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    Crítica | Nine Days

    || CRÍTICAS | AMERICANA FILM FEST 2022 | ★★★☆☆
    Nine Days
    Edson Oda
    Sobre la faz de la Tierra


    Ignacio Navarro Mejía
    Barcelona | Americana Film Fest |

    Estados Unidos, 2020. Presentación: Festival de Sundance 2020. Dirección: Edson Oda. Guion: Edson Oda. Producción: 30WEST / Baked Studios / Juniper Productions / MACRO / Mandalay Pictures / Mansa Productions / Nowhere / Oak Street Pictures / The Space Program. Fotografía: Wyatt Garfield. Montaje: Jeff Betancourt y Michael Taylor. Música: Antonio Pinto. Diseño de producción: Dan Hermansen. Dirección artística: Scott Hinckley. Vestuario: Fernando Rodríguez. Reparto: Winston Duke, Zazie Beetz, Bill Skarsgård, Benedict Wong, Tony Hale, Arianna Ortiz, David Rysdahl, Lisa Starrett. Duración: 124 minutos.

    Una casa en medio del desierto aúna la concepción del hogar y la del aislamiento. Es la imagen recurrente de la ópera prima de Edson Oda, frecuente cortometrajista antes de rodar esta película, presentada en el festival de Sundance de 2020. Justo al inicio de la pandemia, por tanto, aparecía en la pantalla una historia caracterizada, también, por una suerte de confinamiento. Y en las pequeñas pantallas en las que a su vez se divide su decorado, como precisaremos más adelante, aparecerían retazos de vidas auténticas, distintas de las representadas en la pantalla en su conjunto, al estar definidas, entre otras cosas, por su libertad. No queremos hacer aquí una reflexión, que sería completamente superficial, sobre los efectos que la crisis sanitaria del Covid-19 ha tenido en la vida de mucha gente, aun cuando no haya sufrido directamente la enfermedad. Y los paralelismos que podemos trazar con esta película son casuales, no causales, por la mencionada fecha de su estreno. Pero sin duda la realidad actual condiciona su visionado, teniendo en cuenta lo acontecido en estos dos últimos años, y sobre todo porque otorga una dimensión adicional a una obra que intenta precisamente situarse en una dimensión nueva, no fijada del todo, sino abierta a múltiples lecturas y transposiciones.

    La misma se titula Nine Days, en referencia a los nueve días de prueba por los que tienen que pasar varios de sus personajes. Entrando con ello en su trama, esta gira en torno a las peculiares entrevistas que, en esa casa aislada, realiza un hombre a quienes, literalmente, se presentan para vivir. Tales personajes no son por tanto personas, sino más bien almas en potencia, aunque se muestran y comportan como seres humanos. En esa representación estriba uno de los aciertos del filme, que construye un mundo inédito, pero sobre elementos familiares, reduciendo sus distintas alegorías a la mayor concreción posible. Es un acierto, como decíamos, porque esa concreción, incluso sencillez, contrasta con la amplitud y difusión de una narración y un mensaje que cada uno puede interpretar a su manera. Y lo anterior permite que tal narración no se disperse. Hay que señalar igualmente que esta premisa y este estilo de ejecutarla recuerdan mucho a After Life (Hirokazu Koreeda, 1998), influencia reconocida por el propio Edson Oda, y en lo manifiesto de esa influencia hallamos quizá el motivo de otro acierto de esta nueva película, como es su ausencia casi total de diálogo expositivo. Para una historia que parte de una premisa sobrenatural, en la que nos ubica sin ningún tipo de prolegómenos, el renunciar a toda explicación de sus extrañas dinámicas e interacciones es todo un riesgo, ya que el espectador podría perderse o desconectar con facilidad. Pero esto tiene que ver con lo destacado antes, como es ese afán por no cerrar o guiar demasiado la narración, sino por dejar que el espectador vaya rellenando su contenido. Esto se logra entonces no mediante información que algún personaje vaya aportando en momentos determinados, o incluso que pudiera aportar un narrador omnisciente, sino mediante los datos extraídos de simples diálogos entre los personajes, los cuales no interpelan en ningún momento al espectador. Es una sensación refrescante, porque es frecuente que en este género sí exista este tipo de exposición o interpelación, esto es, que incluso cuando la información no se ofrece directamente, ciertos diálogos parezcan pronunciados no para expresar uno u otro parecer de quien los emite, sino para explicar algo al espectador, aunque sea bajo la apariencia de un diálogo espontáneo. En Nine Days, sin embargo, esto siempre se evita, hasta el punto de que en algunas escenas en que por su mayor tensión dramática algún personaje parece a punto de revelar algún dato explicativo (esencialmente en el último acto), no lo hace, sino que dice algo que se corresponde únicamente con su forma de pensar, aunque pueda ser opaca para quien lo escucha. Véase, sin ir más lejos, la última secuencia del metraje, que sortea, para bien y para mal, toda expectativa.

    Dicho esto, nos hemos detenido en este aspecto porque podría pasar desapercibido y porque nos ayuda a resaltar lo más meritorio y a la vez frustrante de la cinta, de cuya trama conviene no desvelar mucho más. Solo procede añadir al respecto que ninguno de sus personajes, más allá de los contemplados a través de sus pequeñas pantallas de televisión, están vivos, pero tampoco están muertos. Están en una especie de limbo, cuya invención justifica que, como decíamos, su forma de ser se corresponda con la de cualquier persona… con algunos matices. Sobre estos matices, que nos hacen sospechar pronto de que algo les falta a estos seres para ser “humanos”, juegan las curiosas interpretaciones de los actores, ofreciendo personalidades distintivas. De hecho, el protagonista, ese entrevistador en la soledad de su casa, es el único de los personajes principales que ha vivido, por lo que se encuentra ahora en este lugar tras haber muerto. Con todo, esa vivencia anterior no le otorga ninguna ventaja sobre los demás, más allá de ciertos (pre)juicios, sino que por el contrario se comporta como el menos humano de todos. Precisamente el haber sufrido la muerte le ha quitado esa parte de “vida” que, en su anhelo, tienen los demás. En otras palabras, estos contemplan la vida desde fuera, como algo con lo que quieren sentirse identificados, y luego, para quien pase la prueba de los nueve días, como algo que experimentar en su propio cuerpo y alma. Sin embargo, para quien ha muerto, la vida ha perdido su sentido, y difiere mucho la contemplación que realiza desde fuera. En ambos casos, tal contemplación se efectúa a través de esas pantallas de televisión de la casa que exhiben, en plano subjetivo, la visión de quienes han superado la “entrevista” y ahora viven en la Tierra. Pero, en contraste con los demás, al ser su testigo el protagonista parte de una perspectiva mucho más objetiva que subjetiva. Ahora bien, el mensaje de la película es indudablemente esperanzador, defendiendo que, pese a todo, la vida sí merece la pena… Así pues, toda esta profundidad dramática lleva casi todo el peso de Nine Days, cuya puesta en escena es poco memorable y cuya banda sonora resulta algo torpe, introducida de forma esporádica y sin elevar apenas el drama. Una imagen y un sonido más llamativos habrían conducido la película a un nivel superior, por lo que resulta algo decepcionante que Oda no de un paso más en la búsqueda de esa mayor trascendencia, a todos los niveles. En cualquier caso, su trabajo se sitúa en un nivel poco habitual en el cine, da que pensar, resulta emotiva, tiene momentos de insospechada belleza e, incluso, llega a remover la conciencia en sus instantes más conseguidos. Al fin y al cabo, no se le puede pedir más. ⁜


    Nine Days, Edson Oda
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