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    Crítica | La aspirante (The Novice)

    || CRÍTICAS | AMERICANA FILM FEST 2022 | ★★★☆☆
    La aspirante
    Lauren Hadaway
    El cangrejo y el cuervo


    Raúl Álvarez
    Madrid |

    EE.UU.. 2021. Título original: The Novice. Directora: Lauren Hadaway. Guion: Lauren Hadaway. Productores: Ryan Bartecki, Jeremy Campbell, Alex Engemann, Jeff Handel, Ryan Hawkins, Christopher Hines, Kari Hollend, Steven Sims, Michael Tennant, Randy Toll, Steven Toll, Zack Zucker. Productoras: Picture Movers Anonymous, Exit Strategy Productions, H2L Media Group. Fotografía: Todd Martin. Música: Alex Weston. Montaje: Lauren Hadaway y Nathan Nugent. Reparto: Isabelle Fuhrman, Amy Forsyth, Dilone, Jonathan Cherry, Kate Drummond, Charlotte Ubben, Chantelle Bishop, Jeni Ross, Nikki Duval.

    De los cinco pares de patas que tienen los cangrejos, al menos dos sirven como pinzas con las cuales estos crustáceos recogen alimento, se defienden e incluso llegan a lastimarse a sí mismos. La biología es una fuerza tan misteriosa como implacable. Esta áspera metáfora, explícita durante su metraje, es uno de los dos principales recursos narrativos y estéticos de La aspirante (The Novice, 2021), debut como guionista y directora de Lauren Hadaway, quien hasta ahora se había desempeñado como editora de diálogo y sonido en un considerable número de películas comerciales, entre las que destacan Los odiosos ocho (The Hateful Eight, Quentin Tarantino, 2015), Whiplash (Damien Chazelle, 2014) y La Liga de la Justicia de Zack Snyder (Zack Snyder’s Justice League, 2021). El segundo recurso, la segunda imagen evocadora es la del cuervo, pájaro de mal agüero que en el folclore canadiense –la acción del filme se sitúa en Ontario– representa la transición entre la vida y la muerte; esta vendría a ser, por lo tanto, una figura alusiva a la descomposición del cuerpo.

    Sobre estas dos expresiones iconográficas se levanta La aspirante, historia de iniciación y catarsis que cuenta la rivalidad entre dos estudiantes novatas por convertirse en la mejor palista del equipo de remo de su universidad, los Ravens. Una es Alex (Isabelle Fuhrman), cuyo carácter obsesivo-compulsivo la empuja a forzar los límites de su cuerpo y su mente con tal de lograr dicha meta, y la otra, Jamie (Amy Forsyth), de espíritu más reposado pero igualmente tenaz, que necesita promocionarse en el equipo para conseguir una beca de estudios. Con la idea del cangrejo (Alex) y el cuervo (Jamie) como sustrato simbólico de ambas personalidades, Hadaway plantea una irregular cinta que cuestiona la competitividad, llevada al extremo, como valor estrella en el ámbito educativo canadiense. ¿Qué clase de ciudadanos y, en consecuencia, de sociedad produce ese planteamiento esencialmente egoísta? Esta pregunta inspira las mejores escenas de la película, aquellas en las que Alex y Jamie son sometidas a un terrible entrenamiento-adoctrinamiento que poco a poco las despoja de cualquier sentido gregario o de equipo, lo cual resulta paradójico en un deporte que en teoría se sostiene sobre la fuerza del grupo, para, en su lugar, potenciar su individualismo.

    «Piernas, cuerpo, brazos; brazos, cuerpo, piernas». El mantra de Pete (Jonathan Cherry), uno de los entrenadores de los Ravens, es bastante elocuente al respecto. Se trata de concentrar la atención en uno mismo antes que en los demás, de tal manera que el equipo no sea tanto un entendimiento de voluntades –lo que forja una sociedad– como una suma de esfuerzos individuales –lo que constituye una comunidad–. En esta dialéctica acerca de la naturaleza de los lazos (generosos o interesados) que unen un colectivo reside el interés de La aspirante. Aunque de manera un tanto ruda, en particular en la escritura y el montaje de imágenes, Hadaway se esfuerza en definir este tema en el seno de una ficción que se apoya de manera puntual en los códigos de la teen movie universitaria. Por esa grieta se cuelan los momentos más endebles, caso de la rutina en las aulas, las fiestas para novatos o la relación sentimental entre Alex y su profesora de Física. No encajan bien en el conjunto de la película, tal vez porque la identidad sexual de Alex o sus dificultades para aprobar ciertas asignaturas no aportan detalles significativos para comprender su afán de autosuperación. O, más sencillo, porque están rodados sin convicción.

    Donde Hadaway se siente realmente cómoda es en la descripción de la quiebra física y psicológica de Alex, acaso porque ella misma compitió como remera durante su etapa en la universidad. Esa experiencia dota de cierta verdad a las imágenes más potentes de su ópera prima; las relacionadas con las alucinaciones de Alex y las causas de sus heridas, que resultan tanto del entrenamiento como de autolesiones. En este punto es inevitable acordarse y establecer comparaciones con Cisne negro (Black Swan, Darren Aronofsky, 2010), título al que se invoca de manera evidente en las escenas de Alex en el baño o cada vez que ella se observa sus laceraciones. Los cortes en el abdomen producidos con unas tijeras (las pinzas del cangrejo) o las yagas (¿estigmas?) que dañan sus manos y antebrazos son resonancias mal disimuladas de los episodios violentos que soñaba y/o sufría Natalie Portman en el film de Aronofsky. Más personalidad, en cambio, se presume en el retrato de Jamie como ave carroñera que, silenciosa, se alimenta de sus compañeras, en lo que parece un ejercicio vampírico similar al que propone Nicolas Winding Refn en The Neon Demon (2016).

    En cualquier caso, y posiblemente para compensar la falta de imágenes verdaderamente memorables, así como de una narración sólida, sin estridencias, se nota que Hadaway se aplica con rigor en el montaje de sonido –al fin y al cabo, la especialidad técnica de la que proviene– para mostrar, desde el territorio del subconsciente, la neurosis esquizoide de Alex. Sugerente, sin duda, la estrategia de solapar de manera disruptiva las voces que resuenan en la cabeza de la protagonista con algunos sonidos de la naturaleza (el rumor del viento, el campaneo de la lluvia, el rebato de los truenos) y los sonidos propios del deporte del remo (el eco de los botes, el pálpito de las palas, el desgarro de los músculos). Son los únicos instantes en que La aspirante causa inquietud, nerviosismo e incomodidad. Cuando el cangrejo nada en el aire y el cuervo vuela en al agua, Hadaway encuentra el camino angustioso que demanda todo rito cinematográfico de paso. No es mucho, y apenas se sostiene, pero basta un relámpago para quemar los remos. Y luego, a masticar la sangre. ⁜


    The Novice, Lauren Hadaway
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