas fases: de la confusión a la aceptación existen momentos para una incorporeidad o desconexión respecto a uno mismo. El modo en el que se representa este momento de crisis dice mucho de la identidad de una cineasta. A la película de Quy Buy se le debe aceptar la confusión propia de una artista que trata de reconciliar las exigencias exógenas del capital cultural institucional (esos laboratorios de ideas financiados benévolamente, pero con resultados demasiado homogéneos) con sus deseos endógenos (inscritos en una voluntad por hablar de aquello que le hace tener una historia propia que contar, unas raíces). Su gran problema viene cuando no se da el necesario espacio para poner en crisis los modelos de representación habituales y tampoco su propio discurso, resultando todo en una pieza confusa y, a la vez, muy poco representativa de una identidad madurada a base de confrontación y cuestionamiento. Una historia de fantasmas tan llena de cosas vivas y conocidas que el misterio de la muerte es tan poco gracioso como la certeza de estar vivos. ⁜


    Miền ký ức, Kim Quy Bui
    Sección oficial del Festival de Las Palmas.

    Miguel Ángel Onoda
    Introduction

    Cannes 2022

    El perdón

    Estrenos

    Ennio

    Streaming

    Outside Noise